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RECURSOS PARA PREDICAR

Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

 

 

PASAJE BÍBLICO:     Juan 21:1-19

 

 

EXÉGESIS:     

 

CAPÍTULOS 2-20: EPÍLOGO

 

Capítulo 20 cuenta la historia de la resurrección y las apariciones de Jesús a María y a los discípulos.  En 20:30-31, el Cuarto Evangelista declaró el propósito de este Evangelio y lo concluyó.  Generalmente, quienes comentan concuerdan que capítulo 21 es un epílogo, aunque “no existen pruebas de la circulación de la obra sin este capítulo” (Bruce, 398).

 

“Casi la quinta parte de la narrativa del Cuarto Evangelio (capítulos 13-17) está dedicada exclusivamente a las palabras de Jesús sobre el futuro de la comunidad de fe desde el momento de su glorificación… Las historias en Juan 21 pertenecen a este conjunto de preocupaciones teológicas” (O’Day, 863).

 

 

VERSÍCULOS 1-3: A PESCAR VOY

 

1Después se manifestó Jesús otra vez á sus discípulos en la mar de Tiberias; y manifestóse de esta manera. 2Estaban juntos Simón Pedro, y Tomás, llamado al Dídimo, y Natanael, el que era de Caná de Galilea, y los hijos de Zebedeo, y otros dos de sus discípulos. 3Díceles Simón: A pescar voy. Dícenle: Vamos nosotros también contigo. Fueron, y subieron en una barca; y aquella noche no cogieron nada.

 

 

“Después” (v. 1a).  Después de la resurrección (20:1-10), la aparición a María Magdalena (20:11-18), y la aparición a los discípulos (10:19-23) y a los discípulos y a Tomás (20:24-31).

 

“se manifestó Jesús otra vez á sus discípulos en la mar de Tiberias” (v. 1b).  El Mar de Tiberias es otro nombre para el Mar Galileo.  Jesús ha estado cerca de Jerusalén desde 7:10, por eso, esta transición a Galilea es abrupta. 

 

“Estaban juntos…” (v. 2a).  Se mencionan siete discípulos (v. 2) sin explicar por qué solo siete:

 

• Simón Pedro confesó a Jesús como “el Cristo, el Hijo de Dios viviente” (6:69), pero es conocido por haber negado a Jesús (18:15-18, 25-27).  Ha estado gravemente equivocado, pero después de la resurrección se convierte en un hombre diferente – el líder de los discípulos.

 

• Tomás es famoso por dudar la resurrección (20:25), pero cuando Jesús se le apareció, Tomás confesó, “¡Señor mío, y Dios mío!” (20:28).

 

• Natanael se menciona solo en este Evangelio, y es mejor conocido por sus dudas de que algo bueno pudiera salir de Nazarea (1:46) – pero después de conocer a Jesús Natanael confesó, “Rabí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel” (1:49).

 

• Los hijos de Zebedeo son mencionados frecuentemente en los Sinópticos, pero aquí solo en el Evangelio de Juan.  Se llaman Santiago y Juan.

 

“y otros dos” (v. 2).  Uno de ellos es “aquel discípulo, al cual amaba Jesús” (v. 7 – véase también 13:23; 19:26; 20:2; 21:7, 20).  Este Evangelio nunca nombra este discípulo, y varios eruditos creen que se trata del mismo autor de este Evangelio.

 

“Díceles Simón: A pescar voy. Dícenle: Vamos nosotros también contigo” (v. 3a).  En los Sinópticos, Jesús invita a Pedro y Andrés – ambos pescadores – a seguirle, prometiendo hacerles “pescadores de hombres” – o halieis anthropon (Mateo 4:19; Marcos 1:17).  Algunos eruditos sugieren que, volviendo a sus barcos, estos discípulos dan la espalda a su responsabilidad de ser halieis anthropon (pescadores de hombres).  Sin embargo, eso parece demasiado para este texto.  Personas tienen que comer, y los pescadores sacan su comida del mar.

 

También, cuando gente no sabe que hacer, recurre a la actividad conocida.  Pedro es pescador, está acostumbrado a una la vida ocupada y físicamente exigente en el mar.  Es de esperar que se inquiete cuando no esté pescando y que agradezca el regreso al bote y las redes.  Él y los demás discípulos toman las redes, reman las barcas, y pescan.  ¡Cosa natural!

 

Y aún, también aquí hay peligro.  Al sumergirse en lo familiar, gente a veces ignora otros trabajos esenciales.  ¿Qué les pasará a estos discípulos? ¿Regresarán al ministerio? Jesús interviene para asegurar que no se pierdan para siempre en sus antiguas costumbres.

 

 

VERSÍCULOS 4-8: ¡EL SEÑOR ES!

 

4Y venida la mañana, Jesús se puso á la ribera: mas los discípulos no entendieron que era Jesús. 5Y díjoles: Mozos, ¿tenéis algo de comer? Respondiéronle: No. 6Y él les dice: Echad la red á la Mano derecha del barco, y hallaréis. Entonces la echaron, y no la podían en ninguna manera sacar, por la multitud de los peces.7Entonces aquel discípulo, al cual amaba Jesús, dijo á Pedro: El Señor es. Y Simón Pedro, como oyó que era el Señor, ciñóse la ropa, porque estaba desnudo, y echóse á la mar. 8Y los otros discípulos vinieron con el barco (porque no estaban lejos de tierra sino como doscientos codos [griego: pechon diakosion – dos cientos cubitos]), trayendo (griego: surontes – diferente del verbo en v. 11) la red de peces.

 

 

“Y venida la mañana, Jesús se puso á la ribera: mas los discípulos no entendieron que era Jesús” (v. 4).  Aquí tenemos dos temas de la resurrección.  María Magdalena visitó la tumba de Jesús temprano por la mañana (20:1), e inicialmente no reconoció a Jesús (20:15).  Ahora estos discípulos tampoco le reconocen.

 

¿Por qué fallan en reconocer a Jesús? Quizá la distancia o la falta de luz les impiden verle claramente.  Quizá la apariencia después de la resurrección de Jesús sea diferente.  Quizá tengan los ojos borrosos y no le pueden reconocer.  María no reconoció a Jesús en la Pascua hasta que él la llamó por nombre (20:16).  Camino a Emmaús, los ojos de los discípulos “estaban embargados” hasta que “tomó el pan, bendijo, y partió, y dióles” (24:16, 30).

 

“Mozos, ¿tenéis algo de comer?” (v. 5a).  La palabra mozos (paidia – no teknon) sugiere una relación familiar.  Generalmente, uno no llamaría mozos a pescadores sin esperar recibir una respuesta hostil.

 

“Echad la red á la Mano derecha del barco, y hallaréis” (v. 6a).  Algunos eruditos anotan que los griegos consideran el lado derecho el lado de la suerte.  Sin embargo, “es difícil comprender la relevancia de este hecho en el Nuevo Testamento.  En esta historia, la obediencia a Cristo, no la suerte, es lo importante” (Morris, 762).

 

“Entonces la echaron, y no la podían en ninguna manera sacar, por la multitud de los peces” (v. 6b).  Estos hombres obedecen a Jesús aunque no le hayan reconocido.  No es raro que gente mirando le sugiera a un pescador sin éxito otro lugar donde pescar.  A menudo, gente local conoce los secretos locales, por eso, no debe sorprendernos que estos hombres sigan la sugerencia de Jesús.  El resultado de su obediencia es una pesca tan grande que no pueden con ella. 

 

“Entonces aquel discípulo, al cual amaba Jesús, dijo á Pedro: El Señor es” (v. 7a).  Igual que en la mañana de la Pascua, el discípulo querido es el primero en ver y creer, y Pedro es el primero en actuar (véase 20:6-8).  De manera característica, el discípulo querido muestra discernimiento espiritual, mientras que Pedro muestra una acción valiente (casi impetuosa) (Kostenberger, 591).

 

Anote que solo lograron ver y comprender después de haber obedecido.  Debemos tomar nota.  Cuando fe se obscurece, actuar según la fe inspira más fe.

 

“Y Simón Pedro, como oyó que era el Señor, ciñóse la ropa, porque estaba desnudo, y echóse á la mar” (v. 7b).  Parece extraño que Pedro se vista antes de tirarse al agua.  Brown anota que: (1) Pedro no hubiera estado completamente desnudo, sino que levemente ataviado; (2) “el verbo diazonnynai… puede significar vestirse, pero un significado más apropiado sería ajustar la camisa y atársela con un cincho para que uno pueda tener libertad de movimiento.” (3) Lo más probable es que Pedro se amarre el cincho por la cintura antes de saltar al agua (Brown, 1072).

 

“Y los otros discípulos vinieron con el barco (porque no estaban lejos de tierra sino como doscientos codos (pechon diakosion – dos cientos cubitos), trayendo la red de peces” (v. 8).  Un cubito es el largo del antebrazo de un hombre – aproximadamente 18 pulgadas o media yarda.

 

En poca profundidad, arrastrar una red llena de peces saltando es trabajo pesado.  Ciento cincuenta y tres peces grandes pesarían cientos de libras.  Cien yardas es el largo de un campo de fútbol americano – mucha distancia para tirar de un peso pesado.  Pedro completará esta tarea él solo en versículo 11.  Debe ser un hombre de físico fuerte.

 

 

VERSÍCULOS 9-14: SIMÓN PEDRO TRAJO LA RED Á TIERRA

 

9Y como descendieron á tierra, vieron ascuas puestas (griego: anthrakian), y un pez encima de ellas, y pan. 10Díceles Jesús; Traed de los peces que cogisteis ahora.11Subió Simón Pedro, y trajo (griego: heilkusen) la red á tierra, llena de grandes peces, ciento cincuenta y tres: y siendo tantos, la red no se rompió. 12Díceles Jesús: Venid, comed. Y ninguno de los discípulos osaba preguntarle: ¿Tú, quién eres? sabiendo que era el Señor. 13Viene pues Jesús, y toma el pan, y les da; y asimismo del pez. 14Esta era ya la tercera vez que Jesús se manifestó á sus discípulos, habiendo resucitado de los muertos.

 

 

“Y como descendieron á tierra, vieron ascuas puestas (griego: anthrakian), y un pez encima de ellas, y pan” (v. 9).  La única otra vez que encontramos esta palabra anthrakian en el Nuevo Testamento es cuando Pedro se calentó sobre las ascuas de un fuego mientras traicionaba a Jesús (18:18, 25-27).  Ahora, Jesús le dará la oportunidad de redimirse junto a otro athrakian.

 

“Traed de los peces que cogisteis ahora” (v. 10).  Jesús ya ha preparado pescado y pan.  Supuestamente, se necesitarán más peces para alimentar este grupo de hombres hambrientos.

 

“Subió Simón Pedro, y trajo (griego: heilkusen) la red á tierra” (v. 11a).  Previamente, Jesús utilizó este verbo, helkein, en dos ocasiones en este Evangelio para describir el atraer a gente hacia él (6:44; 12:32).  “El uso de este verbo, refiriéndose a los discípulos y a la pesca, sugiere que ahora los discípulos se unen a Dios y a Jesús atrayendo a gente hacia Jesús” (O’Day, 858; véase también Brown, 1097; Smith, 393-394; Krentz y Vogel, 30).  Lo que los demás discípulos no lograron hacer (v. 6), Pedro logra solo (v. 11).  Esto es un tributo, no solo a la fuerza física de Pedro, sino también a su liderazgo entre los discípulos.

 

“llena de grandes peces, ciento cincuenta y tres” (v. 11b).  Cristianos de una edad tan temprana como Agustino han llegado muy lejos tratando de averiguar el significado de este número.  Anotan que 153 es la suma de los números 1 a 17 (1+2+3…+17=153) – y que 17 es la suma de 7 y 10 (7+10=17) – y que 7 es la suma de 3 y 4 (3+4=7).  Entonces, asignan significados a estos números, por ejemplo, diez es el número de la ley (Diez Mandamientos); siete es la gracia o siete veces el espíritu de Dios (Revelaciones 1:4); tres es la Trinidad; cuatro es el Nuevo Jerusalén, la ciudad construida sobre cuatro esquinas. 

 

Otros acuden a gematria, asignando valores numéricos a las letras del alfabeto hebreo, y encontrando significados en palabras cuyas letras suman a un valor particular – en este caso 153.

 

Jerome dijo que pescaron uno de cada uno de los 153 tipos de peces en el Mar Galileo.  Si eso es verdad, el simbolismo sería que estos pescadores – a quienes Jesús llamó para ser pescadores de hombres (Mateo 4:19) – han de pescar todo tipo de hombres – la iglesia no debe excluir a ningún pecador arrepentido.  Más adelante, Pablo el Apóstol lo dirá de esta manera: “No hay Judío, ni Griego; no hay siervo, ni libre; no hay varón, ni hembra: porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (Galatos 3:28).

 

Pero también es posible que un discípulo simplemente contara los peces para determinar las dimensiones exactas del milagro y declarase: “¡Caramba! ¡Ciento cincuenta y tres peces – y grandes también!”

 

Algunos eruditos sugieren que los discípulos necesitan saber el número de peces para poder compartirlos equitativamente, pero el tamaño del milagro es lo importante aquí.  Jesús comenzó su ministerio con un milagro de abundancia en Cana de Galilea (2:1-11).  Ahora, concluye su ministerio con otro milagro de abundancia.

 

“y siendo tantos, la red no se rompió” (v. 11c).  La mayoría de eruditos concuerdan que la gran pesca representa los cristianos, en la red del evangelio (la iglesia), que permanece intacta a pesar del gran peso.  Al escribirse este Evangelio, la iglesia estaba creciendo rápidamente y haciéndose más diversa.  Esa es la intención de Cristo.

 

“Viene pues Jesús, y toma el pan, y les da; y asimismo del pez” (v. 13).  Estas palabras tienen un tono eucarístico, pero no se menciona ninguna bendición ni partir del pan, ambos de los cuales son parte de la fórmula eucarística común.  Esto también recuerda al previo alimentar de cinco mil en las orillas del mismo mar (6:1-15).  Jesús se da cuenta de las dos necesidades de la gente, la física y la espiritual.  En lo mejor, la iglesia sigue el ejemplo de Jesús al alimentar, vestir, alojar, y educar a la gente.  Nuestra preocupación por las necesidades físicas de la gente no solo alivia sufrimiento humano, pero también constituye un poderoso testigo espiritual. 

 

“Esta era ya la tercera vez que Jesús se manifestó á sus discípulos, habiendo resucitado de los muertos” (v. 14).  Verdaderamente, se trata de la cuarta aparición.  La primera fue a María Magdalena (20:11-17) – la segunda a los discípulos sin Tomás (20:19-23) – y la tercera a Tomás y los discípulos (20:26-29).  Se supone que el autor no cuenta la aparición a María, porque ella no es uno de los doce.

 

 

VERSÍCULOS 15-17: APACIENTA MIS OVEJAS

 

15Y cuando hubieron comido, Jesús dijo á Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas (griego: agapas) más que estos? Dícele; Sí Señor: tú sabes que te amo (griego: philo). Dícele: Apacienta (griego: boske) mis corderos (griego: arnia).

 

16Vuélvele á decir la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? (griego: agapas). Respóndele: Sí, Señor: tú sabes que te amo (griego: philo). Dícele: Apacienta (griego: poimaine) mis ovejas (griego: probata).

 

17Dícele la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? (griego: phileis).  Entristecióse Pedro de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas?(griego: phileis) y dícele: Señor, tú sabes todas las cosas; tú sabes que te amo (griego: philo). Dícele Jesús: Apacienta (griego: boske) mis ovejas (griego: probata).

 

 

“Simón, hijo de Jonás” (v. 15a).  Antes, Jesús le dio a Simón un nuevo nombre – Cephas o Pedro (1:42) – pero ahora Jesús le llama por su antiguo nombre – su nombre de los días antes de hacerse discípulo de Jesús.

“¿me amas (agapas) más que estos?” (v. 15b).  ¿Amar más que qué? ¿Más que Pedro ama a los demás discípulos? ¿Más que Pedro ama la barca y la pesca?  Lo más probable es que Jesús le esté preguntando si Pedro le ama más que los otros discípulos.  Jesús repite la pregunta tres veces.  Pedro negó a Jesús tres veces la noche de su arresto (18:17, 25, 27) y, ahora, Jesús le ofrece tres oportunidades para redimirse.

 

“Sí Señor: tú sabes que te amo (philo)” (v. 15c).  Anote el cambio entre las dos palabras griegas para amar en versículos 15-17.  Jesús utiliza agapas (de agapao) en versículos 15-16, y Pedro responde con philo o phileis (de phileo) en esos versículos.  Entonces, en versículo 17 Jesús utiliza phileis/phileo y Pedro responde con la misma palabra.

 

La explicación tradicional es que agapao es un amor más fuerte, que implica más sacrificio – el tipo de amor que se enfoca en el bienestar del ser querido.  Phileo es un amor significante pero menos exigente – un amor entre hermanos o amigos.  Jesús le pregunta dos veces a Pedro si le ama con agapao, el amor profundo, y Pedro responde afirmando el amor menos profundo, phileo.  La tercera vez, Jesús pasa a phileo, utilizando la palabra de Pedro – preguntando si Pedro le ama con el amor menos profundo de phileo, y a Pedro le duele oír que Jesús rebaje su pregunta según las previas respuestas de Pedro.

 

Antes, Pedro era rápido en hacer declaraciones fuertes, diciendo, “¿por qué no te puedo seguir ahora? mi alma pondré por ti” (13:37), causando que Jesús le avisara a Pedro que le negaría tres veces.  Pedro lo hizo (18:15-18, 25-27).  Ahora, un Pedro castigado resiste tener que declarar un amor más allá de phileo – le duele no poder ofrecer el amor de agapao – y le duele que Jesús le demuestre su debilidad tres veces.

 

Muchos eruditos disminuyen la importancia de esta explicación, diciendo que agapao y phileo son intercambiables en este Evangelio – y que, por la tardía fecha en que fue escrito este Evangelio, el significado de agapao y phileo se han igualado (Carson, 676-677; Borchert, 335; Kostenberger, 596; Lincoln, 517; Williamson, 297).  También, vale la pena anotar que Jesús no le hubiera hablado a Pedro en griego, sino en arameo, una lengua semítica relacionada al hebreo – y en arameo solo existe una palabra para amar.

 

Sin embargo, el juego entre agapao y phileo está tan bien hecho en versículos 15-17 que parece probable que el autor quiera mostrar el contraste – que quiera mostrar el fallo de Pedro y su confianza disminuida.

 

En cualquier caso, “la única cosa de que Jesús cuestionó a Pedro antes de comisionarle para atender al rebaño fue amor.  El amor es la calificación más básica para servicio cristiano.  Otras cualidades pueden ser deseables, pero el amor es indispensable (cf. 1 Corintios 13:1-3)” (Morris, 772).

 

“Apacienta mis corderos… Apacienta mis ovejas…  Apacienta mis ovejas” (vv. 14-17).  En los sinópticos, Jesús da a Pedro un papel evangelista – promete hacerle “pescador de hombres” (Mateo 4:19; Marcos 1:17).  Ahora, da a Pedro un papel de pastor – que cuide sus corderos y ovejas.

 

“Apacienta (boske) mis corderos (arnia)Apacienta (poimaine) mis ovejas (probata)Apacienta (boske) mis ovejas" (probata) (vv. 14-17).

 

Jesús describe el ministerio de Pedro “en verbos, no sustantivos: Apacienta (alimenta, cuida).  No ser pastor, sino tomar el lugar de pastor.  Las ovejas son las ovejas de Cristo, no de Pedro” (C.K. Barrett, Ensayos de Juan: citado en Carson, 678).

 

En cuanto al cambio entre “alimentar” y “cuidar” (que aquí aparecen como apacentar), pastores “alimentan” las ovejas, pero “cuidar” implica una responsabilidad más amplia – una preocupación por cada aspecto de la salud y la seguridad de la oveja.

 

En cuanto al cambio entre “corderos” y “ovejas,” un cordero es una oveja pequeña, aún depende de su madre para su cuidado y alimento.  Todas las ovejas son vulnerables, particularmente los corderos.

 

En un contexto judío, la palabra “cordero” tiene calidad de sacrificio – como en “el Cordero de Dios.”  Al ser escrito este Evangelio, la persecución de cristianos era una cosa común, y el uso de la palabra “cordero” aquí puede ser para demostrar los sacrificios de mártires cristianos.

 

 

VERSÍCULOS 18-19: EXTENDERÁS TUS MANOS

 

18De cierto, de cierto te digo: Cuando eras más mozo, te ceñías, é ibas donde querías; mas cuando ya fueres viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará á donde no quieras.

19Y esto dijo, dando á entender con qué muerte había de glorificar á Dios. Y dicho esto, dícele:

Sígueme.

 

 

Antes, Pedro dijo, “¿por qué no te puedo seguir ahora? mi alma pondré por ti” (13:37).  Jesús respondió prediciendo que Pedro le negaría tres veces (13:38).  Ahora, Jesús dice que Pedro glorificará a Dios por su muerte igual que Jesús glorificó a Dios por la suya (v. 19; véase también 7:39; 12:16; 13:31-32; 14:13; 17:1-5).  “No cabe duda que al escribirse estos versículos Pedro ya había sufrido martirio” (Borchert, 337).  Clemente de Roma dice que fue martirizado durante el reinado de Nero (54-68 d.C.) (Kostenberger 599).  Se dice que Pedro pidió ser crucificado boca abajo porque no se creía merecedor de emular a su Señor, pero existen pocas pruebas de esto.

 

“Cuando eras más mozo, te ceñías… mas cuando ya fueres viejo… te ceñirá otro, y te llevará á donde no quieras” (v. 18).  El dicho del cinturón seguramente tiene raíces en algún proverbio de la juventud yendo donde quiera y los ancianos teniendo que ir donde otros les llevan.  Sin embargo, en este contexto, sugiere la crucifixión.  “Extenderás tus manos” concordaría con la práctica romana de requerir que la víctima lleve la sección horizontal de la cruz al lugar de su crucifixión.  La víctima llevaría la pieza horizontal sobre los hombros con los brazos atados a cada lado.

 

“te ceñirá otro, y te llevará á donde no quieras” (v. 18c).  Llevarán a Pedro al lugar de su crucifixión.

 

“Y esto dijo, dando á entender con qué muerte (Pedro) había de glorificar á Dios” (v. 19a).  Estas palabras son muy parecidas a las que utiliza este Evangelio para describir la muerte de Jesús (12:33; 18:32).

 

Jesús concluye diciendo, “Sígueme” (v. 19b).  En los sinópticos, Jesús extendió esta invitación a Pedro después de su primer encuentro (Mateo 4:19; Marcos 1:17), pero en el Evangelio de Juan, Jesús solo se la extendió a Felipe (1:43).  No es hasta este último capítulo que Jesús invita a Pedro a seguirle.

 

En este Evangelio, la invitación funciona a dos niveles (como muchas otras cosas en este Evangelio).  Por un lado, constituye un voto de confianza por parte de Jesús hacia la recién encontrada madurez de Pedro.  Por otro lado, es una invitación a Pedro para que siga a Jesús en la manera en que murió.

 

 

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada en http://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html.  Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

 

 

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