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RECURSOS PARA PREDICAR

Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

 

 

 

PASAJE BÍBLICO:     Hechos 2:1-21

 

 

EXÉGESIS:     

 

HECHOS DE LOS APÓSTOLES DE LUCAS: PENTECOSTÉS EN EL CONTEXTO DE LOS HECHOS DE LOS APÓSTOLES DE LUCAS

 

Lucas escribió ambos el Evangelio de Lucas y los Hechos de los Apóstoles – el Evangelio siendo la historia de Jesús y Actos siendo la historia de la temprana iglesia.  Es una lástima que los dos libros estén separados en el Nuevo Testamento por el Evangelio de Juan, porque si pusiéramos los Hechos directamente después de Lucas nos ayudaría a ver como luyen uno al otro –como los Hechos de los Apóstoles sigue donde termina el Evangelio de Lucas.  Esto es significante para la historia de Pentecostés, porque el primer Pentecostés cristiano está profundamente enraizado en el Evangelio de Lucas:

 

• Podemos pensar que el primer Pentecostés cristiano empezó, no con las palabras, “Y como se cumplieron los días de Pentecostés” (Hechos 1:1), sino con las palabras del ángel a María, “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la virtud del Altísimo te hará sombra” (Lucas 1:35).  El Espíritu responsable por el nacimiento de Jesús es también responsable por el nacimiento de la iglesia.  El nacimiento de la iglesia en Hechos 1-2 paralela el nacimiento de Jesús en Lucas 1-2.

 

• El regalo del Espíritu Santo en Hechos 2 cumple la profecía de Juan Bautista en el Evangelio de Lucas, “Os bautizará en Espíritu Santo y fuego” (Lucas 3:16).

 

• El Espíritu que llena a los discípulos (Hechos 2:4) es el mismo Espíritu que descendió sobre Jesús en su bautizo (Lucas 3:22).

 

• Jesús comenzó su ministerio lleno del Espíritu (Lucas 4:1), igual que la iglesia (Hechos 2:4, 38).

 

• Jesús les dijo a los discípulos que no se preocuparan sobre qué dirían cuando aparecieran frente las autoridades, porque el Espíritu les enseñaría (Lucas 10:11-12) – una profecía que veremos cumplida en Hechos (4:8, 5:29-32; 6:10; 7:1-55; 13:46-47; 16:35-39; 21:37 – 22:39; 23:6-10; 24:10-21; 25:1-12; 26:1-32; 28:23-30).

 

 

CAPÍTULO 2: JUNTOS EN UN LUGAR

 

Pentecostés es el día que la iglesia celebra su nacimiento y el regalo del Espíritu Santo.

 

La lectura para esta semana (vv. 1-21) es la primera mitad de la historia de Pentecostés, e incluye la primera parte del sermón de Pedro.  Los versículos subsiguientes (vv. 22-36) contienen el resto del sermón, y concluye con la acusación, “Sepa pues ciertísimamente toda la casa de Israel, que a éste Jesús que vosotros crucificasteis, Dios ha hecho Señor y Cristo.  Entonces oído esto, fueron compungidos de corazón, y dijeron a Pedro y á los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?  Y Pedro les dice: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.  Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare” (vv. 38-39).  Tres mil personas responden a esta invitación y son bautizadas (v. 41).  Nuestra lectura para esta semana no incluye “el resto de la historia,” como diría Paul Harvey, pero no podemos serle justos a esta lectura si no sabemos adónde va la historia.

 

Al ocurrir este sermón, Pedro aún no está convencido de traer gentiles a la iglesia excepto a prosélitos (véase Hechos 10).  Sin embargo, en v. 17 y 39, dice más de lo que sabe.  La iglesia pronto se abrirá a “toda carne” (v. 17) – a “para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare” (v. 39) – a judíos y gentiles, mujeres y hombres, negros y blancos, esclavos y aquéllos en libertad.  En ese momento, Pedro pretende que su sermón sea solo para judíos – judíos de todo el mundo, incluyendo prosélitos – pero solo judíos.

 

 

VERSÍCULOS 1-4: VIENTO Y FUEGO

 

1Y como se cumplieron los días de Pentecostés (griego: sumplerousthai – fueron cumplidos),  estaban todos unánimes juntos; 2Y de repente vino un estruendo del cielo como de un viento recio que corría (griego: pnoes – viento, aliento), el cual hinchió toda la casa donde estaban sentados; 3Y se les aparecieron lenguas repartidas (griego: glossai), como de fuego, que se asentaron sobre cada uno de ellos.  4Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas (griego: glossais), como el Espíritu les daba que hablasen.

 

 

Lucas empezó su Evangelio con la historia del nacimiento de Jesús.  Empieza el libro de Hechos con la historia del nacimiento de la iglesia.  Primero vino el Mesías; ahora viene el Espíritu Santo.

 

“Y como se cumplieron los días de Pentecostés (griego: sumplerousthai – fueron cumplidos)” (v. 1).  El “cumplimento” es importante aquí.  Jesús prometió, “Seréis bautizados con el Espíritu Santo no muchos días después de estos” (Hechos 1:5).  Ahora, su promesa está cumplida.

 

Pentecostés también es conocido como el Festival de la Cosecha.  “No es accidental, por supuesto, que el nacimiento de la iglesia, esta gran ‘cosecha’ de almas, ocurriera en este importante festival” (Cousar, 329).

 

Pentecostés también es conocido como el Festival de Semanas.  Lev. 23:15-21 requiere que judíos observen el Festival de Semanas cincuenta días después de ofrecer la gavilla de cebada en el Festival del Pan Ácimo.  Específicamente, “Hasta el siguiente día del sábado séptimo

contaréis cincuenta días; entonces ofreceréis nuevo presente a Jehová” (Lev. 23:16).  Así fue como el festival se llegó a conocer como el Festival de Semanas porque, al contar, eran siete sábados – siete semanas – una semana de semanas.  Num. 28:26-31 y Deut. 16:9-12 proporcionan detalles de las ofrendas que serían ofrecidas y las personas que se deberían incluir.

 

La palabra griega “Pentecostés” significa cincuenta.  Esto refleja el contar los cincuenta días.  Es uno de tres grandes festivales de peregrinación (los otros dos son la Pascua y el Festival de Tabernáculos), al que los judíos que viven cerca de Jerusalén deben asistir y al que judíos de otras naciones peregrinan como pueden.  Tanto como 180,000 personas asisten, dos-tercios de ellas son extranjeros.

 

Eruditos creen que, en algún momento, Pentecostés se convirtió “principalmente en una celebración del regalo de la Ley de Moisés al pueblo de Israel, (recordándole al pueblo judío) del intervalo de cincuenta días entre la Pascua en Egipto y el regalar la ley en el Monte de Sinaí” (Walaskay, 34) – pero es incierto si este significado prevalecía en el tiempo del primer Pentecostés cristiano.  Paralelos entre la experiencia de Moisés y el primer Pentecostés cristiano incluyen:

 

- El viento y fuego de Pentecostés paralelan los truenos y relámpagos de Sinaí (Hechos 2:2-3; Exod. 19:16).

 

- Pedro paralela Moisés como el portavoz de Dios (Hechos 2.14-40); Éxodos 31:12).

 

- El hablar en lenguas, inspirado por el Espíritu, por parte de 120 discípulos en Pentecostés paralela el regalo de Dios del Espíritu en Sinaí a los Setenta que profesaron (Hechos 2:1-4; Num. 11:16-30).

 

- “En ambas ocasiones, hay un énfasis en la salvación del Señor y la oferta de una nueva relación entre el Señor y el pueblo (2:21, 38-39; Éxodos 19:4-6)” (Faw).

 

Estos eventos toman lugar en Jerusalén.  “Para Lucas, Jerusalén no es solamente un lugar geográfico, pero también tiene significado teológico; es el lugar de la tentación (Lucas 4:9-13) y de la muerte (Lucas 9:31; 13:33; 18:31-32).  Entonces, el camino de Jesús es hacia Jerusalén, donde sufre, muere, y resucita... En contraste, el camino de la iglesia es desde Jerusalén hacia Roma (Hechos 1:8)” (Randolph y Kingsbury, 3).  La gente que está reunida en 2:1 son, supuestamente, los 120 discípulos mencionados en 1:15.  La mención de una casa en 2:2 sugiere la posibilidad de que hayan regresado al cuarto de arriba.  Si es así, está claro que van afuera para predicarle a la muchedumbre.

 

“Y de repente vino un estruendo del cielo como de un viento recio que corría.... Y se les aparecieron lenguas repartidas (griego: glossai), como de fuego, que se asentaron sobre cada uno de ellos.  Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas (griego: glossais), como el Espíritu les daba que hablasen” (vv. 2-4).  Después de la crucifixión, muchos cristianos se retiraron para esconderse y esperaron silenciosos que Dios actuara.  ¡Ahora la hora ha llegado! ¡Los cielos rugen! ¡El fuego arde! ¡El Espíritu de Dios llena! ¡Los discípulos predican! ¡Muchedumbres se preguntan! “El primer regalo del Espíritu es el don del habla, la habilidad de hablar en idiomas diferentes..., y el primer fruto del Espíritu es el don de proclamación” (Willimon, 30).

 

Anote el juego de palabras en vv. 3-4 entre lenguas (glossai) de fuego y el hablar en otras lenguas (glossais) – una sutileza a menudo escondida en la traducción.

 

Viento y fuego, dos grandes símbolos de Pentecostés, testifican de la presencia de Dios entre estos discípulos:

 

• “Vino un ruido como una ráfaga de viento repentino (griego: pnoes – viento o aliento)” (v. 2).  Durante la creación del mundo, “el Señor formó al hombre del polvo de la tierra, y respiró en su nariz aliento de vida; y el hombre se hizo un ser viviente” (Gen. 2:7).  Entonces, Dios respiró su aliento sobre Israel, el primer pueblo de Dios, y sus huesos muertos revivieron (Ezekiel 37:7-10).  Ahora, en Pentecostés, el gran viento/aliento de Dios respira vida en el nuevo pueblo de Dios – la iglesia.

 

• “Y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, que se asentaron sobre cada uno de ellos” (v. 3).  En el Antiguo Testamento, Dios demostró su presencia como “dejóse ver un horno humeando, y una antorcha de fuego” (Gen. 15:17) – y “una llama de fuego en medio de una zarza” (Éxodos 3:2-6) – y “una columna de fuego” (Éxodos 13:21) – y humo y fuego en Sinaí (Éxodos 19:18) – y “un fuego abrasador” (Éxodos 24:17).  Dios usó fuego para demostrar su poder y la impotencia de los profetas de Baal – y para declarar sentencia sobre los profetas de Baal (1 Reyes 18:17-40).  Dios usó fuego para declarar sentencia sobre Sodomón y Gomera (Gen. 19:24) – y Egipto (Éxodos 9:23-24) – y sobre los israelitas que construyeron la baquilla de oro (Éxodos 32:20).  Dios también le instruyó a Israel que hiciera ofrendas quemadas de fuego para reparar sus pecados (Éxodos 29:18).  Ahora, en Pentecostés, lenguas de fuego acercan la muchedumbre a los discípulos y al mensaje que proclamanLenguas de fuego y hablar en lenguas son milagros que proclaman la presencia de Dios y validan el estatus de los discípulos como gente de Dios – sirviendo el gusto de Dios y por el poder de Dios.

 

Pedro será el gran predicador este día, pero anote el énfasis en la comunidad de fe.  “Estaban todos unánimes juntos” (v. 1).  “Lenguas repartidas se asentaron sobre cada uno de ellos” (v. 3).  “Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas” (v. 4).  El regalo del Espíritu no es un regalo solo para creyentes especiales, sino que es un regalo para todos los que están dentro de la comunidad de creyentes.  El ejemplo de esos primeros discípulos en Pentecostés nos ofrece lecciones para hoy:

 

• Pedro y los demás discípulos aprendieron las escrituras a una temprana edad.  Esto le da más autoridad y profundidad a su proclamación.  La iglesia hoy tiene la responsabilidad de enseñarles las escrituras a niños y adultos.  En los últimos años, a menudo hemos actuado como si fuera más importante enseñar los principios derivados de las historias bíblicas en vez de las historias mismas, pero, necesitamos recuperar un profundo respeto por las historias y asegurarnos de que nuestros niños las conocen.  También, en los últimos años hemos usado la frase ‘estudio bíblico’ para referirnos a cualquier tipo de estudio – el estudio de cualquier libro por algún autor cristiano – el estudio de libros como Creer y adelgazar.  Raras veces nuestros estudios bíblicos tienen algo que ver con la Biblia.

 

• El Espíritu que le dio vida al primer Pentecostés cristiano continúa dándole vida a la iglesia hoy.

 

• La respuesta de la temprana iglesia a su bautizo fue dedicarse “Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, y en la comunión, y en el partimiento del pan, y en las oraciones” (2:42).  Esto sirve de modelo de cuatro puntos, excelente para el programa de la iglesia hoy.

 

• Los discípulos salieron de las puertas cerradas para encontrar a la gente donde estaba.  Así, la iglesia hoy debe salir de sus santuarios y confrontar a la gente donde vive.

 

Hablar en “otras lenguas” en Pentecostés es diferente al hablar en lenguas que Pablo describió en sus epístolas:

 

• En Pentecostés, el propósito de hablar en otras lenguas es la comunicación, el hacer posible que cada persona comprenda en su propia lengua.  No requiere interpretación.  No existe documentación de que los apóstoles usaran este don en otra parte de su obra misionaria, seguramente porque no es necesaria.  La mayoría de los judíos hablaba y/o comprendía arameo y griego.

 

• El ‘hablar en lenguas’ al que Pablo se refiere es el habla extática que impide comunicación a no ser que se proporcione un interprete (1 Cor. 12-14).  Pablo lo ve como un don legítimo, pero no como el mejor regalo y, por supuesto, no tan esencial (1 Cor. 13:1).

 

• “Las ‘otras’ lenguas de Pentecostés y el don de lenguas que más tarde fueron proporcionados a los creyentes tienen esto en común: ambos requerían una entrega llena de Espíritu” (Ogilvie, 65).

 

La cuestión es si Pentecostés se trata del milagro de hablar, oír, o ambos.  Lucas nos dice que “Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, como el Espíritu les daba que hablasen” (v. 4), entonces, parece que se trata de un milagro de hablar.  “Cada uno les oía hablar su propia lengua” (v. 6) sugiere que podía haber sido un milagro de oír también.

 

“La iglesia de Cristo todavía habla en muchas lenguas, y aunque su habla ya no es normalmente de carácter supernatural que marcó el día de Pentecostés, el mensaje es el mismo – las grandezas de Dios” (Bruce, 53).

 

 

VERSÍCULOS 5-13: LA LENGUA NATIVA DE CADA UNO

 

5Moraban entonces en Jerusalén Judíos, varones religiosos, de todas las naciones debajo del cielo.  6Y hecho este estruendo, juntóse la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar su propia lengua.  7Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: He aquí ¿no son Galileos todos estos que hablan?  8¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en que somos nacidos?  9Partos y Medos, y Elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea y en Capadocia, en el Ponto y en Asia, 10En Phrygia y Pamphylia, en Egipto y en las partes de África que está de la otra parte de Cirene, y Romanos extranjeros, tanto Judíos como convertidos, 11Cretenses y Árabes, les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios.  12Y estaban todos atónitos y perplejos, diciendo los unos á los otros: ¿Qué quiere ser esto? 13Mas otros burlándose, decían: Que están llenos de mosto.

 

 

Esta primera llamada a ser discípulos toma lugar para “Judíos, varones religiosos, de todas las naciones debajo del cielo” (v. 5).  La hora llegará cuando Pedro proclamará Cristo a los gentiles, pero la primera llamada es para judíos (Rom. 1:16; 2:9).  “Judíos ocupan el lugar central en el mundo narrativo de Lucas; por esta razón, debemos estar alertos a las sutilezas de su uso aquí.  En particular, ellos son judíos ‘piadosos’” (Wall, 55-56).

 

“Cada uno les oía hablar su propia lengua” (v. 6).  Pentecostés reversa el maleficio de la historia de Babel, en la cual “Confundió Jehová el lenguaje de toda la tierra, y desde allí los esparció sobre la faz de toda la tierra” (Gen. 11:9).

 

Asombrados, la gente preguntó, “He aquí ¿no son "Galileos todos estos que hablan?” (v. 7).  Judea, hogar de Jerusalén, es urbana, pero Galilea está en ‘los palos.’  La muchedumbre no espera un lenguaje sofisticado de los galileos, pero eso es lo que se encuentran.  “El lenguaje del Espíritu no se comunica con perfecta o celestial dicción, libre de todo rasgo de identidad humana; es el lenguaje de los particulares grupos humanos, hablado en su idioma” (Wall, 58).

 

Como el ruido del viento y las llamas de fuego, estas lenguas atraen la atención de la gente – reúnen a las masas.  Hay algo conmovedor de oír su propio idioma mientras se encuentra lejos de su hogar.  Sus oídos se afilan al oír a los discípulos hablar en la vernácula de su pueblo.

 

Lucas nos dice que la muchedumbre se ha reunido “de todas las naciones debajo del cielo” (v. 5), y nombra las naciones.  Varias de ellas están ubicadas en la zona que hoy es Turquía o Irak.  Dos de ellas, Egipto y Libia, están en el norte de África.  Creta es una isla en el Mediterráneo.  Menciona Judea, la provincia donde se encuentra Jerusalén, y Roma.  También menciona árabes, que vendrían del este y el sur.  Para ver la cantidad de naciones involucradas, mire un mapa moderno de la zona.  Empiece con Roma, y siga hacia el este hasta Turquía – después, siga hacia el sur y el este por Irak y Arabia Saudita – después, siga hacia el oeste por Egipto y Libia – y después, siga hacia el norte a través del Mediterráneo hasta Roma.  Verá que ha calcado un círculo con Judea y Jerusalén en el centro.

 

Todos están asombrados de oír sus propias lenguas.  Está claro que comprenden, porque hablan de un mensaje de “las maravillas de Dios” (v. 11).  Sin embargo, aunque comprendan el lenguaje, no están seguros de su significado (v. 12).

 

Algunos se burlan de los discípulos, diciendo, “Están llenos de mosto” (v. 13) – jugo de uva sin fermentar – vino sin alcohol.  Sus burlas menosprecian a los discípulos e intentan disminuir su autoridad.

 

 

VERSÍCULOS 14-15: OÍD MIS PALABRAS

 

14Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó su voz, y hablóles diciendo: Varones Judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras.  15Porque éstos no están borrachos, como vosotros pensáis, siendo la hora tercia del día.

 

 

Es interesante que sea Pedro el que predica en esta gran ocasión.  Solo siete semanas antes, él negó a Cristo tres veces (Lucas 22:56-62).  Durante esas siete semanas, Pedro y los demás discípulos fueron transformados por sus encuentros con el Cristo resucitado.  Ahora, en Jerusalén, Pedro y los discípulos están llenos del Espíritu Santo.  El Espíritu es el poder detrás de este sermón.  El Espíritu es responsable por la abrumadora respuesta de la muchedumbre.

 

“Porque éstos no están borrachos, como vosotros pensáis, siendo la hora tercia del día” (v. 15).  Pedro desvía humor con humor, diciendo que es demasiado temprano en el día para estar borracho.  Ésta es “la hora del rezo de la mañana, antes de la cual un judío no podría comer” – mucho menos emborracharse (Macgregor, 43).

 

 

VERSÍCULOS 16-21: HABLADO POR MEDIO DEL PROFETA

 

16Mas esto es lo que fue dicho por el profeta Joel:

 

17Y será en los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; y vuestros mancebos verán visiones, y vuestros viejos soñarán sueños: 18Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días Derramaré de mi Espíritu, y profetizarán.  19Y daré prodigios arriba en el cielo, y señales abajo en la tierra, Sangre y fuego y vapor de humo: 20El sol se volverá en tinieblas, y la luna en sangre, Antes que venga el día del Señor, Grande y manifiesto; 21Y será que todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.

 

 

Pedro cita Joel 2:28-32, donde Joel profetizó que Dios derramaría su Espíritu “sobre toda carne” (v. 17).  Pedro vuelve a interpretar las palabras de Joel para señalar a la salvación que viene a “todo aquel que invocare el nombre del Señor” (v. 21).  “El propósito de todas estas manifestaciones de poder divino es abrir la puerta a la fe sin condición previa, para que cualquiera que invoque la autoridad del Señor o dirija una petición en su nombre viva renovación y transformación” (Kee y Gomes, 9).

 

“En los postreros días” (v. 17).  “Los ‘postreros días’ empezaron con la aparición de Cristo en la tierra y serán consumados con su reaparición; son los días en que la edad venidera entra en la edad presente.  Por eso vemos la seguridad con la que Pedro cita las palabras del profeta y declara ‘Éste es el momento’” (Bruce, 61).

 

“Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne” (v. 17).  Estas palabras de Joel acogen un ancho espectro de gente – toda carne – sus hijos e hijas – sus jóvenes y ancianos – mis siervos, hombres y mujeres (vv. 17-18).  Cuando dice estas palabras, Pedro todavía es un judío dirigiéndose a judíos, y su visión no es tan ancha como lo que sugieren sus palabras.  En Pentecostés, Pedro cree que “todo aquel que invocare el nombre del Señor” (v. 21) significa solo los que aceptan la religión judía.  En capítulo 2 el Espíritu Santo le inspira a decir cosas que abren la puerta más de lo que él comprende.  Al pasar el tiempo, el Espíritu se estrechará a “toda carne,” incluyendo a los gentiles.  Pedro no comprenderá esto hasta pasar por su experiencia en el tejado en Hechos 10.  Literalmente, llevará un acto de Dios para ampliar su visión.

 

“Y será que todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo” (v. 21).  “Para Pedro el ‘Señor’ en el contexto de este sermón era Jesucristo.  Todo lo que siguió en el sermón – la muerte de Cristo, su resurrección, su exaltación – apuntaban en la misma dirección.  Quien invoque su nombre, quien le confiese como Señor, será salvado” (Pohill).

 

El cumplimiento de esta profecía empieza cuando tres mil personas invocan el nombre del Señor y son salvadas (v. 41).  Eso será solo el principio.  Estas tres mil almas son de “todas las naciones debajo del cielo” (v. 5).  La mayoría de ellos, probablemente unos dos mil, son peregrinos de otras tierras.  Regresarán a sus hogares, para siempre cambiados por su bautizo de Pentecostés.  La chispa que llevan en sus corazones difundirá el fuego de Pentecostés por todas partes.

 

El fuego continúa difundiéndose.  Varias iglesias de los Estados Unidos y de otras naciones occidentales mandan misionarios a países como Asia y África.  Ahora, coreanos están mandando misionarios a los Estados Unidos.  Viejas denominaciones se desvanecen, pero nuevas denominaciones surgen para tomar su lugar – y nuevos conversos revitalizan las viejas denominaciones.  A menudo cristianos se encuentran con grandes obstáculos, pero perseveran en que “Y será que todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo” (v. 21).

 

 

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada en http://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html.  Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).    

 

 

BIBLIOGRAFÍA:

 

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Cousar, Charles B.; Gaventa, Beverly R.; McCann, J. Clinton;  and Newsome, James D., Texts for Preaching: A Lectionary Commentary Based on the NRSV, Year C (Louisville:  Westminster John Knox Press, 1994)

Craddock, Fred B.; Hayes, John H.; Holliday, Carl R.; and Tucker, Gene M., Preaching Through the Christian Year, C (Valley Forge:  Trinity Press, 1994)

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Kee, Howard Clark and Gomes, Peter J., Proclamation 2, Pentecost 1, Series C  (Philadelphia:  Fortress Press, 1980)

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Walaskay, Paul, Westminster Bible Companion:  Acts, (Louisville:  Westminster John Knox Press, 1998)

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