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RECURSOS PARA PREDICAR

Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

 

 

PASAJE BÍBLICO:     Romanos 7:15-25a

 

 

EXÉGESIS:     

 

VERSÍCULOS 15-25: LA GRAN PREGUNTA

 

La gran pregunta de este pasaje es si Pablo utiliza “yo” de manera autobiográfica (hablando de su propia experiencia) o si utiliza “yo” de manera más general para referirse a la situación de gente no regenerada (no cristiana).  Esta cuestión surge porque las palabras de Pablo en 7:15 ff. parecen algo inconsistentes con lo que dijo en capítulo 6: “Porque los que somos muertos al pecado, ¿cómo viviremos aún en él? … Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre juntamente fue crucificado con él, para que el cuerpo del pecado sea deshecho, á fin de que no sirvamos más al pecado” (6:2, 6).  Entonces, en capítulo 7, ¿cómo puede decir: “Y si hago lo que no quiero, ya no obro yo, sino el mal que mora en mí” (7:20)? ¿Cómo puede Pablo, un cristiano que ya no es esclavo del pecado (capítulo 6), aún encontrarse bajo el control del pecado (capítulo 7)?

 

Los primeros padres de la iglesia pensaban que, en capítulo 7, Pablo estaba describiendo a una persona no regenerada, pero Agustino (que conocía bien los pecados carnales) no estaba de acuerdo, creyendo que Pablo describía un dilema cristiano.  Líderes de la reforma concordaban con Agustino, con la excepción de los piadosos, que creían que una persona bajo las garras del pecado no podía ser cristiano (Moo, 444 ff. – Moo proporciona una buena lista de razones que apoya cada posición).  Hoy, existe una división entre eruditos acerca de este tema.  Hay dos posibilidades:

 

• Pablo describe su lucha personal con el pecado (y de manera implícita, la lucha que todo cristiano enfrenta).

 

• Pablo describe una humanidad no regenerada, aún no redimida por Cristo.

 

Siento con confianza que Pablo está describiendo su lucha personal con el pecado – una lucha común a todo cristiano.  Mis razones se pueden dividir en tres partes:

 

• Primero, un número de grandes teólogos apoyan esta posición, por eso, no temo que me vaya más allá de mi conocimiento al promulgar una interpretación cuestionable.

 

• Segundo, cuando hay una manera obvia y otra no tan obvia de comprender un texto, el principio hermenéutico es favorecer a la obvia.  Si preguntáramos a los sabios laicos de quienes Pablo habla en este pasaje, confío que la mayoría diría que hablaba de sí mismo.  Si es así, ésa es la manera obvia de comprender el texto, y ha de ser preferida.

 

• Tercero, lo que Pablo dice en este pasaje concuerda con nuestra experiencia.  Quería actuar de manera correcta, pero a veces fallaba en hacerlo (v. 15).  Hemos experimentado lo mismo, y a veces nos encontramos en situaciones en las que ni queremos actuar de manera correcta.  Podríamos temer que esto nos situara entre los no regenerados, pero ya hemos conocido a suficientes cristianos para poder creer que tenemos mucha compañía entre los redimidos.

 

Concluyo que cristianos están con un pie en el reino de este mundo y el otro en el reino de Dios, y la tensión entre estos dos mundos es lo que hace resaltar la inconsistencia aparente en las palabras de Pablo en Romanos 6 y 7.  Mientras que en el bautizo morimos al pecado y somos resucitados a una nueva vida (6:1-14), nuestra santificación no es instantánea, sino un proceso que continúa a lo largo de la vida y que solo será realizado por completo con nuestra resurrección.  Por lo tanto, nos encontramos sin comprender nuestras propias acciones (v. 15) – fallando en hacer lo que queremos y haciendo lo que odiamos (v. 15) – teniendo la voluntad de hacer bien, pero no haciéndolo (v. 18) – y haciendo mal que no queremos hacer (v. 19).  Una guerra toma lugar en nuestro adentro (v. 23), y el pecado a veces nos toma cautivos (v. 23).

 

 

VERSÍCULOS 15-17: PORQUE LO QUE HAGO, NO LO ENTIENDO

 

15Porque lo que hago, no lo entiendo; ni lo que quiero, hago; antes lo que aborrezco, aquello hago. 16Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena. 17De manera que ya no obro aquello, sino el pecado que mora en mí.

 

 

“Porque lo que hago, no lo entiendo; ni lo que quiero, hago; antes lo que aborrezco, aquello hago” (v. 15).  Pablo queda perplejo con la inconsistencia entre su naturaleza cristiana y sus acciones, que no se merecen su naturaleza cristiana.  Le confunde – le perpleja – no tener más control sobre sus acciones – encontrarse haciendo lo que odia – lo que sabe que está mal.

 

“Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena” (v. 16).  Antes, Pablo dijo: “estáis muertos á la ley” (7:4).  Continuó diciendo, “Porque mientras estábamos en la carne, los afectos de los pecados que eran por la ley, obraban en nuestros miembros fructificando para muerte.  Mas ahora estamos libres de la ley, habiendo muerto á aquella en la cual estábamos detenidos, para que sirvamos en novedad de espíritu, y no en vejez de letra” (7:5-6).  Podríamos suponer que piensa mal de la ley, pero corrige esa impresión diciendo, “apruebo que la ley es buena” (v. 16).  Es más, su deseo de actuar correctamente sirve de testimonio de que está de acuerdo con que la ley es buena.  La ley proporciona una guía que ayuda – consejo de Dios.  El problema no está en la ley sino en la capacidad de Pablo para guardarla fielmente.  Le gustaría hacer lo que la ley requiere, pero se encuentra haciendo otra cosa.

 

“De manera que ya no obro aquello, sino el pecado que mora en mí” (v. 17).  Si Pablo parece estar en control de su vida pero aún encuentra que se mueve en direcciones inesperadas y no deseadas, debe haber otra fuerza en función detrás del escenario – otro actor, moviendo palancas detrás del telón – invisible pero fuerte.  Pablo identifica este otro actor como el pecado.  “El pecado se describe como algo que se ha instalado en Pablo.  No se trata de un invitado honorado, ni de un inquilino que paga, sino de un ‘intruso,’ que no está ahí legítimamente, y es muy difícil de echar” (Morris, 293).

 

 

VERSÍCULOS 18-20: YA NO OBRO YO, SINO EL MAL

 

18Y yo sé que en mí (es á saber, en mi carne) no mora el bien: porque tengo el querer, mas efectuar el bien no lo alcanzo. 19Porque no hago el bien que quiero; mas el mal que no quiero, éste hago. 20Y si hago lo que no quiero, ya no obro yo, sino el mal que mora en mí.

 

 

Versículos 18-20 repiten lo que Pablo dijo en versículos 14-17.  En mayor parte, la gente a quien Pablo se dirige oirá esta carta leída en voz alta.  La repetición de Pablo de los anteriores versículos puede basarse en su deseo de reforzar lo que dijo en los anteriores versículos.

 

 

VERSÍCULOS 21-23: OTRA LEY QUE SE REBELA CONTRA LA LEY DE MI ESPÍRITU

 

21Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: Que el mal está en mí. 22Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios: 23Mas veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi espíritu, y que me lleva cautivo á la ley del pecado que está en mis miembros.

 

 

“Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: Que el mal está en mí” (v. 21).  Cuando Pablo habla de la “ley,” está hablando de un principio general, es decir, “hallo este principio general que…”  Mientras Pablo quiere hacer bien, encuentra el mal escondido, listo para atracar sus más nobles deseos.

 

“Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios” (v. 22).  Antes en esta epístola, Pablo hizo declaraciones sobre la ley del Tora que parecían negativas.  El problema, sin embargo, no era la ley sino la debilidad humana revelada al ponerse junto el estándar perfecto de la ley.  Ahora, Pablo deja claro que su hombre interior deleita en la ley de Dios (v. 22).  Sus palabras hacen pensar de Salmo 19, donde el salmista habla de la ley de Dios como “perfecta, que vuelve el alma” (Salmo 19:7) y “deseables son más que el oro” y “dulces más que miel” (Salmo 19:10).  Sus palabras también hacen pensar en Salmo 119:1, donde el salmista dice, “Bienaventurados los perfectos de camino; Los que andan en la ley de Jehová.”  En el fondo de su ser, Pablo deleita en la bondad esencial de la ley de Dios – pero v. 23 revela otra cara de la historia.

 

“Mas veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi espíritu, y que me lleva cautivo á la ley del pecado que está en mis miembros” (v. 23).  Pablo está consciente de la guerra que ocurre en su interior.  La parte de él que ama la ley de Dios está en guerra con la parte que resulta ser “cautivo á la ley del pecado.”  Esto se relaciona con v. 15, donde Pablo habló de hacer lo que no quería.  El hecho de que la guerra continúe, sin embargo, significa que Pablo no ha sido vencido.  Continúa con la lucha – y, en su “hombre interior,” continúa “deleitando en la ley de Dios” (v. 22).

 

 

VERSÍCULOS 24-25a: ¿QUIÉN ME LIBRARÁ DEL CUERPO DE ESTA MUERTE?

 

24¡Miserable hombre de mí! ¿Quién me librará del cuerpo de esta muerte? 25aGracias doy á Dios, por Jesucristo Señor nuestro.

 

 

“¡Miserable hombre de mí! ¿Quién me librará del cuerpo de esta muerte?” (v. 24).  “Éste no es un llanto de desesperación, sino más un llanto de frustración; no de desesperación, porque Pablo está seguro de que la plena liberación vendrá (cf. 5:9-10; 6:8; 11:26), sino de frustración – la frustración de querer caminar en novedad de vida (6:4) mientras sigue siendo un hombre de carne y hueso, la frustración de querer servir en novedad del espíritu (7:6) a través de este cuerpo de muerte” (Dunn).

 

“Gracias doy á Dios, por Jesucristo Señor nuestro” (v. 25).  Este versículo contesta la pregunta que Pablo hizo en v. 24.  Es Dios, a través de Jesucristo, quien le rescatará de este cuerpo de muerte.

 

 

VERSÍCULO 25b: CON LA MENTE – CON LA CARNE

 

25bAsí que, yo mismo con la mente sirvo á la ley de Dios, mas con la carne á la ley del pecado.

 

 

La lectura del leccionario, que aparentemente prefiere acabar en una nota de agradecimiento (v. 25a), no incluye v. 25b, donde Pablo vuelve al conflicto interno dentro de él.  Con su mente es siervo de la ley de Dios, pero con su carne es siervo de la ley del pecado.  Aunque esto parezca descorazonador, se puede pensar de la guerra continua dentro de Pablo como señal de salud espiritual.  El pecado continúa atacándole.  Como un virus mortal, trata de tomar poder sobre su vida, pero su victoria no es ni completa ni permanente.  La guerra entre Dios y el pecado hace estragos por dentro y deja a Pablo en un estado miserable, pero tiene fe en el resultado.  Continuará diciendo que “la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte” (8:2).  Dirá, “Empero si Cristo está en vosotros, el cuerpo á la verdad está muerto á causa del pecado; mas el espíritu vive á causa de la justicia.  Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos á Jesús mora en vosotros, el que levantó á Cristo Jesús de los muertos, vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros” (8:10-11).  Verdaderamente, ésa es la nota positiva con que se debe terminar.

 

 

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada en http://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html.  Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

 

 

BIBLIOGRAPHY:

 

Dunn, James D. G., Word Biblical Commentary: Romanos 1-8, Vol. 38A (Dallas: Word Books, 1988)

 

Gaventa, Beverly R. in Brueggemann, Walter; Cousar, Charles B.; Gaventa, Beverly R.; and Newsome, James D., Texts for Preaching:  A Lectionary Commentary Based on the NRSV -- Year A (Louisville:  Westminster John Knox Press, 1995)

 

Hunsinger, George, in Van Harn, Roger E. (ed.), The Lectionary Commentary: The Second Readings:  Acts and the Epistles (Grand Rapids:  William B. Eerdmans Publishing Company, 2001)

 

Moo, Douglas, The New International Commentary on the New Testament:  Romanos (Grand Rapids:  William B. Eerdmans Publishing Co., 1996)

 

Morris, Leon, The Epistle to the Romanos (Grand Rapids, Michigan: William B. Eerdman’s Publishing Co, 1988)

 

Mounce, Robert H., The New American Commentary: Romanos, (Broadman & Holman Publishers, 1995)

 

Wright, N. Thomas, The New Interpreter's Bible:  Acts, Romanos, 1 Corinthians, Vol. X (Nashville:  Abingdon Press, 2002)

 

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Copyright 2007, Richard Niell Donovan