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RECURSOS PARA PREDICAR

Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

 

 

 

PASAJE BÍBLICO:     Juan 11:1-45

 

 

EXÉGESIS:     

 

CAPÍTULOS 1-12: EL LIBRO DE SEÑALES

 

Estos capítulos a menudo se llaman “El Libro de Señales.”  Incluyen una serie de siete señales, así llamadas porque se acercan a Dios y se pueden comprender correctamente solo a través de los ojos de la fe.

 

• Convertir agua en vino en Cana (2:1-11).

 

• Sanar al hijo del oficial real (4:46-54).

 

• Sanar a un paralítico (5:1-9).

 

• Alimentar a cinco mil (6:1-14).

 

• Caminar sobre el agua (6:15-25).

 

• Dar vista a un hombre ciego de nacimiento (9:1-12).

 

• La resurrección de Lázaro (11:1-45), la más grade de las señales.

 

En estos capítulos, Jesús usa como telón de fondo una serie de milagros que presentan metáforas para revelar quién es:

 

• Se encuentra con la mujer en el pozo, y se le revela a ella como agua viva (4:10).

 

• Alimenta los cinco mil, y se les revela a los discípulos como el pan de vida (6:35).

 

• Cura un hombre ciego de nacimiento, y se revela como la luz del mundo (9:5).

 

• Y ahora levanta a Lázaro de la muerte, y se revela como la resurrección y la vida (11:25).

 

 

VERSÍCULOS 1-45: LA RESURRECCIÓN DE LÁZARO Y LA MUERTE DE JESÚS

 

La historia de Lázaro precipita la conspiración de matar a Jesús (vv. 45-53).  Hay un número de paralelos entre esta historia y la de la resurrección y muerte de Jesús:

 

• Versículo 2 menciona que María unta a Jesús.  Jesús describirá esto como untarle para su entierro (12:1-8).

 

• Aquí, Tomás es pesimista y abierto (v. 16), igual que lo será antes de ver a Jesús después de la resurrección (20:25).

 

• Ambos Lázaro y Jesús son enterrados en una tumba sellada con una piedra.  Esta piedra se mueve para que la persona resucitada pueda salir.

 

• Jesús pregunta, “¿Dónde lo has puesto?” – ésta es casi exactamente la pregunta que María le preguntará al jardinero en la tumba de Jesús (20:15).

 

• Ambos relatos mencionan ropa de entierro.

 

 

VERSÍCULOS 1-6: ESTABA ENFERMO UNO LLAMADO LÁZARO, DE BETHANIA

 

1Estaba entonces enfermo uno llamado Lázaro, de Bethania, la aldea de María y de Marta su hermana.  2(Y María, cuyo hermano Lázaro estaba enfermo, era la que ungió al Señor con ungüento, y limpió sus pies con sus cabellos) 3Enviaron, pues, sus hermanas á él, diciendo: Señor, he aquí, el que amas está enfermo.  4Y oyéndolo Jesús, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, mas por gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.  5Y amaba Jesús á Marta, y á su hermana, y á Lázaro.  6Como oyó pues que estaba enfermo, quedóse aún dos días en aquel lugar donde estaba.

 

 

“Estaba entonces enfermo uno llamado Lázaro, de Bethania” (v. 1).  El nombre de Lázaro es una forma del nombre Eleazar, que significa “Dios es mi ayuda.”  No debemos confundir este Lázaro con el que se menciona en Lucas 16.

 

“Bethania, la aldea de María y de Marta su hermana” (v. 1).  María y Marta también se encuentran en Lucas 10:38-42.  En esa ocasión, Jesús estaba en su casa, y volverá a su casa otra vez en Juan 12:1-8.  En esa ocasión, María le untará con un caro perfume y le secará los pies con su pelo – untar que Jesús interpretará como preparación para su entierro (12:8).

 

En los Evangelios se menciona más de una Bethania.  Éste es Bethania Judea, ubicada a dos millas de Jerusalén.

 

“Enviaron, pues, sus hermanas á él, diciendo: Señor, he aquí, el que amas está” (v. 3).  María y Marta mandan palabra de la enfermedad de Lázaro a Jesús, pero no le piden explícitamente que vaya a Bethania.  Quizá eso quede implícito en su mensaje.  Quizá creen que Jesús puede salvar a Lázaro desde lo lejos.  En cualquier caso, saben que le importa y esperan que salve a Lázaro, a quien ama.

 

“Esta enfermedad no es para muerte, mas por gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella” (v. 4).  Hay dos maneras en las que la enfermedad de Lázaro es para la gloria de Dios:

 

• Primero, cuando Jesús le devuelve la vida a Lázaro, gente le dará gloria a Dios por el milagro.

 

• Segundo, en este Evangelio, la glorificación de Jesús incluye la cruz.  Versículos 45-53 dejan claro que la resurrección de Lázaro acercará la muerte de Jesús.  Ésta es otra manera de decir que también le llevará a su glorificación.

 

Jesús dice que la enfermedad de Lázaro no le llevará a su muerte.  Lázaro morirá, pero Jesús le devolverá la vida.  La ironía es que el sanar y la resurrección de Lázaro acercarán la muerte de Jesús (vv. 46-53).

 

“Y amaba Jesús á Marta, y á su hermana, y á Lázaro.  Como oyó pues que estaba enfermo, quedóse aún dos días en aquel lugar donde estaba” (vv. 5-6).  Jesús no solo ama a Lázaro, también ama a Marta y a María.  Nos sorprende, entonces, que demore su salida dos días.  Aunque tenga el poder de levantar a Lázaro de la muerte, María y Marta sufrirán si Lázaro muere.  Si Jesús puede librarles de eso, ¿por qué no lo hace?  Hay dos razones:

 

• Primero, Jesús no podía llegar a tiempo para prevenir la muerte de Lázaro.  Se demora solo dos días antes de ir a Bethania (v. 6) pero, cuando llega a Bethania, Lázaro ya lleva muerto cuatro días (v. 39).  Si Jesús hubiera salido inmediatamente – dos días antes – Lázaro ya llevaría dos días muerto antes de que Jesús llegara a Bethania.

 

Es probable que Lázaro muriera antes de que el mensajero llegara para avisar a Jesús.  Jesús estaba “tras el Jordán, á aquel lugar donde primero había estado bautizando Juan” (10:40) – a un día de viaje de Bethania.  Dando por hecho que el mensajero tardó un día en encontrar a Jesús – y Jesús tardó otros dos – después, Jesús tomó un día en viajar a Bethania – entonces, parece que Lázaro murió poco después de que el mensajero saliera hacia Jesús.

 

• Segundo, aunque ame tanto a Marta, María, y Lázaro, esta enfermedad tiene un propósito para Dios.  Es “para muerte, mas por gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella” (v. 4).  La demora de Jesús sirve para aumentar esa glorificación al eliminar la posibilidad de que Lázaro estuviera solamente en coma.  Cuando Jesús finalmente llega a Bethania, no habrá ninguna duda sobre la muerte de Lázaro, el milagro de Jesus, o la mano de Dios en el proceso.

 

 

VERSÍCULOS 7-16: VOY A DESPERTARLE

 

7Luego, después de esto, dijo á los discípulos: Vamos á Judea otra vez.  8Dícenle los discípulos: Rabí, ahora procuraban los Judíos apedrearte, ¿y otra vez vas allá? 9Respondió Jesús: ¿No tiene el día doce horas? El que anduviere de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo.  10Mas el que anduviere de noche, tropieza, porque no hay luz en él. 11Dicho esto, díceles después: Lázaro nuestro amigo duerme (griego: kekoimetai); mas voy á despertarle (griego: exupniso) del sueño.  12Dijeron entonces sus discípulos: Señor, si duerme, salvo estará (griego: sothesetai).  13Mas esto decía Jesús de la muerte de él: y ellos pensaron que hablaba del reposar del sueño.  14Entonces, pues, Jesús les dijo claramente: Lázaro es muerto; 15Y huélgome por vosotros, que yo no haya estado allí, para que creáis: mas vamos á él. 16Dijo entonces Tomás, el que se dice el Dídimo (griego: Didumos), á sus condiscípulos: Vamos también nosotros, para que muramos con él.

 

 

“Vamos á Judea otra vez” (v. 7).  Jesús “dice ‘a Judea,’ no ‘a Bethania,’ porque era la entrada a la no creyente Judea, que le crucificará, eso era lo significante” (Morris, 480).  Los discípulos protestan la decisión de Jesús.  Los judíos recientemente habían tratado de matarle a Jesús a pedradas en Jerusalén, pero escapó (10:31-39).  Los discípulos no quieren que él (ni ellos) se expongan al peligro otra vez.

 

“¿No tiene el día doce horas?” (v. 9).  Ambos los judíos y los romanos dividen la luz del día en doce horas – una hora, por lo tanto, es más corta en invierno que en verano.  Aunque sea posible hacer alguna actividad a la luz de una lámpara, la noche es para descansar en vez de para trabajar o viajar.  Gente se acuesta temprano y se levanta temprano para aprovechar la luz del día.  Jesús tiene trabajo que hacer, y lo debe hacer mientras la luz del día se lo permita.  Nuestra frase coloquial es “hacer paja mientras brille el sol.”

 

Una correlación es que tenemos el tiempo limitado para establecer nuestra relación con Cristo, la luz del mundo.  Si insistimos en caminar por la vida en la oscuridad, estaremos condenados a una eternidad oscura.  Entonces, Jesús dice, “Termina el trabajo de ponerte bien con Dios mientras tengas la luz del mundo; porque la hora se acerca cuando para ti también la oscuridad vendrá, y entonces será muy tarde” (Barclay, 99).

 

“El que anduviere de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo” (v. 9).  Como frecuentemente es verdad en este Evangelio, el comentario de Jesús sobre la luz tiene un significado más profundo.  El es la luz.  Aquéllos que ven la luz no tropiezan, pero aquéllos que caminan durante la noche – los que no caminan en la luz – tropiezan porque la luz no está en ellos.

 

“Lázaro nuestro amigo duerme; mas voy á despertarle” (v. 11).  Ésta es la tercera vez en este Evangelio que Jesús hace una declaración, se malinterpreta, y después clarifica la declaración para dirigirse a una verdad espiritual (véase 3:1-21; 4:1-42).  Aquí, Jesús les dice a los discípulos que Lázaro está dormido (kekoimetai) y que le va a despertar (exupniso).  Ambos kekoimetai y exupniso se pueden comprender de dos maneras.  El anterior significa dormido, pero también es un eufemismo para muerte.  El segundo significa despertar, pero también puede significar salvar (O’Day, 687).

 

“Señor, si duerme, salvo estará” (v. 12).  Éste es un toque de ironía Johannina.  Los discípulos creen que Lázaro estará bien (sothesetai) si solo se ha dormido.  Habiendo oído esta historia antes, sabemos que Lázaro está bien aunque está muerto.  La palabra sothesetai puede significar curado, pero también puede significar salvado.  Lázaro puede ser curado, y también puede ser salvado.

 

“Lázaro es muerto; Y huélgome por vosotros, que yo no haya estado allí, para que creáis: mas vamos á él” (vv. 14-15).  Nos sorprende oír a Jesús decir que Lázaro está muerto y que está contento.  Jesús está contento, no porque su amigo está muerto, sino porque la muerte de Lázaro les ayudará a los discípulos a creer.  El llama a los discípulos para ir a Lázaro.  Su destino es personal – Lázaro – no solo Bethania.

 

“Dijo entonces Tomás, el que se dice el Dídimo (griego: Didumos), á sus condiscípulos: Vamos también nosotros, para que muramos con él” (v. 16).  Mientras que conocemos a Tomás como alguien que duda por su respuesta a los discípulos sobre la resurrección de Cristo (20:25), aquí exhibe gran lealtad a Jesús – aunque sea una lealtad oscura.  Líderes judíos trataron de matar a Jesús en Jerusalén (10:31-39), y los discípulos intentaron convencerle de no volver (v. 8).  Como Jesús insiste en ir a Bethania, Tomás tiene miedo de que Jesús sea matado – y posiblemente los discípulos también.  Tomás recibe una mala nota por fe, pero una buena nota por valor.

 

 

VERSÍCULOS 17-27: YO SOY LA RESURRECCIÓN Y LA VIDA

 

17Vino pues Jesús, y halló que había ya cuatro días que estaba en el sepulcro.  18Y Bethania estaba cerca de Jerusalén, como quince estadios (griego: stadion dekapente – quince stadia); 19Y muchos de los Judíos habían venido á Marta y á María, á consolarlas de su hermano. 20Entonces Marta, como oyó que Jesús venía, salió á encontrarle; mas María se estuvo en casa.  21Y Marta dijo á Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no fuera muerto; 22Mas también sé ahora, que todo lo que pidieres de Dios, te dará Dios.  23Dícele Jesús: Resucitará tu hermano.  24Marta le dice: Yo sé que resucitará en la resurrección en el día postrero.  25Dícele Jesús: Yo soy (griego: ego eimi) la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.  26Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto? 27Dícele: Sí Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo.

 

 

“Vino pues Jesús, y halló que había ya cuatro días que estaba en el sepulcro” (v. 17).  La gente judía cree que el alma permanece junto al cuerpo tres días, esperando reunirse de nuevo con él.  Al cuarto día, el alma finalmente realiza que eso no pasará y se va.  El hecho de que Lázaro ha estado en la tumba cuatro días significa que no puede haber posibilidad de que su alma se reúna con su cuerpo.  Cuatro días es una manera de decir que la situación ya “no tiene esperanza.”

 

“Y Bethania estaba cerca de Jerusalén, como quince estadios (griego: stadion dekapente – quince stadia)” (v. 18).  Un stadion es 606.95  pies (Merriam Webster Unabridged Dictionary), aproximadamente una cuadra larga de ciudad – entonces, quince stadia son 1.72 millas (2.77 km.).  La ciudad sagrada espera ominosa en el fondo.

 

“Y muchos de los Judíos habían venido á Marta y á María, á consolarlas de su hermano” (v. 19).  Este Evangelio usa “los judíos” para referirse a los líderes judíos.  La presencia de estos hombres constituye otra nota ominosa.  Jesús pronto morirá a sus manos en Jerusalén, un hecho que se encuentra muy presente en la mente del Evangelista mientras escribe esta historia.

 

“Entonces Marta, como oyó que Jesús venía, salió á encontrarle; mas María se estuvo en casa (v. 20).  Una de ellas debía quedarse con los veladores.  El hecho que Marta es la que va a encontrar a Jesús concuerda con el papel más activo que ella tiene y el papel más pasivo de María en Lucas 10.

 

“Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no fuera muerto” (v. 21).  ¿Pretende Marta regañarle a Jesús diciendo esto, porque Jesús no salió para Bethania inmediatamente después de enterarse de la enfermedad de Lázaro – o remordimiento porque Jesús no estaba presente cuando Lázaro se puso enfermo?  Seguramente la segunda.  Marta no dice, “si hubieras venido” (refiriéndose a su demora de dos días), sino “si hubieses estado aquí” (lamentando que él no estuviera allí cuando Lázaro se enfermó).  Es un comentario de “si solo” – “Si solo hubieras estado aquí.” Si, como se anota anteriormente, Lázaro murió poco después de salir el mensajero a buscar a Jesús, Marta sabe que Jesús no hubiera llegado a tiempo para prevenir la muerte de Lázaro.

 

“Mas también sé ahora, que todo lo que pidieres de Dios, te dará Dios” (v. 22).  Marta expresa su fe que Dios le dará a Jesús lo que pida, pero en v. 39 ella protestará que quiten la piedra por el olor de la muerte.  Como la mayoría de nosotros, ella cree y falla en creer.

 

“Resucitará tu hermano” (v. 23).  Jesús le dice a Marta que Lázaro se levantará de nuevo, y Marta oye esto como una perogrullada.  Sí, Jesús, se levantará de nuevo en la resurrección, eso es una pequeña consolación hoy.  Lázaro está muerto ahora, y ésa es la cruel realidad.

 

“Yo soy (griego: ego eimi) la resurrección y la vida” (v. 25).  Éste es el centro de esta lección del Evangelio.  Mientras que llamamos a esta historia la resurrección de Lázaro, es más importante por su revelación de Jesús como la resurrección y la vida.  “La promesa de resurrección y vida no se encuentra en un evento distante, sino que ya están disponibles en la persona de Jesús” (O’Day, 694).  Este hecho nos asegura que, sea en vida o en muerte, la muerte ya no tiene poder sobre nosotros.

 

Ésta es una de varias manifestaciones de “Yo soy” (ego eimi) de Jesús en este Evangelio – manifestaciones que revelan la verdadera identidad de Jesús.  Jesús es el pan de vida (6:35) y la luz del mundo (9:5).  Su manifestación que él es la resurrección y la vida es el punto clave de estas manifestaciones de “Yo soy.”  “Yo soy,” por supuesto, es el nombre de Dios – el nombre revelado a Moisés en el arbusto ardiente (Éxodo 3:14).  Con estas manifestaciones de “Yo soy,” Jesús usa el nombre de Dios para si mismo.

 

“El que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.  Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?” (vv. 25-26).  Esto no promete, por supuesto, que creyentes no morirán físicamente.  Lázaro murió, y el porcentaje de muerte desde entonces se ha mantenido al 100 %.  Ésta es la promesa de Jesús que la muerte física es subordinada a la muerte espiritual – que nuestra muerte física es un preludio a nuestra resurrección. 

 

“Sí Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo” (v. 27).  Cuando Jesús le pregunta a Marta si ella cree, ella le da una declaración de fe de tres partes.  Jesús es (1) el Mesías, (2) el Hijo de Dios, y (3) el que viene al mundo.  Ésta es la quinta y más completa confesión de fe en este Evangelio (véase 1:49; 4:42; 6:69; 9:35-38).  “‘El que viene al mundo’ es una frase curiosa, pero ésta no es la primera vez que la vemos en este Evangelio refiriéndose a Jesús. (cf. 1:9; 6:14; y cf. 3:19; 12:46; 16:28; 18:37; también Mateo 11:3 y Marcos 11:9)” (Smith, 223).

 

 

VERSÍCULOS 28-37: SI HUBIESES ESTADO AQUÍ

 

28Y esto dicho, fuése, y llamó en secreto á María su hermana, diciendo: El Maestro está aquí y te llama.  29Ella, como lo oyó, levántase prestamente y viene á él.  30(Que aun no había llegado Jesús á la aldea, mas estaba en aquel lugar donde Marta le había encontrado).  31Entonces los Judíos que estaban en casa con ella, y la consolaban, como vieron que María se había levantado prestamente, y había salido, siguiéronla, diciendo: Va al sepulcro á llorar allí.  32Mas María, como vino donde estaba Jesús, viéndole, derribóse á sus pies, diciéndole: Señor, si hubieras estado aquí, no fuera muerto mi hermano.  33Jesús entonces, como la vio llorando, y á los judíos que habían venido juntamente con ella llorando, se conmovió en espíritu (griego: enebrimesato), y turbóse (griego: etaraxen), 34Y dijo: ¿Dónde le pusisteis? Dicenle: Señor, ven, y ve.  35Y lloró Jesús.  36Dijeron entonces los judíos: Mirad cómo le amaba.  37Y algunos de ellos dijeron: ¿No podía éste que abrió los ojos al ciego, hacer que éste no muriera?

 

 

“El Maestro está aquí y te llama” (v. 28).  Marta le anuncia a María la presencia de Jesús en privado, por eso, los que la acompañan malinterpretan su razón por salir de la casa.  Ella llama a Jesús “El Maestro” – el artículo definido sirve para distinguir a Jesús como el profesor supremo.

 

“Señor, si hubieras estado aquí, no fuera muerto mi hermano” (v. 32).  El saludo de María para Jesús es muy similar al de Marta.

 

“Jesús entonces, como la vio llorando, y á los judíos que habían venido juntamente con ella llorando, se conmovió en espíritu (griego: enebrimesato), y turbóse (griego: etaraxen)” (v. 33).  Éste es un pasaje difícil.  El primer verbo enebrimesato, sugiere ira (un hecho no reflejado en algunas traducciones en inglés).  ¿Por qué estaría Jesús enojado?

 

• Quizá está enojado por haberse encontrado con esta falta de fe.  Claramente está cerca de Jerusalén, donde morirá, y es tarde en su ministerio.  A pesar de su maravilloso trabajo la gente más cercana a él aún no comprende.

 

• Quizá está enojado porque los líderes judíos – gente de fuera – hasta aquéllos que pronto le crucificarán – están interrumpiendo en este momento tan privado.

 

• Quizá esta enojado “porque se encontró cara a cara con el reino de Satanás, que en este instante, era representado por la muerte” (Brown, 435).

 

• Quizá está enojado porque la muerte y resurrección de Lázaro le adelantan el conocimiento de su propia muerte y resurrección que pronto experimentará.  Quizá este dialogo hace surgir en Jesús miedo de lo que se avecina.

 

• Quizá Jesús solo “comparte la tristeza de sus amigos y sus vecinos” (Smith, 225).

 

Este Evangelio ha dicho poco de las emociones de Jesús hasta ahora.  En esta lección, sin embargo, ama a Lázaro, Marta, y María.  Está inquieto de espíritu y muy conmovido.  El llora.

La emoción no es una cosa limpia y ordenada.  No descansa sumisamente en pequeños agujeros ni se confina a títulos en blanco y negro.  Aquí, Jesús está compartiendo con una querida amiga, Marta, su agonía.  Su llanto no es gentil y controlado, sino que “serían llantos incontrolables y gritos casi histéricos, porque era el punto de vista judío que lo más incontrolable el llanto, más honor que se le rendía al difunto.” (Barclay, 112).  La respuesta natural humana en la cara de tan terrible agonía es un desbordamiento de emociones – angustia, temor, ira, y frustración.  La angustia de María claramente despierta algo profundo y vulnerable en Jesús.

 

“Señor, ven, y ve” (v. 34).  En otro lugar en este Evangelio, “Ven y ve” es una invitación para ser discípulo (1:39; 1:46; 4:29).  “Aquí la palabra da la vuelta sobre Jesús mismo” (Craddock, 178).

 

“Y lloró Jesús.  Dijeron entonces los judíos: Mirad cómo le amaba” (vv. 35-36).  Los judíos interpretan las lágrimas de Jesús como agonía por su amigo, pero no debemos oír eso autoritariamente.  Mientras que este segmento trata a “los judíos” más favorablemente que el resto de este Evangelio, son de todos modos personas de fuera que solo ven lo que pasa en la superficie.  En este Evangelio, la mayoría de las cosas importantes toman lugar justo debajo de la superficie.

 

“¿No podía éste que abrió los ojos al ciego, hacer que éste no muriera?” (v. 37).  Algunos judíos se preguntan por qué Jesús abrió los ojos de un desconocido, pero falló en ayudar a su querido amigo.  ¡Buena pregunta!  Jesús nos dijo la respuesta en v. 4, pero Marta, María, y sus amigos no se dan cuenta de eso.

 

 

VERSÍCULOS 38-44: ¡LÁZARO, VEN FUERA!

 

38Y Jesús, conmoviéndose (griego: embrimomenos) otra vez en sí mismo, vino al sepulcro.  Era una cueva, la cual tenía una piedra encima.  39Dice Jesús: Quitad la piedra. Marta, la hermana del que se había muerto, le dice: Señor, hiede ya, que es de cuatro días.  40Jesús le dice: ¿No te he dicho que, si creyeres, verás la gloria de Dios? 41Entonces quitaron la piedra de donde el muerto había sido puesto. Y Jesús, alzando los ojos arriba, dijo: Padre, gracias te doy que me has oído.  42Que yo sabía que siempre me oyes; más por causa de la compañía que está alrededor, lo dije, para que crean que tú me has enviado. 43Y habiendo dicho estas cosas, clamó á gran voz: Lázaro, ven fuera.  44Y el que había estado muerto, salió, atadas las manos y los pies con vendas; y su rostro estaba envuelto en un sudario. Díceles Jesús: Desatadle, y dejadle ir.

 

 

“Y Jesús, conmoviéndose otra vez en sí mismo, vino al sepulcro” (v. 38).  Como en v. 33, Jesús está inquieto – enojado (embrimomenos).  La tumba es una cueva con una piedra contra la entrada, uno de muchos paralelos entre esta historia y la de la muerte y resurrección de Jesús.

 

“Señor, hiede ya, que es de cuatro días” (v. 39).  Marta protesta la orden de Jesús de quitar la piedra, porque el cuerpo de Lázaro ya habrá empezado a descomponerse en estos cuatro días.  El horrible olor e imagen visual de su descomposición constituirían un horror innecesario.  Ella y María ya han sufrido bastante - ¿Hará Jesús su sufrimiento aún peor?  La aversión de Marta es un contrapunto a la fe que demostró anteriormente en v. 27.  Ella cree pero no cree.

 

“¿No te he dicho que, si creyeres, verás la gloria de Dios?” (v. 40).  De nuevo, Jesús se refiere a la gloria de Dios – el propósito servido por este incidente.

 

“Padre, gracias te doy que me has oído” (v. 41).  La oración de Jesús no pide la resurrección de Lázaro, sino que es una oración de agradecimiento que el Padre ha oído el rezo de su corazón.  Jesús confía porque su voluntad es “que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra” (4:34) – y él y el Padre son uno (17:11, 21).  Nos anima a tener este mismo valor, porque “Y cualquier cosa que pidiéremos, la recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de él” (1 Juan 3:22).

 

“Mas por causa de la compañía que está alrededor, lo dije, para que crean que tú me has enviado” (v. 42).  La oración de Jesús es testimonio público para la muchedumbre, para que ellos también crean.

 

“¡Lázaro, ven fuera!” (v. 43).  Al mandar esto Jesús, Lázaro sale de la tumba todavía envuelto por sus telas de entierro.  La imagen pasa del horror a la maravilla, dependiendo en que si se mira por los ojos de fe o no.

 

Sería fácil malinterpretar este milagro como un simple favor de Jesús a sus queridos amigos – ver a Jesús como un simple obrador de maravillas – pero esta señal sirve un propósito más grande.  Es “por gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella” (v. 4).  Verifica que Jesús es “la resurrección y la vida” (v. 25) igual que confirma la promesa que “el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.  Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente” (vv. 25-26).

 

“Desatadle, y dejadle ir” (v. 44).  Aunque las ropas de entierro que envuelven a Lázaro no le han impedido salir de la tumba, restringirían su movimiento.  Además, ropas de entierro ya no son apropiadas para Lázaro, que ya no está muerto, entonces, Jesús manda que se las quiten.

 

La muerte de Lázaro resultó ser momentánea, pero también lo será su vida.  “La resurrección no es una inmunidad personal contra la muerte, y no es el final de nada” (Gomes).  Los judíos conspirarán para matar a Lázaro (12:10), pero no tenemos ninguna razón para creer que lo hicieron.  Sin embargo, Marta y María seguramente, al cabo de unos años, encontrarán necesario el preparar el cuerpo de Lázaro para el entierro una vez más.  La vida física que Jesús le da a Lázaro es solo un alivio temporal, pero la vida eterna que ofrece es simplemente eso – eterna.

 

 

VERSÍCULO 45: MUCHOS DE LOS JUDÍOS CREYERON EN ÉL

 

45Entonces muchos de los judíos que habían venido á María, y habían visto lo que había hecho Jesús, creyeron en él.

 

 

Esperamos que este Evangelio refleje la gratitud inmensa que sienten Marta y María – quizá bailando en las calles.  ¡Nada! ¡Ningún relato de alegría!  Pero esto no significa que no se celebre el evento.  Este Evangelio se concierna con la gloria de Dios y la fe de sus creyentes.  Bailar en las calles no es su estilo.

 

“Muchos de los judíos...creyeron en él” (v. 45).  La mayoría de las referencias a “los judíos” en este Evangelio no son favorables, pero el sanar y la resurrección de Lázaro resultan en una descripción favorable.

 

Mientras que este Evangelio termina con v. 45, necesitamos saber lo que sigue.  Los altos sacerdotes y fariseos, preocupados por la creciente popularidad de Jesús, reunirán al Sanedrín para determinar que hacer con él.  En esa reunión, Caiafás hará su famoso discurso de que es mejor “que un hombre muera por el pueblo, y no que toda la nación se pierda” (v. 50).  Caiafás quiere decir que es mejor matar a Jesús a permitirle que extravíe a la nación entera pero, irónicamente, lo dice de una manera que concuerda con el propósito de Jesús.  Además, Jesús morirá para salvar a la nación – y el mundo.  Los altos sacerdotes conspirarán para matar a Lázaro (12:10), aunque no existe ningún relato de que lo lleguen a hacer.

 

El sanar y la resurrección de Lázaro, entonces, es el evento que precipita la crucifixión de Jesús.  Los eventos que siguen esta historia son la conspiración del Sanedrín, el untar por parte de María, la conspiración contra Lázaro, y la entrada triunfal.

 

 

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada en http://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html.  Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

 

 

BIBLIOGRAFÍA:

 

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