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RECURSOS PARA PREDICAR

Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

 

 

PASAJE BÍBLICO:     Lucas 24:36b-48

 

 

EXÉGESIS:     

 

CAPÍTULO 24: APARICIONES DE LA RESURRECCIÓN

 

La aparición de Jesús “á los once… y á los que estaban con ellos” toma lugar en Jerusalén, donde los dos hombres que encuentran al Cristo resucitado en camino a Emmaús encuentran “á los once reunidos, y á los que estaban con ellos” (v. 33).  Lucas nos ha dicho que el encuentro de los dos hombres en la carretera de Emmaús tomó lugar “el mismo día” (v. 13) – refiriéndose al día de la resurrección de Cristo.  Entonces, nos dice que después de reconocer a Jesús en el momento de partir el pan, “levantándose en la misma hora, tornáronse á Jerusalén, y hallaron á los once reunidos, y á los que estaban con ellos” (v. 33).  Entonces, este encuentro seguramente toma lugar la noche de Pascua.  Toma lugar seguramente en la habitación donde los discípulos se reunieron con la puerta cerrada, como se relata en el Evangelio de Juan (Juan 20:19-23) – aunque Lucas no especifica el lugar.

 

Esta es la tercera aparición de Jesús resucitado en el Evangelio de Lucas.  Las mujeres encuentran la tumba vacía, pero no ven a Jesús (vv. 1-12).  La primera aparición de Jesús es a Pedro, pero Lucas solo menciona el encuentro sin detalles (v. 34).  La segunda aparición es a los dos discípulos en camino a Emmaús, un incidente que Lucas relata con bastante detalle (vv. 13-35).

 

La aparición de la Carretera de Emmaús (vv. 13-35) prepara el camino para la aparición de Jesús a sus discípulos reunidos (vv. 36-49).  Existen varios paralelos entre las dos apariencias:

 

• Jesús aparece a discípulos que no le reconocen (v. 16) o imaginan ver un espíritu (v. 37).

 

• Jesús regaña a los discípulos por no creer (vv. 25, 38).

 

• Jesús parte el pan para los discípulos (v. 30) o come en su presencia (v. 43).

 

• Jesús interpreta escritura para la edificación de los discípulos (vv. 27, 44-47).

 

• A los discípulos les arde el corazón al escuchar a Jesús (v. 32) o responden con alegría (v. 41).

 

“El único elemento añadido, no presente en el episodio de Emmaús, es la comisión que Cristo les da a sus discípulos” (véase vv. 46-49 para la comisión) (Fitzmyer, 1573).

 

 

VERSÍCULOS 36-43: EL ESPÍRITU NI TIENE CARNE NI HUESOS

 

36Y entre tanto que ellos hablaban estas cosas, él se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz á vosotros. 37Entonces ellos espantados y asombrados, pensaban que veían espíritu (griego: pneuma). 38Mas él les dice: ¿Por qué estáis turbados, y suben pensamientos á vuestros corazones? 39Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy: palpad, y ved; que el espíritu ni tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo. 40Y en diciendo esto, les mostró las manos y los pies. 41Y no creyéndolo aún ellos de gozo, y maravillados, díjoles: ¿Tenéis aquí algo de comer? 42Entonces ellos le presentaron parte de un pez asado, y un panal de miel. 43Y él tomó, y comió delante de ellos.

 

 

“Y entre tanto que ellos hablaban estas cosas” (v. 36a).  ¿Quiénes son “ellos”?  Son los dos discípulos del encuentro en la carretera a Emmaús, los once, y los que estaban con ellos (vv. 32-35).  El tema de discusión inmediatamente antes de esta aparición de Jesús fue la aparición anterior en la carretera a Emmaús.  Los dos discípulos que vieron a Jesús en esa ocasión contaban “cómo había sido conocido de ellos al partir el pan” (v. 35).  Fue “entre tanto que ellos hablaban estas cosas” que Jesús de repente se puso frente a ellos diciendo “Paz á vosotros” (v. 36b).

 

“espantados y asombrados, pensaban que veían espíritu” (v. 37).  Basado en la presencia y el testimonio de los discípulos de la carretera de Emmaús, podríamos imaginar que los discípulos reunidos estarían bien preparados para la aparición de Jesús entre ellos pero, en lugar de alegrarles, la repentina apariencia de Jesús les asusta y espanta.  Dan por hecho que están viendo un pneuma – un espíritu o fantasma sin cuerpo.

 

“¿Por qué estáis turbados, y suben pensamientos á vuestros corazones? Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy: palpad, y ved; que el espíritu ni tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo” (vv. 38-39).  Jesús presenta dos pruebas que demuestran que no es un espíritu, pero que su cuerpo ha sido resucitado.  Primero, les muestra sus manos y pies y les invita a palparle.  Segundo, pide comida y come en su presencia.  Ninguna de estas acciones sería posible si Jesús fuera un espíritu sin cuerpo.

 

Al relatar esta historia Lucas tiene un propósito apologético – establecer que Jesús ha sido resucitado de la muerte en un cuerpo físico, un hecho al que este grupo relativamente grande puede testificar que ha visto con sus propios ojos.  Jesús llamará estos discípulos a ser “testigos de estas cosas” (v. 48), y el efecto de su testimonio dependerá en la experiencia personal que cada uno tenga con el Señor resucitado.

 

Este énfasis en el cuerpo de Jesús requiere que consideremos dos creencias griegas populares – la dualidad y la inmortalidad.  El dualismo divide el mundo entre lo físico y lo espiritual, diciendo que el mundo físico es malo y que el espiritual es bueno.  El concepto de la inmortalidad, basado en este entendimiento dualista dice que al morir el espíritu o el alma buena, se separa del cuerpo malo y continúa viviendo independientemente del cuerpo.

 

Debemos anotar que hoy muchos cristianos tienen un entendimiento algo borroso entre la resurrección (orientada al futuro – Dios levanta a una persona de la muerte después de un periodo de tiempo) y la inmortalidad (orientada al presente – una vida que continúa después de la muerte sin pasar el tiempo).  En un funeral, no es inusual oír a cristianos diciendo, “Ése no es José.  José está en otro lugar” – como si el cuerpo fuera piel que se desprende al morir – algo que ya no importa para la persona difunta.  Sin embargo, Jesús se presenta después de la resurrección, no como un espíritu sin cuerpo, sino como persona de carne y hueso – un cuerpo reconocible a la vista y al tacto – un cuerpo capaz de comer.  Las escrituras enseñan que nosotros también resucitaremos de la muerte en forma corporal.  El cuerpo no es un desperdicio sin valor que dejamos atrás, en cambio, es parte íntegra de nuestra identidad.

 

No obstante, también hemos de reconocer que aunque la resurrección es la enseñanza principal del Nuevo Testamento, el Nuevo Testamento también incluye escrituras referentes a la inmortalidad.

 

• En su Oración de Alto Sacerdocio, Jesús dice, “Esta empero es la vida eterna: que te conozcan el solo Dios verdadero, y á Jesucristo, al cual has enviado” (Juan 17:3) – así dando a la vida eterna una dimensión del “ahora” que generalmente consideramos algo que solo experimentamos en el futuro.

 

• En su capítulo clásico de la resurrección, casi todo orientado al futuro, Pablo habla de la inmortalidad.  “Porque es menester que esto corruptible sea vestido de incorrupción, y esto mortal sea vestido de inmortalidad.  Y cuando esto corruptible fuere vestido de incorrupción, y esto mortal fuere vestido de inmortalidad, entonces se efectuará la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte con victoria” (1 Corintios 15:53-54).

 

• Jesús incorpora ambas dimensiones del “ahora” y el “futuro” en una sola oración cuando dice, “El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna (ahora): y yo le resucitaré en el día postrero (futuro)” (Juan 6:54).

 

También hay aquí temas pastorales delicados:

 

• Debemos tener cuidado de no corregir a gente que lamenta.  Es bueno predicar la resurrección, pero no es tan bueno pedir de una persona que lamenta que explique algo como, “ése no es José.”

 

• También, con la doctrina de la resurrección surgen preguntas de personas cuyos cuerpos fueron destruidos en una explosión, incendio, u otro desastre.  ¿Qué es de ellos?  La respuesta es que el Dios original que les dio vida (y cuerpo) es muy capaz de restaurarles vida (y cuerpo) a través de la resurrección.

 

• Y entonces aparece el tema de la incineración – ¿es la incineración un obstáculo para la resurrección? Es difícil imaginar que el Dios que resucita cuerpos perdidos al mar o quemados en un accidente no pueda también resucitar cuerpos incinerados.  Hay otros temas que considerar, como el respeto con el que se trata el cuerpo difunto.  En mi opinión, la incineración parece tan respetuosa como el embalsamamiento.

 

Al comprender que Lucas puede tener un propósito apologético aquí (establecer que Jesús ha resucitado de la muerte en cuerpo físico), podemos dudar la verdad de esta historia.  Quizá Lucas la ha fabricado para dar credibilidad a la resurrección de Jesús.  Sin embargo, la historia es creíble a causa de las vidas cambiadas de estos discípulos.  Antes de su aparición, estaban vencidos y temerosos.  Después de su aparición, encontrarán valor para predicar en público en alguna esquina de Jerusalén durante Pentecostés – para traer a miles de judíos a la fe cristiana en un bautizo muy público (Hechos 2).  Seguirán adelante para cambiar el mundo.

 

También debemos anotar que, aunque el cuerpo resucitado de Jesús es un cuerpo físico, aparentemente es diferente de su cuerpo antes de la resurrección.  Aparece de repente y de la nada (v. 36).  En el Evangelio de Juan, entra en un cuarto sin ser impedido por una puerta cerrada (Juan 20:19).  Los discípulos de Emmaús no le reconocieron por mucho tiempo, y los discípulos reunidos necesitan pruebas de que no es un espíritu.

 

Pablo habla del cuerpo resucitado en 1 Corintios 15:35-57, contrastando el cuerpo físico con el cuerpo espiritual (1 Corintios 15:44).  Sin embargo, Pablo “quería enfatizar la diferencia entre Jesús de Nazarea antes de la resurrección y el Señor Jesús después de la resurrección pero, aquí, Lucas quiere enfatizar su similitud” (Stein, 618).

 

Los discípulos responden a Jesús con alegría, incredulidad, y maravilla (v. 41).  La apariencia repentina de Jesús abruma su capacidad de procesar lo que está pasando.  La experiencia de una vida les dice que la muerte es el fin, pero la presencia repentina de Jesús les dice otra cosa.  No nos debe sorprender que estén atónitos.  Imagine como respondería Usted si enterrara un ser querido y se lo encontrara de nuevo, vivo, pocos días después.  Alegría, incredulidad, maravilla, ¡sí! Confusión, ¡absolutamente!

 

 

VERSÍCULOS 44-48: LES ABRIÓ EL SENTIDO

 

44Y él les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario (griego: dei – es necesario – una necesidad divina) que se cumpliesen todas las cosas que están escritas de mí en la ley de Moisés, y en los profetas, y en los salmos. 45Entonces les abrió el sentido, para que entendiesen las Escrituras; 46Y díjoles: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; 47Y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y la remisión de pecados en todas las naciones (griego: ethne), comenzando de Jerusalén. 48Y vosotros sois testigos (griego: martures – de maruria – de aquí viene nuestra palabra “mártir”) de estas cosas.

 

 

“Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario (dei) que se cumpliesen todas las cosas que están escritas de mí en la ley de Moisés, y en los profetas, y en los salmos” (v. 44).  Primero, Jesús demostró la realidad física de su cuerpo resucitado al invitar a los discípulos a mirarle y tocarle y también al comer en su presencia.  Nos imaginamos a los discípulos escuchando en silencio, atónitos.  Ahora Jesús toma el próximo paso en el proceso de revelación, recordando a los discípulos de lo que les había dicho antes – ayudándoles a comprender las escrituras – escrituras que hablan del Mesías que sufre y resucita al tercer día (v. 46) – escrituras que hablan del “arrepentimiento y la remisión de pecados en todas las naciones, comenzando de Jerusalén” (v. 47).

 

Lucas no especifica cuáles de las palabras anteriores de Jesús son las que ahora repite a los discípulos, pero seguro que deben incluir sus predicciones de la pasión (9:22; 18:31-33).  Ambas predicen su sufrimiento y muerte en manos de líderes judíos tanto como su resurrección al tercer día.  18:31 relata que esto pasará en Jerusalén y que concuerda con las escrituras de los profetas.

 

Lucas tampoco especifica cuáles son las escrituras que Jesús les ayuda a comprender.  No hay ninguna escritura del Antiguo Testamento que incorpore los tres temas de vv. 46-47 – tres temas que formarán el centro del kerigma de la iglesia: (1) el sufrimiento y la muerte del Mesías, (2) su resurrección al tercer día, y (3) la proclamación de arrepentimiento y del perdón de todas las naciones.  No obstante, existen varias escrituras del Antiguo Testamento que se refieren a elementos particulares.  Lucas menciona o cita un número de ellas en los Hechos de Lucas (véase Bock, 387-389 y Evans, 358-360).

 

• Isaías 53:7-8 dice, “Angustiado él, y afligido, no abrió su boca: como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca.  De la cárcel y del juicio fue quitado; y su generación ¿quién la contará? Porque cortado fue de la tierra de los vivientes; por la rebelión de mi pueblo fue herido.”  Lucas nos dice que éstos fueron los versículos que el eunuco de Etiopia estaba leyendo.  Felipe usará estos versículos para proclamarle a él las buenas noticias de Jesús (Hechos 8:32-35).

 

• Salmo 16:10 dice, “Porque no dejarás mi alma en el sepulcro; Ni permitirás que tu santo vea corrupción.”  Pedro se refiere a este versículo en Hechos 2:27 y Pablo en Hechos 13:25 (ambos casos documentados por Lucas).

 

• Óseas 6:2 dice, “Darános vida después de dos días: al tercer día nos resucitará y viviremos delante de él.”  Este versículo puede ser al que Jesús se refiere en Lucas 24:46.

 

• En Lucas 11:29-32, Jesús se refirió a la señal de Jonás.  En la versión de Mateo Jesús dijo, “Porque como estuvo Jonás en el vientre de la ballena tres días y tres noches, así estará el Hijo del hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches” (Mateo 12:40).

 

• Isaías 49:6 dice, “te di por luz de las gentes, para que seas mi salud hasta lo postrero de la tierra.” Lucas se refiere a este versículo en Lucas 2:32; Hechos 1:8; 13:47.

 

• Joel 2:32 dice, “Y será que cualquiera que invocare el nombre de Jehová, será salvo,” citado por Pedro (y documentado por Lucas) en Hechos 2:21.

 

• Otras escrituras del Antiguo Testamento que Jesús puede haber usado para abrir las mentes de los discípulos incluyen Salmos 22; 31:5; 69; 110:1; 118:22-26 e Isaías 11:10.

 

También, Green anota la referencia inusual a los salmos en v. 44 (la frase normal sería “la ley y los profetas,” pero Jesús añade los salmos).  Green llama esto “una consecuencia del papel importante de los salmos en la interpretación de la pasión de Jesús por parte de Lucas” y concluye, “No solo Isaías…, pues todas las Escrituras hablan de Jesús y se consuman en él” (Green, 856).  Como solía decir uno de mis profesores, todo el Antiguo Testamento señala adelante hacia Jesús y todo el Nuevo Testamento señala atrás hacia Jesús.  Jesús es el punto de enfoque en toda escritura.

 

“Y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y la remisión de pecados” (v. 47a).  Aunque esto no se encuentre en el imperativo (Jesús no dice, “proclamarás”), sin embargo constituye la declaración de la misión de Jesús para los discípulos.  Han de proclamar dos cosas – arrepentimiento y remisión de pecados.  Han de hacerlo en el nombre el Mesías, quien hace posible el perdón.

 

“en todas las naciones, comenzando de Jerusalén” (v. 47b).  Los discípulos han de proclamar arrepentimiento y perdón “en todas las naciones” (eis panta ta ethne).  La palabra ethne puede significar naciones o gentiles, y estas palabras sugieren abrir la puerta a gentiles cristianos.  En los Hechos de los Apóstoles, Lucas describirá como los discípulos llegan a comprender el Mesías judío como el Mesías de todos (véase especialmente Hechos 10).

 

Esta proclamación comienza en Jerusalén (v. 47), pero no será limitada a Jerusalén.  Los discípulos han de ser testigos de Jesús “en Jerusalén, en toda Judea, y Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:8).  Antes de Jesús, judíos habían asumido un modelo centrípeto, con el mundo atraído hacia un punto céntrico, Jerusalén.  Después de Jesús, el modelo se reversa, circulando hacia fuera desde Jerusalén. 

 

En Marcos y Mateo, Jesús hace declaraciones de comisión aún más explícitas – “en cada caso amoldadas a un tema mayor de cada Evangelio” (Fitzmyer, 1578).  Cuando Lucas enfatiza arrepentimiento y remisión de pecados (v. 47), Marcos enfatiza predicar el Evangelio (Marcos 16:15) y Mateo enfatiza hacer discípulos y enseñanza (Mateo 28:19-20a).

 

La proclamación inicial tomará lugar el día de Pentecostés en Jerusalén con el sermón de Pedro (Hechos 2), que enfatizará los tres grandes temas de vv. 46-47:

 

• El sufrimiento y la muerte del Mesías (Hechos 2:23, 36).

 

• Su resurrección al tercer día (Hechos 2:24, 31-36).

 

• La proclamación de arrepentimiento y perdón de todas las naciones (Hechos 2:17, 21, 38-39).

 

“Y vosotros sois testigos (martures – de marturia – un testigo, uno que rinde testimonio) de estas cosas” (v. 48).  “En las escrituras del Nuevo Testamento, el concepto de ‘testigo’ se desarrolla desde el papel de un testigo, a uno que puede testificar del Evangelio, a uno que muere por el evangelio (un mártir)” (Culpepper, 488).

 

Estos discípulos a quienes Jesús habla en nuestra lección del Evangelio, abriendo su entendimiento de las escrituras (v. 45), son testigos del Cristo resucitado.  Le han visto con sus ojos y le han experimentado en sus vidas.  Ahora, testificarán de lo que han visto, y algunos serán matados como consecuencia.  Debían “contar la historia.  No contarla como un rumor, sino como su propia sabiduría (1 Juan 1:1).  Y contarla a un coste.  No había ningún otro plan” (Scherer, 433).

Todavía no existe ningún otro plan.  No hemos visto al Cristo resucitado con nuestros propios ojos, pero lo hemos experimentado en nuestras vidas.  Nuestra responsabilidad es “contar la historia.  No contarla como un rumor, sino como nuestra propia sabiduría… Y contarla a un coste.  No hay ningún otro plan.”

 

 

VERSÍCULOS 49-53: LA ASCENSIÓN

 

49Y he aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros: mas vosotros asentad en la Ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de potencia de lo alto.

 

50Y sacólos fuera hasta Bethania, y alzando sus manos, los bendijo. 51Y aconteció que bendiciéndolos, se fue de ellos; y era llevado arriba al cielo. 52Y ellos, después de haberle Adorado, se volvieron á Jerusalén con gran gozo; 53Y estaban siempre en el templo, alabando y bendiciendo á Dios. Amén.

 

 

Estos versículos no se incluyen en la lectura de la Revisión del Leccionario Común, seguramente porque la RLC utiliza versículos 44-53 para la Ascensión, Años ABC.  Sin embargo, Fitzmyer anota que versículos 36-53 forman “una unidad literaria, porque solo recuentan una apariencia del Cristo resucitado” (Fitzmyer, 1572, cf. 1578).

 

El no incluir versículo 49 en esta lectura del leccionario parece particularmente confuso.  En ese versículo, Jesús aún está con los discípulos en Jerusalén y les da sus órdenes.  Han de permanecer en Jerusalén hasta recibir “la promesa de mi Padre” – hasta que “seáis investidos de potencia de lo alto” – hasta que reciban el Espíritu Santo.  No han de “proceder por su cuenta; la comisión de Cristo claramente incluye la gracia, pero también es una comisión autorizada, con una investidura de dynamis (poder), que necesitarán para llevarla a cabo” (Fitzmyer, 1580).

 

 

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada en http://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html.  Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

 

 

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Copyright 2007, Richard Niell Donovan