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RECURSOS PARA PREDICAR

Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

 

 

 

PASAJE BÍBLICO:     Lucas 20:27-38

 

 

EXÉGESIS:     

 

19:28 – 20-47: CONTROVERSIAS EN JERUSALÉN

 

Jesús se propuso ir a Jerusalén en 9:51, y finalmente llega allí en 19:28-40.  Él llora por Jerusalén (19:41-44), depura el templo (19:45-46), y enseña en el templo mientras los altos sacerdotes, escribientes y líderes buscan una manera de matarle (19:47-48).

 

Las autoridades religiosas le hacen a Jesús tres preguntas:

 

• Primero, los altos sacerdotes, escribientes, y los más ancianos preguntan, “Dinos: ¿con qué potestad haces estas cosas? ¿Ó quién es el que te ha dado esta potestad?” (20:2).

 

• Segundo, los altos sacerdotes y escribientes (o sus espías – véase 20:20) preguntan, “¿Nos es lícito dar tributo á César, ó no?” (20:22).

 

• Finalmente, en nuestra lección del Evangelio de hoy los Saduceos preguntan, “En la resurrección, pues, ¿mujer de cuál de ellos será? Porque los siete la tuvieron por mujer” (20:33).

 

Ninguna de estas preguntas pide información honestamente.  Las tres intentan atrapar a Jesús – y comprometer su autoridad.

 

El capítulo 20 cierra cuando Jesús les hace una pregunta a “ellos” – no está claro si eran  Saduceos en particular o las autoridades religiosas (20:41-44).  Jesús denuncia a los escribientes por su orgullo y avaricia (20:45-47).  Es interesante notar que fueron los escribientes que alabaron a Jesús por su respuesta a los Saduceos pocos versos antes (20:39).  Lo más probable es que estos escribientes fueran Fariseos que se oponían a los Saduceos.  Alabaron a Jesús, no porque aprobaran de Él, sino porque incitaba a sus opositores, los Saduceos.

 

“Este pasaje es importante porque demuestra una vez más que Jesús entiende que el camino de Dios y su voluntad son superiores a sus opositores.  Es más, demuestra la afirmación de Jesús de una resurrección y una vida después de morir diferente de la vida de ahora en ciertas maneras.  No hay reencarnación, ni es esta vida lo único que hay...  Este texto clarifica que esta vida es el único tiempo mortal que tenemos, y que después de ella tendremos que responderle a Dios por la manera en que la hemos vivido” (Bock, 328).

 

 

VERSÍCULOS 27-33: ¿MUJER DE CUÁL DE ELLOS SERÁ?

 

27Y llegándose unos de los Saduceos, los cuales niegan haber resurrección (griego: anastasin), le preguntaron, 28Diciendo: Maestro, Moisés nos escribió: Si el hermano de alguno muriere teniendo mujer, y muriere sin hijos, que su hermano tome la mujer, y levante simiente (griego: exanastese – relacionado con la palabra anastasin en v. 27) á su hermano.  29Fueron, pues, siete hermanos: y el primero tomó mujer, y murió sin hijos.  30Y la tomó el segundo, el cual también murió sin hijos.  31Y la tomó el tercero: asimismo también todos siete: y murieron sin dejar prole.  32Y á la postre de todos murió también la mujer.  33En la resurrección, pues, ¿mujer de cuál de ellos será? porque los siete la tuvieron por mujer.

 

 

“Unos de los Saduceos, los cuales niegan haber resurrección” (v. 27).  Solemos agrupar a los Saduceos y Fariseos juntos como opositores de Jesús, pero los dos grupos son bastante diferentes:

 

• Los Saduceos reciben su nombre del sacerdote, Zadok (véase 2 Samuel 15 ff.).  Son miembros y partidarios de la familia de altos sacerdotes.  Suelen ser ricos y estar bien conectados políticamente.  Aceptan solamente el Tora como escritura autoritaria, asignando un puesto más bajo a las escrituras de los profetas y negándose a la tradición oral por completo.  Niegan la idea de la resurrección, porque no se encuentra en el Tora.  Enfatizan el libre albedrío en vez del determinismo.  Es interesante mencionar que sabios están de acuerdo con la idea de que los Saduceos no creen en los ángeles, pero que se encuentran en el Tora (Gen 16:7; 21:17; 22:11, etc.).  No pretendo comprender porque no creen en ángeles.

 

• Los Fariseos son más religiosos y menos políticos.  Aceptan la autoridad de ambos el Tora y los profetas, y dependen mucho en la tradición oral para comprender las escrituras.  Creen en la resurrección, un concepto no desarrollado completamente en el AT y no mencionado en el Tora.

 

En las primeras partes del AT, la gente suponía que continuaría viviendo a través de sus hijos – por ejemplo, la promesa de Dios a Jacobo que su semilla sería como el polvo de la tierra (Gen 28:14).  Al pasar el tiempo, la gente judía desarrolló una creencia en la resurrección, en parte, porque creían que Dios vindicaría a los hombres y mujeres buenos que murieron sin poder disfrutar los frutos de su bondad.  La palabra resurrección no aparece en el AT, pero los principios del concepto se encuentran en Job 19:26; Salmo 16:10; 49:15; Isaías 25:8; 26:16-19; Daniel 12:2; y Óseas 13:14.  Ezequiel 37 habla de huesos secos que vuelven a vivir, pero la imagen es la del pueblo judío como uno en vez de individuos.  La idea de la resurrección se desarrolla más en el apócrifa (véase 2 Macc.7).

 

También debemos anotar la diferencia entre los dos conceptos; el de la resurrección (Dios levanta a una persona de la muerte después de un tiempo) y la inmortalidad (la vida continúa después de la muerte sin interrupción al tiempo).  Mientras que cristianos de hoy a menudo confunden estas dos ideas, la idea de la resurrección está centrada en la acción de Dios y tiene sus raíces en la tradición cristiana.  La inmortalidad encuentra su definición más completa en  filosofía griega, aunque haya mención de ella en las escrituras (incluyendo v. 38 de esta lección del Evangelio).  “La inmortalidad se basa en una doctrina de la naturaleza humana; la resurrección se basa en una doctrina de la naturaleza de Dios” (Craddock, Preaching, 469).

 

“En la resurrección, pues, ¿mujer de cuál de ellos será? Porque los siete la tuvieron por mujer” (v. 33).  La ley de matrimonio levirato (Deut. 25:5-6) requiere que un hombre cuyo hermano muere sin hijos se case con la viuda de su hermano para que la mujer pueda tener hijos.  Al primer nacido de esa unión se le debe poner el nombre del difunto para que su linaje continúe.  Esta ley también beneficia a la viuda, cuyas circunstancias serían considerablemente disminuidas sin un esposo.

 

Los Saduceos llaman a Jesús Maestro, pero solo para prepararle – preguntando algo diseñado para confundirle en vez de informar – intentando avergonzar a Jesús – menospreciar su autoridad como maestro – y para demostrar que no puede haber resurrección.  Invitan a Jesús a entrar en el territorio donde no puede ganar entre los Saduceos que no creen en la resurrección y los Fariseos que sí creen en ella – un lugar donde está destinado a enajenar a la mitad de su público.  Si Él dice que los siete hermanos serán los esposos de la mujer, enajenará a todos.  La gente se puede imaginar a un hombre con siete esposas, pero no a una mujer con siete esposos.

 

Los Saduceos proponen la cuestión “por un juego de palabras sobre la resurrección.  En versículo 27 anastasis (resurrección) se usa para identificar a los Saduceos.  Aparece otra vez en versículo 28 como el deber del hermano (exanastese: criar a un niño)” (Henrich, 444).

 

 

VERSÍCULOS 34-36: AQUÉLLOS DIGNOS DE LA RESURRECCIÓN

 

34Entonces respondiendo Jesús, les dijo: Los hijos de este siglo se casan, y son dados en casamiento: 35Mas los que fueren tenidos por dignos de aquel siglo y de la resurrección de los muertos, ni se casan, ni son dados en casamiento: 36Porque no pueden ya más morir: porque son iguales á los ángeles, y son hijos de Dios, cuando son hijos de la resurrección.

 

 

“Este siglo...aquel siglo” (vv. 34-35).  Jesús nos llama la atención al hecho de que la pregunta hecha por los Saduceos considera la resurrección como una extensión de la vida tal como la conocemos.  Después, describe la falta de continuidad tan dispar entre la vida terrenal (“este siglo”) y la vida de la resurrección (“aquel siglo”).  La procreación sexual es necesaria para mantener la raza humana en “este siglo” – un mundo donde la gente muere.  No es necesaria en “aquel siglo” donde la gente es como los ángeles – ya no está a la disposición de la muerte.  “La vida en la resurrección no es simplemente una resucitación del ser, continuada por la vida previamente vivida con todas sus relaciones intactas y continuas” (Nickle, 217).

 

Es natural que hagamos preguntas sobre la vida de la resurrección, pero no debemos esperar comprenderla completamente mientras estamos viviendo en “este siglo”.  El libro de Revelación, por ejemplo, usa lenguaje familiar (puertas de perlas y calles de oro) para ayudarnos a imaginar algo completamente alejado de nuestra experiencia.  Tal lenguaje sirve solo de metáfora para ayudarnos a apreciar las maravillas de un reino que todavía no podemos comprender por completo.  Intentar explicar la resurrección a una persona metida en lo terrenal es un poco como intentar explicar el color rojo a una persona que nació ciega y nunca ha visto colores.

En sus comentarios a los Saduceos, Jesús no incorpora otras necesidades, como las del sexo y la compañía humana, las cuales se encuentran en el matrimonio en esta vida.  Se supone que las barreras que separan a una persona de otra se evaporarán en ese ambiente sin pecado, y las necesidades de intimidad se cumplirán en las relaciones varias de una persona – la primera siendo con Dios.  Otra vez, estamos hablando de cosas fuera de nuestra comprensión y apreciación.

 

Francamente, a la mayoría de las personas pensar de una vida sin matrimonio y sin sexo no les atrae.  Ganar una relación de cara a cara con Dios no parece compensar la pérdida de matrimonio y sexo.  Debemos esperar, sin embargo, que la vida en la resurrección estará llena de alegrías que ahora no podemos comprender, tal como un niño pequeño no puede comprender los placeres de la cama del matrimonio.  Lo que puede disgustar a los seis años puede parecer muy bueno a la edad de veintiséis.  Así, no tenemos la capacidad de comprender la alegría de “aquel siglo”, pero debemos esperar que sea muy diferente y que la disfrutaremos aún más que la alegría que vivimos en “este siglo” – se disfrutará más de lo que nuestra experiencia en “este siglo” nos permite imaginar.

 

Pablo menciona la vida de la resurrección en 1 Cor. 15:35-58.  Su lenguaje está lleno de imágenes poéticas que nos dan un vistazo de eso que no podemos ver y nos ayuda a comprender  lo que realmente no podemos saber mientras estamos en esta tierra.  “Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción se levantará en incorrupción; Se siembra en vergüenza, se levantará con gloria; se siembra en flaqueza, se levantará con potencia; Se siembra cuerpo animal, resucitará espiritual cuerpo” (15:42-44).  Son imágenes bellas, ¡pero no una detallada descripción científica!  Pablo continúa diciendo que la vida de la resurrección es un misterio (v. 51), algo que se puede comprender en esta vida solo por medio de revelación divina.  En los capítulos anteriores, Pablo dijo, “Ahora vemos por espejo, en oscuridad; mas entonces veremos cara á cara: ahora conozco en parte; mas entonces conoceré como soy conocido” (1 Cor. 13:12).  ¡Una maravillosa descripción del misterio!

 

La mención de Jesús sobre los ángeles (v. 36) es “una ligera mención de otra creencia no apoyada por los Saduceos” (Johnson, 317).

 

 

VERSÍCULOS 37-38: NO ES DIOS DE LOS MUERTOS, MAS DE LOS VIVOS                     

 

37Y que los muertos hayan de resucitar, aun Moisés lo enseñó en el pasaje de la zarza, cuando llama al Señor: Dios de Abraham, y Dios de Isaac, y Dios de Jacob.  38Porque Dios no es Dios de muertos, mas de vivos: porque todos viven á él.

 

 

“Aun Moisés lo enseñó en el pasaje de la zarza” (v. 37).  Los Saduceos aceptan solo la autoridad del Tora.  Entonces, Jesús discute de Éxodo. 3:6, 15.  Al momento del encuentro de Moisés con Dios, Abraham, Isaac, y Jacobo ya habían muerto hacía mucho tiempo, pero Dios habló de ellos en el presente como si todavía estuvieran vivos.

 

“Porque Dios no es Dios de muertos, mas de vivos” (v. 38).  “¿En qué sentido están vivos Abraham, Isaac, y Jacobo?  ¿Quería decir Jesús (y Lucas) que sus ‘almas’ estaban con Dios, es decir, eran inmortales?  ¿O quería decir que aunque no estuvieran vivos en el presente, lo estarían el día de la resurrección, y que por el convenio de Dios con los patriarcas una resurrección era necesaria? ...Para ambos Jesús y Lucas, la resurrección de los muertos era claramente un evento del futuro (14:14; Actos 23:6; 24:15, 21).  De todos modos creían que los patriarcas estaban vivos en el tiempo presente.  Jesús y Lucas creían en ambos: una vida consciente inmediatamente después de la muerte (cf. 16:19-31; 23:39-43), así como el día final de la resurrección” (Stein, 500).

 

“Porque todos viven á él” (v. 38).  “Los patriarcas no han pasado por el propósito eterno aunque hayan muerto, ni es Dios para ellos menos Dios porque sus vidas terrenales hayan terminado... Él permanece siendo la fundación y la meta de sus vidas” (Sloyan, 35-36).  La relación con el convenio, por la cual Dios bendice a estos hombres, continúa rigiendo.

 

En cuanto a la dicotomía entre la inmortalidad presente y la resurrección futura, el NT claramente enfatiza la resurrección futura.  Sin embargo, “Versículo 38 parece referirse a una vida después de la muerte que no espera futura resurrección (los patriarcas ya están viviendo), y eso se podría aplicar a todos.  La creencia en la vida inmediata después de la muerte se puede combinar con la creencia de una futura resurrección, tal como Josephus atribuye a los Fariseos y a si mismo” (Tannehill, 296).

 

Según Josephus, los Fariseos mantienen que “toda alma no perecerá, pero solo el alma del bueno pasará a otro cuerpo, mientras el alma del malo sufrirá castigo eterno...  Sus almas permanecen limpias y obedientes, y obtienen un lugar sagrado en el cielo, desde el cual, al paso del tiempo volverán a habitar un cuerpo” (citado en Fitzmyer, 1302).  También dice de los Essenes: “Es su creencia que los cuerpos perecen y que su materia no permanece, pero las almas son inmortales y persisten para siempre” (citado en Fitzmyer, 1302).  Claramente, la creencia de la inmortalidad tiene lugar en el pensamiento judío – y que la distinción entre la inmortalidad del ahora y la resurrección futura es algo borrosa.

 

 

VERSÍCULOS 39-40: EL APOYO DE LOS ESCRIBIENTES

 

39Y respondiéndole unos de los escribas, dijeron: Maestro, bien has dicho.  40Y no osaron más preguntarle algo.

 

 

Estos versos no se incluyen en el leccionario, pero proporcionan una buena conclusión para la lección del Evangelio y añaden solo unos segundos a la lectura.  Enfatizan el punto central en este cuento – que Jesús habla con autoridad (véase 20:2).

 

Seguramente estos son escribientes de los Fariseos que creen en la resurrección, pero también puede que sean los escribientes que habían tratado de atrapar a Jesús con las primeras dos preguntas (20:2, 22).

 

 

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada en http://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html.  Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

 

 

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