Home  |  An Example of Our Work  |  Free Samples  |  How to Subscribe  |  Links  |  About Us




RECURSOS PARA PREDICAR

Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

 

 

PASAJE BÍBLICO:     Lucas 12:32-40

 

 

EXÉGESIS:     

 

VERSÍCULOS 32-48: EL CONTEXTO

 

Estos versículos son parte de una sección más grande de los avisos y exhortaciones de Jesús (12:1 – 13:9).  La lección del Evangelio de la semana pasada (12:13-21) advirtió en contra de amontonar tesoros para uno mismo sin ser generoso con Dios.  Entonces, Jesús aconsejó contra la preocupación, asegurando los discípulos del amor de Dios y su providencia (22-34).

 

Esta sección (vv. 32-48) promete esperanza y, por lo tanto, sería de particular interés para la iglesia de Lucas que sufre de persecución.  También sería de particular interés para una iglesia que lleva muchos años esperando la Parusía (Segunda Venida) y que ahora empieza a contemplar cuando tomará lugar.

 

Versículos 35-48 se componen de tres parábolas:

 

• La primera, de un banquete de boda (vv. 35-38), promete bendiciones para el vigilante.

 

• La segunda, de la llegada de un ladrón (vv. 39-40), avisa del juicio de los que no están preparados.

 

• La tercera, sobre un siervo fiel y uno infiel (vv. 41-48 – que no forma parte de nuestra lección del Evangelio), promete bendiciones para la persona que esté trabajando al regresar el amo – pero promete juicio para la persona “que no espera.”

 

 

VERSÍCULOS 32-34: NO TEMÁIS, MANADA PEQUEÑA

 

32No temáis, manada pequeña; porque al Padre ha placido daros el reino. 33Vended lo que poseéis, y dad limosna (griego: eleemosunen); haceos bolsas que no se envejecen, tesoro en los cielos que nunca falta; donde ladrón no llega, ni polilla corrompe. 34Porque donde está vuestro tesoro, allí también estará vuestro corazón.

 

 

“No temáis” (v. 32a).   En versículos 22-31, Jesús dice a los discípulos que no se preocupen ni se angustien, porque el Padre conoce nuestras necesidades (v. 30).  Si primero buscamos el reino del Padre, nos dará ambos el reino y todo lo demás que necesitemos (v. 31).

 

“manada pequeña” (v. 32b).  “Tras la palabra ‘manada’ hay una referencia a Israel (Ezequiel 34:11-24) y un recuerdo que Dios es pastor de los fieles.  La ‘manada pequeña’ en este caso representa a los discípulos y, por medio de ellos, a la temprana iglesia cristiana” (Farris, 384).

 

“porque al Padre ha placido daros el reino” (v. 32c).  Jesús dice que al Padre le place darnos el reino.  Igual que no debemos angustiarnos por nuestro pan de cada día, tampoco debemos angustiarnos por nuestra herencia del reino.

 

“Vended lo que poseéis, y dad limosna” (v. 33a).  Ambos en este Evangelio y en el libro de Hechos, Lucas enfatiza la virtud de caridad (Lucas 3:10-11; 6:38; 10:33-35; 11:41; 19:8; Hechos 6:1-4; 10:4; 11:29-30; 20:35).  También relata como los primeros discípulos cambiaron su propiedad privada por una propiedad comunitaria (Hechos 2:44-46; 4:32-37).  Es un método radical, lleno de fe, con el que mirar el dinero y la propiedad.

 

Nada de esto tiene sentido sin la fe que Dios ya ha establecido el reino y nos ha invitado a comenzar a vivir bajo las Reglas del Reino.  El mundo dice, “Toma todo el gusto que puedas” – y “Cuida de número uno” – y “El que muera con más juguetes gana.”  Jesús da la vuelta a este pensamiento terrenal cuando dice, “Vended lo que poseéis, y dad limosna.”

 

La palabra traducida ‘limosna’ en la NRSV es eleemosunen, relacionada con la palabra eleeo, que significa “ser generoso” o “mostrar merced o simpatía.”  También está relacionada con la palabra inglesa “eleemosynary,” que tiene que ver con el negocio de la caridad.  Generalmente, dar limosna significa dar dinero, pero a un nivel más profundo tiene que ver con proveer lo necesario – dinero – comida – echar una mano – prestar un oído.  Hay mucha gente necesitada, y no todos necesitan dinero.

 

“haceos bolsas que no se envejecen, tesoro en los cielos que nunca falta” (v. 33b).  Cuando Jesús dice a los discípulos que vendan sus posesiones y que den limosna, se refiere a algo más que una caridad de tienda de segunda mano – algo que va más allá de dar solamente lo que ya no necesitemos.  Ya que dar limosna genera tesoros en el cielo, no tiene sentido limitar limosna a lo que tiene poco valor.  La persona sabia dará de manera generosa.  El don de cosas terrenales (atadas al robo y la degradación) consta una inversión en el cielo (una bolsa que no envejece).  Dar las cosas que nos serán útiles solo temporáneamente produce fondos que podemos retirar a lo largo de eternidad.

 

Hay una tensión aquí entre salvación por medio de gracia y salvación por medio de obras.  Hemos de tener cuidado de no hacerlo sonar como si obras caritativas pueden ganarnos la salvación aparte de nuestra relación con Cristo.  También hemos de tener cuidado de no descontar las recompensas que Jesús promete a cambio de limosna.  “La comunidad cristiana no puede contemplar lo que significa el discipulado sin considerar como ayudará a los pobres y desafortunados.  Está al centro de lealtad” (Cousar, 468).

 

“Se nos dijo que los primeros en seguir a Jesús ‘dejándolo todo, le siguieron’ (5:11, 28)… No obstante, la preocupación principal aquí seguramente se trata de comunidades cristianas que no dejan su hogar para una misión.  Tienen posesiones que pueden vender para dar ‘limosna’ o ‘caridad’” (Tannehill, 209).

 

“tesoro en los cielos que nunca falta; donde ladrón no llega, ni polilla corrompe” (v. 33c).  Hoy, hay un sinfín de corrupciones de tesoro terrenal.  Ladrones todavía nos preocupan, pero las más grandes amenazas a la riqueza son las fluctuaciones en el mercado y la moneda, inflación, impuestos sin límites, inversiones públicas que fallan, la firma de un burócrata, litigación, desastres naturales, y obsolescencia.  Además, está el calentamiento global, la contaminación del aire, y la posibilidad de quedar enterrados por nuestra propia basura.  Desde el 9/11, hemos empezado a conocer el peligro del terrorismo químico, biológico, o nuclear.  Comparados con estos desastres, ladrones y polillas son irritantes menores.  Sin embargo, sirven para recordarnos de la corruptibilidad de nuestras posesiones.

 

“Porque donde está vuestro tesoro, allí también estará vuestro corazón” (v. 34).  El mundo cree lo contrario.  El mundo nos dice que encontremos algo que nos guste y que utilicemos nuestro dinero para conseguirlo.  Ese comportamiento termina en excesos por parte de los que buscan cumplimiento a través de posesiones o aventuras costosas.  En lo peor, llega a ser un comportamiento auto-destructivo como la adicción de drogas.  Jesús ofrece una alternativa, diciéndonos que demos limosna y asegurándonos que nuestros corazones seguirán nuestra caridad.  Ese principio es uno que cristianos han demostrado una y otra vez.  Gente que ayuda a los demás encuentra que se preocupa por los que ayudan – disfrutando de una vida llena de significado que resulta de cumplir necesidades verdaderas.

 

Solo recientemente Jesús contó la parábola del rico necio (vv. 13-21), concluyendo la parábola con esta advertencia: “Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico en Dios” (v. 21).  En versículos 32-34, Jesús nos enseña que una manera de hacerse “rico en Dios” es mostrando caridad hacia los necesitados.

 

 

VERSÍCULOS 35-40: VIVIR PREPARADOS PARA EL REGRESO DE CRISTO

 

Mientras que estas dos pequeñas parábolas no mencionan el regreso de Cristo específicamente, ése es su tema.  Los que están listos serán premiados, y los que no están listos sufrirán el juicio.

 

La temprana iglesia esperaba la venida de Cristo con gran anticipación.  Sin embargo, al ser escrito este Evangelio, cristianos empezaban a entender que la venida de Cristo se atrasaba más de lo que esperaban.  Hoy, mirando los últimos dos mil años de la historia de la iglesia, encontramos difícil pensar que Cristo vendrá durante nuestra vida.  En gran parte, hemos dejado el predicar la Segunda Venida a los fundamentalistas, que muchas veces nos avergüenzan por su manera de tratar el tema.  No obstante, la Segunda Venida es un tema importante que predicar, porque gente necesita saber que el mundo no se mueve a través del tiempo sin rumbo, sino que Dios tiene un plan que concluye con el juicio y la redención.

 

En otro lugar, Lucas trata los temas de mantenerse alerta o quedarse dormido.  En la Transfiguración, “Pedro y los que estaban con él, estaban cargados de sueño: y como despertaron, vieron su majestad, y á aquellos dos varones que estaban con él” (9:32).  Fueron recompensados por su lealtad.  En el Monte de Olivos, Jesús “vino á sus discípulos, hallólos durmiendo de tristeza; Y les dijo: “¿Por qué dormís? Levantaos, y orad que no entréis en tentación” (22:45-46). 

 

 

VERSÍCULOS 35-38: ESTÉN CEÑIDOS VUESTRO LOMOS, Y VUESTAR ANTORCHAS ENCENDIDAS

 

35Estén ceñidos vuestros lomos (griego: estosan humon hai osphues periezosmenai), y vuestras antorchas encendidas; 36Y vosotros semejantes á hombres que esperan cuando su señor (griego: kurios – Señor) ha de volver de las bodas; para que cuando viniere, y llamare, luego le abran. 37Bienaventurados aquellos siervos (griego: douloi), á los cuales cuando el Señor viniere, hallare velando: de cierto os digo, que se ceñirá, y hará que se sienten á la mesa, y pasando les servirá. 38Y aunque venga á la segunda vigilia, y aunque venga á la tercera vigilia, y los hallare así, bienaventurados (griego: makarioi) son los tales siervos.

 

 

“Estén ceñidos vuestros lomos” (v. 35a).  La imagen es de una persona con el traje atado lo suficientemente ceñido para poder moverse cómodamente.  Recuerda a las instrucciones para la comida de la Pascua original.  “Y así habéis de comerlo: ceñidos vuestros lomos, vuestros zapatos en vuestros pies, y vuestro bordón en vuestra mano; y lo comeréis apresuradamente” (Éxodo 12:11).  Las instrucciones de la Pascua eran para preparar a la gente para la salida precipitada de Egipto en cuanto llegase el momento.  Las instrucciones de Jesús son para preparar a los discípulos para su regreso, que tomará lugar en un momento inesperado.

 

“y vuestras antorchas encendidas” (v. 35b).  Antorchas requieren atención continua.  Las mechas han de cortarse y el aceite ha de ser rellenado.  Una antorcha mal cuidada no encenderá cuando se necesita.  Aún una antorcha bien mantenida lleva tiempo encender – algo insatisfactorio en una emergencia verdadera.

 

“Y vosotros semejantes á hombres que esperan cuando su señor ha de volver de las bodas; para que cuando viniere, y llamare, luego le abran” (v. 36).  En muchas circunstancias, estar preparado es cuestión de vida o muerte.  Bomberos, técnicos de emergencias médicas, soldados, y médicos han de estar preparados con herramientas en mano cuando llegue el momento de actuar.  Cada minuto cuenta en una crisis.  El bombero que se retrasa cinco minutos puede encontrar que el incendio ya no tiene arreglo.  El médico que se retrasa cinco minutos puede encontrar que el paciente ya ha muerto.  Los que trabajan en profesiones que atienden en situaciones de crisis se entrenan regularmente para poder responder efectivamente al surgir una crisis.  Estar preparado para la venida de Cristo tiene la misma urgencia de vida o muerte.

 

“Bienaventurados aquellos siervos (douloi – de doulos), á los cuales cuando el Señor (kurios – Señor) viniere, hallare velando: de cierto os digo, que se ceñirá, y hará que se sienten á la mesa, y pasando les servirá” (v. 37).  Jesús no sugiere que la servidumbre, tal como la conocemos, sea aceptable.  Utiliza la palabra, doulos, para hablar de nuestro servicio a Dios.  Ser doulos es hacer la voluntad del amo.  En este caso, douloi son los discípulos de Cristo y el amo (kurios – Señor) es Jesús.  Pablo habla de si mismo como un doulos de Cristo (Romanos 1:1; Galatos 1:10; Filipenses 1:1), y habla de cristianos corrientes como doulon del Señor (2 Timoteo 2:24).

 

A primera vista, las parábolas de Jesús parecen historias inocentes que utilizan eventos diarios para demostrar un punto obvio, pero entonces, de repente, toman una dirección inesperada – una dirección parabólica:

 

• Y así es un samaritano que muestra ser prójimo del hombre herido (10:36-37).

 

• Y así es que un hombre rico dice, “Alma, muchos bienes tienes almacenados para muchos años,” pero Dios dice, “Necio, esta noche vuelven á pedir tu alma” (12:19-20).

 

• Ahora, en esta parábola de los siervos que vigilan, esperamos que los siervos sienten al amo (kurios – Señor) a la mesa para servirle la cena.  En vez, Jesús dice que el amo invitará a los siervos a sentarse a la mesa mientras él les sirve.  Esto se refiere al banquete escatológico (fin del tiempo) que los discípulos disfrutarán al regresar Jesús.  En la Encarnación, “el Hijo del hombre tampoco vino para ser servido, mas para servir, y dar su vida en rescate por muchos” (Marcos 10:45).  Servicio también es el propósito por el regreso de Cristo.  “Al servir a aquéllos que son siervos, el señor que regresa eleva a los humildes, dando la vuelta a las normas socio-políticas y religiosas, igual que había predicho la canción de María (1:52b)” (Green, 499).  Esto es motivo para regocijo y también para estar preparado.

 

“Y aunque venga á la segunda vigilia, y aunque venga á la tercera vigilia (en te deutera kan en te trite phulake – en la segunda o tercera vigilia), y los hallare así, bienaventurados son los tales siervos” (v. 38).  Romanos cuentan cuatro vigilias – la segunda y tercera de 9:00 de la noche a 3:00 de la mañana.  Judíos cuentan tres – la segunda y tercera de 10:00 de la noche a 6:00 de la mañana.  De cualquier manera, Jesús habla de la venida del amo en medio de la noche después de acostarse la gente – una hora inesperada cuando gente adormilada encontrará imposible poder prepararse.  La venida del amo revelará los siervos que están preparados o no.  Jesús promete que los preparados serán bendecidos (makarioi – la misma palabra utilizada en las Beatitudes).

 

 

VERSÍCULOS 39-40: Á LA HORA QUE NO PENSÁIS, EL HIJO DEL HOMBRE VENDRÁ

 

39Esto empero sabed, que si supiese el padre de familia á qué hora había de venir el ladrón, velaría ciertamente, y no dejaría minar su casa. 40Vosotros pues también, estad apercibidos; porque á la hora que no pensáis, el Hijo del hombre vendrá.

 

 

El Nuevo Testamento nos enseña que la Segunda Venida de Cristo es una parte importante en el plan de Dios para nuestro mundo y, por eso, es un elemento importante de nuestra fe cristiana.  Debemos “vivir en espera continua, sabiendo que en el juicio final, seremos responsables, pero también regocijando por la promesa de estar en la presencia eterna de Dios, Cristo, y todos los que Dios ha escogido para vivir con él en eternidad.  Vigilia espiritual es la única respuesta humana que funciona, ya que certifica creencia en las promesas de Dios.  La falta de tal vigilia es negar estas promesas y resulta en vivir en una ilusión” (Hultgren, 270).

 

Se ha puesto mucho esfuerzo en predecir la hora de la venida de Cristo, pero muchos de estos esfuerzos son siempre infructuosos.  El Hijo del Hombre vendrá en una hora inesperada, como un ladrón en la noche.

 

La cuestión, entonces, es ¿cómo podemos prepararnos para la venida de Cristo? “Por supuesto que el dueño de la casa no puede quedarse despierto todo el tiempo… Pero preparación es posible.  Consiste de la continua lealtad a nuestras responsabilidades” (Craddock, Interpretation, 165).  Este pensamiento es crítico.  No podemos estar despiertos en todo momento.  Tenemos responsabilidades que hacen imposible poner toda nuestra energía en los deberes del reino.  La clave es “vigilancia, que significa vivir constantemente de una manera moral y obediente, y así estar listos para darle a Dios un relato de como hemos vivido” (Culpepper, 265).

 

 

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada en http://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html.  Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

 

 

BIBLIOGRAFÍA:

 

Barclay, William, The Daily Study Bible, The Gospel of Luke (Edinburgh:  Saint Andrew Press, 1953)

 

Bock, Darrell L., The IVP New Testament Commentary Series:  Luke, Vol. 3 (Downers Grove, Illinois, Intervarsity Press, 1994)

 

Cousar, Charles B.; Gaventa, Beverly R.; McCann, J. Clinton; and Newsome, James D., Texts for Preaching: A Lectionary Commentary Based on the NRSV–Year C (Louisville:  Westminster John Knox Press, 1994)

 

Craddock, Fred B., Interpretation: Luke (Louisville:  John Knox Press, (1990)

 

Craddock, Fred B.; Hayes, John H.; Holliday, Carl R.; and Tucker, Gene M., Preaching Through the Christian Year, C (Valley Forge:  Trinity Press, 1994)

 

Culpepper, R. Alan, The New Interpreter's Bible, Volume IX.  (Nashville:  Abingdon, 1995)

 

Evans, Craig A., New International Biblical Commentary:  Luke (Peabody, Massachusetts: Hendrickson Publishers, Inc., 1990)

 

Farris, Stephen, in Van Harn, Roger (ed.), The Lectionary Commentary:  Theological Exegesis for Sunday's Text.  The Third Readings:  The Gospels (Grand Rapids:  William B. Eerdmans Publishing Co., 2001)

 

Fitzmyer, Joseph A., S.J., The Anchor Bible:  The Gospel According to Luke X-XXIV (New York:  Doubleday, 1985)

 

Gilmour, S. MacLean & Knox, John, The Interpreter's Bible, Volume 8.  (Nashville:  Abingdon, 1952) 

 

Green, Joel B., The New International Commentary on the New Testament: The Gospel of Luke (Grand Rapids:  William B. Eerdmans Publishing Company, 1997)

 

Horn, James G., Lectionary Bible Studies, "The Year of Luke," Pentecost 1, Study Book, (Augsburg-Fortress, 1976)

 

Hultgren, Arland J., The Parables of Jesus:  A Commentary (Grand Rapids:  William B. Eerdmans Publishing Company, 2000)

Johnson, Luke Timothy, Sacra Pagina:  The Gospel of Luke (Collegeville: Liturgical Press, 1991)

 

Juel, Donald H. and Buttrick, David, Proclamation 2: Pentecost 2, Series C

 

Nickle, Keith F., Preaching the Gospel of Luke (Louisville:  Westminster John Knox, 2000)

 

Nolland, John, Word Biblical Commentary:  Luke 9:21 – 18:34, Vol. 35B (Dallas:  Word Books, 1993)

 

Ringe, Sharon H., Westminster Bible Companion, Luke (Louisville:  Westminster John Knox Press)

 

Rohr, Richard, The Good News According to Luke (NY: Crossroad, 1997)

 

Stein, Robert H., The New American Commentary:  Luke (Nashville: Broadman Press, 1992)

 

Tannehill, Robert C., Abingdon New Testament Commentaries:  Luke (Nashville:  Abingdon, 1996)

www.sermonwriter.com

 

www.lectionary.org

 

Copyright 2007, 2010, Richard Niell Donovan