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RECURSOS PARA PREDICAR

Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

 

 

 

PASAJE BÍBLICO:     Job 1:1; 2:1-10

 

 

EXÉGESIS:     

 

EL CONTEXTO:

 

El libro de Job es un libro creado particularmente bien en el que surgen preguntas difíciles, por ejemplo:

 

• “¿Teme Job á Dios de balde?” (1:9).  Es decir, ¿mantiene Job su lealtad hacia Dios solo porque espera que Dios le recompense por hacerlo? ¿Es la fe de los devotos para servirse a si mismos?

 

• Si Dios es ambos bueno y todopoderoso, ¿por qué permite el sufrimiento?

 

• ¿Cuál es la relación entre el pecado y el sufrir?

 

• ¿Por qué sufre gente buena? ¿Por qué prospera la mala?

 

• ¿Al final, los buenos quedan vindicados? ¿En esta vida, o solo en la que está por venir?

 

• ¿De dónde viene el mal? Si Dios creó todas las cosas, ¿creó también el mal?

 

Anote que dije que en este libro surgen estas preguntas.  Eso es diferente a decir que las contesta.  Nos alienta a luchar con estas preguntas, pero no nos da las respuestas envueltas en un bonito paquete.  Eso es parte de lo que nos atrae a este texto.  No dispensa trivialidades que no se parecen nada a la realidad de nuestra vida.  En vez, relata una historia que nos espanta e informa.  Nos espanta al retratar la vida honestamente, y nos invita a examinarla con todas sus complicaciones.

 

Este libro también nos espanta al hacernos luchar con las preguntas que provoca.  ¿Es la fe de los devotos para servirse a si mismos? ¡Claro que sí! La gente le sirve a Dios, en parte, porque esperan mejorar sus vidas a través de su relación con Dios.  Pero eso es solo parte de la respuesta.  Gente también sirve a Dios porque le ama y quiere acercarse a su santidad y justicia.

 

¿Por qué permite Dios el sufrimiento? La respuesta más fácil es que sufrir es castigo por el pecado.  Este libro, sin embargo, no nos permite una respuesta tan simple, porque Job sufre a pesar de ser “perfecto y recto” – un hombre “temeroso de Dios, y apartado del mal” (1:1).  Dios también utiliza este lenguaje para describir a Job (1:8).

 

El libro comienza con una sección en prosa (1:1 – 2:13) y termina con una sección en prosa (42:7-17), pero lo demás es poesía.  La sección en prosa nos acerca a la historia y concluye la historia, pero la poesía lleva casi todo el peso del relato.  La poesía tiende a ayudarnos a ver las cosas de manera diferente en vez de darnos conclusiones bien razonadas.  Entonces, el medio del libro concuerda perfectamente con su propósito – invitarnos a luchar con la clase de preguntas que se mencionan arriba.

 

Ya que el final del libro queda abierto, parece apropiado que no sepamos quien lo escribió o cuándo.  Job nos hace luchar con misterios y es, en sí, algo misterioso.  Académicos sugieren épocas que empiezan en el tiempo de los patriarcas hasta el tiempo después del exilio (Hartley, 17; véase también Andersen, 15).  Por lo tanto, podría ser uno de los primeros libros del Antiguo Testamento – o, también podría ser uno de los últimos.

 

El libro de Job es aún más fascinante porque ve la vida de manera bastante diferente a la visión histórica que aparece en Deuteronomio y en tanta escritura hebrea.  En particular, los libros de Deuteronomio, Josué, Jueces, Samuel 1-2, y Reyes 1-2 interpretan eventos “en vista de su obediencia o desobediencia a la ley mosaica” (Myers, 280).  Nos dicen que Israel prosperó cuando obedeció a Dios y sufrió cuando no lo hizo.  Prometen prosperidad a los fieles (Deuteronomio 28:1-2, 7-8; Salmo 34:15-22).

 

Este punto de vista de causa y efecto aparece también en otras partes del Antiguo Testamento – y también en el Nuevo Testamento (Galatos 6-7; 1 Pedro 3:10) – pero el mensaje del Nuevo Testamento es diferente.  Como dijo Francis Bacon, “Prosperidad es la bendición del Antiguo Testamento; adversidad es la bendición del Nuevo.”  Ese comentario es verdad solo en parte, porque el Nuevo Testamento enfatiza servicio y sacrificio en este mundo, pero promete recompensa eterna en el próximo.

 

Los que abogan por el Evangelio de Prosperidad continúan promocionando la visión de Deuteronomio, estableciendo una fuerte conexión entre fiel discipulado y prosperidad material.  El evangelista Oral Roberts dijo, “Vivo en una de las casas más bellas.  Conduzco uno de los coches más seguros, y si uno aún más seguro apareciera en frente de mi puerta yo diría, ‘lo quiero,’… Dios diseñó la vida de creyentes para ser una vida abundante… Dios te diseñó para vivir en abundancia.”  Su esposa, Evelyn, dijo, “Para sacar el mayor provecho de su ministerio, Jesús necesitaría la televisión.  Para los programas de la televisión tendría que saber la hora.  ¿Llevaría Jesús un Rolex? ¿Por qué no?”  Los que se adhieren a esta Teología de Prosperidad enfatizan las bendiciones materiales del aquí y ahora.  Sus promesas atraen a muchos, pero (a mi parecer) no toman en serio la llamada de Cristo para tomar una cruz y seguirle.

 

Por otro lado, el punto de vista de Deuteronomio tiene razón en algo que también debemos reconocer.  “La administración moral de Dios hacia el mundo requiere que la rectitud de los justos lleve al bienestar, y que el mal de los inmundos lleve al desastre” (Andersen, 67).  ¡Absolutamente! Pero Andersen añade, “No obstante, la conexión (entre rectitud y bienestar) a menudo no es obvia, y la vida es mucho más compleja de lo que propone esta simple fórmula.”

Andersen entonces nos lleva del reino Deuteronomista al reino de Job, quien rehúsa reducir la fe a una simple fórmula.  El libro de Job incluye preguntas que surgen de un mundo en el que los justos no siempre prosperan y los injustos a veces si prosperan.  Es un mundo desordenado – difícil de comprender y aún más difícil de apreciar – pero es el mundo en que vivimos.  Este mundo real pero desordenado es el que el libro de Job nos invita a examinar.

 

 

VERSÍCULO 1:1 HUBO UN VARÓN EN TIERRA DE HUS, LLAMADO JOB

 

1:1Hubo un varón en tierra de Hus, llamado Job; y era este hombre perfecto (hebreo: tam) y recto (hebreo: yasar), y temeroso de Dios, y apartado del mal.

 

 

“Hubo un varón en tierra de Hus, llamado Job” (v. 1a).  Aunque no podemos identificar la tierra de Hus con certeza, hay dos probabilidades.  Ambas están en el este (v. 3).  Una es Edom, en el sureste del Mar Muerto (Lamentaciones 4:21).  La otra es Aram, ubicado al noreste de Israel (Génesis 10:23; 22:21).  No obstante, la ubicación exacta es menos importante para nuestra comprensión de este libro que el hecho de que Hus esté fuera de Israel.

 

Algunos eruditos, anotando que Job no es un nombre israelita tradicional, concluyen que Job seguramente era pagano (Ballentine, 44).  Sin embargo, eso también es incierto.  Ezequiel agrupa a Job con Noé y Daniel, dos de los grandes héroes de la fe, poniéndoles a los tres el título de justos (Ezequiel 14:14, 20).  Esto sugiere que Job seguramente era israelita y que vivía fuera de Israel.

 

“y era este hombre perfecto (tam) y recto”  (yasar) (v. 1b).  Este es el primero de dos pares de descriptivos que retratan a Job como hombre de buen carácter y fe devota.  Perfecto (tam) tiene que ver con la integridad de Job – es alguien en quien se puede depender para hacer lo correcto.  Recto (yasar) tiene que ver con su lealtad a la ley de Dios.  La yuxtaposición de estos dos adjetivos nos habla de un hombre que, al enfrentarse con una decisión, intenta hacer lo correcto.

 

“y temeroso de Dios, y apartado del mal” (v. 1c).  Este es el segundo par de adjetivos que describen un hombre justo y honorable.  El hecho que Job teme a Dios significa que se maravilla en Dios – que comprende su lugar en relación a Dios.  “El principio de la sabiduría es el temor de Jehová” (Salmo 111:10; véase también Proverbios 1:7; Job 28:28).

 

El hecho de que Job se aleja del mal significa que no solo decide hacer el bien pero que también decide evitar el mal.  Las dos son decisiones conscientes y hechas con propósito.  No permite ser tentado.  Cuando entra en contacto con el mal, se aleja rápidamente.

 

Pero Job es un hombre de integridad – no un hombre sin pecado.  Hace ofrendas quemadas, algo que sirve como expiación de sus pecados y los pecados de su familia (v. 5).

 

 

VERSÍCULOS 1:2-22 ¿NO HAS CONSIDERADO Á MI SIERVO JOB?

 

Aunque estos versículos no se incluyen en la lectura del leccionario, el pastor debe reconocerlos.

 

El libro empieza estableciendo el limpio carácter de Job (1:1, 5) y su prosperidad (1:2-4).  Nos presenta la reunión de seres celestiales (hebreo: bene ha elohim – “hijos de Dios”), incluyendo “el Satanás” (hebreo: has∙satan – el Satanás) (1:6).

 

EL SATANÁS: “Aunque en la mayoría de las traducciones en inglés ‘el satanás’ se expresa como ‘Satanás,’ no se debe considerar nombre propio.  Nombres propios en hebreo no se preceden con el artículo definido.  En vez, ‘el satanás’ se refiere al papel cumplido por uno de los seres celestiales (literalmente, hijos de Dios)” (Conrad, 113; véase también Murphy, 263).  El Satanás diabólico del Nuevo Testamento se desarrolla más adelante.  El Satanás en el libro de Job es uno de los servidores de Dios.

 

Dios le pregunta al satanás dónde ha estado y el satanás dice que viene: “De rodear la tierra, y de andar por ella” (1:7).  El satanás no dice porque ha estado rodeando la tierra y no hace ninguna pregunta de lo que encontró.  No obstante, Dios le responde diciendo, “¿No has considerado á mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios, y apartado de mal?” (1:8).

 

El satanás responde con una pregunta que prepara el camino para lo que pasa más adelante – “¿Teme Job á Dios de balde?” (hebreo: hin·nam – la misma palabra traducida como “sin causa” en 2:3).  Implica que Job sirve a Dios porque Dios le ha bendecido – y que Job pronto le abandonará si percibe que Dios le ha abandonado.  Satanás reta a Dios “Mas extiende ahora tu mano, y toca á todo lo que tiene, y verás si no te blasfema en tu rostro” (1:11).  En vez de hacerlo, Dios le da permiso al satanás para que él mimo lo haga (1:12).  Esto resulta en la muerte de los hijos de Job y en la pérdida de sus muchas posesiones (1:13-19).

 

Pero en lugar de maldecir a Dios, Job dice, “Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo tornaré allá. Jehová dio, y Jehová quitó: sea el nombre de Jehová bendito” (1:21).  El narrador concluye, “En todo esto no pecó Job, ni atribuyó á Dios despropósito alguno” (1:22).

 

 

VERSÍCULOS 2:1-2. Y OTRO DÍA ACONTECIÓ QUE VINIERON LOS HIJOS DE DIOS

 

2:1Y otro día aconteció que vinieron los hijos de Dios (hebreo: bene ha elohim) para presentarse delante de Jehová, y Satán (hebreo: has∙satan – el satanás) vino también entre ellos pareciendo delante de Jehová. 2Y dijo Jehová á Satán: ¿De dónde vienes? Respondió Satán á Jehová, y dijo: De rodear la tierra, y de andar por ella.

 

 

“Y otro día aconteció que vinieron los hijos reo: has∙satan – el satanásde Dios (bene ha elohim) para presentarse delante de Jehová, y Satán (heb) vino también entre ellos pareciendo delante de Jehová” (v. 2:1).  Este versículo es casi el mismo que aparece en 1:6.  Añade, “Satán vino también entre ellos pareciendo delante de Jehová,” quizá solo para decir que el satanás vino ante el Señor para rendirle cuentas de los acontecimientos (Hartley, 79).

 

Véanse las notas de EL SATANÁS arriba.

 

“Y dijo Jehová á Satán: ¿De dónde vienes? Respondió Satán á Jehová, y dijo: De rodear la tierra, y de andar por ella” (v. 2).  Este versículo es esencialmente el mismo que 1:7.

 

 

VERSÍCULO 2:3. ¿NO HAS CONSIDERADO Á MI SIERVO JOB?

 

3Y Jehová dijo á Satán: ¿No has considerado á mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado de mal, y que aún retiene su perfección (hebreo: tum∙mah), habiéndome tú incitado (hebreo: sut) contra él, para que lo arruinara sin causa? (hebreo: hin∙nam).

 

 

“Y Jehová dijo á Satán: ¿No has considerado á mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado de mal” (v. 3a).  La primera parte de versículo 3 es la misma que 1:8.  Dios declara de nuevo los credenciales religiosos de Job – “varón perfecto y recto” – “temeroso de Dios y apartado de mal.”  Antes, estos eran credenciales asombrosos, cuando Job disfrutaba de una familia grande y de grandes riquezas.  Son aún más impresionantes ahora que Job ha perdido a su familia y su riqueza.  Job ha sufrido grandes pérdidas, pero su fe en Dios no se ha inmutado.  Satanás antes propuso que Dios probara a Job.  Ahora que ha sido probado y ha pasado la prueba espléndidamente, Dios tiene una razón para estar complacido.

 

“y que aún retiene su perfección” (tum∙mah). (v. 3b).  Dos veces Dios ha llamado a Job “perfecto” (tam).  Ahora llama la atención a su continuada perfección (tum∙mah).  Estas dos palabras, tam y tum∙mah están relacionadas, basadas en la misma raíz (Alden, 63).

 

Anteriormente, el satanás sugirió que Job era fiel solo porque Dios les prosperaba (1:9-10).  El satanás retó a Dios, “Mas extiende ahora tu mano, y toca á todo lo que tiene, y verás si no te blasfema en tu rostro” (1:11).  Dios permitió que el satanás le quitara a Job su familia y riqueza, pero la tum∙mah de Job continúa imperturbable.

 

habiéndome tú incitado (sut) contra él, ¿para qué lo arruinara sin causa?” (hin∙nam) (v. 3c).  La palabra “incitar” (sut) “se refiere a distraer a personas con la intención de hacerlas desviar, de que actúen con motivos destructivos y maliciosos en mente; de que inciten a otros a ser malvados, a desviarles del camino” (Baker & Carpenter, 773-774).  “Con estas palabras Dios aceptó la plena responsabilidad por la lucha de Job.  No concedió autoridad ninguna sobre el satanás.  Esto es muy importante porque en el dialogo, Job verá la liberación solo de Dios… Esta declaración también explica porque el satanás no vuelve a aparecer en el epílogo.  Dios mismo se siente obligado a resolver el conflicto de Job” (Hartley, 80).

 

“sin causa” (hin∙nam).  Esta es casi la misma frase que el Satanás utilizó en 1:9 al preguntar: “¿Teme Job á Dios de balde?” (hin∙nam). 

 

Cuando Job perdió su familia y riqueza “sin causa,” entró en un mundo en el que causa y efecto ya no aplican.  No merecía sus pérdidas, pero las experimentó de todos modos.  Aún peor que perder todo, se encontró en un mundo donde no tenía ni idea de lo que podía esperar.  Su mundo ya no tenía sentido.  Era un mundo calculado que se proponía volverle loco.

 

En la película “Schindler´s List,” Ralph Fiennes hace el papel de Amon Goeth, un oficial Nazi  encargado de un campamento de muerte.  En una escena escalofriante, Goeth toma un rifle, sale a su balcón, apunta a un prisionero que pasa por delante, y dispara.  El prisionero cae, mortalmente herido, y los otros prisioneros corren – buscando donde meterse.  Goeth hizo esto para aterrorizar a los prisioneros, quienes trataban de darle sentido a su mundo sin sentido.  Se preguntarían qué fue lo que hizo ese prisionero para poder evitar su mismo error.  ¿Caminaba por la calle equivocada? ¿Estaba fuera durante las horas prohibidas? ¿Caminaba demasiado despacio? ¿Llevaba contrabando? La insensatez de la matanza azarosa – su “sin causa” – preocupaba aún más a los demás prisioneros que la propia muerte de su compañero, porque les robó del sentido de seguridad que podrían tener si entendieran las razones por las que les pasaban las cosas.

 

Ese tipo de mundo azaroso, “sin causa,” es en el que entra Job cuando pierde su familia y sus posesiones.

 

 

VERSÍCULOS 2:4-5. TOCA SU HUESO Y CARNE

 

4Y respondiendo Satán dijo á Jehová: Piel por piel, todo lo que el hombre tiene dará por su vida. 5Mas extiende ahora tu mano, y toca á su hueso y á su carne, y verás si no te blasfema en tu rostro.

 

 

“Y respondiendo Satán dijo á Jehová: Piel por piel” (v. 4a).  Esto parece un proverbio cuyo significado es incierto.  No obstante, está claro que el satanás sugiere que la prueba aún no ha sido suficiente.  Job ha perdido su familia y su riqueza, pero todavía no ha sufrido el tipo de dolor que acompaña una terrible enfermedad o herida.  Su piel está intacta.  Sin embargo, no siempre será así.  Este versículo señala al próximo juicio en que el satanás le dará a Job una terrible enfermedad de la piel.

 

“todo lo que el hombre tiene dará por su vida” (v. 4b).  El satanás sugiere que la máxima prueba es una que amenaza la vida.  Una persona puede sufrir la pérdida de familia y posesiones, pero es la posibilidad de la muerte lo que verdaderamente se teme.

 

“Mas extiende ahora tu mano, y toca á su hueso y á su carne, y verás si no te blasfema en tu rostro” (v. 5).  El satanás ahora quiere incitar a Dios para que ponga a Job bajo esta última prueba – algún tipo de enfermedad horrible que consumiera totalmente su cuerpo físico.

 

 

VERSÍCULO 2:6. HE AQUÍ, ÉL ESTÁ EN TU MANO

 

6Y Jehová dijo á Satán: He aquí, él está en tu mano; mas guarda su vida.

 

 

Este versículo se parece a 1:12, pero hay una diferencia.  En capítulo 1, Dios prohibió que el satanás le impusiera a Job daño físico.  Ahora, Dios elimina esta restricción pero añade otra – “mas guarda su vida.”

 

 

VERSÍCULOS 2:7-8.  SALIÓ SATANÁS É HIRIÓ Á JOB DE MALIGNA SARNA

 

7Y salió Satán de delante de Jehová, é hirió á Job de una maligna sarna (hebreo: sehiyn – furúnculos) desde la planta de su pie hasta la mollera de su cabeza. 8Y tomaba una teja (hebreo: heres) para rascarse con ella, y estaba sentado en medio de ceniza.

 

 

“Y salió Satán de delante de Jehová, é hirió á Job de una maligna sarna (sehiyn – furúnculos) desde la planta de su pie hasta la mollera de su cabeza” (v. 7).  Al continuar la historia, aprenderemos más de la enfermedad de Job.  “Mi carne está vestida de gusanos, y de costras de polvo; Mi piel hendida y abominable” (7:5).  “Mi aliento vino á ser extraño á mi mujer, aunque por los hijos de mis entrañas le rogaba” (19:17).  “Mi cuero y mi carne se pegaron á mis huesos” (19:20).  “De noche taladra sobre mí mis huesos, Y mis pulsos no reposan” (30:17).  “Mi piel está denegrida sobre mí, Y mis huesos se secaron con ardentía” (30:30).  Estos síntomas dejan claro que sufre de una horrible enfermedad, pero no la podemos identificar con precisión.

 

Si el cuerpo de Job está cubierto de furúnculos tal como nosotros los conocemos, su sufrimiento sería terrible.  Un furúnculo es una infección de la piel, a veces causada por un pelo crecido hacia dentro o algún objeto foráneo como una astilla.  El tipo de furúnculo depende en el tipo de bacteria que causa la infección.  Un tipo de furúnculo común, conocido como carbúnculo, puede ser muy doloroso.  Típicamente, cada furúnculo se pone rojo y es bastante sensible.  Si se tropieza con el furúnculo o si se toca el dolor es intenso.  Una persona cuyo cuerpo está cubierto de furúnculos sentiría presión sin importar la postura que tome.  La consistencia e intensidad del dolor serían inaguantables.

 

En la mayoría de los casos, células blancas eventualmente logran sobrepasar la bacteria para que la recuperación tome lugar.  Ese proceso, sin embargo, es lento y doloroso.  En algunos casos, es necesario quitar quirúrgicamente las glándulas de sudor infectadas para detener la infección (http://www.medicinenet.com/boils/article.htm).

 

“Y tomaba una teja (heres) para rascarse con ella, y estaba sentado en medio de ceniza” (v. 8).  Un heres puede ser una teja de barro o un pedazo roto de cerámica.  En este caso, seguramente es el segundo.

 

La imagen que tenemos es de Job sentado “en medio de ceniza” en el basurero de la ciudad – un hombre roto en un lugar roto.

 

Cuando era niño, mi abuelo me llevaba al basurero de la ciudad donde disparábamos latas y botellas con un rifle.  Era un lugar desolado.  Nunca había nada que yo quisiera llevarme a casa – no había nada remotamente interesante.  Pero mi memoria más permanente era el olor.  No era un olor a podrido, pero un olor a cenizas que habían sido quemadas y mojadas por la lluvia y quemadas de nuevo.  Han pasado sesenta años, pero aún puedo oler esas cenizas.  Todavía puedo sentir el sabor áspero en la boca.

 

La presencia de Job en un lugar así le aislaría de la sociedad educada.  A menudo, el pueblo judío echaba gente con enfermedades contagiosas a lugares aislados, y es bastante posible que hayan destinado a Job a este monte de cenizas.

 

Cerámica rota sería abundante en ese lugar, entonces, Job encuentra un pedazo con el que rascarse.  Aunque eruditos se preguntan si esto podría ser un acto de mutilación propia, es difícil imaginar un hombre que sufre de furúnculos, haciendo algo para irritarse la piel aún más. Es casi seguro que Job está usando este pedazo de cerámica, con sus bordes afilados, para aliviarse el picazón.

 

“sentado en medio de ceniza” (v. 8b).  Ceniza tenía un valor simbólico para los hebreos.  La asociaban con luto (2 Samuel 13:19), aflicción (Ezequiel 27:30ff), y penitencia (Jeremías 6:26).

 

 

VERSÍCULOS 2:9-10. ¿AÚN RETIENES TÚ TU SIMPLICIDAD?

 

9Díjole entonces su mujer: ¿Aún retienes tú tu simplicidad? (hebreo: tum∙mah).  Bendice á Dios, y muérete. 10Y él le dijo: Como suele hablar cualquiera de las mujeres fatuas, has hablado. También recibimos el bien de Dios, ¿y el mal no recibiremos? En todo esto no pecó Job con sus labios.

 

 

“Díjole entonces su mujer: ¿Aún retienes tú tu simplicidad?” (tum∙mah) (v. 9a).  Antes, Dios dijo que Job, “aun retiene su perfección” (2:3) – un alto complemento del Señor.  Ahora la mujer de Job le dice en tono de burla, “¿aún retienes tú tu simplicidad?”

 

Parece una pregunta razonable.  Tum∙mah tiene que ver con la plenitud o la falta de culpa.  Aunque el carácter de Job ha superado su sufrimiento asombrosamente bien, sus circunstancias y su cuerpo muestran todo menos la falta de culpa.

 

También vale la pena anotar que Job está en esta situación por su integridad.  Si no hubiera sido una persona tan perfecta, Dios nunca se lo hubiera mencionado al satanás.

 

Pero la integridad es algo que no se le ha quitado a Job.  Es el único bien que ahora le queda, y no lo debe rendir.  Más adelante, le dirá a sus amigos, “Hasta morir no quitaré de mí mi integridad.  Mi justicia tengo asida, y no la cederé: No me reprochará mi corazón en el tiempo de mi vida” (27:5b-6).

 

Hemos oído de la esposa de Job, a quién solo conocemos por medio de estos versículos – pero debemos tener compasión por ella.  Ella también ha perdido sus hijos, sus posesiones, y su estatus en la vida.  Ahora ella tiene que ver a su esposo afligido de una manera terrible – quizá mortalmente.  Sus palabras vienen de un profundo pozo de dolor.

 

“Bendice á Dios, y muérete” (v. 9b).  Algunos manuscritos antiguos dicen “Maldice a Dios y muere.”  Aquí aparece como “bendice a Dios,” quizá por la falta de voluntad de algunos escríbanos piadosos que no querían copiar las palabras, “Maldice a Dios.” (Newsome, 534).

 

Es difícil saber las intenciones de la mujer al decir estas palabras.  La interpretación tradicional es que, al maldecir a Dios, Job provocaría su ira – algo que culminaría en Dios matando a Job y así liberándolo de su dolor.  Puede ser que ver el terrible sufrimiento de Job le aflija tanto a su esposa que ella prefiera verle muerto.

 

Pero también es posible que “su pregunta sea un reto (¿de qué te ha servido tu integridad?)” (Andersen, 92).

 

“Y él le dijo: Como suele hablar cualquiera de las mujeres fatuas, has hablado” (v. 10a).  Anote la contención de Job – impresionante para un hombre que ha perdido tanto y se encuentra en tanto dolor.  No llama a su mujer ni malvada ni tonta.  Solo impugna su hablar.  Sea una mujer poco inteligente o no, sus palabras aquí suenan como las de una mujer tonta.

 

“También recibimos el bien de Dios, ¿y el mal no recibiremos?” (v. 10b).  De nuevo, Job demuestra un equilibrio asombroso.  Ha sido rico y ha sido pobre, y entiende la necesidad de honrar a Dios en cada circunstancia.  Ha estado en el centro de una grande y cariñosa familia, pero ahora ha sido relegado a las afueras de la ciudad – pero no se aísla a si mismo aún más alejándose de la presencia del Señor.  Ha tenido salud y ahora sufre de esta terrible enfermedad – pero no maldice a Dios en medio de su sufrimiento.  Siempre ha entendido que necesita a Dios – y ahora más que nunca.

 

“En todo esto no pecó Job con sus labios” (v. 10c).  Algunos rabíes comentan que este versículo sugiere que Job no pecó con sus labios pero sí pecó con su corazón (Balentine, 66).  Sin embargo, nuestros labios (lenguas) son una de las partes más desobedientes de nuestros cuerpos, y una de las últimas en controlarse (Santiago 3:2).  No parece probable que el corazón de Job estuviera lleno de rebelión mientras que sus labios se mantuvieran fieles.

 

 

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada en http://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html.  Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

 

 

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www.sermonwriter.com

 

www.lectionary.org

 

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