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RECURSOS PARA PREDICAR

Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

 

 

 

PASAJE BÍBLICO:   Isaías 40:1-11

 

 

EXÉGESIS:     

 

EL CONTEXTO:

 

El libro de Isaías se enfoca en el exilio babilónico, que comenzó en 586 a.C. cuando Nabucodonosor II de Babilonia destruyó Jerusalén y el templo y esclavizó al pueblo judío.  El exilio terminó en 539 a.C. cuando Ciro de Persia permitió que los judíos volvieran a Jerusalén y reconstruyeran su templo.  El libro de Isaías deja claro que Nabucodonosor fue instrumento de Yahvé para castigar el pueblo judío por sus pecados, y Ciro también fue instrumento de Yahvé para liberarlo – para redimirlo.

 

Eruditos están divididos en lo que concierna al autor de este libro.  Algunos creen que una sola persona escribió el libro completo, parte del cual predice eventos que tomaron lugar mucho después de su muerte.  Otros creen que un autor escribió capítulos 1-39, un segundo autor o grupo de autores escribió capítulos 40-45, y un tercer autor o grupo escribió capítulos 56-66.

 

Pero todos concuerdan que capítulo 40 da comienzo a un nuevo énfasis.  Capítulos 1-39 advierten del juicio de Dios si la gente sigue poniendo su confianza en líderes seculares en vez deponerla en Dios.  En capítulos 40-45 surge la promesa de redención para un pueblo que experimenta el juicio del que el profeta advirtió en los capítulos anteriores.  Capítulos 56-66 tratan del regreso de los judíos a Jerusalén y la reconstrucción de la ciudad y el templo.

 

Capítulo 39 (que cierra la primera sección de este libro) relata la historia del Rey Ezechîas recibiendo enviados de Babilonia y mostrándoles su tesoro.  Isaías regaña a Ezechîas diciendo, “Oye palabra de Jehová de los ejércitos: He aquí, vienen días en que será llevado á Babilonia todo lo que hay en tu casa, y lo que tus padres han atesorado hasta hoy: ninguna cosa quedará, dice Jehová. De tus hijos que hubieren salido de ti, y que engendraste, tomarán, y serán eunucos en el palacio del rey de Babilonia” (39:5-7).  Pero “dijo Ezechîas á Isaías: La palabra de Jehová que has hablado, es buena. Y añadió: A lo menos, haya paz y verdad en mis días” (39:8).  ¿Cómo es que un padre no se preocupe de que sus hijos sean eunucos en casa de una nación conquistadora?

 

Motyer, que apoya la teoría de un solo autor, nos recuerda que las divisiones de capítulo y versículo se añadieron mucho después de ser escrito, y que es mejor leer el libro de Isaías seguido, sin prestar atención a estas divisiones.  Dice, “es impresionante que la desesperación (39:5-7) y el consuelo (40:1) aparezcan uno junto al otro.  Apenas pronunciarse el juicio, aparece un consuelo.  Es más, cuando una voz proclama desesperación (39:5ff), los imperativos plurales de 40:1 reúnen un grupo de consoladores de los que se oyen tres voces (40:3, 6, 9) para que la consolación sea más abundante que la condenación.  Y no solo eso, sino que cuando condenación cae sobre una nación pecadora, la consolación, como veremos, se esparce para abrazar al mundo entero” (Motyer, 242).  Creamos en la existencia de un autor o de varios, esta perspectiva nos ayuda.

 

 

VERSÍCULOS 1-2: CONSOLAOS, CONSOLAOS, PUEBLO MÍO

 

1Consolaos (hebreo: na·hamu –– de na·ham), consolaos, pueblo mío,

  dice vuestro Dios (hebreo: elo·he·kem).

2Hablad al corazón (hebreo: al·leb) de Jerusalén:

  decidle á voces que (hebreo: ki) su tiempo es ya cumplido,

  que (ki) su pecado es perdonado;

  que (ki) doble ha recibido de la mano de Jehová (hebreo: yhwh – Yahvé)

  por todos sus pecados.

 

 

No podemos estar seguros a quien se dirigen estas palabras.  Puede ser el concejo divino – el ser angélico del cielo.  Puede ser el profeta.  Si fuera importante que supiéramos su identidad, el texto lo dejaría claro.  Que no lo haga sugiere que el mensaje aquí es más importante que el mensajero.

 

“Consolaos (na·hamu –– de na·ham) (v. 1a).  La palabra na·ham se encuentra a menudo en el Antiguo Testamento con dos significados.  El primero es el arrepentimiento, como el Señor arrepintiéndose de haber creado a los humanos (Génesis 6:6).  El segundo es la consolación para los que pasan por pesadumbre o aflicción, como en este versículo.

 

“consolaos, pueblo mío” (v. 1b).  Esto contrasta con el libro de Lamentaciones, escrito para expresar la pesadumbre y aflicción de Jerusalén después de su destrucción.  Dice, “No tiene quien la consuele” (Lamentaciones 1:2) – pero aquí la orden es consolar a Jerusalén.  

 

La gente que ha de ser consolada es “mi pueblo.”  Dios la ha escogido y ha hecho un pacto con su pueblo comenzando con Abram (Génesis 12:1-3).  En ese momento, Abram y sus descendientes se convirtieron en el pueblo de Dios, y ahora siguen siéndolo.  Dios lo ha castigado por sus pecados, pero no lo ha excomulgado.

 

Como se anota arriba, capítulos 1-39 delinean el castigo que le esperaba a Judá por haber confiado en alianzas extranjeras en lugar de poner su fe en Dios.  Jerusalén y el templo podrían ser destruidos y el pueblo pasaría por un largo exilio.  Eso ya ha ocurrido.  El exilio ha durado casi cincuenta años.  Los judíos viven en servidumbre, como lo habían hecho en Egipto hacía tantos años.  La mayor parte de judíos que vivía en Jerusalén ha muerto en el exilio, y una nueva generación ha nacido en servidumbre.

 

Uno solo tiene que oír canciones de lamentación de los esclavos afro americanos en los Estados Unidos para darse cuenta de la desesperación que vivieron como esclavos.  Pero esas canciones también expresan esperanza junto a la tristeza.  Decían, “Ve, Moisés, baja a la tierra de Egipto.  Dile a Faraón que suelte a mi pueblo.”

En estas palabras, “Consolaos, consolaos, pueblo mío, dice vuestro Dios,” encontramos esa misma esperanza.  Yahvé ha castigado Jerusalén por sus pecados, pero su propósito no era su sufrimiento, sino su redención.  Permitió que pasaran por el fuego para purgar su escoria, así restaurando su estatus de pueblo elegido – un estatus que nunca perdió por completo, pero que comprometió por su falta de lealtad.

 

“dice vuestro Dios (elo·he·kem) (v. 1c).  En la última frase (1b) Dios identificó a los consolados como “mi pueblo.”  Ahora se identifica a si mismo como “vuestro Dios” – frase que demuestra la unión que existe entre Yahvé y el pueblo judío.

 

Elohim es el que da la orden de consolar a su pueblo.  Elohim es otra palabra para Dios – palabra que a veces se utiliza para otros dioses además de Yahvé.  “Como nombre o título del Dios de Israel, (Elohim) se entiende como el plural de majestad o como un plural intenso, indicando la plenitud del supremo (y único) Dios” (Myers, 331).

 

“Hablad al corazón (al·leb) (v. 2a).  El corazón, en esa cultura como en la nuestra, representa el centro de una persona – su ser más íntimo.  Si queremos consolar a una persona hablándole a su corazón, lo haremos suavemente y con cariño.

 

“de Jerusalén” (v. 2b).  El corazón de Jerusalén es el centro de este discurso de consolación.  En este versículo, Jerusalén simboliza el pueblo judío – exiliados que han vivido en servidumbre por tanto tiempo, pero que pronto serán liberados (véase 52:9).

 

“decidle á voces que (ki) su tiempo es ya cumplido, que (ki) su pecado es perdonado; que (ki) doble ha recibido de la mano de Jehová (yhwh – Yahvé) por todos sus pecados” (v. 2c).  Este es el mensaje para Jerusalén – para estos judíos exiliados.  Es un solo mensaje expresado de tres maneras diferentes, cada una empezando con la pequeña palabra, ki.  Jerusalén ha de ser consolada:

 

(1) Porque (ki) “su tiempo es ya cumplido.”  Ha llegado el momento de su liberación.

 

(2) Porque (ki) “su pecado es perdonado.” ¿Quiere decir que la pena ya ha justificado la ofensa o que Yahvé ha decidido que ya han sido castigados lo suficiente? Seguramente se refiere a la segunda de estas dos opciones, pero este versículo no se concierna con el debate de salvación por obras o salvación por la gracia de Dios.  El punto aquí es asegurarle a esta gente que Yahvé ya no la verá como deudor, sino que considera su deuda pagada.

 

(3) Porque (ki) “doble ha recibido de la mano de Jehová (Yahvé) por todos sus pecados.” No debemos mirar la palabra “doble” matemáticamente.  Es una manera poética de decir que Jerusalén ha pagado un gran precio por sus pecados, y que Yahvé no requiere pago adicional.

 

 

VERSÍCULOS 3-5: BARRED CAMINO Á JEHOVÁ

 

3Voz que clama en el desierto:

  Barred camino á Jehová:

  enderezad calzada en la soledad á nuestro Dios.

4Todo valle sea alzado,

  y bájese todo monte y collado;

  y lo torcido se enderece,

  y lo áspero se allane.

5Y manifestaráse la gloria (hebreo: kebod) de Jehová,

  y toda carne (hebreo: basar – carne o gente) juntamente la verá;

  que la boca de Jehová (hebreo: yhwh –– Yahvé) habló.

 

 

“Voz que clama” (v. 3a).  No se nos dice de quien es la voz.  Lo importante es el mensaje – no la voz que clama.

 

“en el desierto: Barred camino á Jehová: enderezad calzada en la soledad á nuestro Dios” (v. 3b).  Esperamos que Yahvé prepare un camino por el desierto para que los exiliados vuelvan a Jerusalén.  Sin embargo, aquí encontramos lo contrario – Jerusalén ha de preparar el camino para Dios.  Surgen dos preguntas.  Primero, ¿Por qué necesita Dios que esta gente le prepare el camino para él? Segundo, ¿cómo deben hacerlo?

 

No debemos pensar de este lenguaje poético de manera literal.  Dios no necesita que tomen las palas y construyan un camino para él por el desierto.  Se trata de enderezar el desierto de sus vidas y sus corazones.  Si han de prepararse para la venida del Señor, la preparación debe incluir alguna disciplina espiritual, como la oración o la lectura de escritura – alabanza apropiada y vidas puras.  La voz no especifica la forma que debe tomar su preparación.  Basta con que los exiliados se den cuenta de la necesidad de prepararse para la venida del Señor.  Su historia y sus tradiciones les dirán como hacerlo.

 

Pero Achtemeier piensa de este versículo como una llamada de un ser celestial a otros seres celestiales.  En su entendimiento, esos seres celestiales son los responsables de preparar el camino para que Dios regrese a su pueblo (Achtemeier, 328).

 

“Todo valle sea alzado, y bájese todo monte y collado” (v. 4a).  Hoy podemos ver como los ingenieros de carreteras hacen su trabajo rutinariamente.  Grandes máquinas excavan montes con grandes palas.  Después ponen la tierra excavada en los valles para elevarlos.  Por eso podemos cruzar puertos de montaña en coches con aire acondicionado sin pararnos a pensar en si vamos cuesta arriba o cuesta abajo.  No obstante, esto solo ha ocurrido por algunas décadas.  Montañas y valles todavía presentan grandes retos para los que no tienen la maquinaria necesaria.

 

Estos montes y collados son metáforas poéticas que representan los obstáculos espirituales que obstruyen el regreso de Dios a los exiliados.  Son obstáculos de pecado y falta de fe que se deben eliminar para que el Señor pueda regresar de nuevo y tomar su lugar entre ellos.

 

“y lo torcido se enderece, y lo áspero se allane” (v. 4b).  Esta es otra manera de expresar la misma idea – que la gente ha de enderezar lo torcido y suavizar lo áspero en sus vidas para prepararse para la venida del Señor.

 

“Y manifestaráse la gloria (kebod) de Jehová” (v. 5a).  La palabra gloria (kebod) se utiliza en la Biblia para hablar de varias cosas, pero se usa específicamente para referirse a la gloria de Dios – un aura asociada con la aparición de Dios que revela su majestad a los humanos.  Escritores bíblicos, tratando de describir la gloria de Dios con palabras humanas, lo describieron como un “un fuego abrasador” (Éxodo 24:17).  Cuando Moisés pidió ver la gloria de Dios, Dios contestó, “No podrás ver mi rostro: porque no me verá hombre, y vivirá” (Éxodo 33:20) – pero Dios continuó, “He aquí lugar junto á mí, y tú estarás sobre la peña: Y será que, cuando pasare mi gloria, yo te pondré en una hendidura de la peña, y te cubriré con mi mano hasta que haya pasado: Después apartaré mi mano, y verás mis espaldas; mas no se verá mi rostro” (Éxodo 33:21-23).  La gloria de Dios es tan poderosa que los humanos no son capaces de experimentarla.  Sería algo como el contacto con un cable eléctrico de alto voltaje.  Sería demasiado para nosotros.

 

“y toda carne (basar – carne o gente) juntamente la verá” (v. 5b).  Esto es una sorpresa.  La visión de la gloria de Dios que le fue negada a Moisés ahora ha de ser entregada a “toda carne.”  Si Moisés hubiese visto la gloria de Dios, hubiera muerto, pero lo que se implica aquí es que “toda carne” verá la gloria de Dios y vivirá.  La visión no se limitará al pueblo judío – o a grandes líderes como Moisés – o a grandes santos como Madre Teresa.  Gente normal y corriente, como nosotros, verá la gloria de Dios.

 

Algunos eruditos sugieren que será una visión escatológica de la gloria de Dios – una visión concedida en los últimos días.  Aunque es verdad que todos veremos la gloria de Dios al final del tiempo, también es verdad que Jesús “de ambos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación” (Efesios 2:14) y nos ha puesto en presencia de Dios.  Ahora todos pueden ver la gloria de Dios – judío y griego, esclavo y libre, hombre y mujer (Gálatas 3:28).

 

“que la boca de Jehová (yhwh –– Yahvé) habló” (v. 5c).  Con esto podemos estar seguros de que ocurrirá.  Yahvé habló, y la palabra de Yahvé tiene el poder de cumplir lo que dice.  La palabra de Yahvé es de confianza.  Yahvé cumple sus promesas – un hecho que demuestra ahora al redimir a esta gente pecadora, honrando las promesas del pacto hecho mucho antes con Abram.

 

 

VERSÍCULOS 6-8: LA PALABRA DEL DIOS NUESTRO PERMANECE PARA SIEMPRE

 

6Voz que decía: Da voces.

  Y yo respondí: ¿Qué tengo de decir á voces?

  Toda carne (hebreo: basar) es hierba,

  y toda su gloria como flor del campo:

7La hierba se seca, y la flor se cae;

  porque (hebreo: ki) el viento (hebreo: ruah – aliento o espíritu) de Jehová sopló en ella:      

  ciertamente hierba es el pueblo (hebreo: ha·am).

8Sécase la hierba, cáese la flor:

  mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre.

 

 

“Voz que decía: Da voces. Y yo respondí: ¿Qué tengo de decir á voces?” (v. 6a).  No se identifica la persona que habla ni la que contesta.  La orden es “dar voces.” La pregunta es “¿qué tengo de decir á voces?”  Para que el profeta o el pastor pueda proclamar la palabra lealmente, el Señor antes debe revelarla.

“Toda carne (basar) es hierba, y toda su gloria como flor del campo” (v. 6b).  En una economía pastoril en que la gente cuida rebaños de ovejas, la hierba es importante.  La oveja necesita comer, y lo que come es hierba.  Un pastor que no puede encontrar hierba para sus ovejas perderá su rebaño y sus ganancias.  Con el tiempo, pastores desarrollan un sentido para la hierba.  En ese clima seco, la hierba se secaba pronto – siendo mala comida para las ovejas.  Un pastor buscaba hierba verde – o hierba que tuviera algún resquicio de verde.

 

Como la hierba, las flores son frágiles.  En el Sermón en el Monte Jesús habla de esta fragilidad: “Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana es echada en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más á vosotros, hombres de poca fe?” (Mateo 6:30).

 

“La hierba se seca, y la flor se cae; porque (ki – cuando) el viento (ruah – aliento o espíritu) de Jehová sopló en ella” (v. 7a).  Pastores conocían bien los vientos sirocos – vientos calientes, secos, y polvorientos que nacen en el desierto y soplan a través de los pastos.  Gente en varias partes del sudoeste norteamericano también conoce los vientos sirocos.  Son vientos que destruyen la vegetación.  El viento seco absorbe toda la humedad de las plantas, y las altas temperaturas las marchitan.  Gente que no depende de la agricultura también teme estos vientos sirocos, porque los vientos calurosos y secos soplan hora tras hora, creando un ambiente miserable y malhumorado.  El polvo entra por las rendijas y, en algunos casos, el viento sopla tan fuerte que daña los edificios.

 

Si estos vientos sirocos son duros para las plantas y animales, no son nada comparado con “el viento de Jehová” cuando sopla seco y caluroso.

 

“ciertamente hierba es el pueblo (ha·am) (v. 7b).  Ahora la metáfora es más explicita.  Podemos aprender de la hierba y las flores que marchitan bajo los vientos sirocos.  Nos recuerda de nuestra propia mortalidad – nuestra fragilidad.  Igual que plantas y flores florecen por un tiempo y después marchitan, nosotros también prosperamos por un tiempo y después marchitamos y morimos.

 

Si esto es cierto para todos, también es cierto para el pueblo de Israel.  Prosperaban mientras vivían fielmente dedicados a Yahvé, pero encontraron problemas una vez tras otra a causa de la inconsistencia de su fe.  Igual que la hierba y las flores, prosperaban y morían con regularidad.

 

“Sécase la hierba, cáese la flor: mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre” (v. 8).  Esta es la cuestión.  Humanos marchitan como la hierba y la flor, pero la palabra de Dios permanece para siempre.  La palabra de Dios es algo constante en que podemos depender día tras día.  Dios dio su palabra a Abram, a David, y a otros por medio de un pacto que prometió bendiciones sobre sus descendientes.  Estos exiliados son sus descendientes, y pueden confiar que Dios guarde su parte del pacto a pesar de sus pecados.

 

Esto nos da esperanza.  Nosotros también le fallamos a Dios, pero Dios no nos fallará a nosotros.

 

 

VERSÍCULOS 9-11: ¡VEIS AQUÍ EL DIOS VUESTRO!

 

9Súbete sobre un monte alto,

  anunciadora de Sión;

  levanta fuertemente tu voz,

  anunciadora de Jerusalén;

  levántala, no temas;

  di á las ciudades de Judá:

  ¡Veis aquí el Dios vuestro!

10He aquí (hebreo: hin·neh - ¡mira!)

  que el Señor Jehová vendrá con fortaleza,

  y su brazo se enseñoreará:

  he aquí (hebreo: hin·neh - ¡mira!) que su salario viene con él,

  y su obra delante de su rostro.

11Como pastor apacentará su rebaño;

  en su brazo cogerá los corderos,

  y en su seno los llevará;

  pastoreará suavemente las paridas.

 

 

“Súbete sobre un monte alto, anunciadora de Sión; levanta fuertemente tu voz, anunciadora de Jerusalén” (v. 9a).  Esto nos confunde porque Sión es una montaña – la montaña sobre la cual Jerusalén está construida.  ¿Significa esto subir a una montaña alta? Esta imagen no funciona muy bien.  Quizá en este versículo Sión y Jerusalén representan el pueblo de Dios.  O, quizá, el profeta ha de ascender a Sión – a Jerusalén – para compartir las buenas noticias.  No he encontrado mucho en los comentarios para ayudarme a clarificar esta parte del versículo.

 

Pero tres cosas sí están claras: (1) Hay urgencia en la proclamación.  El anunciador debe moverse con cuidado para llevar a cabo su misión de proclamación.  (2) El anunciador ha de proclamar el mensaje con fuerza – gritándolo en voz alta – asegurándose de que todos lo oyen.  (3) el mensaje que ha de ser proclamado es el de las buenas noticias – las buenas nuevas.

 

“levántala, no temas” (v. 9b).  No hay porque temer oposición.  El Señor está a cargo.  No hay porque avergonzarse.  El Señor hará lo que ha dicho que hará.

 

“di á las ciudades de Judá: ¡Veis aquí el Dios vuestro!” (v. 9c).  Este mensaje se dirige “á las ciudades de Judá” – los pueblos judíos todavía exiliados en Babilonia.  Por casi cinco décadas se han sentido abandonados por Dios, y se han preguntado si su abandono terminaría algún día.  Puede que cinco décadas no parezcan mucho comparado con los cuatrocientos años que los israelitas vivieron esclavizados en Egipto, pero cinco décadas es toda una vida.  ¿Cómo puede ser peor que pasar toda una vida en servidumbre sin ver su fin?

 

Pero el mensaje es, “¡Veis aquí el Dios vuestro!” El mensaje es que Dios ha vuelto – que Dios está con ellos – que su castigo y su servidumbre han terminado.  El mensaje es que Dios hará posible su regreso a Jerusalén para que reconstruyan su ciudad y el templo de Dios.

 

“He aquí (hin·neh - ¡mira!) (v. 10a).  El doble uso de hin·neh en este versículo enfatiza y vuelve a enfatizar para el oyente la importancia de prestar atención.  La NRSV no incluye un segundo hin·neh (v. 10c) en su traducción.

“que el Señor Jehová vendrá con fortaleza, y su brazo se enseñoreará” (v. 10b).  Estas dos frases paralelas enfatizan la fuerza con que viene Dios.  El brazo es símbolo de fortaleza.  Es una imagen militar, donde el Señor lucha una batalla y toma control de su oposición.

 

Gracias a esta parte del versículo, podemos estar seguros de que (1) el Señor viene (2) que viene con fuerza y (3) que regirá con poder.  Si esto es verdad – y podemos estar seguros de que sí lo es – entonces los esfuerzos de los que se oponen a Dios no valdrán nada.

 

“he aquí (hebreo: hin·neh - ¡mira!) que su salario viene con él, y su obra delante de su rostro” (v. 10c).  Estas dos frases enfatizan un pago justo.  La cuestión es si el pago es para los exiliados o para Dios.  “La mayor parte de intérpretes parece preferir el primero, mirando la primera palabra como la recompensa penal de Sus enemigos… No obstante, puede ser que el segundo se acerque más al contexto.  Dios Mismo es a quien se le debe recompensa, porque Él se lo ha merecido” (Young, 39).

 

Si los exiliados han de recibir la recompensa, su pago será la libertad de la servidumbre y la libertad para regresar a Jerusalén.  Si Dios ha de recibir la recompensa, su pago será los exiliados – su pueblo – sus hijos.  Una vez estaban perdidos, pero ahora han sido encontrados.  Esa es una gran recompensa.

 

“Como pastor apacentará su rebaño” (v. 11a).  Cada una de las tres partes de este versículo enfatiza el cuidado cariñoso de Dios por su pueblo.  Como un pastor alimenta sus ovejas, así Dios lo hará con su pueblo.  Lo hará yacer “en lugares de delicados pastos” y “junto á aguas de reposo le pastoreará” (Salmo 23:2).

 

“en su brazo cogerá los corderos, y en su seno los llevará” (v. 11b).  Compare el uso de la palabra “brazo” en versículo 10b, donde “su brazo se enseñoreará,” y aquí, donde “en su brazo cogerá los corderos.”  El brazo fuerte capaz de golpear con una espada también es capaz de mostrar cariño y compasión.

 

Corderos, como los niños pequeños, no pueden caminar rápidamente o grandes distancias.  Cuando el rebaño se mueve, sus patas pequeñas se cansan rápidamente.  Si nadie les ayuda, se pierden – pero el pastor no permite que eso ocurra.  Tiene la habilidad de recoger los corderos y cargarlos, y eso es lo que hace.  Imagine lo consolador que debe ser para un cordero cansado ser recogido y cargado en los brazos del pastor – junto a su seno – junto a su corazón.

 

“pastoreará suavemente las paridas” (v. 11c).  La madre oveja se preocupa por su cordero y lo querrá tener cerca.  Si el pastor lo recoge y lo lleva en sus brazos, la madre oveja sigue de cerca.  No temerá por su cordero, porque conoce al pastor – pero seguirá de cerca de todos modos.  Este es el liderazgo más gentil que puede ejercer el pastor aquí – guiar la madre oveja mientras lleva su cordero en brazos.

 

 

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada en http://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html.  Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

 

 

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Copyright 2009, Richard Niell Donovan