Home  |  An Example of Our Work  |  Free Samples  |  How to Subscribe  |  Links  |  About Us


SermonWriter logo



RECURSOS PARA PREDICAR

Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

 

 

 

PASAJE BÍBLICO:   Isaías 6:1-13

 

 

EXÉGESIS:     

 

EL CONTEXTO

 

En capítulos 1-5 Isaías usa palabras fuertes para describir la maldad de Judá.  Describe el pueblo de Judá como si fuera un niño rebelde (1:2) diciendo “¡Oh gente pecadora, pueblo cargado de maldad, generación de malignos, hijos depravados! Dejaron á Jehová, provocaron á ira al Santo de Israel, tornáronse atrás” (1:4).  Dice que la ciudad que una vez fue fiel se ha convertido en ramera (1:21).  Habla de un viñador (Dios) que plantó una viña (Judá) con vides selectas, esperando que rindiera uvas, pero “llevó uvas silvestres” (5:1-2).  Refiérase a capítulos 1-5 en cualquier orden, y leerá del pecado de Judá o del juicio de Dios.  El tono de Isaías en estos capítulos es crítico y de condenación.

 

Es sorprendente que los eventos de capítulo 6 aparezcan donde están en lugar de estar al principio del libro.  El primer versículo de capítulo 1 habla de la visión de Isaías.  Sería más apropiado que la llamada de Isaías estuviera en capítulo 1 en vez de capítulo 6.

 

Eruditos se encuentran divididos en esta cuestión.  ¿Son los eventos de capítulo 6 la primera llamada de Isaías, o se trata de una llamada más detallada que le da dirección?  Podría ser que capítulos 1-5 sean la introducción – que preparen el escenario – y que capítulo 6 sea donde empieza a relatarse la “acción” de este libro.  Podría ser que un redactor (editor) más tardío uniera el libro tal como lo encontramos hoy.  Una discusión completa de estas posibilidades va más allá de esta exégesis, ya que existen tantas opiniones académicas sobre este tema.  Véase Oswalt, 171 ff. para un resumen.

 

No obstante, me parece que la obra de Isaías en capítulos 1-5, denunciando el pecado de Judá y avisando del juicio venidero, fue necesaria para preparar a Isaías para el asombro que experimenta en capítulo 6.  A lo largo de cinco capítulos, ha apuntado con un dedo juicioso hacia sus compatriotas de Judá.  En capítulo 6, en presencia de la santidad de Yahvé, de repente reconoce su propia falta de santidad.  Por fin se le ocurre que no solo habita entre gente de labios inmundos, pero que también él es uno de ellos – que sus labios también están inmundos – que él también está sujeto al juicio.  Es un momento de “¡aja!” que le trae humildad y le prepara para una vida de servicio que va más allá de cualquier cosa que podría haber imaginado.

 

 

VERSÍCULOS 1-4: VI AL SEÑOR SENTADO SOBRE UN TRONO

 

1En el año que murió el rey Uzzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas henchían el templo. 2Y encima de él estaban serafines: cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, y con dos cubrían sus pies, y con dos volaban.

3Y el uno al otro daba voces, diciendo:

  Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos:

  toda la tierra está llena de su gloria.

4Y los quiciales de las puestas se estremecieron con la voz del que clamaba, y la casa se hinchió de humo.

 

 

“En el año que murió el rey Uzzías” (v. 1a).  Uzzías (conocido como Azarías en 2 Reyes 15) fue uno de lo mejores reyes de Judá – el mejor después de Salomón.  Comenzó a reinar a la edad de 16 años.  Reinó 52 años e “hizo lo recto en los ojos de Jehová” (2 Crónicas 26:3-4).  Dirigió un gran ejército, derrotó los Filisteos, y recolectó tributos de los Ammonitas.  Construyó torres y revivió la agricultura.  “Mas cuando fue fortificado, su corazón se enalteció hasta corromperse” (2 Crónicas 26:16).  Al final de su vida, trató de usurpar poderes sacerdotales, y Dios le afligió con la lepra (2 Crónicas 26:20).

 

Uzzías comenzó a reinar alrededor de 790 a.C. y murió alrededor de 742 a.C. – un reinado de medio siglo durante el cual Judá prosperó.  Sin embargo, Tiglath-pileser comenzó a reinar en Asiría en 745 a.C. – los últimos años del reinado de Uzzías – y pronto puso Asiría en posición de dominio mundial.  Pronto, Tiglath-pileser empezó a presionar a Judá, y las fortunas de Judá empezaron a decaer.  Los herederos de Uzzías fueron incapaces de lograr el tipo de paz y prosperidad que Judá había disfrutado durante el reinado de Uzzías.  Por lo tanto, Uzzías fue recordado con cariño y su muerte causó gran tristeza.  “En el año que murió el rey Uzzías” es una frase cargada de significado.  El pueblo de Judá pensaría del reino de Uzzías como “los buenos tiempos antiguos.”

 

El ministerio de Isaías duró aproximadamente cuatro décadas, empezando alrededor de 742 a.C. y continuando hasta finales del siglo.

 

“vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime” (v. 1b).  En el año de la muerte de un gran rey, Isaías tuvo el privilegio de ver a un rey celestial aún más grande, sentado en un trono en el templo – seguramente en el Sagrado de los Sagrados del templo de Jerusalén.  El trono era “alto y sublime” – apropiado para un Dios de esta naturaleza.

 

Antes, Dios le dijo a Moisés, “No podrás ver mi rostro: porque no me verá hombre, y vivirá” (Éxodo 33:20; véase también Éxodo 19:21).  No obstante, hubo ocasiones cuando gente fue permitida ver a Dios y permanecer con vida (Génesis 16:13; Éxodo 24:10).  Esta ocasión es una de ellas.

 

“y sus faldas henchían el templo” (v. 1c).  Este detalle transmite lo maravillado que está Isaías en presencia de Yahvé.  Le parece que la falda de Yahvé llena el templo.  Se siente demasiado pequeño para ver más allá de la falda de Yahvé.

 

“Y encima de él estaban serafines” (v. 2a).  “Serafín” es una palabra hebrea transliterada (traducida al inglés tal como suena en el lenguaje original).  La mayor parte de eruditos cree que la palabra ‘serafín’ significa “llama de serpiente.”  Scott cree que significa “los que arden” y que la idea de las serpientes viene ilógicamente de Números 21:6, 8 (Scott, 208).

 

“cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, y con dos cubrían sus pies, y con dos volaban” (v. 2b).  Como se anota en versículo 1b, la gente no solía ser permitida ver a Dios y permanecer con vida.  Los serafines cubren sus rostros para protegerles.  “Cubrían sus pies” es seguramente otra manera de decir ‘cubrir su desnudez.’

 

“Y el uno al otro daba voces” (v. 3a).  Esto sugiere un coro antifonal en que un coro canta una frase desde una parte del santuario y otro coro canta la respuesta desde otra parte.  Imagínese varios coros de voces perfectas, situados alrededor de un templo de acústica perfecta, cantando antifonalmente.  Cada sonido vendría de una nueva dirección, complementando la canción anterior en lugar de copiarla.  El efecto sería bello – más allá de nuestra comprensión.

 

“diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos: toda la tierra está llena de su gloria” (v. 3b).  La lengua hebrea utiliza la repetición para enfatizar, y esta repetición en tres partes refleja el epítome de la santidad.  El autor del libro de Apocalipsis utiliza esta misma imagen y formula tres veces sagrada (Apocalipsis 4:8).

 

Estas palabras son cantadas por el coro de serafines – un himno de alabanza – un tributo a la santidad y gloria de Dios.  La santidad de Dios forma parte inherente de su ser.  Gloria es la manifestación visible de su magnifica presencia.  Santidad y gloria suelen ir juntas cuando se describe a Dios en el Antiguo Testamento.

 

“Y los quiciales de las puestas se estremecieron con la voz del que clamaba, y la casa se hinchió de humo” (v. 4).  Los serafines cantan tan alto que hacen temblar las puertas del templo.  El templo también está lleno del humo del incienso (Éxodo 25:6, 29; 30:1, 7, 27, etcétera) y de sacrificios quemados.  El humo y el sacudir de las puertas recuerdan al encuentro de Moisés con Yahvé en el Monte de Sinaí (Éxodo 19:18).

 

 

VERSÍCULOS 5-7: ES QUITADA TU CULPA Y LIMPIO TU PECADO

 

5Entonces dije: ¡Ay de mí! que soy muerto; que siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos.

 

6Y voló hacia mí uno de los serafines, teniendo en su mano un carbón encendido, tomado del altar con unas tenazas: 7Y tocando con él sobre mi boca, dijo: He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado.

 

 

“Entonces dije: ¡Ay de mí! que soy muerto; que siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos” (v. 5).  Isaías habla, confesando su culpabilidad.  Como se anota arriba, a lo largo de cinco capítulos se ha quejado de su nación pecaminosa y de su gente.  Con lenguaje gráfico ha descrito su culpabilidad y el juicio que debe anticipar.  Ahora, en presencia del Altísimo, está sobrellevado por su propia culpabilidad.  En presencia de la santidad de Yahvé, le asombra su propia falta de santidad.  Ve que, igual que los otros ciudadanos de Judá, también él es culpable – también él merece el mismo juicio.

 

Para tener una idea de cómo se sentía Isaías, imagine como se sentiría Usted en presencia de un santo actual – una persona como Madre Teresa.  En presencia de santidad, la mayoría de nosotros nos sentimos vacíos en comparación.  Su santidad acentúa nuestra falta de santidad.  Ahora multiplique ese sentimiento por mil, y empezará a comprender el estado de Isaías.  Para ver el impacto completo, multiplíquelo por infinito.

 

“labios inmundos” parece una frase antigua.  No solo son los labios de Isaías los que están inmundos, sino su persona completa.  ¿Por qué ha de hablar de labios inmundos?  Jesús nos da una pista cuando dice, “porque de la abundancia del corazón habla la boca” (Mateo 12:34) y “Mas lo que sale de la boca, del corazón sale” (Mateo 15:18).  La cosa es que labios inmundos (una inmundicia secundaria) expresan lo que está en un corazón inmundo (la raíz de la inmundicia).  Los labios inmundos de Isaías expresan lo que está en su corazón inmundo, igual que los labios inmundos del pueblo de Judá (sobre el cual Isaías ha pronunciado su juicio) expresan lo que hay en sus corazones inmundos.  Solo es cuando Isaías se encuentra ante la santidad de Yahvé que reconoce su propia inmundicia.

 

“han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos” (v. 5b).  Ver “al Rey, Jehová de los ejércitos,” es morir.  Isaías debe pensar que está a punto de morir ahí mismo.

 

“Y voló hacia mí uno de los serafines, teniendo en su mano un carbón encendido, tomado del altar con unas tenazas” (v. 6).  Aunque dice que Yahvé mandó al serafín hacer esto, está claro que el serafín cumple la voluntad de Dios.

 

Un carbón encendido podría venir del altar de incienso o del altar de sacrificios, pero es más probable que venga del altar de sacrificios en vista de su conexión a la limpieza de pecados.  Sacrificios en el templo incluyen perdón por la sangre de un sacrificio, haciendo posible el perdón de los pecados.

 

“Y tocando con él sobre mi boca, dijo: He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado” (v. 7).  El serafín toca los labios de Isaías con el carbón encendido, quemando la iniquidad de sus labios y su corazón.  El que no era santo ahora es santificado.  El que no merecía estar en presencia de Dios, por la gracia de Dios, ahora merece.

 

 

VERSÍCULO 8: HEME AQUÍ, ENVÍAME Á MÍ

 

8Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién nos irá? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame á mí.

 

 

Isaías habló, confesando su culpabilidad.  Ahora Dios habla, dirigiéndose a su concejo celestial (el serafín y cualquier otro ser angélico que pueda estar presente).  “La sala del trono de Dios es la sala de póliza del gobierno mundial.  Hay negocio que llevar a cabo.  Hay creación que manejar.  Hay mensajes que enviar” (Bruggemann, 59-60)

 

Dios pregunta, “¿A quién enviaré, y quién nos irá?”  Isaías es solo un transeúnte que oye la pregunta de Dios.  Dios no dice adonde ha de ir el enviado ni lo que ha de hacer – tampoco le pide a Isaías que se ofrezca.

 

“Heme aquí, envíame á mí.”  Isaías, sobrellevado por la emoción del momento – agradecido de ser limpiado y aún más agradecido de estar vivo – ofrece ser el enviado de Dios, aunque no sabe adonde Yahvé le enviará ni qué le pedirá hacer.  Es decir, Isaías le escribe a Dios un cheque en blanco, ofreciendo ir adonde sea y hacer lo que sea.  Esto es inusual en las historias de la llamada de Dios en el Antiguo Testamento, donde la gente a menudo expresa objeción a su llamada (Éxodo 3:11; 4:10; Jueces 6:15; Jeremías 1:6).

 

Pero algo como la respuesta de Isaías todavía ocurre hoy cuando una persona de fe se compromete al servicio de Dios.  Cuando se hace un compromiso de este tipo la persona no puede decir, “serviré a Dios siempre que lo pueda hacer desde aquí” – o “con gusto serviré a Dios de esta manera pero no de esa manera.”  El compromiso debe ser servir a Dios, y la persona que se compromete solo puede preguntarse adonde le llevará Dios.

 

 

VERSÍCULO 9-10: OID BIEN, Y NO ENTENDÁIS

 

9Y dijo: Anda, y di á este pueblo:

  Oíd bien, y no entendáis;

  ved por cierto, mas no comprendáis.

10Engruesa el corazón de aqueste pueblo,

   y agrava sus oídos,

   y ciega sus ojos;

   porque no vea con sus ojos,

   ni oiga con sus oídos,

   ni su corazón entienda, ni se convierta,

   y haya para él sanidad.

 

 

Pastores suelen predicar de versículos 1-8 e ignorar versículos 9-13 porque estos versículos representan a Dios como alguien decidido a condenar.  Habiendo llegado a su veredicto, Dios no quiere que nada – ni siquiera el arrepentimiento – interfiera con el juicio que pronto declarará.  Eso choca con nuestra idea de amar a Dios.

 

No obstante, los dos pasajes van juntos.  Versículos 1-8 hablan del mensajero, mientras que versículos 9-13 hablan del mensaje.  El mensaje es pésimo, pero tiene un cambio esperanzador al final.  Todo ha de ser destruido y destruido de nuevo.  Parece que no hay vida que pueda sobrevivir de los escombros dos veces quemados, pero vida nacerá – una semilla sagrada – un gran rayo de esperanza de luz verde que crecerá de los escombros.  Un remanente sobrevivirá para llevar a cabo el plan de Yahvé.

 

La idea de un remanente aparece a través del Antiguo Testamento.  Típicamente, Dios juzga los pecadores, dejando que muchos mueran – a veces rápidamente como en el gran diluvio (Génesis 7), y otras veces más despacio, como en el trayecto a la Tierra Prometida.  En cada caso, Dios deja la esperanza de un remanente fiel que sobrevive y lleva a cabo su obra.  En este libro, Isaías a menudo expresa la esperanza de un remanente (10:19-22; 11:11, 16; 28:5; 37:4, 31; 46:3).  La idea de un remanente continúa en el Nuevo Testamento (Mateo 7:14; Romanos 9:27-29; 11:2-5, 7; Apocalipsis 12:17).

 

“Y dijo: Anda, y di á este pueblo” (v. 9a).  La frase, “este pueblo,” distancia a Yahvé de la gente de Judá – como un padre que dice “este niño” en vez de “mi hijo.”  En mejores tiempos Yahvé había dicho, “mi pueblo” (Éxodo 3:7; 6:7).

 

“Oíd bien, y no entendáis; ved por cierto, mas no comprendáis” (v. 9b).  Esto describe lo que ha estado pasando.  “Este pueblo” ya ha tenido oportunidad de oír y ver.  Su historia está repleta de historias de su relación con Yahvé – como fue escogido – amado – guiado – y aún como fue castigado cuando pecó.  Tienen la escritura y la alabanza en el templo para recordarles de esta relación.  Yahvé les ha concedido toda ventaja posible.  No obstante, no han logrado comprender – han fallado en comprender – en obedecer.

 

Su fallo es por su propia voluntad, y ha ocurrido porque sus corazones están lejos de Dios.  No comprenden porque no quieren comprender.  Si comprendieran, tendrían que cambiar – y no quieren cambiar.

                                      

“Engruesa el corazón de aqueste pueblo, y agrava sus oídos, y ciega sus ojos; porque no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni su corazón entienda, ni se convierta, y haya para él sanidad” (v. 10).  “Si alguien endurece su corazón, Dios completará el endurecimiento.  Quien tenga el corazón endurecido se le empeora su condición al pedirle que se arrepiente” (Kaiser, acerca de versículo 10).  Una llamada al arrepentimiento solo hace que una persona eleve sus defensas aún más.

 

Pero el propósito de Yahvé es la redención.  Yahvé no será “cómplice” – alguien que apoya un comportamiento intolerable.  Yahvé permitirá que “su pueblo” caiga – que “toque fondo,” como dice la frase de Alcohólicos Anónimos.  De otra manera, cojeará para siempre con sus pecados.

 

Profetas no suelen ser populares.  Dicen verdades que gente no quiere oír y a menudo son perseguidos (Mateo 5:12).  Ser profeta es un trabajo desagradecido y peligroso.  Aún así, un profeta encuentra satisfacción al decir la verdad – y al esperar que gente responda y sea salvada.  Pero Yahvé no permitirá que Isaías siga esperanzado.  Isaías ha de decir la verdad sabiendo de antemano que la gente se negará a responder.

 

Parece que Yahvé ha decidido hacerlo así – y que no tiene interés en ver a “su pueblo” arrepentido – que no desea verlo sanado.  Nos queda preguntarnos si el amor de Yahvé es verdaderamente para siempre (Salmo 77:9).  Es una posibilidad que no encaja bien con nuestra imagen cerrada de un Padre amoroso que perdona.

 

Pero me parece que hay un paralelo entre Yahvé tratando a “este pueblo” y su relación anterior con el pueblo de Israel en el desierto.  En aquella situación, Yahvé respondió a su pecado haciéndoles andar por el desierto hasta morir – morir sin entrar en la Tierra Prometida.

 

Aunque fuera un juicio severo, no se acercaba a un juicio final.  Los primeros israelitas murieron en el desierto, pero Yahvé cumplió su promesa a Israel permitiendo que sus hijos entraran y poseyeran la Tierra Prometida.  Yahvé castigó a los israelitas pecaminosos, pero continuó la relación a través de sus hijos.

 

Algo parecido ocurrirá aquí.  “Este pueblo” – el pueblo al que Isaías proclamará la verdad – pronto será exiliado.  Su exilio continuará por décadas – un tramo de tiempo largo durante el cual morirá su mayor parte.  Pero sus hijos vivirán, y Yahvé permitirá que un remanente regrese y reconstruya la cuidad y el templo.

 

Ya que Yahvé le da este cargo a Isaías, parece obvio que ya lo ha decidido.  Si el pueblo se arrepintiese sin pasar por la dificultad del exilio, su arrepentimiento quedaría a medias.  ¡Mejor que muera! ¡Mejor que la promesa se cumpla a través de sus hijos!

 

Veremos estas palabras de nuevo en el Nuevo Testamento.  Cada uno de los Sinópticos relatará a Jesús pronunciándolas (Mateo 13:14-15; Marcos 4:12; Lucas 8:10), y los autores del Evangelio de Juan las citará (Juan 12:37-43), como también lo hará Pablo el Apóstol (Hechos 28:26-27).

 

 

VERSÍCULOS 11-13: HASTA QUE LAS CIUDADES ESTÁN ASOLADAS

 

11Y yo dije: ¿Hasta cuándo, Señor? Y respondió

   él: Hasta que las ciudades estén asoladas,

   y sin morador,

   ni hombre en las casas,

   y la tierra sea tornada en desierto;

12Hasta que Jehová hubiere echado lejos los hombres,

   y multiplicare en medio de la tierra la desamparada.

13Pues aun quedará en ella una décima parte,

   y volverá, bien que habrá sido asolada:

   como el olmo y como el alcornoque,

   de los cuales en la tala queda el tronco,

   así será el tronco de ella la simiente santa.

 

 

“Y yo dije: ¿Hasta cuándo, Señor?” (v. 11a).  “¿Hasta cuándo, Señor?” es un lamento más que una pregunta.  Es una expresión de desesperación en lugar de una pregunta que pide información precisa.  Aparece en el libro de Salmos como un llanto de tristeza (Salmos 13:1; 35:7; 79:5; 89:46).  Cuando Dios dice, “¿Hasta cuándo?” suele ser un llanto de frustración por la rebeldía de Israel (Éxodo 10:3; 16:28; 14:11, 27), pero aquí es un llanto de aflicción.

 

La respuesta de Isaías deja claro que está asombrado y consternado por la tarea que Dios le ha dado.  No encuentra ningún placer en la posibilidad de la muerte de Judá o en ser partidario de ella.  Esto no es lo que él había anticipado al ofrecerse.

 

“Y respondió él: Hasta que las ciudades estén asoladas, y sin morador, ni hombre en las casas, y la tierra sea tornada en desierto; Hasta que Jehová hubiere echado lejos los hombres, y multiplicare en medio de la tierra la desamparada. Pues aun quedará en ella una décima parte, y volverá, bien que habrá sido asolada: como el olmo y como el alcorno que, de los cuales en la tala queda el tronco” (vv. 11b-13a).  La mayor parte de eruditos trata versículos 11b-13a como la respuesta de Yahvé a la pregunta de Isaías “¿Hasta cuándo?” Yahvé contesta que la destrucción continuará hasta que quede completa.  No se le permitirá permanecer ni a una décima parte.  La única esperanza es que Yahvé no dice que la gente morirá, sino que será enviada muy lejos – refiriéndose al exilio que se acerca.  No obstante, la mayoría de ellos morirá durante el exilio.  La mayoría de ellos nunca volverá a ver su ciudad querida.  “Aún así, hay un límite a este juicio.  Isaías no tendrá que predicar sentencia para siempre.  Habrá un fin a este fin” (Strawn, 309).

 

“El hecho histórico es que a lo largo del ministerio de Isaías, las ‘diez tribus’ del norte de Israel fueron exiliadas, y la décima que permaneció… bien se puede referir a Judá, o a la población que quedó después de la primera deportación de Nabucodonosor en 597 a.C. (2 Reyes 24:14).  En cualquier caso, (versículo 13) intenta explicar, en vista de vv. 11-12, el hecho de que el exilio predicho había ocurrido pero había quedado sin terminar” (Scott, 212-213).

 

Dunn piensa de estos versículos de manera diferente.  Para él, versículo 11 es la respuesta de Yahvé a la pregunta de Isaías, “¿Hasta cuándo, Señor?”  Entonces, trata versículos 12-13a como una segunda pregunta de Isaías, y los traduce de esta manera: “Cuando YHWH haya removido la humanidad y el área abandonada en el centro de la tierra sea grande, si (acaso pueda haber) todavía permanezca en ella una décima parte, acaso, ¿será quemada?” (Dunn, 101).  Dice que la pregunta de Isaías “presume el cumplimiento del juicio de Dios, pero también (se espera) presume la supervivencia de un pequeño remanente.  Después, plantea la pregunta para el futuro: ¿Se aplicará la admonición a todas generaciones futuras? ¿También a ellos se les prohibirá arrepentirse y así ser condenados a ‘quemar’?” (Dunn, 109).

 

El terebinto también se conoce como el árbol de trementina, porque produce resinas de las que se hace la trementina.

 

“así será el tronco de ella la simiente santa” (v. 13b).  “El tronco que nace de nuevo no es destruido por completo.  Forma la simiente santa del nuevo Israel, y reemplaza la antigua simiente de los malhechores que perecieron en el juicio divino (Kaiser, de versículos 12-13).

 

Estas pocas palabras traen una pequeña esperanza que nace de versículos 9-13.  Representan bien la realidad, sorprendiendo al lector que acaba de pasar por un mar lleno de palabras desoladas y vacías y escombros encendidos.  Igual que la gente de la época de Isaías se hubiera alegrado por la imagen verde saliendo de un árbol quemado, también nosotros nos alegramos con estas palabras esperanzadas al final de un pasaje tan difícil.

 

La buena noticia de este medio-versículo es que Yahvé no abandonará su gente para siempre.  Continuará honrando el pacto que hizo hace tanto tiempo con Abram (Génesis 12:1-3).  Los descendientes de Abram sufrirán, pero un remanente sobrevivirá para reconstruir Jerusalén y su templo.

 

Dunn piensa de versículo 13 como la respuesta de Yahvé a la segunda pregunta de Isaías, y lo traduce así: “Como el terebinto o como el olmo de un Asherah derramado que se convierte en un monumento en un lugar alto – la simiente de los santos será su monumento” (Dodd, 101).  Dunn piensa de “monumento” de manera negativa, describiendo la gente de Judá como “recuerdo continuo de la nación que ahora está muerta y de la razón por que fue destruida” (Dodd, 110).

 

 

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada en http://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html.  Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

 

 

BIBLIOGRAFÍA:

 

Brueggemann, Walter, Westminster Bible Companion:  Isaiah 1-39 (Louisville:  Westminster John Knox Press, 1998)

 

Hanson, Paul D., Interpretation Commentary: Isaiah 40-66, (Louisville: John Knox Press, 1995)

 

Holladay, William, Unbound by Time:  Isaiah Still Speaks (Cambridge, Massachusetts:  Cowley Publications, 2002)

 

Kaiser, Otto, The Old Testament Library: Isaiah, (Philadelphia: The Westminster Press, 1983)

 

Newsome, James D. in Cousar, Charles B.; Gaventa, Beverly R.; McCann, J. Clinton; and Newsome, James D., Texts for Preaching: A Lectionary Commentary Based on the NRSV–Year C  (Louisville:  Westminster John Knox Press, 1994)

 

Oswalt, John N., The New International Commentary on the Old Testament: The Book of Isaiah, Chapters 1-39 (Grand Rapids:  William B. Eerdmans Publishing Company, 1986)

 

Scott, R.B.Y. (Introduction and Exegesis of Isaiah 1-39); Kilpatrick, G.G.D., (Exposition of Isaiah 1-39), The Interpreter's Bible:  Ecclesiastes, Song of Songs, Isaiah, Jeremiah, Vol. 5 (Nashville:  Abingdon Press, 1956)

 

Seitz, Christopher R., Interpretation Commentary: Isaiah 1-39, (Louisville: John Knox Press, 1993)

 

Strawn, Brent A., in Van Harn, Roger (ed.), The Lectionary Commentary:  Theological Exegesis for Sunday's Text.  The First Readings:  The Old Testament and Acts (Grand Rapids:  William B. Eerdmans Publishing Co., 2001)

 

Tucker, Gene M. in Craddock, Fred B.; Hayes, John H.; Holliday, Carl R.; and Tucker, Gene M., Preaching Through the Christian Year, C (Valley Forge:  Trinity Press, 1994)

 

Tucker, Gene M., The New Interpreters Bible: Isaiah, Vol. VI (Nashville: Abingdon Press, 2001)

 

Watts, John D. W., Word Biblical Commentary: Isaiah 1-33 (Dallas:  Word Books, 1985)

 

www.sermonwriter.com

 

www.lectionary.org

 

We welcome your feedback!  dick@sermonwriter.com

 

Copyright 2009, Richard Niell Donovan