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RECURSOS PARA PREDICAR

Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

 

 

PASAJE BÍBLICO:   Miqueas 6:1-8

 

 

EXÉGESIS:     

 

EL CONTEXTO:

El primer versículo de este libro nos dice que la palabra de Jehová “fue á Miqueas de Morasti en días de Jotham, Achâz, y Ezechîas, reyes de Judá.”  Esto fue en el Siglo VIII a.C. cuando Asiria ejercía el poder regente.

 

Asiria se situaba en Mesopotamia, al este y norte de Israel (el Reino del Norte) y Judá (el Reino del Sur), pero la fuerza de Asiria era tal que dominaba Siria (directamente al norte de Israel) e Israel.

 

Jotham heredó el trono de Judá de su padre Uzzía, alrededor de 750 a.C., y reinó unos 20 años.  Uzzía había disfrutado de un reinado largo y pacífico, pero durante el reinado de Jotham, Asiria, bajo Tiglath-pileser III, se hizo poderosa e intrusiva.  Israel (el Reino del Norte) se alió con Aram en contra de Asiria, algo que al final causaría la caída de Israel.  Aunque Reyes 2 anota que Jotham “hizo lo recto en ojos de Jehová” (2 Reyes 15:34), también anota que falló al no eliminar los altos centros de alabanza de ídolos.

 

Achâz sucedió a su padre, Jotham, alrededor de 730 a.C., y reinó sobre Judá durante 16 años (2 Reyes 16:2).  Se le describe como uno de los peores reyes de Judá (2 Reyes 16:3-4).  Ignoró el consejo del profeta Isaías, que había aconsejado a Achâz que permaneciera neutral.  Achâz envió mensajeros a Tiglath-pileser de Asiria, diciendo “Yo soy tu siervo y tu hijo: sube, y defiéndeme de mano del rey de Siria, y de mano del rey de Israel, que se han levantado contra mí” (2 Reyes 16:7).  Como resultado, Achâz se convirtió en vasallo de Asiria.  Durante su reinado, Tiglath-pileser atacó el Reino del Norte (Israel), mató a muchos de sus habitantes, y deportó a Asiria los que quedaban, así poniendo fin a las diez tribus del Reino del Norte una vez por todas.

 

Ezechîas sucedió a su padre, Achâz, alrededor de 715 a.C., y reinó aproximadamente hasta 687 a.C.  Aunque fue bastante mejor rey que su padre, Ezechîas lideró sin éxito una coalición que se reveló contra Asiria.  Sorprendentemente, Asiria no le destruyó, pero sí le obligó a pagar tributo.

 

El profeta Miqueas cumplía su obra en este tiempo turbulento.  En el primer capítulo del libro de Miqueas, habló de la venida de Jehová contra Israel (vv. 3-7) y Judá (vv. 8-16).  En el segundo capítulo, denunció los males sociales que prevalecían en Israel/Judá.  En el tercer capítulo, habló de regidores “que aborrecen lo bueno y aman lo malo, que les quitan su piel y su carne de sobre los huesos” (3:2) y de “profetas que hacen errar á mi pueblo” (3:5) – y predijo su castigo.

 

No obstante, entre todas estas circunstancias, Miqueas también predijo que vendrían días cuando la lealtad y la paz serían restauradas en Judá (4:1-5; véase también Isaías 2:2-4).  Prometió restauración después del exilio (4:6-13).

 

En 5.2-5a, Miqueas habla del príncipe que ha de venir de Beth-lehem – pasaje citado en el Evangelio de Mateo como algo relacionado al nacimiento de Jesús (Mateo 2:1-6).  También relata el futuro papel del remanente (5:7-15).

 

 

VERSÍCULOS 1-2: TIENE JEOVÁ PLEITO CON SU PUEBLO

 

1Oid ahora lo que dice Jehová (hebreo: YHWH – Yahvé):

   Levántate, pleitea con los montes,

    y oigan los collados tu voz.

2Oid, montes, y fuertes fundamentos de la tierra,

   el pleito de Jehová:

    porque tiene Jehová pleito con su pueblo,

   y altercará con Israel.

 

 

“Oíd ahora lo que dice Jehová” (YHWH – Yahvé) (v. 1a).  Miqueas habla, pero sus palabras no son suyas.  Yahvé le ha pedido que hable y le ha dado las palabras que necesita para hacerlo.

                                                                                     

“Levántate, pleitea con los montes, y oigan los collados tu voz” (v. 1b).  Este lenguaje es apropiado para una corte de ley.  Yahvé (hablando a través del profeta) ordena al pueblo de Judá que se levante y presente su caso.  En el cuadro que Yahvé presenta, el pueblo es el que trae la demanda (empieza el pleito – clama haber sido tratado injustamente) y Yahvé es el acusado (el que supuestamente ha lastimado al demandante).  Estas imágenes de un pleito continúan a lo largo de versículo 5.

 

Yahvé invita al pueblo a dirigir sus quejas a los montes y collados que han estado en pie desde principios del tiempo.

 

Los montes y collados son testigos apropiados, ya que han visto lo que Yahvé ha hecho y lo que el pueblo ha hecho.  Han visto desenvolverse la historia de Israel.  Saben que Yahvé la llevó a la Tierra Prometida y que le concedió victoria sobre sus enemigos.  Han visto a la gente construir altares a dioses paganos en lugares altos.  Los montes y collados saben bien quién tiene razón y quién no.

 

El lenguaje de este versículo parece decir que Yahvé invita al pueblo a dirigirse a los montes y collados como si éstos hicieran de jurado.  Si es así, esto presenta un reto.  ¿Qué hará la gente para convencerles de su caso cuando los montes y collados conocen la historia verdadera? (Véase Deuteronomio 4:26; 30:19; 31:28; 32:1; Salmo 50:4; Isaías 1:2).

 

“Oíd, montes, y fuertes fundamentos de la tierra, el pleito de Jehová” (v. 2a).  De nuevo es el profeta el que habla – el que transmite el mensaje del Señor.

 

Yahvé invita a los montes y a los “fundamentos de la tierra” para que hagan de jurado – que determinen quien ha roto la relación del pacto entre Yahvé e Israel que ha existido por siglos.  Desde lo más profundo de los mares hasta la cima de las montañas, la creación de Dios ha sido testigo de la relación entre Yahvé y este pueblo.  La creación de Dios está bien preparada para tomar una decisión en este caso.

 

“porque tiene Jehová pleito con su pueblo, y altercará con Israel” (v. 2b).  Yahvé ha invitado a la gente de Judá a presentar su caso ante los montes y los fuertes fundamentos de la tierra.  Ahora, el Señor deja claro que está dispuesto a defenderse contra cualquier acusación que el pueblo de Judá pueda hacerle.

 

Pero a pesar de la controversia, el pueblo es, no obstante, “su pueblo” – el pueblo de Yahvé.  La relación del pacto ha sido dañada por la falta de lealtad del pueblo, pero la relación del pacto aún permanece.

 

 

VERSÍCULOS 3-5: PUEBLO MÍO, ACUÉRDATE DE LAS JUSTICIAS DE JEHOVÁ

 

3Pueblo mío, ¿qué te he hecho,

     ó en qué te he molestado (hebreo: la∙ah)?

     Responde contra mí.

4Porque yo te hice subir (hebreo: alah) de la tierra de Egipto,

     y de la casa de siervos te redimí;

     y envié delante de ti á Moisés, y á Aarón, y á María.

5Pueblo mío, acuérdate ahora qué aconsejó Balac rey de Moab,

     y qué le respondió Balaam, hijo de Beor,

     desde Sittim hasta Gilgal,

     para que conozcas las justicias de Jehová.

 

 

“Pueblo mío, ¿qué te he hecho, ó en qué te he molestado (la∙ah)? Responde contra mí” (v. 3).  De nuevo, Yahvé insiste que el pueblo presente su caso – que le diga cómo lo ha lastimado – que presente sus pruebas contra él.

 

¿Les ha cansado Yahvé – les ha fallado – causado frustración – les ha dado razón para impacientarse? O, ¿está el zapato en el otro pie? ¿Han cansado ellos a Yahvé – le han fallado – causado frustración – le han dado razón para impacientarse?

 

“Porque yo te hice subir (alah) de la tierra de Egipto, y de la casa de siervos te redimí (padah) (v. 4a).  Yahvé comienza a presentar las pruebas a su favor.  Su primera prueba es parte de la historia que todos conocen bien – el Éxodo.

 

Anote el juego de palabras.  Antes, Yahvé preguntó si había molestado (la∙ah) a su pueblo.  Ahora, contesta que no lo ha molestado, en cambio, lo ha hecho subir (alah) de la tierra de Egipto y lo ha redimido de la esclavitud.  No lo ha hecho bajar, sino subir.  No lo ha impedido, sino ayudado.

 

Yahvé sacó su pueblo de Egipto y lo redimió (padah) de la esclavitud.  Esta palabra, padah, tiene que ver con liberación.  Yahvé liberó Israel de una tierra de servidumbre y la llevó a la Tierra Prometida – tierra de leche y miel.  El pueblo de Israel entró en Egipto como familia sin distinción (con excepción de José) y salió de Egipto como nación.

 

Yahvé partió las aguas para que los israelitas pudieran atravesar el mar y escapar de los soldados que les perseguían.  Yahvé les había dado agua para beber y maná para comer en el árido desierto.  Yahvé había parado las aguas del Río Jordán para que pudieran entrar en la Tierra Prometida (Josué 3).  Todo niño judío conocía estas historias.  Yahvé está repitiendo historias bien conocidas por cualquier judío.

 

y envié delante de ti á Moisés, y á Aarón, y á María” (v. 4b).  Ahora Yahvé presenta su segunda prueba – Moisés, Aarón, y María – el emancipador, el sacerdote, y la profeta.  Yahvé ha favorecido mucho a Israel con estos líderes – y con muchos otros que no se mencionan aquí – Josué, David, la lista es larga.

 

“Pueblo mío, acuérdate ahora qué aconsejó Balac rey de Moab, y qué le respondió Balaam, hijo de Beor” (v. 5a).  La tercera prueba de Yahvé parece algo extraña.  Podía haber hablado de Josué y la batalla de Jericó.  Podía haber mencionado a David y Goliat.  En comparación, la historia de Balac y Balaam parece pequeña – pero quizá ésta sea su intención.  La mención de Balac y Balaam muestra cuán profunda es la participación de Yahvé en la historia de Israel.  Por cada gran historia, como la de David y Goliat, hay docenas de historias más pequeñas como la de Balac y Balaam.

 

Balac, rey de Moab, temía los israelitas, por eso llamó a Balaam para que pronunciara una maldición sobre Israel, “yo sé que el que tú bendijeres, será bendito, y el que tú maldijeres, será maldito” (Números 22:6).  Pero el Señor intervino para que Balaam bendijera los israelitas en lugar de maldecirlos (Números 23-24).

                                              

“desde Sittim hasta Gilgal, para que conozcas las justicias de Jehová” (v. 5c).  Sittim fue el último campamento de los israelitas antes de cruzar el Río Jordán, y Gilgal fue su primer campamento dentro de la Tierra Prometida.  Es decir, “desde Sittim hasta Gilgal” era donde Yahvé paró las aguas del Río Jordán para que el pueblo de Israel cruzara a la Tierra Prometida.  “Sittim hasta Gilgal” expresa brevemente su milagrosa entrada a la Tierra Prometida.

 

 

VERSÍCULOS 6-7: ¿CON QUÉ PREVENDRÉ Á JEHOVÁ?

 

6¿Con qué prevendré á Jehová,

     y adoraré al alto Dios?

    ¿Vendré ante él con holocaustos,

    con becerros de un año?

7¿Agradaráse Jehová de millares de carneros,

     ó de diez mil arroyos de aceite?

    ¿Daré mi primogénito por mi rebelión,

     el fruto de mi vientre por el pecado de mi alma?

 

 

“¿Con qué prevendré á Jehová, y adoraré al alto Dios? ¿Vendré ante él con holocaustos, con becerros de un año?” (v. 6).  Miqueas 6:6-8 aparece en forma de pregunta y respuesta, con un fiel hablando en versículos 6-7 y otra voz que contesta en versículo 8.  Este formato viene de la práctica litúrgica y sacerdotal.  Cuando una persona laica deseaba entrar en el templo para alabar o para ofrecer un sacrificio, existía el rito de preguntar e instruir… Por lo tanto, nuestro texto es un tora sacerdotal o profético o una instrucción” (Tucker, 96).

 

La pregunta principal es, ¿qué debemos hacer para complacer a Dios?

 

La primera pregunta se trata del fiel trayéndole ofrendas quemadas a Yahvé, con becerros de un año de edad.  Esta propuesta contiene mucho.  Los primeros siete capítulos de Levítico contienen instrucciones detalladas en cuanto a la variedad de ofrendas que Yahvé requiere de los israelitas.  La ofrenda quemada es la primera que se menciona (Levítico 1), lo cual sugiere que tiene una importancia especial.  El requisito pedía un varón sin mancha.  Un becerro se ofrecía como sacrificio al cumplir siete días (Levítico 22:27), pero un devoto verdaderamente fiel cuidaría y alimentaría al becerro hasta que cumpliera un año y entonces haría el sacrificio.  Un becerro de un año era el mejor sacrificio que un devoto podría ofrecer.

 

“¿Agradaráse Jehová de millares de carneros, ó de diez mil arroyos de aceite?” (v. 7a).  La segunda pregunta amplía los requisitos considerablemente.  Un carnero es una oveja macho que constituye de ofrenda aceptable (Levítico 5:15; 6:6).  Cuando Abraham estaba dispuesto a sacrificar a su hijo Isaac, el Señor proveyó un carnero para sacrificar en el lugar de Isaac (Génesis 22:13).  Si un carnero es un sacrificio aceptable, miles de carneros sería más que aceptable.  Si el Señor se agrada con un carnero, claro que se agradaría aún más ante miles de ellos.

 

El aceite de oliva era uno de los primeros productos agrícolas de Israel.  Se hacía exprimiendo aceitunas maduras para extraer el aceite.  Grados menores de aceite se podían extraer de otros métodos, pero el aceite que salía al ser exprimidas las aceitunas la primera vez se consideraba el mejor.  El aceite se utilizaba para cocinar, para las lámparas, y para una variedad de funciones religiosas (alumbrar lámparas en el tabernáculo y el templo, acompañar algunos sacrificios, y para ungir).  Solo el mejor aceite – aceite virgen exprimido por primera vez – era aceptable para funciones religiosas.  Si el Señor se agrada con la ofrenda de una pequeña cantidad de aceite, debía estar muy contento con un arroyo de aceite – o, aún mejor, diez mil arroyos de aceite.

 

La mención de millares de carneros y de diez mil arroyos de aceite es una expresión hiperbólica (una exageración), ya que nadie podría hacer tales ofrendas realmente.

 

“¿Daré mi primogénito por mi rebelión, el fruto de mi vientre por el pecado de mi alma?” (v. 7b).  La tercera pregunta eleva los requisitos más allá de los límites aceptables.  Los israelitas ya conocían el sacrificio de niños porque era una práctica común con algunos de sus vecinos.  La cuestión que se presenta aquí es si una persona tendría que ir tan lejos como para ofrecer a su primogénito como sacrificio humano.

Ley judía dice, “me darás el primogénito de tus hijos.  Así harás con el de tu buey y de tu oveja: siete días estará con su madre, y al octavo día me lo darás” (Éxodo 22:29b-30; véase también Éxodo 13:12-13, 34:20).

 

SIN EMBARGO (y éste es un gran sin embargo), el Señor no requería de los israelitas la ofrenda de su primer nacido en el altar.  En vez, debían redimir al primer nacido por medio de una ofrenda de cinco siclos al sacerdote (Éxodo 13:11-15; 34:19-20; Números 3:44-51; 18:15-17).  Cuando israelitas sacrificaban al niño, lo hacían típicamente en nombre de Moloch u otros dioses – no para Yahvé.  Yahvé condenaba esta práctica (Levítico 18:21; 20:2-5; Deuteronomio 18:10; 1 Reyes 11:5; Salmo 106:37-38; Ezequiel 16:20-21; 23:37-39).

 

Debemos concluir, entonces, que sacrificar al primer nacido no agradaba al Señor.  Es más, una ofrenda así constituiría un grave pecado.

 

 

VERSÍCULO 8: ¿QUÉ PIDE DE TI JEHOVÁ?

 

8Oh hombre, él te ha declarado qué sea lo bueno,

      y qué pida de ti Jehová:

   solamente hacer juicio (hebreo: mis·pat),

      y amar misericordia (hebreo: he·sed),

      y humillarte para andar con tu Dios.

 

 

“Oh hombre, él te ha declarado qué sea lo bueno” (v. 8a).  Versículo 6a pregunta qué ha de hacer el fiel para agradar al Señor.  Versículos 6b-7 sugieren varias cosas, y todas de ellas incluyen algún tipo de sacrificio.

 

No obstante, el profeta piensa de la idea de agradar al Señor de manera completamente diferente.  No dice que ofrecer sacrificios sea malo.  Al fin y al cabo, ley judía requería este tipo de ofrenda.  Sin embargo, el enfoque de este versículo no está en actos exteriores, como la ofrenda de sacrificios, sino en las actitudes que nacen en lo más profundo de la vida de una persona – en su corazón – y que se manifiestan en acciones positivas hacia Dios y nuestros compañeros humanos.

 

“y qué pida de ti Jehová: solamente hacer juicio (mis·pat), y amar misericordia (he·sed), y humillarte para andar con tu Dios” (v. 8b).  Este versículo es una excelente descripción del verdadero discipulado, ya que cada una de las tres acciones que se mencionan tiene muchas ramificaciones, como se anota abajo.  El erudito bíblico J.M.P. Smith lo llamó “El resumen más elegante que aparece en el Antiguo Testamento de la religión práctica” (Baker y Bailey, 112).

 

Versículo 8 es un excelente candidato para la memorización, porque dice mucho en muy pocas palabras – y se puede entender fácilmente.

 

Para verdaderamente agradar a Dios uno debe actuar de manera positiva hacia otros humanos y hacia Dios.  El profeta delinea tres de esas acciones positivas:

 

“hacer juicio (mis·pat) (v. 8b1).  Juicio (mis·pat) y rectitud (seda·qa) están relacionados.  Juicio es acercar a la gente para que tenga una relación correcta con Yahvé y con los demás.  Después, estas relaciones justas producen vidas rectas.

 

La ley de Dios provee instrucciones específicas en cuanto al comportamiento justo.  Justicia requiere que testigos sean honestos e imparciales (Éxodo 23:1-3, 6-8).  Requiere que todos reciban un tratamiento justo en las cortes, pero especialmente aquéllos que cuentan con recursos limitados para defenderse a si mismos.  Requiere consideración especial de las viudas, los huérfanos, y otras personas vulnerables (Deuteronomio 24:17).

 

y amar misericordia (hesed) (v. 8b2).  La palabra he·sed tiene gran variedad de significados – bondad, cariño, merced, bien, lealtad, o amor.  “Cuando se aplica a Yahvé hesed es, fundamentalmente, expresión de su lealtad y devoción hacia las solemnes promesas que acompañan al pacto… Aunque la mayoría de las veces que aparece hesedse traduce como ‘amor fiel,’ existen también los elementos indudables de la ‘merced’ y la ‘bondad’ en cada una de estas ocurrencias” (Renn, 633-634).

 

Como la palabra griega, ágape, en el Nuevo Testamento, he·sed es una palabra que implica acción – bondad o amor expresados a través de acciones cariñosas y bondadosas, y no simples sentimientos.

 

y humillarte para andar con tu Dios” (v. 8b3).  Hay dos partes en el humillarse y el andar con Dios:

 

• Primero, si hemos de agradar a Dios, debemos andar con Dios.  Dios debe ser parte significante de nuestra vida diaria – un compañero constante, un guía, y un refugio.  Debemos dejar que Dios nos guie.

 

• Segundo, si hemos de agradar a Dios, debemos caminar humildemente con Dios.  Una persona humilde no es arrogante ni soberbia.  Una persona que camina humildemente con Dios entiende que todo lo que él o ella tiene es un regalo de Dios.  Una persona que camina humildemente con Dios intentará determinar adónde Dios quiere que vaya en vez de tomar su propia dirección, basándose en su propia sabiduría.

 

Para ser verdaderamente humilde, debemos rendir toda pretensión de que podemos ser auto-suficientes y depender en Dios como “Nuestra ayuda y nuestro escudo” (Salmo 33:20).

 

 

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada en http://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html.  Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

 

 

BIBLIOGRAFÍA:

 

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Waltke, Bruce, in Baker, David; Alexander, Desmond; & Waltke, Bruce, Tyndale Old Testament Commentaries: Obadiah, Jonah, Micah, Vol. 23a (Downers Grove, Illinois:  Inter-Varsity Press, 1999)

 

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www.sermonwriter.com

 

www.lectionary.org

 

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