Home  |  An Example of Our Work  |  Free Samples  |  How to Subscribe  |  Links  |  About Us




RECURSOS PARA PREDICAR

Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

 

 

PASAJE BÍBLICO:     Lucas 18:9-14

 

 

EXÉGESIS:     

 

17:20 – 18:30: EL CONTEXTO

 

En 17:20-37, Jesús les enseñó a los discípulos sobre la llegada del reino.  Ahora, en cuatro viñetas – dos parábolas (18:1-8 y 18:9-14) y dos historias (18:15-17 y 18:18-30) – Jesús comienza a mostrar a los discípulos la vida del reino.

 

Ambas parábolas tienen que ver con la oración.  La Parábola de la Viuda y el Juez Injusto (18:1-8) nos enseña a orar con constancia, y la Parábola del Fariseo y el Publicano (18:9-14) nos enseña a orar con humildad.

 

La primera historia – la bendición de los niños (18:15-17) – repite la lección de humildad de la Parábola del Fariseo y el Publicano (18:9-14).  Ambas enfatizan la Gran Reversa de la que Jesús ha hablado (13:30).  Los marginados – el publicano y los niños – reciben una bendición.  Cuando los discípulos intentan prevenir que los niños se acerquen a Jesús, él no solo exige ver a los niños, sino que también declara, “cualquiera que no recibiere el reino de Dios como un niño, no entrará en él.”

 

En la segunda historia – el príncipe rico (18:18-30) – Jesús le pide al príncipe que se humille y entregue todos sus bienes (fuente de su poder, prestigio, y orgullo) a los pobres.  Ha de humillarse para poder seguir a Jesús (18:22).

 

 

VERSÍCULO 9: UNOS CONFIABAN DE SÍ Y MENOSPRECIABAN Á OTROS

 

9Y dijo también á unos que confiaban de sí como justos, y menospreciaban á los otros, esta parábola.

 

 

“Y dijo también á unos… esta parábola” (v. 9a).  La palabra “también” une esta parábola a la previa (18:1-8).  Lucas abre esta parábola con una introducción (v. 9) y Jesús la cierra con una conclusión (v. 14).  En la introducción (v. 9), Lucas no menciona a los fariseos en particular, pero sí habla de gente que se cree justa y menosprecia a los demás.

 

“que confiaban de sí como justos, y menospreciaban á los otros” (v. 9b).  No todos los fariseos se creen justos y menosprecian a los demás, y no todos los discípulos son siervos humildes.  Santiago y Juan, por ejemplo, intentan garantizarse el mejor lugar en el reino (Mateo 20:20-28; Marcos 10:35-45).  Para los discípulos, es demasiado tentador para los discípulos caer en el pecado del orgullo cuando ya han llegado al estatus de “miembro del círculo interno” con este profeta joven y prometedor.

 

Es igualmente tentador para nosotros ser orgullosos, confiar en nosotros mismos y menospreciar.  Clerecía de las iglesias principales acusa a los fundamentalistas de actitudes como éstas, pero están tentados a orar, “¡Gracias a Dios que no soy uno de esos fundamentalistas!”

 

Nosotros los clérigos estamos aún más tentados a ser orgullosos mientras nos ascienden a iglesias más grandes y a puestos más importantes – al vernos en la televisión o al socializar con parroquianos ricos e influyentes.  Estamos tentados a menospreciar miembros de nuestra congregación que se niegan a compartir nuestras ideas – o que hacen cosas necias que les hacen sufrir.

 

Sería una lástima si concluyéramos el estudio de esta parábola agradeciéndole a Dios que no somos como el fariseo – si la honráramos copiando la confianza y actitud menospreciante del fariseo.

 

 

VERSÍCULOS 10-12: TE DOY GRACIAS QUE NO SOY COMO LOS OTROS HOMBRES

 

10Dos hombres subieron al templo á orar: el uno Fariseo, el otro publicano. 11El Fariseo, en pie, oraba consigo (griego: pros heauton) de esta manera: Dios, te doy gracias, que no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; 12Ayuno dos veces á la semana, doy diezmos de todo lo que poseo.

 

 

“Dos hombres subieron al templo á orar” (v. 10a).  Gente literalmente ha de subir al templo para orar.  Jerusalén está construida en una montaña, y el templo está en un punto alto de la ciudad.  Las horas tradicionales para la oración pública son las 9:00 de la mañana y las 3:00 de la tarde (Hechos 2:15; 3:1), pero una persona puede orar en privado a cualquier hora del día.

 

Solemos pensar que estos dos hombres se encuentran en oración privada, pero Kenneth Bailey apoya la idea de que el contexto aquí se trata de una alabanza pública (Kenneth Bailey, 145 ff.):

 

• En la alabanza pública del templo, sacrificios de expiación se ofrecen dos veces al día.  La idea detrás de estos sacrificios es que gente ha pecado y, por eso, se requiere la muerte para eliminar el pecado.  Sin embargo, Dios permite tales sacrificios de sustitución – sacrificios de animales – un cordero que muere en lugar de un pecador – se puede pagar el precio del pecado y así eliminar del pecador el peso del pecado.  Dios transfiere el pecado al cordero, así limpiando al pecador y haciendo posible que aparezca en presencia de Dios.

 

• La oración de publicano es una oración que pide merced – algo que implica expiación (v. 13) – expiación es el propósito de alabanza pública en el templo.  Jesús concluye que el publicano “descendió á su casa justificado” (v. 14) – expiado.

 

“el uno Fariseo, el otro publicano” (v. 10b).  Jesús critica a los fariseos frecuentemente (11:39, 42; 12:1; 16:15, 18), por eso, solemos pensar del fariseo como el malo y del publicano como el bueno.  No obstante, caracterizaciones como éstas roban la parábola de su fuerza.  Fariseos verdaderamente tratan de guardar el Tora en un mundo donde el poder romano y sus vecinos samaritanos tientan a la gente a comprometerse.  Verdaderamente, los fariseos intentan agradar a Dios.  Publícanos, por otro lado, colaboran con romanos y roban de judíos.

 

Los que escuchan a Jesús han de sorprenderse por la Gran Reversa que esta parábola descubre. ¡Hemos de recobrar esa sorpresa! Quizá podemos hacerlo imaginándonos a un drogadicto sentado en el último banco de la iglesia y los diáconos en el primero.  Entonces, escuchemos a Jesús decir, “Os digo, este drogadicto descenderá a su casa justificado en lugar de estos diáconos.”

 

“El Fariseo, en pie, oraba consigo (griego: pros heauton) de esta manera” (v. 11a).  El fariseo se pone en pie solo, distanciándose a si mismo de sus inferiores.  Su propósito por ponerse en pie solo puede ser llamar la atención a su estatus superior, o puede ser para separarse de aquéllos, incluyendo a este publicano, que puedan rendirle inmundo con su contacto (K. Bailey, 148).

 

¿Modifica pros heauton (consigo) statheis (en pie) o tauta proseucheto (oraba)? Es decir, ¿es la palabra farisea “en pie… consigo” o “oraba consigo”?  Eruditos se encuentran divididos en esta cuestión, pero se puede hacer un buen caso para la segunda opción, en particular, viendo el contenido de su oración – narcisista y de felicitación propia.  En esta oración del fariseo no existe adoración, confesión, o suplica – solo hay agradecimiento.  Su agradecimiento, además, se centra en si mismo y, por lo tanto, no agradece a Dios.  Parece que el fariseo está haciendo ambos – poniéndose en pie solo y orando a si mismo.

 

“Dios, te doy gracias, que no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano” (v. 11b).  El fariseo se equivoca cuando piensa de otros mientras reza a Dios.  “Los ojos no necesitan estar cerrados durante la oración, pero la conversación con el Padre requiere atención absoluta de todos nosotros” (Edwards y Taylor, 36).

 

Sin embargo, en enfoque del fariseo no se trata de Dios ni el publicano, sino de si mismo.  Utiliza la primera persona cuatro veces en rápida sucesión – “doy…, soy…, ayuno…, doy…” Al asesorar su propio carácter, solo se compara a si mismo con los peores elementos de su sociedad, y se pronuncia a si mismo excelente por comparación.  Al escoger un estándar por el que medirnos, hemos de buscar más arriba.  El único estándar fiel es Jesús.  Si nos comparamos con Jesús, nuestro pecado será obvio y no estaremos tentados hacia el tipo de orgullo que afecta a este fariseo.

 

Además, este fariseo usurpa “las prerrogativas de Dios, que es como actúa el demonio.  Juzgar es la prerrogativa de Dios (cf. 1 Corintios 4:5), no la nuestra.  Estar agradecidos de manera apropiada por nuestra suerte en la vida nunca incluye condescendencia hacia los demás… La fe nunca se expresa despreciando a los demás” (Charles H. Talbert, citado en Evans, 268).

 

“Ayuno dos veces á la semana, doy diezmos de todo lo que poseo” (v. 12).  El fariseo claramente excede los requisitos del Tora:

 

• A judíos se les requiere ayunar solo en el Día de la Expiación, pero este fariseo ayuna dos veces a la semana.  Esto no es un asunto pequeño.  Ayunar significa no comer o beber desde el amanecer hasta el anochecer, y por eso requiere una disciplina espiritual muy seria.  Nos ayudaría ayunar durante un día para comprender mejor el precio del compromiso que mantiene este fariseo.

 

• A judíos se les requiere diezmar solo lo que producen sus campos (Deuteronomio 14:22), pero este fariseo diezma todo – hasta la cosecha de su huerta de hierbas (11:42).  Nosotros también podríamos hacerlo – ¡diezmar todo!  Encontramos fácil criticar a este fariseo, pero deberíamos preguntarnos si estamos tan dispuestos como él a “hacer lo que decimos.”

 

La oración del fariseo no incluye suplicas.  No pide nada de Dios.  Tiene todo lo que necesita.  Excede el estándar en cada caso.  Es mejor que los demás, a quienes caracteriza como ladrones, injustos, adúlteros, y publícanos.  ¿Qué más puede pedir de Dios que el alto estatus que ya disfruta?  Esta actitud orgullosa, claro, no es el problema.  Ha creado un universo que da vueltas a su alrededor.  Su sentido sobrecargado de si mismo le separa, no solo de otros, sino de Dios.  “Su defecto es simplemente que se imagina tener la fundación necesaria para ponerse frente a Dios, otra fundación diferente de la merced eterna de Dios” (Wallace, 104).

 

Nuestra comprensión de la salvación dicta nuestro discipulado.  Fariseos toman una posición defensiva frente la salvación, separándose del pecado y pecadores.  Se ven a si mismos como un baluarte en contra de las presiones del paganismo y de la asimilación que amenaza la fe judía.  Construyen una pared para mantener fuera a los pecadores.  Jesús, por otro lado, toma la ofensiva, estrechando la mano hacia pecadores para redimirles y traerles al rebaño. En el libro de Hechos, veremos como la temprana iglesia hace lo mismo.

 

Antes de dar las gracias a Dios por no ser como este fariseo (y copiar su comportamiento orgulloso), debemos recordar que “Fariseos son buenos ancianos, administradores, o diáconos.  Son los que hacen el trabajo de la iglesia y proveen el apoyo económico necesario para mantener las instituciones religiosas.  Los fariseos eran devotos a Dios y a justicia, y la mayoría de sus faltas resultan de su busca excesiva de santidad.  Su fervor a menudo era mal guiado, pero por lo menos tenían fervor en su deseo de agradar a Dios” (Raymond Bailey, 433).

 

 

VERSÍCULO 13: DIOS, SÉ PROPICIO Á MÍ PECADOR

 

13Mas el publicano estando lejos no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que hería su pecho, diciendo: Dios, sé propicio (griego: hilastheti) á mí pecador.

 

 

“Mas el publicano estando lejos no quería ni aun alzar los ojos al cielo” (v. 13a).  El publicano, como el fariseo, está de pie solo, pero su motivo es diferente.  El fariseo se cree demasiado bueno para asociar con gente común, pero el publicano se cree demasiado malo.  El publicano “vive de malos tratos, y sabe que lo que hace está mal… Ha traicionado a Dios y vendido la vida eterna al demonio a cambio de riquezas terrenales.  ¡Cómo se atreve a rezar!” (Brunner, 21).

 

“sino que hería su pecho” (v. 13b).  Herir el pecho es un gesto hecho pocas veces por hombres del Medio Oriente y solo para expresar la angustia más extrema.  Solo encontramos ejemplos de esto aquí y en la cruz (23:48) (K. Bailey, 153).

 

“Dios, sé propicio (hilastheti) á mí pecador” (v. 13c).  La oración del publicano es simple y directa.  No puede reclamar ninguna virtud, y solo puede esperar merced. Su oración tiene mucho que ver con el gran salmo penitencial: “Ten piedad de mí, oh Dios, conforme á tu misericordia: Conforme á la multitud de tus piedades borra mis rebeliones. Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado” (Salmo 51:1-2).

 

“El verbo utilizado aquí (hilastheti) solo se encuentra en otro lugar del Nuevo Testamento en Hebreos 2:17.  Significa expiar o propiciar… En su oración, el publicano buscó la merced de Dios para que sus pecados fueran cubiertos y para que su ira divina fuera alejada de él” (Stein, 450).  NOTA DEL EDITOR: expiar significa “reparar el mal, hacer la paz, o mostrar remordimiento.”  Propiciar significa “aplacar o conciliar.”

 

“El fariseo consideraba a Dios como una corporación de la que había ganado bastantes acciones, …pero el publicano veía a Dios como santidad ardiente (Buttrick, 309-310).

 

 

VERSÍCULO 14: EL QUE SE HUMILLA SERÁ ENSALZADO

 

14Os digo que éste descendió á su casa justificado (griego: dedikaiomenos) antes que el otro; porque cualquiera que se ensalza, será humillado; y el que se humilla, será ensalzado.

 

 

“Os digo que éste descendió á su casa justificado (dedikaiomenos) antes que el otro” (v. 14a).  “Esta palabra significa más que ser perdonado, porque también incluye el don de poder ocupar un nuevo lugar ante Dios… Después de su oración, el publicano estaba ante Dios con una nueva relación (no un carácter moral) con Dios.  Poseyó justicia concedida por gracia” (Stein, 450-451).

 

Interesantemente, Jesús no nos dice que el publicano ofrece devolver dinero mal logrado, como hará Zaqueo (19:8).  No dice que el publicano cambiará su forma de ser y que se hará respetable.  El publicano no tiene ningún logro personal con el que negociar con Dios, y no pretende jugar el juego de logro personal.  No tiene nada que le encomiende, y no hace ningún esfuerzo para ser encomendado.  Su única virtud es la humildad, que le permite pedir merced.  Sin embargo, Dios contesta su oración y, por lo tanto, desciende a su casa justificado.

 

“La palabra ‘justificado’ del verbo dikaioo, se relaciona con la palabra ‘justo’ (dikaios) en versículo 9” (Tannehill, 267).  No obstante, sabemos por el contexto de esta parábola que esta justificación no se trata de una justicia ganada, sino de un don de Dios.  El publicano ha orado por merced, y Dios ha contestado su súplica de acuerdo con su amor constante.  Dios ha cancelado sus transgresiones, le ha lavado de su iniquidad, y le ha limpiado de su pecado (véase Salmo 51).  El publicano no merece estar en presencia de Dios, pero Dios le imputa merecimiento – le concede estatus de merecedor – le trata como merecedor.

 

“porque cualquiera que se ensalza, será humillado; y el que se humilla, será ensalzado” (v. 14b).

 

Entonces, tenemos un hombre justo (el fariseo) descendiendo a su casa sin justificación y un hombre injusto (el publicano) descendiendo a su casa justificado.  El caso es obvio.  La justificación no es algo que podemos lograr solos.  Solo la podemos recibir como don de Dios.

 

Sin embargo, esta historia nos hace preguntar si santidad personal cuenta para algo.  Si sinvergüenzas son santificados antes que los santos, ¿por qué no ser un sinvergüenza? La respuesta es que ser un sinvergüenza no concuerda con quienes somos – de quienes somos:

 

• Ambos Testamentos enfatizan la importancia de la santidad personal.  Existen referencias demasiado numerosas para incluir aquí, pero referencias en el Nuevo Testamento incluyen Mateo 5:6, 8; Lucas 6:45; Juan 5:14; 15:19; y Hechos 24:16.

 

• Pablo se dirige a este tema en detalle en Romanos 6.  Dice, “porque los que somos muertos al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?” (v. 2).  Nos recuerda que hemos muerto con Dios en el bautizo “para que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida” (v. 4).  Concluye, “No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal… antes presentaos á Dios como vivos de los muertos, y vuestros miembros á Dios por instrumentos de justicia. Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia” (vv. 12-14).

 

• La Parábola del Fariseo y el Publicano no celebra licencia sino que nos recuerda que nuestra salvación depende de gracia.  Ninguno de nosotros – incluyendo los clérigos – tenemos motivo de buscar nuestros logros espirituales (1 Corintios 1:31; 2 Corintios 10:17).  Ninguno de nosotros tiene razón de despreciar nuestros compañeros.  Todos nos acercamos al trono de la gracia con manos vacías.

 

 

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada en http://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html.  Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

 

 

BIBLIOGRAFÍA:

 

Bailey, Kenneth E., Poet & Peasant and Through Peasant Eyes:  A Literary-Cultural Approach to the Parables in Luke (Grand Rapids:  William B. Eerdmans Publishing Co., 1976)

 

Bailey, Raymond in Van Harn, Roger (ed.), The Lectionary Commentary:  Theological Exegesis for Sunday's Text.  The Third Readings:  The Gospels (Grand Rapids:  William B. Eerdmans Publishing Co., 2001)

 

Barclay, William, The Daily Study Bible, The Gospel of Luke (Edinburgh:  Saint Andrew Press, 1953)

 

Bock, Darrell L., The IVP New Testament Commentary Series:  Luke, Vol. 3 (Downers Grove, Illinois, Intervarsity Press, 1994)

 

Brunner, Emil, Sowing and Reaping: The Parables of Jesus (London:  The Epworth Press, 1964)

 

Cousar, Charles B.; Gaventa, Beverly R.; McCann, J. Clinton; and Newsome, James D., Texts for Preaching: A Lectionary Commentary Based on the NRSV–Year C (Louisville:  Westminster John Knox Press, 1994)

 

Craddock, Fred B., Interpretation: Luke (Louisville:  John Knox Press,(1990)

 

Craddock, Fred B.; Hayes, John H.; Holliday, Carl R.; and Tucker, Gene M., Preaching Through the Christian Year, C (Valley Forge:  Trinity Press, 1994)

 

Culpepper, R. Alan, The New Interpreter's Bible, Volume IX.  (Nashville:  Abingdon, 1995)

 

Diers, Herman, Lectionary Bible Studies, "The Year of Luke," Pentecost 2, Study Book

 

Edwards, O. C., Jr., and Taylor, Gardner C., Proclamation 2:  Pentecost 3, Series C

 

Evans, Craig A., New International Biblical Commentary:  Luke (Peabody, MA, Hendrickson Publishers, Inc., 1990)

 

Gilmour, S. MacLean & Buttrick, George A., The Interpreter's Bible, Volume 8.  (Nashville:  Abingdon, 1952)

 

Green, Joel B., The New International Commentary on the New Testament: The Gospel of Luke (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Company, 1997)

 

Johnson, Luke Timothy, Sacra Pagina:  The Gospel of Luke (Collegeville: Liturgical Press, 1991)

 

Nickle, Keith F., Preaching the Gospel of Luke (Louisville:  Westminster John Knox, 2000)

 

Nolland, John, Word Biblical Commentary:  Luke 9:21 –– 18:34, Vol. 35B (Dallas:  Word Books, 1993)

 

Ringe, Sharon H., Westminster Bible Companion, Luke (Louisville:  Westminster John Knox Press)

 

Sloyan, Gerard S., and Kee, Howard Clark, Proclamation: Pentecost 3, Series C

 

Soards, Marion; Dozeman, Thomas; and McCabe, Kendall, Preaching the Revised Common Lectionary, Year C:  After Pentecost (Nashville:  Abingdon Press, 1994)

 

Stein, Robert H., The New American Commentary:  Luke (Nashville: Broadman Press, 1992)

 

Tannehill, Robert C., Abingdon New Testament Commentaries:  Luke (Nashville:  Abingdon, 1996)

 

Wallace, Ronald S., Many Things in Parables:  Expository Studies (Edinburgh:  Oliver and Boyd, 1955)

 

www.sermonwriter.com

 

www.lectionary.org

 

We welcome your feedback!  dick@sermonwriter.com

 

Copyright 2007, Richard Niell Donovan