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RECURSOS PARA PREDICAR

Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

 

 

PASAJE BÍBLICO:     Génesis 12:1-9

 

 

EXÉGESIS:     

 

CAPÍTULOS 1-11: EL CONTEXTO

 

Génesis 1-11 relata la historia humana desde sus comienzos hasta Abram.  Es una historia triste que incluye la Caída (capítulo 3), el asesinato de Abel (4:1-16), maldad y el Diluvio (capítulos 6-8), la desnudez de Noé y la maldición de Canaán (9:18-27), y la historia de Babel (11:1-9).

 

Estos capítulos incluyen cinco maldiciones (3:15, 17; 4:11; 8:21; 9:25), pero “después de cada obra de juicio divino hay correspondientes obras de gracia.” (Spina, 22).  El hombre y la mujer no mueren inmediatamente.  Dios marca a Caín, pero no le mata.  Dios salva Noé, su familia, y los animales del diluvio.  Noé maldice Canaán (9:26-27), pero Canaán vive hasta convertirse en nación (10:15-20).  “No obstante, el orden se rompe con la historia de Babel.  No hay obra de gracia correspondiente en ese episodio… Pero, resulta que sí hay una obra de gracia divina que corresponde, aunque no siga inmediatamente después del relato de Babel.  Debemos recordar que la historia de Babel y la historia de Abram/Sarai están conectadas por su inclusión de un ‘gran nombre.’  También, las dos historias se conectan por medio de la genealogía desde Sem hasta Abram.  Ya que la historia de Abran/Sarai está al comienzo de la ‘historia de salvación,’ el resto de la historia bíblica es verdaderamente una ‘respuesta’ a las preguntas que surgen a través del episodio de Babel” (Spina, 22-23).

 

Capítulo 10 enumera los descendientes de Noé y sus hijos (Sem, Châm y Japhet).  A menudo, esta enumeración es conocida como la Tabla de Naciones, ya que los descendientes de cada hijo llegarán a convertirse en varias naciones.  En la historia de la llamada de Abram, Dios le promete, “haré de ti una nación grande” (v. 2) y “y serán benditas en ti todas las familias de la tierra” (12:3).  La proximidad de estas promesas y la Tabla de Naciones (capítulo 10) no pueden ser casualidad.  Dios designa Abram para una llamada especial, pero también le utiliza como vehículo para la bendición del resto de la humanidad.

 

Capítulo 11 enumera los descendientes de Sem (11:10-26) y Thare, padre de Abram (11:27-32).  De interés particular son los siguientes:

 

• Thare tuvo tres hijos, Abram, Nachôr, y Harán (11:27). 

 

• Harán nació en Ur (11:28), lo que sugiere que Abram seguramente nació allí también.

 

• Harán era padre de Lot, que tiene un papel importante en la historia de Génesis (capítulos 13-14, 19), pero Harán murió en Ur antes de que su familia extendida se mudara de Ur a Harán (Harán era el nombre de uno de los hijos de Thare, pero también era el nombre de la ciudad a la que Thare y su familia se mudaron).

 

• Abram se casó con Sarai antes de mudarse a la ciudad de Harán (11:29, 31), entonces, podemos dar por hecho que vivió en Ur bastantes años – que pensaba de Ur como su hogar.

 

• Thare llevó a su familia extendida, incluyendo Abram, Sarai, y Lot, a Harán, donde asentaron y donde murió Thare (11:31-32).

 

Si capítulos 1-11 presentan una historia triste, capítulos 12-50 presentan un futuro más alegre caracterizado por promesas y bendiciones de Dios (aunque la gente en estos capítulos siga siendo humana y capaz de pecado – pecado que trae consecuencias).

 

En 12:1-3 se nos presenta una bendición en cinco partes que se oponen a las cinco maldiciones de capítulos 1-11 (Mathews, Vol. 1a, 51; Vol. 1b, 105).  Es una bella simetría que revela el equilibrio entre el juicio de Dios y su obra salvadora – un equilibrio que siempre favorece la salvación.  Esto no significa que la salvación sea universal, sino que Dios siempre obra para redimir su creación.  Bendecir en vez de maldecir es el plan y la preferencia de Dios.

 

Aquí es necesario hacer un breve repaso geográfico.  Ambos Ur y Harán son ciudades en Mesopotamia, el área enmarcada por el Río Eufrates en el sur y el Tigris en el norte.  Estos dos ríos fluyen de noroeste a sureste, separados por una gran tira de tierra fértil, y desembocan en el Golfo Persa.  El área enmarcada por estos ríos constituye una parte significante del actual Irak (en el sur) y Siria (en el norte) y se ubica a cientos de millas al este del Mar Mediterráneo – este de los actuales Líbano e Israel.  Era hogar de varias culturas desarrolladas, incluyendo Babilonia.

 

• Ur se encontraba en el Río Eufrates a unas 150 millas (240 kilómetros) al noroeste del Golfo Persa (en sur-Mesopotamia).  Era un estado-ciudad principal con una cultura avanzada.

 

• Harán estaba en el Río Balikh, una tributaria del Río Eufrates, situada unas 600+ millas (1000 kilómetros) al noroeste de Ur (el norte de Mesopotamia).  También era una gran ciudad con una cultura avanzada.

 

• Canaán (véase v. 12:5) era aproximadamente el área que más adelante sería poblada por Israel – desde el Mar Galileo en el norte hasta el Mar Muerto en el sur – desde el Mar Mediterráneo en el oeste hasta el Río Jordán en el este.  Números 34:1-12 proporcionan una detallada descripción de las fronteras de Canaán (véase también Jueces 1:1-36; Ezequiel 47:15-20; 48:1-28).

 

La distancia de Ur a Harán es grande, más de 600 millas (1000 kilómetros).  No obstante, la familia de Thare viajaba despacio, parando por el camino, aprovechándose de la hierba y el agua para sus ovejas (véase 13:5).

 

El viaje de Harán a Canaán son otras 400 millas (650 kilómetros).  Abram también viajó bastante aún después de llegar a Canaán – al Neguev, un desierto al sudoeste del Mar Muerto (12:9) – a Egipto (12:10) – de vuelta al Neguev (13:1) – al norte a Bethel y Hai (13:3) – y entonces un poco al sur hasta Hebrón (13:18).

 

 

VERSÍCULOS 1-3: VETE Á LA TIERRA QUE TE MOSTRARÉ

 

1Empero Jehová había dicho á Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, á la tierra que te mostraré; 2Y haré de ti una nación (goy) grande, y bendecirte he, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición: 3Y bendeciré á los que te bendijeren, y á los que te maldijeren (hebreo: umeqalelka – despreciar) maldeciré (hebreo: a’or – maldecir): y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.

 

 

“Empero Jehová había dicho á Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, á la tierra que te mostraré” (v. 1).  Este versículo marca un gran cambio en la historia humana.  Como se anota arriba, capítulos 1-11 presentan una triste historia humana, pero capítulos 12-50 se caracterizan por las promesas y bendiciones de Dios.

 

“Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre” (v. 1b).  Aquí hay una secuencia progresiva.  Dios primero menciona la tierra de Abram – lugar que Abram ha llamado su hogar durante 75 años (v. 4).  Entonces, Dios habla de la parentela de Abram – su familia extendida.  Al final, Dios habla de “la casa de tu padre” – la familia inmediata de Abram.  Si lo miráramos a través de una serie de círculos concéntricos, la tierra de Abram sería el círculo exterior.  Su parentela sería el círculo del medio, y la casa de su padre sería el círculo interior.  En una sociedad patriarca sería difícil abandonar su tierra.  Sería más difícil dejar a su familia extendida y sería inaguantable tener que dejar a su familia inmediata.

 

En una sociedad patriarca sin un programa de bienestar social que traiga seguridad a la gente en momentos de necesidad, la familia es nuestra única seguridad.  Si está enfermo o herido, su familia le cuida.  Si necesita ayuda, su familia le echa una mano.  La familia inmediata (padre, madre, esposa, hermana, hermano, hijo) es nuestra primera defensa contra un mundo duro.  La familia extendida sería su próxima capa de defensa.  Vecinos también ayudan en tiempos de necesidad, sabiendo que ellos recibirán ayuda a cambio cuando la necesiten.  Nos hace pensar de las comunidades antiguas de las planicies norteamericanas, que unidas levantaban los graneros de sus vecinos.

 

Cuando Dios dice “Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, á la tierra que te mostraré,” le dice a Abram que deje la seguridad en la que ha dependido toda su vida y que confíe que Dios le provea en el futuro.  Esto requiere que Abram tome un salto de fe hacia la oscuridad y lo desconocido, un salto que muchos pensarían descuidado.  Si Abram abandona su familia y Dios no provee, se encontrará con problemas graves.

 

Westermann y otros han discutido que “para un nómada era fácil dejar tierra y familia, pero no hay nada en el texto que apoye esta sugerencia” (Wenham, 274).  Abram puede ser nómada, pero durante 75 años sus andares nómadas se han concentrado en uno de dos lugares – Ur en el sur de Mesopotamia o Harán en el norte de Mesopotamia.  Su vida durante estos 75 años se ha concentrado en su tierra, su parentela, y la casa de su padre.  Sugerir que el estatus nómada de Abram le facilite dejar las raíces de su familia parece un malentendido.

 

“á la tierra que te mostraré” (v. 1c).  En versículo 5c, Abram sale para Canaán, obedeciendo a Dios, pero en versículo 1c Dios solo dice que le enseñará a Abram adonde ir, pero no nombra la destinación.  Cuando nos llama, Dios raras veces nos da un mapa completo de nuestro camino.  El mapa generalmente incluye solo la próxima parada en el camino – y a menudo solo indica la dirección que debemos tomar.  Es frustrante recibir una llamada así.  Al tratar con Dios, solo la fe puede calmar nuestra ansiedad.

 

“Y haré de ti una nación (goy) grande” (v. 2a).  Considere la proximidad de esta promesa a la Tabla de Naciones en capítulo 10, donde el texto incluye muchas naciones.  Diferente de naciones comunes y corrientes, Abram se convertirá en una gran nación, una que destaca de las demás.

 

“Esta expresión es intrigante, porque la palabra hebrea para nación es goy, una palabra que se utiliza frecuentemente en el Antiguo Testamento para hablar de las naciones gentiles del mundo… Aquí, Dios no promete hacer a Abram un gran pueblo (‘am).  Israel será un goy entre los goyim” (Hamilton, 371).

 

Para ser una gran nación, Abram necesita gente y tierra.  En ese momento no tiene ninguno, y ni él ni Sarai tienen la edad normal para tener hijos.  No obstante, hombres ancianos generalmente son más capaces de engendrar un hijo que lo son mujeres ancianas de concebirlo.  La promesa de Dios en este momento es para Abram, no para Abram y Sarai, y Dios podría honrar su promesa dándole hijos a Abram por otra mujer, algo que no sería tan raro en una cultura patriarca.  Sin embargo, como veremos en capítulo 16 donde Sarai le invita a Abram a tener un hijo con su sirvienta, Hagar, ésta no es la intención de Dios.  Dios clarifica esto para Abraham (en 17:5 Dios cambia el nombre de Abram) en capítulo 17, y lo clarifica también para Sara  (Dios cambia el nombre de Sarai en 17:15) en capítulo 18.

 

“y bendecirte he” (v. 2b).  La primera promesa de Dios es una bendición solitaria, refiriéndose solo a Abram.  Las otras tres bendiciones de versículos 2-3 incluyen otros: Dios hará el nombre de Abram grande para que él sea bendición para otros (v. 2c).  Los que bendicen a Abram serán benditos (v. 3a).  Y en Abram todas las familias de la tierra serán benditas (v. 3b).  La bendición de Dios para Abram es únicamente para Abram, pero también tiene un propósito más amplio.

 

Bendiciones son importantes en la Biblia.  Se cree que las bendiciones tienen el poder de traer cosas buenas al que es bendito.  Génesis cuenta de gente bendiciendo a Dios (24:48) por medio de alabanza o expresiones de gratitud.  También habla de gente bendiciendo a otra gente.  La clásica historia de bendición es la de Isaac bendiciendo a Jacob en vez de Esaú (capítulo 27), una bendición que confiere a Isaac autoridad sobre Jacob – una bendición que no se puede revocar (27:33-38).

 

Pero las bendiciones más mencionadas de Génesis son las conferidas por Dios sobre la gente (1:28; 5:2; 9:1; 12:2-3; 17:16, 20; 22:17-18; 24:1; 25:11; 26:3-4, 12, 24; 35:9; 39:5).  “La palabra ‘bendición’ en Génesis describe principalmente dos beneficios: la descendencia y la riqueza material” (Mathews, 113).  Abram sí se hará rico (12:5, 16, 20; 13:2, 6; 24:35), pero no será bendito con una familia grande durante su vida.

 

Las bendiciones de Dios suponen ser duraderas, pero Dios guarda el derecho de convertir bendición en maldición si resulta que el bendito no se lo merece (Malaquías 2:1-3).

“y engrandeceré tu nombre” (v. 2c).  Estas palabras recuerdan al pueblo de Babel que intentó hacerse un nombre por si mismo al construir una ciudad y una torre (11:4).  Dios frustró su proyecto de satisfacción propia, y el único nombre que lograron hacerse fue Babel (confusión).  Esto contrasta con la promesa de Dios a Abram, a quien ha escogido.  Abram no necesita construir ciudades o torres para engrandecer su nombre, ya que su gran nombre será regalo de Dios.  Abram solo necesita obedecer la orden, “Vete.”

 

“y serás bendición” (v. 2d.)  Eruditos discuten la traducción de esta frase.  Podría significar “serás bendito” o “serás fuente de bendición para otros” o “serás una bendición.”  La intención de esta frase también podría ser que la gente dijera, “Qué Dios me bendiga tanto como bendijo a Abram” (Wenham, 276).

 

“Y bendeciré á los que te bendijeren, y á los que te maldijeren (umeqalelka – despreciar) maldeciré” (a’or – maldecir) (v. 3a).  Dios bendice a los que bendicen a Abram.  Hay un sentido de igualdad aquí – bendición como recompensa por bendecir y maldición por maldecir.

 

En cuanto a maldecir, la lengua hebrea tiene un dato digno de comentar.  Aunque la mayor parte de las traducciones en inglés dicen “á los que te maldijeren maldeciré,” hay dos palabras hebreas diferentes (umeqalelka y a’or) con significados diferentes (“despreciar” y “maldecir”).  Este versículo sería mejor traducido, “el que te desprecia maldeciré” (Wenham, 276-277).

 

“y serán benditas en ti todas las familias de la tierra” (v. 3b).  “Elegir a Abram es, al principio, una acción exclusiva por parte de Dios, pero es una acción que busca un fin máximamente inclusivo” (Fretheim, 424).

 

Dios es el que hace estas promesas y Abram es el que recibe.  No hay un sentido de intercambio equilibrado (quid pro quo) aquí.  Las promesas de Dios son amplias y generosas.  A cambio, Dios solo requiere que Abram obedezca su orden de irse (v. 1).  En capítulo 15, Dios formaliza estas promesas con un pacto y establece una ceremonia que ha de acompañar los pactos.

 

“La promesa de darle hijos a Abram es como un hilo dorado que corre a través de toda la historia de la salvación de Dios, para que el apóstol Pablo pueda por fin escribir ‘todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén, por nosotros á gloria de Dios’ (2 Corintios 1:20)” (Achtemeier, 25).

 

 

VERSÍCULOS 4-5a: Y FUÉSE ABRAM

 

4Y fuése Abram, como Jehová le dijo; y fue con él Lot: y era Abram de edad de setenta y cinco años cuando salió de Harán.  Y tomó Abram á Sarai su mujer, y á Lot hijo de su hermano, y toda su hacienda que habían ganado, y las almas que habían adquirido en Harán, y salieron para ir á tierra de Canaán.

 

 

“Y fuése Abram, como Jehová le dijo; y fue con él Lot: y era Abram de edad de setenta y cinco años cuando salió de Harán” (v. 4).  Abram obedece la llamada del Señor sin cuestionarla ni quejarse.  “Abraham se presenta como el perfecto hombre fiel.  Es llamado y va.  Solo depende en el nombre (12:8) y la palabra (12:1-4a) de este dios que de repente le ha dado la vuelta a su vida.  Recibe la llamada de Dios con los brazos abiertos.  Ahí es donde comienza la historia de Israel” (Brueggemann, Interpretation, 125).

 

Thare tenía setenta años al nacer Abram (11:26), entonces tendría 145 años cuando Abram salió de Harán.  Thare moriría a la edad de 205 años (11:32), así, viviría 60 años más después de marcharse Abram de Harán.  A Thare no se le vuelve a mencionar excepto en genealogías (1 Crónicas 1:16; Lucas 3:34), entonces es probable que Abram nunca le volviera a ver después de marcharse de Harán.  No obstante, Jacob regresa a Harán para encontrar esposa (27:41 ff.).

 

Al progresar la historia, se anota que Abraham tendría 100 años al nacer Isaac (21:5) y que moriría a la edad de 175 (25:7).  Durante los primeros 75 años de su vida, entonces, Abraham tuvo padre, y por los últimos 75, fue padre.

 

“Y tomó Abram á Sarai su mujer, y á Lot hijo de su hermano, y toda su hacienda que habían ganado, y las almas que habían adquirido en Harán, y salieron para ir á tierra de Canaán” (v. 5a).  Thare, el padre de Abram, antes había comenzado a viajar a Canaán pero por el camino se asentaron en Harán (11:31).  El texto no nos dice por qué Thare se asentó en vez de seguir adelante, pero sí nos dice que él murió en Harán (11:32).  Quizá paró en Harán porque le agradaba el lugar.  Quizá paró para consolidar familia y recursos antes de continuar el viaje.  Quizá la enfermedad que eventualmente causaría su muerte había empezado a debilitarle.  No sabemos.  De cualquier manera, Abram, obedeciendo la llamada de Dios, ahora sale hacia el lugar al que su padre pretendía llegar.  Al hacerlo, sin embargo, no está viviendo el sueño de Thare, sino que contestando la llamada de Dios.

 

 

VERSÍCULOS 5b-7: A TU SIMIENTE DARÉ ESTA TIERRA

 

5by á tierra de Canaán llegaron. 6Y pasó Abram por aquella tierra hasta el lugar de Sichêm, hasta el encino de Moreh: y el Cananeo estaba entonces en la tierra. 7Y apareció Jehová á Abram, y le dijo: A tu simiente daré esta tierra. Y edificó allí un altar á Jehová, que le había aparecido.

 

 

“Y pasó Abram por aquella tierra hasta el lugar de Sichêm” (v. 6a).  Desde Harán, Abram seguramente entra a Canaán desde el norte y viaja a Sichêm, ubicada en las colinas de los Montes de Ebal y Gerezim – pocas millas al oeste del Río Jordán y a mitad de camino entre el Mar Galileo y el Mar Muerto – 40 millas (65 kilómetros) al norte de Jerusalén.

 

“hasta el encino de Moreh” (v. 6b).  Este encino tiene un continuo significado en la historia bíblica.  Cuando Rachêl y Lea traen los dioses caseros con ellos, Jacob obedece la llamada de Dios que le pide deshacerse de ellos, enterrándolos al pie del encino (Génesis 35:4).  Josué erige un pilar bajo este encino como señal del pacto entre Dios e Israel (Josué 24:26).  Los señores de Sichêm hacen rey a Abimelech bajo este encino (Jueces 9:6).

 

“y el Cananeo estaba entonces en la tierra” (v. 6c).  Abram aún no puede reclamar esta tierra, porque pertenece a los cananeos.

 

“A tu simiente daré esta tierra” (v. 7a).  Dios promete, no obstante, que dará la tierra a la simiente de Abram.  Abram pasa la mayor parte del resto de su vida en Canaán, pero será dueño solo de una cueva en Macpela que compra para la tumba de Sara (23:19).  Realmente, no será hasta después del Éxodo que los descendientes de Abram llegarán a poseer esta tierra.

 

“Y edificó allí un altar á Jehová, que le había aparecido” (v. 7b).  La construcción de un altar (y supuestamente la ofrenda de un sacrificio ahí) es obra de alabanza – un acto por el cual Abram reconoce su encuentro con Dios – un acto de obediencia y gratitud.  Abram construirá altares en varios lugares durante sus viajes (13:18; 22:9), e Isaac y Jacob continuarán con la misma tradición (26:25; 35:7).

 

 

VERSÍCULOS 8-9: Y MOVIÓ ABRAM DE ALLÍ, CAMINANDO

 

8Y pasóse de allí á un monte al oriente de Bethel, y tendió su tienda, teniendo á Bethel al occidente y Hai al oriente: y edificó allí altar á Jehová é invocó el nombre de Jehová. 9Y movió Abram de allí, caminando y yendo hacia el Neguev.

 

 

“Y pasóse de allí á un monte al oriente de Bethel, y tendió su tienda, teniendo á Bethel al occidente y Hai al oriente: y edificó allí altar á Jehová é invocó el nombre de Jehová” (v. 8).  Bethel y Hai se encuentran a unas 12 millas (19 kilómetros) al norte de Jerusalén.  Bethel seguirá siendo un lugar importante en la historia bíblica.  Jacob erigirá un pilar en Bethel en señal de alabanza después de tener su famoso sueño de la escala (28:19; véase también 35:1ff.).

 

“y tendió su tienda” (v. 8).  “Tender su tienda contrasta con edificó allí altar.  Tiendas se desmontan, pero altares permanecen en pie” (Hamilton, 278).

 

“Y movió Abram de allí, caminando y yendo hacia el Mediodía” (v. 9).  Como se anota arriba, el Neguev es un área desértica al suroeste del Mar Muerto.  Abram ha viajado de norte a sur en Canaán, lo cual le dio la oportunidad de ver la tierra que sus descendientes poseerán.  El Neguev se encuentra en el extremo sur de Canaán, eso sitúa a Abram para su próximo trayecto – a Egipto (12:10ff.).

 

 

POSLUDIO:

 

Esta no es la última vez que Dios le pedirá a Abram que actúe por fe.  Más adelante, Dios mandará a Abraham (Dios cambió su nombre en versículo 17:5), “Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, á quien amas, y vete á tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré” (22:2).  Abraham obedece, y Dios manda un ángel para prevenir la ejecución.

 

Estas dos llamadas de Dios a Abraham – la primera para cortar lazos con su pasado (12:1) y la segunda para cortar lazos con su futuro (22:2) – hacen a través del resto de la Biblia como el estándar dorado para lealtad, obediencia, y discipulado.  No muchos llegan a este estándar, pero Abraham destaca para recordarnos de lo que es posible.  Las historias no solo nos retan para que demos a Dios todo lo que podamos, pero también nos aseguran que Dios es fiel – que Dios recompensa nuestra lealtad.

 

Podemos estar seguros que Jesús conocía bien estas dos historias – no hubiera conocido nada mejor.  Estas historias de la lealtad de Abram/Abraham hacia las órdenes de Dios para dejar su hogar (12:1) y sacrificar a su hijo (22:2) hacen de trasfondo para varias declaraciones de Jesús:

 

“Porque he venido para hacer disensión del hombre contra su padre, y de la hija contra su madre, y de la nuera contra su suegra” (Mateo 10:35).

 

“El que ama padre ó madre más que á mí, no es digno de mí; y el que ama hijo ó hija más que á mí, no es digno de mí” (Mateo 10:37).

 

“Porque todo aquel que hiciere la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano, y hermana, y madre” (Mateo 12:50).

 

“Y cualquiera que dejare casas, ó hermanos, ó hermanas, ó padre, ó madre, ó mujer, ó hijos, ó tierras, por mi nombre, recibirá cien veces tanto, y heredará la vida eterna” (Mateo 19:29; Marcos 10:29).

 

Jesús también dirá, “Las zorras tienen cavernas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del hombre no tiene donde recueste su cabeza” (Mateo 8:20; Lucas 9:58).

 

En los dos testamentos Abraham es un paradigma de la fe.  En Hechos, Esteban comienza su sermón al concejo recitando la obediencia de Abraham (Hechos 7:1-8).  El gran capítulo de fe en el Nuevo Testamento utiliza a Abraham como ejemplo principal de la fe (Hebreos 11:8ff.).

 

 

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada en http://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html.  Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

 

 

BIBLIOGRAFÍA:

 

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