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RECURSOS PARA PREDICAR

Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

 

 

 

PASAJE BÍBLICO:    Juan 12:1-8

 

 

EXÉGESIS:     

 

CAPÍTULOS 2-20: LIBRO DE SEÑALES – LIBRO DE LA GLORIA

 

Capítulos 2-12 a menudo se llaman “El Libro de Señales.”  Incluyen una serie de siete señales milagrosas (2:1-11; 4:46-54; 5:1-9; 6:1-14; 6:15-25; 9:1-12; 11:1-45), así llamadas por señalar a Dios y que sólo se pueden comprender por completo a través de los ojos de la fe – siendo la resurrección de Lázaro (11:1-45) la última y más grande señal.  Nuestra lección del Evangelio aparece hacia el final del Libro de Señales, y hace de transición para entrar en “El Libro de la Gloria” (capítulos 13-20), así llamado por documentar la muerte, el entierro, y la resurrección de Jesús – su glorificación.

 

 

CAPÍTULO 11: EL CONTEXTO

 

En el capítulo que inmediatamente precede nuestra lección del Evangelio, Jesús resucitó a Lázaro de la muerte.  Relatar esta historia es algo oscuro y contiene indicios de lo que seguirá:

 

• Cuando Jesús supo que Lázaro estaba enfermo dijo, “Esta enfermedad no es para muerte, mas por gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella” (11:4).  En este Evangelio, la glorificación de Dios gira alrededor de su muerte, resurrección, y ascensión.

 

• Cuando Jesús les dijo a sus discípulos que iban a Judea, ellos dijeron, “Rabí, ahora procuraban los Judíos apedrearte, ¿y otra vez vas allá?” (11:8).

 

• Cuando Jesús persistió en ir a Judea, Tomás dijo, “Vamos también nosotros, para que muramos con él” (11:16).

 

• Marta confesó su fe en una fuerte declaración, “Sí Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo” (11:27).  Marta y María son hermanas de Lázaro, y los tres hermanos se encuentran entre los amigos más íntimos de Jesús.

 

• La piedra que cubría la cueva de la tumba de Lázaro se tuvo que mover, y el salir del hombre muerto de la tumba prefigura la resurrección de Jesús, que pronto seguirá (11:38-44).

 

• El concejo conspiró matar a Jesús, porque mucha gente, al aprender de la resurrección de Lázaro, creyó en Jesús (11:45).  El concejo temía que la popularidad de Jesús les llevaría a una represalia romana (11:48).  Caifás justificó la muerte de Jesús diciendo, “Vosotros no sabéis nada; Ni pensáis que nos conviene que un hombre muera por el pueblo, y no que toda la nación se pierda” (11:49-50).  El autor comenta que Caifás “no dijo esto de sí mismo; sino que, como era el sumo pontífice de aquel año, profetizó que Jesús había de morir por la nación” (11:51).  “Así que, desde aquel día consultaban juntos de matarle” (11:53).

 

• “Entonces mucha gente de los Judíos entendió que él estaba allí; y vinieron no solamente por causa de Jesús, mas también por ver á Lázaro, al cual había resucitado de los muertos” (12:9).

 

• El autor entonces dice, “Y la Pascua de los Judíos estaba cerca: y muchos subieron de aquella tierra á Jerusalén antes de la Pascua, para purificarse” (v. 55).  En este Evangelio, la Pascua será tiempo de matar en Jerusalén.

 

Así empezó la historia de la pasión de Jesús en capítulo 11 y continúa en capítulo 12.

 

 

CAPÍTULO 12: UNA LLAMADA A CREER

 

“La llamada principal de este capítulo… se dirige a los judíos contemporáneos del Evangelista, que conocen el mensaje de Jesús y se sienten atraídos por él pero que aún no tienen el valor de corazón para comprometerse a si mismos a Jesús en obediencia de la fe” (Beasley-Murray, 220).

 

• A causa de la resurrección de Lázaro, “muchos de los Judíos iban y creían en Jesús por causa de él” (v. 11).

 

• Una gran multitud le dará la bienvenida a Jesús en Jerusalén con gritos de “¡Hosanna!” y “¡Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel!” (v. 13).

 

• Los fariseos admitirán su impotencia diciendo, “¿Veis que nada aprovecháis? He aquí, el mundo se va tras de él” (v. 19).

 

Sin embargo, Jesús sabe que la aclamación del Domingo de Ramos rápidamente pasará, y también pasará la poco profunda fe de la gente.  Advierte, “El que me desecha, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue: la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero” (v. 48).  Jesús también promete “mas el Padre que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar.  Y sé que su mandamiento es vida eterna” (vv. 49-50).

 

La vida eterna es una parte central de este Evangelio.  Jesús ha venido para que gocemos de la vida eterna (3:16), que define así: “Esta empero es la vida eterna: que te conozcan el solo Dios verdadero, y á Jesucristo, al cual has enviado” (17:3).  Efectivamente, el propósito de este Evangelio es “para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; y para que creyendo, tengáis vida en su nombre” (20:30).

 

 

VERSÍCULOS 1-8: COMPARACIONES CON LOS SINÓPTICOS

 

Los cuatro Evangelios cuentan ésta u otra historia similar.  Los detalles en los cuatro relatos varían.  Mateo (26:6-13) y Marcos (14:3-9) son similares y se parecen al relato de Juan (la diferencia más significante es que, en Mateo y Marcos, la mujer unge la cabeza de Jesús y, en Juan, la mujer unge los pies de Jesús).

 

El relato de Lucas (7:36-38) es distintivo: aparece antes en el Evangelio, toma lugar en la casa de un fariseo, e incluye una mujer pecadora que lava los pies de Jesús con sus lágrimas, secándoselos con el pelo, y ungiéndoselos con ungüento.

 

“Considerando la manera tradicional en que mezclamos y combinamos historias de las escrituras de los distintos evangelios, muchos imaginan que esta historia vuelve a contar una acción de María Magdalena, ¡a quien consideran prostituta!  Es uno de los mejores ejemplos de lo variadas que pueden ser nuestras interpretaciones cuando permitimos que cada evangelio relate su propia historia de principio a fin” (Howard-Brook, 269).  “Para oír Juan 12:1-8 de la manera apropiada, es esencial que esta historia no se mezcle con relatos parecidos en los Sinópticos” (Craddock, 164).

 

Eruditos creen que puede haber dos incidentes separados tras estos relatos, uno descrito por Mateo, Marcos, y Juan, y otro descrito por Lucas.  Lucas utiliza a Marcos como una de sus fuentes principales, entonces, parece probable que junte el relato de Marcos con material de una fuente secundaria.

 

 

VERSÍCULOS 1-3: SEIS DÍAS ANTES DE LA PASCUA

 

1Y Jesús, seis días antes de la Pascua, vino á Betania, donde estaba Lázaro, que había sido muerto, al cual había resucitado de los muertos.  2E hiciéronle allí una cena (griego: deipnon) y Marta servía (griego: diakonei), y Lázaro era uno de los que estaban sentados á la mesa juntamente con él.  3Entonces María tomó una libra (griego: litran) de ungüento de nardo líquido de mucho precio, y ungió los pies de Jesús, y limpió sus pies con sus cabellos: y la casa se llenó del olor del ungüento.

 

 

“seis días antes de la Pascua” (v. 1a).  Solo quedan seis días antes de comenzar el último capítulo de la vida de Jesús.  “Seis días antes de la Pascua seguramente se refiere al sábado anterior, que comenzó el viernes por la noche” (Carson, 427).  Lo más probable es que esta comida en la que María unge a Jesús tome lugar poco después del final de la Pascua (el sábado por la noche).  La Entrada Triunfal tomará lugar el próximo día.

 

“vino á Betania, donde estaba Lázaro, que había sido muerto, al cual había resucitado de los muertos” (v. 1b).  Betania es una pequeña aldea a solo un par de millas de Jerusalén, y estaría llena de peregrinos que vienen a Jerusalén para observar la Pascua.  Al regresar a Betania, Jesús pone en marcha una serie de eventos que dirigen a su muerte.  Es más, la reacción popular a la resurrección de Lázaro fue lo que llevó al concejo a la decisión de matar a Jesús (11:45-53).

 

“E hiciéronle allí una cena (griego: deipnon) (v. 2).  Deipnon puede referirse a cualquier comida, pero generalmente se refiere a la cena.  En este Evangelio, la palabra se utiliza tres veces – aquí y en dos referencias a la Última Cena (13:2; 21:20).  Esta cena en Betania también es sacramental – prepara a Jesús para su entierro (v. 7).  “Hiciéronle” seguramente se refiere a Marta, María, y Lázaro, pero también puede incluir a vecinos que querían participar y honrar a Jesús por su papel en la resurrección de su vecino, Lázaro (11:43-44).

 

“y Marta servía (griego: diakonei), y Lázaro era uno de los que estaban sentados á la mesa juntamente con él” (v. 2).  Lucas cuenta otra historia de Jesús en esta casa.  En aquella ocasión, Marta se ocupó de servir mientras que María se sentaba a los pies de Jesús – y Jesús le dijo a Marta, “Marta, Marta, cuidadosa estás, y con las muchas cosas estás turbada: Empero una cosa es necesaria; y María escogió la buena parte, la cual no le será quitada” (Lucas 10:41-42) – una descripción negativa.  Sin embargo, este Evangelio describe el trabajo de Marta como servicio – diakonei, la palabra de la que se deriva nuestra palabra “diácono” – una descripción mucho más favorable.  La presencia de Lázaro en esta mesa nos recuerda a su reciente muerte y resurrección.

 

“Entonces María tomó una libra (griego: litran – unas doce onzas o 325 gramos) de ungüento de nardo líquido de mucho precio” (v. 3a).  El nardo se importa de la India, lo cual explica su precio.  Mateo 26:7 y Marcos 14:13 también cuentan de este ungir pero, 1) no se menciona el nombre de María y 2) ella unge la cabeza de Jesús en vez de ungirle los pies.

 

El ungüento vale trescientos denarios (v. 5), un año de salario para un trabajador.  Esto no indica que María sea rica, como algunos han sugerido.  Es más probable que esto sea un gesto extravagante de una mujer de medios ordinarios – una ofrenda de sacrificio.

 

El ungüento de mucho precio se adelanta al ungir por parte de José de Arimatea y por Nicodemo, quienes usarán cien litras de mirra y áloes (19:38-40) – un ungüento de reyes – la realeza de Jesús es un tema importante en este Evangelio (1:49; 12:13, 15; 18:33, 37, 39; 19:3, 12, 14, 19, 21-22).

 

María “ungió los pies de Jesús” (v. 3b).  Como se anota arriba, Mateo y Marcos describen que María ungió la cabeza de Jesús, un gesto que a veces se asocia con el ungir de un rey.  En esta cena, hombres estarían reclinados cerca de la mesa, por lo tanto, los pies de Jesús estarían accesibles.  El ungir de los pies es un gesto humilde – el cuidado de los pies es un trabajo reservado para los más bajos sirvientes.  Los pies son “donde empezaría la preparación de un cadáver para el entierro” (Burridge, 539).  El ungir los pies de Jesús por parte de María también puede adelantarse a capítulo 13, donde Jesús lava los pies de los discípulos y les instruye que hagan lo mismo uno para otro (Cousar, 236).

 

“y limpió sus pies con sus cabellos” (v. 3c).  Este gesto es alarmante en una cultura donde las mujeres no dejan sus cabellos sueltos en presencia de cualquier hombre que no sea su marido.  Barclay dice que María es una persona espontánea, que demuestra generosidad que no se puede explicar de una manera más simple, y sugiere que todos podríamos beneficiar de menos inhibiciones en cuanto a nuestro afecto por Jesús (Barclay, 128) – un pensamiento que merece consideración.  Para observar exhuberancia en la iglesia hoy, visite un servicio afro-americano o de Pentecostés.  Verá gente hablando en lenguas – con las manos al aire – absortos en un pequeño baile – gritando – aún hasta desmayándose en los pasillos.  Tales denominaciones tienen gran atractivo – atraen gente a Cristo en un tiempo cuando denominaciones menos demostrativas se disminuyen.

 

La librería en el Seminario Teológico de Princeton antes vendía una camiseta que proclamaba, “Presbiterianos lo hacen decentemente y con orden.”  La mayoría de las denominaciones de leccionario lo hacen decentemente y con orden – lo cual claramente viene de las escrituras (1 Corintios 14:40).  Sin embargo, en las escrituras también se encuentra apoyo por la exuberancia (Éxodo 15:20-21; 2 Samuel 6:14; Salmo 149:3; 150:4).  Quizá serviríamos mejor a Cristo si mostráramos un poco más de entusiasmo.

 

“y la casa se llenó del olor del ungüento” (v. 3c).  Poco antes, Jesús había ordenado que se moviera la piedra que cubría la tumba de Lázaro, y Marta protestó, “Señor, hiede ya, que es de cuatro días” (11:39).  El olor de la muerte ahora se reemplaza con un fuerte aroma de celebración.

 

En capítulo 11, Marta trató de impedirle a Jesús que abriera la tumba de Lázaro porque llevaba muerto el tiempo suficiente para olerse la descomposición.  “A través de la acción de María, el olor a muerte que se prolongaba en la casa se ha reemplazado por una fragancia de amor y devoción” (O’Day, 701).

 

 

VERSÍCULOS 4-6: DAD EL DINERO A LOS POBRES

 

4Y dijo uno de sus discípulos, Judas Iscariote, hijo de Simón, el que le había de entregar: 5¿Por qué no se ha vendido este ungüento por trescientos dineros, y se dio á los pobres? 6Mas dijo esto, no por el cuidado que él tenía de los pobres: sino porque era ladrón, y tenía la bolsa, y traía lo que se echaba en ella.

 

 

“Y dijo uno de sus discípulos, Judas Iscariote, hijo de Simón, el que le había de entregar” (v. 4) – y “porque era ladrón” (v. 6).  El autor hace un gran esfuerzo para informarnos que no se puede confiar en Judas.  Esta pista es la única que nos proporciona acerca el carácter de Judas antes de la traición.  Judas no tiene compasión por los pobres, sino que solo los utiliza para justificar lo que quiere.  En Mateo 26:14 y Marcos 14:10 Judas traiciona a Jesús entregándole a los altos sacerdotes inmediatamente después de este incidente con María y el ungüento.  Esto sugiere que la defensa de la prodigalidad de María quizá habría impulsado su traición.

 

En pocos versículos, el autor muestra “dos respuestas distintas a la llegada de la hora de Jesús.  María es modelo de discipulado fiel, y Judas de discipulado infiel” (O’Day, 702).

 

No importa lo ilegítima que sea la preocupación de Judas, la cuestión que presenta es, no obstante, legítima.  En el Evangelio de Mateo, fueron los discípulos los que protestaron contra el desperdicio (Mateo 26:8).  En Marcos, eran “algunos” (Marcos 14:4).  Si fuésemos confrontados con tal prodigalidad hoy, seguramente estaríamos de acuerdo con su preocupación.  Trescientos denarios alimentarían a mucha gente hambrienta – podría ser utilizado para un sinnúmero de cosas prácticas.  Gestos de devoción son apropiados, pero han de proporcionarse bien – quizá una beca en nombre de Jesús, pero no 20,000 dólares de perfume – hospitalidad generosa, ¡pero no este indecoroso gesto con el pelo!

 

 

VERSÍCULOS 7-8: MAS Á MÍ NO SIEMPRE ME TENÉIS

 

7Entonces Jesús dijo: Déjala; para el día de mi sepultura ha guardado esto; 8Porque á los pobres siempre los tenéis con vosotros, mas á mí no siempre me tenéis.

 

 

“Déjala; para el día de mi sepultura ha guardado esto” (v. 7).  Jesús elige no revelar a Judas como traidor aquí.  Lo hará durante la Última Cena (13:21-30).

 

María no tiene ninguna intención de ungirle a Jesús para el entierro.  Entiende que Jesús está en peligro, pero no puede imaginarse que solo le queden unos días de vida.  Sin embargo, el ungir de Jesús tiene un significado que va más allá de nuestro entendimiento, igual que el comentario anterior de Caifás reveló una verdad que va más allá de su entendimiento (11:49-52).

 

Ambos Jesús y el autor de este Evangelio están muy conscientes de lo que traerán los próximos días.  Nos encontramos en medio de una narrativa de pasión.  Por algún tiempo, Jesús ha estado en camino a Jerusalén – a su muerte – a su glorificación.  Ahora, Jerusalén está bastante cerca – y no solo geográficamente.  El Sanedrín ya ha decidido matar a Jesús (11:53).

 

Jesús resuelve el tema de proporción.  La extravagancia de María es apropiada, porque ella está preparando su cuerpo para el entierro.  Tratamos entierros con respeto.  En días de funeral, hacemos cosas de manera más grandiosa que en otros días.  El difunto podría preferir pantalones de trabajo, pero ahora se encuentra en chaqueta y corbata.  Podría haber conducido un coche modesto, pero ahora va al cementerio en una limosina.  Su silla más cómoda puede estar gastada, pero su ataúd ahora está forrado de seda por dentro.  En los tiempos de Jesús, gente consideraba el perfume caro adecuado para los funerales, igual que nosotros consideramos apropiados los ramos de flores caras.

 

“á los pobres siempre los tenéis con vosotros, mas á mí no siempre me tenéis” (v. 8).  Estas palabras, que a menudo se han utilizado para justificar frialdad hacia los pobres, no pueden servir legítimamente ese propósito.  Jesús se refiere al Tora, y el versículo completo dice, “Porque no faltarán menesterosos de en medio de la tierra; por eso yo te mando, diciendo: Abrirás tu mano á tu hermano, á tu pobre, y á tu menesteroso en tu tierra” (Deuteronomio 15:11).  El sentido verdadero de la declaración de Jesús es, “La oportunidad hay que aprovecharla cuando aparezca.  Los pobres siempre estarán presentes… Pero Jesús no” (Morris, 515).

 

Gente reunida alrededor de un ataúd a menudo desea haber hecho cosas de manera diferente – lamentan su fallo por no haberle expresado su amor al difunto – pedir perdón – ayudar.  El día del funeral ya es demasiado tarde.  María, sin embargo, ha aprovechado el momento – ha hecho un gran gesto mientras Jesús aún está vivo y puede experimentarlo.

 

Nuestra oportunidad de servir al Señor también terminará.  En algún momento será muy tarde.  Aún ahora, los más mayores entre nosotros solo podemos ofrecer un vigor disminuido.  Pero, nuestro tiempo todavía no ha terminado.  Aún podemos aprovechar el momento para que Dios nos pueda saludar, “Bien, buen siervo… entra en el gozo de tu señor” (Mateo 25:23).

 

 

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada en http://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html.  Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

 

 

BIBLIOGRAFÍA:

 

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Copyright 2007, 2010, Richard Niell Donovan