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RECURSOS PARA PREDICAR

Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

 

 

PASAJE BÍBLICO:     Lucas 17:11-19

 

 

EXÉGESIS:     

 

VERSÍCULOS 11-19: JESÚS SANA DIEZ LEPROSOS

 

Existen varios paralelos entre esta historia y la de Naamán, el leproso gentil que también fue salvado (2 Reyes 5:1-19).

 

• Ambos Naamán y el leproso samaritano eran extranjeros que buscaban la salvación por medio de un judío de Dios.

 

• A ambos se les mandó cumplir una acción pequeña y aparentemente irrelevante antes de tomar lugar la salvación.  Eliseo le dijo a Naamán que se bañara siete veces en el río Jordán.  Jesús les dijo a los diez leprosos que apareciesen ante el sacerdote, el cual podría certificar la curación pero que no podría sanar a un leproso.  En ambas historias, la salvación ocurrió solo después de haber obedecido al hombre de Dios.

 

• Ambos Naamán y el samaritano regresaron para dar gracias a Dios.

 

•  Las últimas palabras de Eliseo fueron, “Vete en paz.”  Las últimas palabras de Jesús al samaritano fueron, “Vete en paz, tu fe te ha sanado.”

 

 

VERSÍCULO 11: YENDO A JERUSALÉN

 

11Y aconteció que yendo él á Jerusalén, pasaba por medio de Samaria y de Galilea (griego: dia meson Samareias kai Galilaias – atravesando Samaria y Galilea).

 

 

“yendo él á Jerusalén” (v. 11a).  Antes, Lucas presentó el viaje de Jesús a Jerusalén con estas palabras: “Y aconteció que, como se cumplió el tiempo en que había de ser recibido arriba, él afirmó su rostro para ir á Jerusalén” (9:51).  Jerusalén, claro, es donde morirá Jesús según el plan de Dios.  De vez en cuando Lucas nos recuerda que Jesús está en este viaje (9:53; 13:22; 17:11; 18:31; 19:11), que terminará al llegar a Jerusalén en 19:28.  Con cada mención de Jerusalén, los que conocemos el resto de la historia podemos ver la cruz a la distancia.

 

“pasaba por medio de Samaria y de Galilea” (v. 11b).  Hasta el momento, Jesús no ha progresado mucho hacia Jerusalén.  Sus discípulos entraron en una aldea samaritana al comenzar el viaje (9:52), y Jesús aún se encuentra en la frontera del norte de Samaria, lejos de Jerusalén, ocho capítulos adelante (17:11).  En 18:35, cuando Jesús se acerque a Jericó, no lejos de Jerusalén, tendremos nuestra próxima marca geográfica.  Jericó se menciona de nuevo en 19:1, y después Jesús llega a Jerusalén en 19:28.

 

Samaria hace frontera con Galilea, y no hay ninguna región entre ellas.  Según este versículo, eruditos a menudo han cuestionado el sentido geográfico de Lucas.  Sin embargo, como se anota arriba, el griego dice que Jesús “atraviesa Samaria y Galilea.”  Esta localidad fronteriza explica por qué se encuentran judíos y samaritanos entre los leprosos.  En circunstancias normales, judíos no tendrían nada que ver con samaritanos, pero estos leprosos se encuentran unidos por la miseria que comparten.

 

Samaria había sido hogar de las diez tribus de Israel (tan distintivas como las tribus de Judah y Benjamín en el sur).  Cuando asirios llevaron israelitas al exilio en el Siglo ocho a.C., mucha gente que no era judía fue a vivir a Samaria.  Después, los que volvían del exilio se empezaron a casar entre ellos Como resultado, judíos odian samaritanos, a quienes consideran comprometidos religiosamente.  “Por eso, es tan irónico ver, en un contexto judío, que de vez en cuando el ‘héroe’ de un episodio o parábola sea samaritano (Evans, 258).

 

 

VERSÍCULOS 12-14: JESÚS, MAESTRO, TEN MISERICORDIA DE NOSOTROS

 

12Y entrando en una aldea, viniéronle al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos, 13Y alzaron la voz, diciendo: Jesús, Maestro (griego: epistata), ten misericordia de nosotros. 14Y como él los vio, les dijo: Id, mostraos á los sacerdotes. Y aconteció, que yendo ellos, fueron limpios.

 

 

“viniéronle al encuentro diez hombres leprosos” (v. 12a).  Su lepra no era necesariamente la enfermedad Hansen, la terrible enfermedad que hoy consideramos lepra.  Lepra bíblica incluye enfermedades de la piel como culebrilla, soriasis, leucoderma, y vitíligo (Johnson, Interpreter´s Bible, 338).  Algunas de estas enfermedades son sumamente contagiosas (la enfermedad de Hansen y culebrilla), y otras un poco menos (leucoderma y vitíligo).  Algunas son curables, mientras que otras no lo son.  “El sufrimiento del leproso de la época bíblica era causado, en muchos casos, no por la severidad de la enfermedad sino por la manera en que la sociedad religiosa trataba al leproso” (Tannehill, 104).

 

“se pararon de lejos” (v. 12b).  El Tora regula como se debe tratar la lepra:

 

• Números 5:2-3 manda a israelitas “que echen á todo leproso del campamento.”  Esto incluye aquéllos con flujo y los que se consideran inmundos por el hecho de haber tocado un cadáver, cuyas condiciones tienen consecuencias temporáneas.  Pero es probable que la enfermedad Hansen aflija a la persona infectada hasta el día de su muerte.

 

• Levítico 13:45 requiere que un leproso grite “¡Inmundo! ¡Inmundo!” para avisar a los no afligidos que mantengan su distancia.

 

• Levítico 13-14 rige la inspección de aquéllos bajo sospecha de lepra, su aislamiento, y el método de declarar limpia a la persona sanada.  Trata temas de ropa y hogares infectados y también de personas infectadas.  

Gente no solo piensa de la lepra como condición médica, pero también como indicación del juicio de Dios.  Por eso, esto les hace menos compasivos de lo que podrían ser, porque creen que la persona ha causado por si misma el sufrimiento.

 

“Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros” (v. 13).  Si se dirigiesen a un viajero corriente, este llanto de merced podría ser un simple pedir de limosna.  En este caso sin embargo, conocen el nombre de Jesús y se dirigen a él como Maestro (griego: epistata) – una persona de autoridad.  Si han oído hablar del sanar de Jesús, seguro que su llanto es un pedir de la salvación.

 

En este momento, los leprosos se encuentran unidos por lo que piden, pero pronto se dispersarán.  Solo el samaritano regresará a Jesús.  Nos podemos imaginar a los otros nueve, separándose cada uno por su camino, ansiosos de regresar a sus vidas antiguas.  El final de esta crisis también pone fin a la comunidad que disfrutaban como leprosos.

 

“Y como él los vio” (v. 14a).  Jesús los vio.  Este detalle es pequeño pero importante.  Ley judía y naturaleza humana conspiran para hacer al leproso invisible.  Gente tiende a ignorar enfermos y moribundos, porque sufrimiento y muerte nos ponen incómodos.  Podemos ser reforzados sabiendo que el que vio a los leprosos también ve nuestro dolor.

 

“Id, mostraos á los sacerdotes” (v. 14b).  Jesús no sana los leprosos inmediatamente, sino que les manda aparecer ante los sacerdotes para ser inspeccionados tal como si hubieran sido sanados.  “A leprosos se les requería actuar como si hacer lo que Jesús mandaba haría una diferencia, aún cuando no había ninguna prueba que lo haría (por lo menos, debían creer que valía la pena intentarlo)” (Nolland, 846).  Jesús les pide caminar en fe, tal como Eliseo le pidió a Naamán.

 

Levítico 13 requiere que sacerdotes examinen las lesiones de la piel para determinar si son leprosas.  Si la lesión no parece ser leprosa tras una primera examinación, Levítico 13 requiere que se confirme siete días después por medio de una reexaminación.

 

Leprosos pueden ir al templo de Jerusalén en busca de un sacerdote, pero también pueden encontrarlos en otras comunidades.  Cuando la Tierra Prometida fue dividida entre las tribus, los descendientes de Aarón no recibieron terreno, en vez, se les concedieron siete ciudades acompañadas por sus tierras de pasto (Josué 21:10-19).  Normalmente, los sacerdotes pasan una semana en el templo y residen en otro lugar el resto del tiempo. 

 

Jesús no especifica que los leprosos vayan a un sacerdote judío. Por eso, es concebible que el samaritano pueda acudir a un sacerdote samaritano.

 

Sacerdotes tienen mucho poder.  Una vez que un sacerdote juzga inmunda a una persona, esa persona queda apartada de la sociedad – separada de su familia – incapaz de mantener un trabajo o hacer negocios – reducida a mendigar.  Para ser restaurado a la vida normal se requiere que un sacerdote juzgue que la persona ya no es inmunda.  Esa es la razón por la que Jesús manda los leprosos al sacerdote – para que sus vidas normales sean restauradas.  Sin embargo, también tiene otro propósito.  Estos leprosos darán a los sacerdotes testimonio del gran poder que tiene Jesús.  Cuando los sacerdotes juzgan limpios a los leprosos, su declaración verificará el poder de Dios que tiene Jesús.

 

“Y aconteció, que yendo ellos, fueron limpios” (v. 14).  Los leprosos no fueron sanados de inmediato, en vez, son sanados al obedecer a Jesús.  “El sanar de los leprosos funciona en el Evangelio como señal del poder del reino de Dios” (Culpepper, 325).  Igual que antes Jesús ejerció la prerrogativa divina del perdón (5:20-21; 7:48-49), así también ejerce ahora el poder de Dios para sanar.

 

Jesús sanó a los leprosos, pero este versículo enfatiza que fueron hechos limpios.  Sanar tiene que ver con restauración de la salud corporal.  Ser hechos limpios incluye dimensiones adicionales como la salud social y religiosa.  Ahora, los que eran leprosos han sido restaurados y pueden volver a entrar en la sociedad – una vez más podrán alabar en la sinagoga y en el templo.

 

 

VERSÍCULOS 15-16: UNO DE ELLOS VOLVIÓ, GLORIFICANDO Á DIOS

 

15Entonces uno de ellos, como se vio que estaba limpio, volvió, glorificando á Dios á gran voz; 16Y derribóse sobre el rostro á sus pies, dándole gracias: y éste era Samaritano.

 

 

“Entonces uno de ellos, como se vio que estaba limpio, volvió, glorificando á Dios á gran voz” (v. 15).  Igual que Jesús vio leprosos que otros no veían, este hombre ve lo que los otros leprosos no logran ver: (1) que ha sido sanado (2) que Dios merece alabanza y (3) que Jesús merece agradecimiento.

 

“Y derribóse sobre el rostro á sus pies, dándole gracias” (v. 16a).  Admiramos a este hombre por tomar el tiempo para agradecer su salvación, pero esto se trata de una historia de agradecimiento.  “Es un ejemplo de ser tocado por la fuerza creativa de Dios que trae orden al caos y plenitud a todo deterioro defectivo y contaminado” (Nickle, 176).  Es la historia de Jesús, el Cristo – un hombre que disfruta del poder de Dios – un hombre que también es Dios.

 

“y éste era Samaritano” (v. 16b).  Lucas guarda su sorpresa hasta más adelante en la historia.  “El que ejemplifica la fe resulta ser el más extranjero” (Cousar, 554).  El mismo Lucas es gentil, un extranjero.  Disfruta recontando la historia de los extranjeros bendecidos por Dios y hace de ellos (y los samaritanos) los héroes de sus historias.  “La historia anticipa lo que está por venir en Hechos (también escrito por Lucas): una creciente ceguera en Israel, una receptividad entre gentiles” (Craddock, Interpretation, 203).

 

 

VERSÍCULOS 17-19: TU FE TE HA SALVADO

 

17Y respondiendo Jesús, dijo: ¿No son diez los que fueron limpios? ¿Y los nueve dónde están? 18¿No hubo quien volviese y diese gloria á Dios sino este extranjero? 19Y dijole: Levántate, vete; tu fe te ha salvado (griego: sesoken se – te ha sanado o salvado).

 

 

“¿No son diez los que fueron limpios? ¿Y los nueve dónde están? ¿No hubo quien volviese y diese gloria á Dios sino este extranjero?” (vv. 17-18).  Las preguntas retóricas de Jesús llaman la atención a los nueve que no lo glorificaron y al estatus del que sí lo hizo como “extranjero.”  Jesús critica a los nueve que no lo agradecieron, y estamos tentados a unirnos a él en su crítica.  ¿Cómo es que los nueve no dieron las gracias? No obstante, debemos considerar que después de tan largo aislamiento, han de estar ansiosos de reunirse con sus familias y resumir una vida normal.  Bajo circunstancias como estas, ¿cuántas veces paramos para agradecerle a Dios nuestras bendiciones? ¿Cuántas veces nos olvidamos de dar gracias a Dios?

 

“Levántate, vete; tu fe te ha salvado” (sesoken se) (v. 19).  Lucas nos dijo en versículo 14 que los diez leprosos fueron hechos limpios, entonces, algo más le ha ocurrido a este samaritano.  El griego traducido como “te ha salvado” en NRSV es sesoken se – del verbo sozo. Puede ser traducido como “te ha sanado.”  “Lo que tenemos, entonces, es una historia de diez sanados y uno salvado” (Craddock, Interpretation, 203).

 

 

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada en http://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html.  Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

 

 

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Craddock, Fred B., Interpretation: Luke (Louisville:  John Knox Press, (1990)

 

Craddock, Fred B.; Hayes, John H.; Holliday, Carl R.; and Tucker, Gene M., Preaching Through the Christian Year, C (Valley Forge:  Trinity Press, 1994)

 

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Copyright 2007, Richard Niell Donovan