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RECURSOS PARA PREDICAR

Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

 

 

PASAJE BÍBLICO:     Romanos 6:12-23

 

 

EXÉGESIS:     

 

CAPÍTULO 6: UN REPASO

 

En la primera mitad de este capítulo (vv. 1-11) Pablo estableció que con nuestro bautizo nos hicimos nuevas criaturas – morimos con Cristo y fuimos resucitados a una nueva vida con él.  Por lo tanto, debemos considerarnos “muertos al pecado, mas vivos á Dios en Cristo Jesús Señor nuestro” (v. 11).

 

En el resto de este capítulo (vv. 12-23), Pablo especifica las implicaciones teológicas de nuestro nuevo nacimiento.  Debemos actuar según esta nueva naturaleza.  No es apropiado que rindamos dominio de nuestras vidas al pecado – hacernos esclavos de él – ahora que hemos sido resucitados con Cristo.  En vez, necesitamos darle dominio a Dios – hacernos esclavos de Dios.  Pablo no insinúa que somos libres en el sentido de no tener amo.  Servimos al pecado o a Dios.  No hay otra opción.

 

Pablo a menudo hace contrastes en pares para demostrar este punto.  “En este leccionario, hay tres pares que entran en juego: Pecado versus justicia (o pecado versus Dios), libertad versus esclavitud, y salario versus don” (Gaventa, 384).

 

 

VERSÍCULOS 12-14: NO REINE, PUES, EL PECADO

 

12No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, para que le obedezcáis en sus concupiscencias (griego: epithumiais – pasiones o lujuria); 13Ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado por instrumento (griego: hopla – armas, herramientas) de iniquidad; antes presentaos á Dios como vivos de los muertos, y vuestros miembros á Dios por instrumentos (hopla) de justicia.  14Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia.

 

 

“… pues…” (v. 12) une lo que sigue con lo que Pablo ha dicho previamente.  Ha establecido que somos nueva gente en Cristo (vv. 1-11).  Ahora, establece lo que esto significa en cuanto a nuestra conducta (vv. 12-23).

 

“No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal” (v. 12).  “Los placeres del pecado toman lugar en un cuerpo que, hasta en su mejor momento, sigue siendo mortal y pasajero, pero Pablo está hablando de una vida en Cristo que trae alegría eterna.  Es absurdo dejar que lo que va a morir tenga posición suprema” (Morris, 257).  “La batalla es espiritual y se lucha, pierde, o gana con las decisiones diarias del creyente en cuanto a cómo utilizar su cuerpo” (Moo, 383).

 

“para que le obedezcáis en sus concupiscencias (epithumiais – pasiones)” (v. 12).  Nuestro bautizo no asegura que actuaremos de manera correcta.  Aunque es verdad que hemos sido bautizados en la muerte de Cristo para poder caminar en la novedad de vida (vv. 3-4), también es verdad que vivimos con un pie en cada mundo.  Hemos comenzado a caminar nuestra resurrección con Cristo, pero aún habitamos cuerpos mortales sujetos a pasiones y lujurias – orgullo, ira, deseo sexual, egoísmo, glotonería, embriaguez, etcétera, etcétera, etcétera.

 

Podemos estar seguros que el tentador preparará el cebo particular para nosotros, buscando en nuestras defensas para encontrar el punto más débil.  También debemos comprender que una vez que caemos en la tentación es más difícil resistir la próxima vez.  La persona que hoy llena su cuenta corriente mañana se encontrará aún mas tentado a desfalcar o a utilizar métodos financieros cuestionables.  La persona casada que comienza un flirteo en la oficina encontrará que cada vez es más difícil evitar la infidelidad.  El pecado es una cuerda resbaladiza.  El tentador está determinado a convertirse en nuestro amo, y tiene paciencia para atraernos poco a poco.

 

Pero Dios nos da los medios para resistir la tentación.  Primero, nos dio una nueva naturaleza con nuestro bautizo.  También tenemos las escrituras para guiarnos.  Es instructivo anotar que Jesús contestaba cada una de sus tentaciones con un versículo de la escritura.  Esto sugiere que aprender las escrituras es una defensa preactiva contra la tentación.  Oración, alabanza, y otras disciplinas espirituales ayudan.  Pero también es importante – urgentemente importante – que digamos, “Soy cristiano, y no voy a hacerlo.”  Eso es lo que Pablo quiere decir en este texto.  Nos hicimos gente nueva a través de nuestro bautizo, y debemos actuar el papel.  Si recordamos quiénes somos – de quién somos – eso nos ayudará a evitar la trampa del tentador.

 

“Ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado por instrumento (griego: hopla) de iniquidad; antes presentaos á Dios como vivos de los muertos, y vuestros miembros á Dios por instrumentos (hopla) de justicia” (v. 13).  La palabra hopla se puede traducir como arma, y sería mejor traducirla así en este caso.  Pablo nos dice que no presentemos nuestros miembros – cualquier parte del cuerpo – para ser utilizado como arma de pecado.  En vez, debemos presentarnos enteros y con todos nuestros miembros para ser utilizados por Dios como armas de justicia.  En el gran concurso entre el bien y el mal, Pablo clama que nos pongamos en el lado del bien – el lado de Dios.  La ironía, claro, es que si rendimos poder al pecado, Satanás lo vuelve contra nosotros.  Darle poder a Satanás es armar un enemigo mortal empeñado en destruirnos.  Utilizar nuestra fuerza para Dios asegura que será utilizada para propósitos eternos – y, al final, para nuestro propio beneficio eterno.

 

“Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia” (v. 14).  Es interesante que Pablo, un fariseo judío, dijera que el pecado no se enseñoreará sobre nosotros porque no estamos bajo la ley.  Judíos creían que la ley les protegía del pecado enseñándoles lo que deben hacer y lo que deben evitar.  En un sentido eso era verdad – la ley sirve de guía.  Sin embargo, había dos problemas asociados con la ley.  Uno, “la ley ha sido una influencia dañina, empujándoles a juzgar a los demás mientras mantenían su orgullo nacional de justos, la suposición de su favor bajo Dios, y una superficialidad que confundía el rito externo con la obra del Espíritu” (Dunn).  El otro problema era que observar completamente la ley resultó ser imposible, así, toda persona “bajo la ley” está destinada a fallar.  Ésa es la razón por que el pecado tiene dominio sobre aquéllos “bajo la ley.”  Pero, estamos “bajo la gracia” – una situación en la que no podemos fallar, porque Dios perdona nuestros pecados.  Podemos vivir tranquilos y con fe que la gracia de Dios es mayor que nuestros pecados.

 

 

VERSÍCULOS 15-19: ¿PECAREMOS PORQUE NO ESTAMOS BAJO LA LEY?

 

15¿Pues qué? ¿Pecaremos, porque no estamos bajo de la ley, sino bajo de la gracia? En ninguna manera. 16¿No sabéis que á quien os prestáis vosotros mismos por siervos para obedecer le, sois siervos de aquel á quien obedecéis, ó del pecado para muerte, ó de la obediencia para justicia? 17Empero gracias á Dios, que aunque fuisteis siervos del pecado, habéis obedecido de corazón á aquella forma de doctrina á la cual sois entregados (griego: paredothete – de paradidomi); 18Y libertados del pecado, sois hechos siervos de la justicia. 19Humana cosa digo, por la flaqueza de vuestra carne (griego: ten astheneian tes sarkos humon – la debilidad de vuestra carne): que como para iniquidad presentasteis vuestros miembros á servir á la inmundicia y á la iniquidad, así ahora para santidad (griego: hagiasmon – de hagios) presentéis vuestros miembros á servir á la justicia.

 

 

“¿Pues qué? ¿Pecaremos, porque no estamos bajo de la ley, sino bajo de la gracia? En ninguna manera” (v. 15).  Esto se parece a la pregunta de Pablo en 6:1, “¿Perseveraremos en pecado para que la gracia crezca?”  Su respuesta, “en ninguna manera,” es la misma en ambos casos.

 

“¿No sabéis que á quien os prestáis vosotros mismos por siervos para obedecer le, sois siervos de aquel á quien obedecéis, ó del pecado para muerte, ó de la obediencia para justicia?” (v. 16).  Lectores modernos pueden protestar de Pablo por utilizar la esclavitud para ilustrar un principio espiritual, pero Pablo no defiende la institución de esclavitud.  En vez, utiliza algo familiar para ilustrar que no tenemos más que servir a uno de dos amos espirituales – el pecado o la obediencia.  No podemos escoger ser independientes de estas fuerzas competidoras, sino que solo podemos escoger a cuál de ellas serviremos.  Los que piensan que son independientes de cualquier amo viven, ciertamente, “bajo una ilusión creada y mantenida por Satanás” (Moo, 399).  Nuestra elección determinará nuestro fin.  El pecado lleva a la muerte, pero la obediencia a la justicia.

 

Ya que no estamos bajo la ley sino bajo la gracia, nuestra justicia no puede ser una que viene de obedecer la ley (v. 15).  Si buscáramos la justicia que acompaña el cumplir de la ley, estaríamos frustrados, porque no es posible seguir la ley sin fallar.  No obstante, ya que la gracia de Dios es más grande que nuestros pecados (véase v. 14 arriba), la justicia es posible.  Dios nos concede estatus de justos y una comunidad eterna por nuestra capacidad de obedecer en vez de pecar.  Dios no requiere una obediencia perfecta, sino nuestra alianza con Dios en vez de con pecado (v. 13) – con obediencia en vez de pecado (v. 16) – con justicia en vez de inmundicia e iniquidad (v. 19).  Si nos aliamos con Dios, nos encontraremos en el lado de Dios, donde reina la gracia y por eso, seremos contados entre los justos.  Si escogemos el pecado, nos encontraremos en el lado del pecado donde reina la muerte.

 

“Empero gracias á Dios, que aunque fuisteis siervos del pecado, habéis obedecido de corazón á aquella forma de doctrina á la cual sois entregados” (v. 17).  Hasta el momento, Pablo ha hablado de un cristiano que clama a cristianos romanos para que realicen su llamada.  Ahora agradece a Dios que hayan tomado la decisión correcta.  Una vez, habían sido esclavos al pecado, pero ahora han “obedecido de corazón á aquella forma de doctrina á la cual son entregados.”

 

La frase “obedecer de corazón” es importante, ya que Jesús enfatizaba una religión de “corazón.”  Busque en los Evangelios las palabras “corazón” y “corazones,” y encontrará docenas de versículos en los que Jesús habla de una religión de “corazón.”  “Bienaventurados los de limpio corazón” (Mateo 5:8).  “Porque donde estuviere vuestro tesoro, allí estará vuestro corazón” (Mateo 6:21).  “¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones?” (Mateo 9:4).  La lista continúa.  El problema que Jesús encontraba con líderes religiosos de su época era su rutinaria observación de la ley – una observación que ya no venía de sus corazones.  Que Pablo diga a cristianos romanos que ahora han “obedecido de corazón” es un gran elogio, porque significa que su observación religiosa empieza en sus corazones, así complaciendo a Dios.

 

“á aquella forma de doctrina á la cual sois entregados (griego: paredothete – de paradidomi) (v. 17).  Es interesante que Pablo diga que han sido fieles “á aquella forma de doctrina á la cual son entregados,” en vez de decir que han sido fieles “a Dios.”  La palabra paradidomi nos da una pista de lo que él quiere decir.  El Evangelio de Juan utiliza esta palabra varias veces al hablar de Jesús siendo “entregado” a sus enemigos, por eso, parece apropiado traducirla de esa manera aquí.  Estos cristianos romanos son fieles “á aquella forma de doctrina” – doctrina cristiana autoritaria – que les fue “entregada.”  Esa “forma de doctrina” se contrasta con otras formas de enseñanza que podían haber seguido.

 

“Y libertados del pecado, sois hechos siervos de la justicia” (v. 18).  Cuando se hicieron cristianos, Dios les emancipó de una forma de esclavitud para que pudieran acogerse a otra – les liberó de la esclavitud al pecado para que se pudieran hacer “siervos de la justicia.”  No hay una tercera opción – no hay autonomía.  Vivimos en un mundo regido por fuerzas espirituales, Dios y Satanás.  Serviremos a uno o al otro.

 

“siervos de la justicia” (v. 18).  El hecho que hemos sido “libertados del pecado” no nos da autoridad para involucrarnos en cualquier conducta que sea; simplemente representa un cambio de amo del pecado a la justicia – y un cambio de destino de la muerte a la vida.

 

“Humana cosa digo, por la flaqueza de vuestra carne (griego: ten astheneian tes sarkos humon – la debilidad de vuestra carne)” (v. 19).  Casi parece que Pablo pide disculpas, quizá por haber utilizado la esclavitud de metáfora.  No obstante, ya que continúa utilizando la esclavitud de metáfora, eso no parece probable (vv. 19, 20, 22).  En cambio, simplemente está diciendo que él mismo debe reconocer la “flaqueza de vuestra carne” y que él mismo debe utilizar cosas familiares que sus oyentes entiendan para poder ilustrar las cosas espirituales que deben aprender.  De otra manera Pablo confundiría a sus oyentes predicando más allá de su entendimiento. 

 

“que como para iniquidad presentasteis vuestros miembros á servir á la inmundicia y á la iniquidad, así ahora para santidad presentéis vuestros miembros á servir á la justicia” (v. 19).  En versículos 17-18, Pablo agradeció a Dios que estos cristianos hubieran pasado su alianza del lado del pecado al lado de la justicia – que hubieran pasado de la muerte a la vida.  Ahora, Pablo les recuerda que, de nuevo, deben ajustar su conducta según esta nueva alianza.  Igual que en el pasado habían servido fielmente al pecado (su antiguo amo), ahora han de servir a la justicia (su nuevo amo) con la misma fidelidad.

 

“para santidad (hagiasmon) (v. 19).  Santidad es una de esas palabras que parece hipnotizar a la gente.  Pocos comprenden su significado.  Debemos ayudarles.  La palabra griega es hagiasmon, que tiene hagios de raíz.  Hagios significa “puesto aparte para Dios” o “sagrado” o “de moral pura.”  En su forma plural, hagioi significa “el pueblo de Dios.”

 

Santidad, entonces, es lo que ocurre cuando Dios nos libera del pecado y nos pone en el camino de la santidad.  En esta vida, santidad sigue siendo un viaje en vez de un destino.  El propósito del viaje la restauración de la belleza con que Dios nos creó – eliminar cicatrices y desfiguramientos causados por el pecado.  En esta vida, nunca nos haremos santos por completo, pero por la gracia de Dios crecemos en santidad.  Llegamos a nuestra plena capacidad de santidad en la resurrección, pero ahora podemos regocijar en el progreso que Cristo nos hace posible en esta vida.

 

 

VERSÍCULOS 20-23: LA DÁDIVA DE DIOS ES VIDA ETERNA

 

20Porque cuando fuisteis siervos del pecado, erais libres acerca de la justicia.  21¿Qué fruto (griego: karpon), pues, teníais de aquellas cosas de las cuales ahora os avergonzáis? porque el fin de ellas es muerte.  22Mas ahora, librados del pecado, y hechos siervos á Dios, tenéis por vuestro fruto (griego: karpon) la santificación, y por fin la vida eterna.  23Porque la paga del pecado es muerte: mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.

 

 

“Porque cuando fuisteis siervos del pecado, erais libres acerca de la justicia” (v. 20).  La única libertad que les concedía su antigua esclavitud era la libertad de justicia – libertad de hacer bien.  El mundo romano estaba lleno de pecado.  Por ejemplo, padres preferían hijos varones, y dejaban morir en la intemperie a las hijas no deseadas.  Burdeles recogían estas niñas y las criaban como prostitutas.  El cristiano Justin Martyr llamó la atención a este mal, advirtiendo a los hombres romanos que, al visitar uno de estos burdeles, existía la gran posibilidad que se verían involucrados en un acto sexual con su propia hija (Barclay, 90).  Cuando uno está rodeado de esta maldad, empieza a parecer normal – natural – fácil de defender.  Gente que vive bajo tales estándares son “siervos del pecado” y “libres acerca de la justicia.”

 

“¿Qué fruto (karpon), pues, teníais de aquellas cosas de las cuales ahora os avergonzáis? porque el fin de ellas es muerte” (v. 21).  Desafortunadamente, muchas traducciones ocultan la palabra karpon – fruto.  Pablo pregunta, ¿cuál es el fruto del pecado?  Un jardinero puede adivinar el fruto que crecerá de la simiente que planta.  Semillas de tomate rendirán fruto de tomate.  Un grano de maíz rendirá aún más maíz.  Así también, podemos predecir que el fruto rendido por esclavitud al pecado será la muerte, por lo que Pablo quiere decir la muerte espiritual – separación eterna de Dios.

Estos cristianos romanos habían sido siervos al pecado y hacían cosas “de las cuales ahora se avergüenzan” (v. 21).  No se avergonzaban en el momento, porque sus malas obras parecían normales – naturales – fáciles de defender.  Ahora, al ver sus antiguos pecados desde la perspectiva de redención, se avergüenzan de su previa conducta.

 

“Mas ahora, librados del pecado, y hechos siervos á Dios, tenéis por vuestro fruto (karpon) la santificación, y por fin la vida eterna” (v. 22).  En versículos 20-21, Pablo ha hablado de sus vidas antiguas en servicio al pecado.  “Mas ahora” (v. 22) marca un cambio – ahora, Pablo hablará de sus vidas nuevas en servicio a Dios.

 

Si el fruto de la simiente del pecado es la muerte, entonces el fruto de la simiente de Dios es la santidad y la vida eterna (véase v. 19 para una discusión de santidad).  Vida eterna incluye ambos cantidad y calidad de vida – vida sin fin vivida en presencia de Dios.  Comenzamos a experimentar la vida eterna al ser bautizados, pero debemos esperar hasta la resurrección para experimentar su pleno potencial.

 

“Porque la paga del pecado es muerte” (v. 23).  Pablo continúa con un contraste entre el pecado y Dios, pero pasa de una metáfora de agricultura (fruto) a una metáfora de finanzas (salario).  La persona que espera recibir su paga poniéndose en la cola del “pecado,” abrirá su sobre para encontrar un cheque marcado “Muerte.”  No se puede devolver, porque es un pago justo – muerte es el producto natural del pecado.  La persona que siembra simiente de “pecado” puede esperar que rinda fruto de “muerte.”  La persona que trabaja en una cadena de  montaje de “pecado” debe esperar ser pagado por la “muerte.”

 

Aunque no siempre es obvio en la vida (es decir, hay gente codiciosa vive en palacios), es suficientemente fácil ver que el pecado, por seguro, lleva a la muerte.  Esta relación de causa y efecto se manifiesta en las más obvias degradaciones de la vida – el abuso de drogas, embriaguez, prostitución, y otros comportamientos vulgares.  Aún así, el pecado es más que un mal comportamiento.  Pecado es el reino de Satanás, y nosotros elegimos vivir en ese reino y servir a su amo que nos lleva a malos comportamientos – y, finalmente, a nuestra muerte.

 

Claro, bien podríamos reclamar ser víctimas de una propaganda engañosa.  Como dice un proverbio escocés, “Las botas del diablo no crujen” – no avisan.  Tampoco “se acerca a un santo sugiriéndole cometer crímenes serios, sino que empieza con poco, con cosas casi inofensivas contra las que hasta un corazón de santo solo protestaría levemente” (Walter Farell).  El tentador anuncia el pecado como algo emocionante y glamoroso – disfraza lujuria de amor – nos persuade a pensar que la gente de Dios es aburrida y orgullosa – y nos dice que (al contrario de la advertencia de Dios), que no vamos a morir si comemos del fruto prohibido.

 

Desafortunadamente, que digamos que hemos sido engañados no constituye una defensa aceptable.  La advertencia de Dios que moriremos si comemos del fruto prohibido sobrepasa la promesa del tentador que no moriremos al hacerlo.  Si sembramos simiente de pecado, sembraremos fruto de muerte.  Si obramos en el taller del pecado, podemos esperar que nuestra paga venga de la muerte.  Si pasamos la vida alimentando al monstruo del pecado, hemos de esperar que nos consuma.

 

“mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (v. 23).  Después de oír que el pecado se paga con la muerte, esperamos oír que la paga del servicio a Dios es la vida.  Sin embargo, eso no es lo que Pablo quiere decir.  A lo largo de esta epístola enfatiza que no podemos ganar la vida eterna, sino que debemos recibirla como don de Dios.  De nuevo nos recuerda que la vida eterna es “dádiva de Dios.”

 

Ésas son Buenas Noticias, particularmente para los que han pasado muchos años sirviendo al pecado.  Significa que no importa cuan profundo sea el hoyo en que hemos caído o cuan poco tiempo queda para ser redimidos.  Una vez que pasamos del lado del pecado al lado de Dios, Dios hace el cheque requerido para redimirnos, sin importar lo grande que sea.  Efectivamente, Cristo ha hecho eso en la cruz.  Ha pagado el precio, y no se requiere ningún precio adicional.

 

Pero la dádiva es también una Buena Noticia para los que nos criamos con la iglesia y que hemos conocido a Cristo toda la vida.  A lo largo de la vida, podemos contar con que Cristo nos ayudará a evitar los hoyos infernales del pecado.  Y cuando el tentador no recibe lo mejor de nosotros, podemos estar seguros que Cristo nos redimirá.

 

 

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada en http://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html.  Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

 

 

BIBLIOGRAPHY:

 

Barclay, William, The Daily Study Bible:  The Letter to the Romanos (Edinburgh:  The Saint Andrew Press, 1975)

 

Craddock, Fred B.; Hayes, John H.; Holladay, Carl R.; and Tucker, Gene M., Preaching Through the Christian Year, A (Valley Forge:  Trinity Press International, 1992)

 

Dunn, James D. G., Word Biblical Commentary: Romanos 1-8, Vol. 38A (Dallas: Word Books, 1988)

 

Gaventa, Beverly R. in Brueggemann, Walter; Cousar, Charles B.; Gaventa, Beverly R.; and Newsome, James D., Texts for Preaching:  A Lectionary Commentary Based on the NRSV -- Year A (Louisville:  Westminster John Knox Press, 1995)

 

Hunsinger, George, in Van Harn, Roger E. (ed.), The Lectionary Commentary: The Second Readings:  Acts and the Epistles (Grand Rapids:  William B. Eerdmans Publishing Company, 2001)

 

Moo, Douglas, The New International Commentary on the New Testament:  Romanos (Grand Rapids:  William B. Eerdmans Publishing Co., 1996)

 

Morris, Leon, The Epistle to the Romanos (Grand Rapids, Michigan: William B. Eerdman’s Publishing Co, 1988)

 

Mounce, Robert H., The New American Commentary: Romanos, (Broadman & Holman Publishers, 1995)

 

Wright, N. Thomas, The New Interpreter's Bible:  Acts, Romanos, 1 Corinthians, Vol. X (Nashville:  Abingdon Press, 2002)

 

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Copyright 2005, Richard Niell Donovan