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RECURSOS PARA PREDICAR

Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

 

 

PASAJE BÍBLICO:     Hechos 8:14-17

 

 

EXÉGESIS:     

 

EL CONTEXTO:

 

Saulo perseguía la iglesia (8:1-3), y “los que fueron esparcidos, iban por todas partes anunciando la palabra” (8:4).  Felipe fue a la ciudad de Samaria, donde proclamó al Mesías y donde las multitudes respondieron con anticipación (8:5-6).

 

Felipe el evangelista era uno de los “siete varones de vosotros de buen testimonio, llenos de Espíritu Santo y de sabiduría,” que antes había sido seleccionado para ayudar a los apóstoles con la administración diaria de la iglesia (6:1-7).  Hoy se le recuerda mayormente como el que proclamó las buenas noticias de Jesús al eunuco etíope y, cuando el eunuco respondió positivamente, le bautizó (8:26-40).  Más adelante se le menciona como el anfitrión de Pablo en Cesarea (21:8).

 

Pero volvamos a Samaria.  Allí, Felipe exorcizó muchos espíritus impuros y curó a muchos otros de sus enfermedades.  Hasta el mago Simón, asombrado por los milagros que Felipe obraba, se hizo creyente y fue bautizado (8:13) – aunque su fe resultó ser bastante inmadura (8:14-24).  Muchos otros también fueron bautizados allí (8:12).

 

 

BAUTISTA Y EL DON DEL ESPÍRITU SANTO EN HECHOS

 

Uno de los fundamentos de mi denominación es el texto de Hechos 2:38, donde Pedro habló a la multitud de Pentecostés diciendo,

 

“Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros

en el nombre de Jesucristo

para perdón de los pecados;

y recibiréis el don del Espíritu.”

 

Durante mi preparación para el ministerio, ese versículo estaba grabado en mi corazón.  En pocas palabras resume lo que debemos hacer (arrepentirnos y ser bautizados) y lo que podemos esperar a cambio (el perdón y el don del Espíritu Santo).  Con estas palabras de causa y efecto, el arrepentimiento y el bautizo (causa) producen el perdón y el don del Espíritu (efecto).  Hechos 2:38 nos tranquiliza con una formula simple que cualquiera puede entender.

No obstante, al examinar el Libro de Hechos (y la Gran Comisión en el Evangelio de Mateo), no tardamos mucho en entrar en cosas menos simples y menos claras.

 

Por ejemplo, miremos la Gran Comisión.  Jesús encargó a sus discípulos:

 

“Por tanto, id, y doctrinad á todos los Gentiles,

bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo:

Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado:

y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días,

hasta el fin del mundo” (Mateo 28:19-20).

 

Como resultado de esto, muchas iglesias hoy bautizan en el nombre del Padre y del Hijo, y del Espíritu Santo.  Sin embargo, en el libro de Hechos, los discípulos bautizaban solo en el nombre de Jesús (2:38; 8:16; 10:48; 19:5).

 

También debemos anotar que la Gran Comisión no menciona el arrepentimiento, el perdón, o el don del Espíritu Santo.

 

El Día de Pentecostés, los discípulos “fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron á hablar en otras lenguas, como el Espíritu les daba que hablasen” (2:4).  No se menciona el arrepentimiento, el bautizo, ni la imposición de las manos.

 

Entonces tenemos la historia de Felipe, que bautizaba “en el nombre de Jesús” (8:12).  No obstante, ese bautizo no transmitía el don del Espíritu Santo (8:16).  Si hemos de tomar Hechos 2:38 como nuestro modelo, esperaríamos aprender que su defecto era la falta del arrepentimiento, y que el remedio sería el arrepentirse.  No obstante, el arrepentimiento no se menciona.  En vez, Pedro y Juan impusieron sus manos sobre ellos y recibieron el Espíritu Santo (8:17).

 

Entonces tenemos la historia de Felipe bautizando al eunuco etíope (8:26-39).  Tampoco se menciona el arrepentimiento, el perdón de los pecados, ni el don del Espíritu.

 

Entonces tenemos la historia de Saulo, que fue “lleno de Espíritu Santo” cuando Ananías le impuso las manos (Hechos 9:12, 17).  Poco después, Saulo fue bautizado (9:18).  El orden de estas acciones está al revés.  El Espíritu vino con la imposición de las manos de Ananías y antes del bautizo.  No se menciona arrepentimiento ni perdón de los pecados, aunque el comportamiento de Saulo – que ayunó durante tres días  (9:9) – puede sugerir arrepentimiento.

 

Esta secuencia invertida (el don del Espíritu antes que el bautizo) se repite en la historia de Pedro y el centurión romano, Cornelio, y los amigos de Cornelio.  En esa historia, Pedro concluyó un breve sermón diciendo, “A éste (Jesús) dan testimonio todos los profetas, de que todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre” (10:43).  Entonces Lucas dice, “Estando aun hablando Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el sermón” (10:44).  Esto fue aparente para “los fieles que eran de la circuncisión, que habían venido con Pedro” (10:45), porque Cornelio y sus amigos “hablaban en lenguas, y que magnificaban á Dios” (10:46).  Pedro, en respuesta a esta obvia obra de Dios, dijo, “¿Puede alguno impedir el agua, para que no sean bautizados éstos que han recibido el Espíritu Santo también como nosotros?” (10:47).  “Y les mandó (Pedro) bautizar en el nombre del Señor Jesús” (10:48).  No se menciona el arrepentimiento ni la imposición de manos, pero Pedro sí menciona el perdón de los pecados (10:43).

 

Entonces tenemos la historia de la gente que fue bautizada por el bautizo de Juan, pero que no recibió el Espíritu Santo (19:2-3).  Pablo les volvió a bautizar “en el nombre del Señor Jesús” (19:5) – la única vez en el libro de Hechos que se bautiza por segunda vez – pero no recibieron el don del Espíritu Santo al ser bautizados de nuevo.  No fue hasta que Pablo puso las manos sobre ellos que recibieron el Espíritu y hablaron en lenguas (19:6).  En esta historia, aunque Pablo dijera, “Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento” (19:4), no declaró la necesidad de arrepentirse ni ninguna promesa del perdón.

 

¿Qué se puede concluir de estos textos?

 

• Primero, Jesús les dijo a los apóstoles que bautizaran en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, pero la temprana iglesia (por lo menos en los relatos de Lucas en los Hechos de los Apóstoles) bautizaba en nombre de Jesús.

 

• Segundo, los apóstoles consideraban que el bautizo en nombre de Jesús y el don del Espíritu Santo como elementos esenciales para la experiencia cristiana.

 

• Tercero, la fe, el arrepentimiento, el perdón de los pecados, la imposición de las manos, el don del Espíritu Santo, y el don de lenguas están todos relacionados con la experiencia del bautismo, pero no por medio de una fórmula estandarizada.  Cada historia tiene su propia mezcla y secuencia de elementos.

 

• Cuarto, el don del Espíritu Santo es algo que solo Dios puede dar, y Dios concede el Espíritu como quiera.  Nuestro arrepentimiento y bautizo son importantes, pero no le obligan a Dios a tomar una decisión particular bajo un horario particular.  En las palabras de Jesús, “El viento (griego: pneuma – viento o Espíritu) de donde quiere sopla” (Juan 3:8).

 

 

VERSÍCULO 14: LOS APÓSTOLES EN JERUSALÉN ENVIARON Á PEDRO Y Á JUAN

 

14Y los apóstoles que estaban en Jerusalén, habiendo oído que Samaria había recibido la palabra de Dios, les enviaron á Pedro y á Juan.

 

 

“Y los apóstoles que estaban en Jerusalén, habiendo oído que Samaria había recibido la palabra de Dios” (v. 14a).  Samaria es la región entre Judea (al sur) y Galilea (al norte).  Para entender la relación entre Jerusalén y Samaria, primero hay que saber algo de la historia de Samaria.  En el siglo ocho a.C., Asiria conquistó Samaria y exilió la mayor parte de sus habitantes, reemplazándoles con gente de Cutha, Ava, Hamath, y Sepharvaim (2 Reyes 17:24) –esencialmente repoblando la zona con gente que no fuera judía.

 

A pesar de eso, algunos samaritanos permanecieron fieles a Yahvé (Jeremías 41:5), y ofrecieron su ayuda a Zorobabel para reconstruir el templo después del Exilio Babilónico.  Pero Zorobabel respondió, “No nos conviene edificar con vosotros casa á nuestro Dios” (Esdras 4:3) – así enemistando a los samaritanos e iniciando un periodo de hostilidad entre Samaria y Judea que continúa a lo largo del Nuevo Testamento.

 

Pero Jesús no enemistó a los samaritanos.  Hizo de Samaria el héroe de una de sus más famosas parábolas (Lucas 10:29-37).  Mientras viajaba por Samaria, Jesús sanó a diez leprosos (Lucas 17:11-19).  Habló con una mujer samaritana y le cambió la vida para lo mejor (Juan 4:4-41).  También, especificó Samaria como el primer lugar fuera de territorio judío al que los discípulos debían llevar el Evangelio (Hechos 1:8).

 

les enviaron á Pedro y á Juan” (v. 14b).  La iglesia de Jerusalén es la iglesia madre, y los apóstoles constituyen el eje de su liderazgo.  Lucas no especifica el motivo de mandar a Pedro y Juan a Samaria, pero existen por lo menos tres posibilidades:

 

• Primero, querrían verificar que los nuevos creyentes en Samaria estaban bien enraizados en la fe.

 

• Segundo, querrían ofrecer su ayuda en lo que fuera necesario.

 

• Tercero, querrían demostrar su aceptación de los creyentes samaritanos como miembros y compañeros en la iglesia.  No se debe permitir que la brecha que había existido durante años entre Judea y Samaria defina la relación entre cristianos en Judea y cristianos en Samaria.

 

Es interesante que Juan sea uno de los discípulos enviados a Samaria.  Antes, él y su hermano Santiago habían viajado con Jesús por Samaria camino a Jerusalén.  Los samaritanos “no le recibieron, porque era su traza de ir á Jerusalén” (Lucas 9:53).  Santiago y Juan respondieron, preguntándole a Jesús, “Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, y los consuma?” (Lucas 9:54) – una oferta que resultó en el reproche de Jesús (Lucas 9:55).

 

Hemos visto a Pedro y a Juan juntos en varias ocasiones (3:1, 3-4, 11; 4:1, 13, 19), pero ésta es la última vez que aparecen juntos en el Libro de Hechos.

 

 

VERSÍCULOS 15-16: PEDRO Y JUAN ORARON POR ELLOS

 

15Los cuales venidos, oraron por ellos, para que recibiesen el Espíritu Santo; 16(Porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos, mas solamente eran bautizados en el nombre de Jesús.)

 

 

No sabemos por qué estos creyentes aún no han recibido el Espíritu Santo.  No significa que hubiera algo malo con el evangelismo de Felipe ni que la creencia de los samaritanos tuviera algún defecto.  Han sido bautizados “en el nombre del Señor Jesús” – como generalmente se bautiza libro de Hechos.  Todo parece estar en orden – con la excepción de que todavía no han recibido el Espíritu Santo a pesar de haber hecho todo bien.

 

Tampoco se nos dice cómo se manifiesta este hecho.  Quizá los apóstoles buscan alguna confirmación – posiblemente el hablar en lenguas.

Pero es probable que Dios guardara el Espíritu para darles a estos apóstoles de Jerusalén la oportunidad de traer su ministerio personal a los samaritanos que, hasta hacía muy poco, los apóstoles habían considerado forma inferior de vida.

 

“mas solamente eran bautizados en el nombre de Jesús” (v. 16b).  En aquella cultura, gente creía que el nombre era más que la simple identificación de una persona.  Creían que parte de la identidad de esa persona residía en el nombre – que el nombre expresaba algo de su identidad.  También creían que el nombre poseía algo del poder de la persona que antes lo llevó.

 

 

VERSÍCULO 17: Y RECIBIERON EL ESPÍRITU SANTO

 

17Entonces les impusieron las manos, y recibieron el Espíritu Santo.

 

 

“Entonces les impusieron las manos” (v. 17a).  El pueblo judío practicaba la imposición de manos para transmitir autoridad o poder.  En el Antiguo Testamento, Moisés impuso las manos sobre Josué para comisionarle (Números 27:18-23).  En el Nuevo Testamento, los apóstoles imponían las manos sobre las personas que curaban (Mateo 9:18; Hechos 28:8), para transmitir el Espíritu Santo (Hechos 8:17; 19:6), y para comisionar a alguien para alguna obra en particular (Hechos 6:6; 13:3; 2 Timoteo 1:6).

 

En este caso, la imposición de manos tiene otra connotación especial.  Muestra que estos apóstoles de Jerusalén consideran que estos creyentes samaritanos son dignos de recibir dones espirituales.

 

“y recibieron el Espíritu Santo” (v. 17b).  No dice cuánta gente recibió el Espíritu Santo, pero ese dato se habría manifestado de manera visible, como en el hablar en lenguas.  Simón, el mago, estaba tan impresionado que les ofreció dinero a los apóstoles si le concedían el poder de transmitir el Espíritu Santo a través de la imposición de manos – una oferta que los apóstoles rechazaron rotundamente (8:18-24).

 

 

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada en http://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html.  Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

 

 

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www.sermonwriter.com

 

www.lectionary.org

 

Copyright 2010, Richard Niell Donovan