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RECURSOS PARA PREDICAR

Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

 

 

 

PASAJE BÍBLICO:     Lucas 12:13-21

 

 

EXÉGESIS:     

 

VERSÍCULOS 13-21: UN REPASO

 

La cuestión aquí no es ser dueño de posesiones, sino que las posesiones sean dueñas de nosotros.  La riqueza es un duro patrón.  La persona que desea riquezas es tentada a dejar que la adquisición de cosas se convierta en su mayor prioridad.  La persona que tiene riqueza es tentada a pasar su vida cuidándola y creciéndola.  Todos somos tentados a creer que podemos encontrar seguridad en la riqueza.  Fe en posesiones disminuye fe en Dios.  Sin embargo, el problema no es el dinero, sino el amor al dinero (1 Timoteo 6:10).

 

Jesús a menudo hablaba de dinero y posesiones.  Nuestra lección del Evangelio nos pone esto en perspectiva.  “La seguridad verdadera viene de ser ‘ricos en Dios’” (Juel y Buttrick, 16).

 

 

VERSÍCULOS 13-15: DI A MI HERMANO QUE PARTA CONMIGO LA HERENCIA

 

13Y díjole uno de la compañía: Maestro, di á mi hermano que parta conmigo la herencia.  14Mas él le dijo: Hombre, ¿quién me puso por juez ó partidor (griego: meristen – partidor) sobre vosotros? 15Y díjoles: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.

 

 

“Maestro, di á mi hermano que parta conmigo la herencia” (v. 13).  La ley del Tora prescribe las leyes de herencia, y es de esperar que los rabíes interpreten Tora en casos específicos y que actúen como mediadores en disputas:

 

• Deuteronomio 21:17 manda que una doble porción de la herencia vaya al hijo primogénito.  Si hay dos hijos, el mayor recibe dos tercios (67%), y el segundo un tercio (33%).  Si hay tres hijos, el mayor recibe dos cuartos (50 %), y los demás reciben un cuarto cada uno (25%).  Si hay cuatro hijos, el mayor recibe dos quintos (40%) y los demás reciben un quinto cada uno (20%).  Deuteronomio especifica que el cariño del padre hacia el primogénito o la falta de cariño hacia la esposa del primogénito no deben influir en la herencia.

 

• Num. 27:1-11 especifica la línea de herencia: hijo, hija, hermano, tío, pariente más cercano.

 

• Num. 36:7-9 prohíbe la transferencia de herencias entre tribus.

 

“El padre, siguiendo la antigua practica israelita de propiedad de familia, ha dejado su granja entera a sus dos hijos, pero el que le pregunta a Jesús clarifica su derecho a que la propiedad sea dividida.  Esto implica que la relación entre este hombre y su hermano ha sido quebrada a causa del deseo de ser propietario independiente de su terreno” (Bauckham, 380).

 

No parece que éste sea el hijo primogénito, porque un hijo primogénito se controlaría y, por lo tanto, no le haría falta la ayuda de Jesús.

 

Mientras que el hombre se dirige a Jesús como maestro, no le está pidiendo enseñanza.  En vez, le dice a Jesús que quiere y requiere (o manda) que Jesús haga lo que le pide.  Quiere aprovecharse de la autoridad moral de Jesús – busca usar la autoridad de Jesús para ganar el poder sobre su hermano en la disputa de su herencia.

 

“Hombre, ¿quién me puso por juez ó partidor (griego: meristen – partidor) sobre vosotros?” (v. 14).  La respuesta de Jesús suena al lenguaje de Éxodo 2:14, en el cual Moisés intentó terminar una lucha entre dos hebreos.  Uno de ellos le preguntó a Moisés, “¿Quién te ha puesto á ti por príncipe y juez sobre nosotros?”  Jesús puede querer decir que no tiene la autoridad para arbitrar en esta disputa, pero es más probable que esté cuestionando el derecho de este hombre al involucrarle en esta disputa.

 

El interés propio de este hombre choca con el contexto en el que hace su pedido.  Jesús ha estado enseñando a miles de personas (12:1).  Les advirtió de la hipocresía farisaica (12:1).  Les dijo que no temieran a los que matan al cuerpo, sino a aquéllos que les puedan mandar al infierno (12:4-5). Les alentó a confesar al Hijo del Hombre ante los demás (12:8-9).  Les dijo que se enfrentarían con oposición, y les aseguró que el Espíritu Santo les daría las palabras necesarias al aparecer ante las autoridades (12:11-12).  Entre estas graves preocupaciones, el hombre interrumpe pidiendo ayuda con su herencia.  Al hacer esto, revela que no ha oído las palabras de Jesús, y que solo se preocupa por su problema personal.  Su interrupción es trivial cuando se compara con la enseñanza que interrumpe y, por eso, es inapropiada y desbarata la situación.

 

Knox compara esta historia con la del rico regidor (18:18-30).  Ambos hombres son culpables de egoísmo “pero uno siente más simpatía por el rico que por este hombre.  La diferencia es que el rico regidor vino con una confesión de su propia necesidad (‘¿Qué debo hacer?’), mientras que en este pasaje el hombre viene con una queja hacia otro” (Knox, 225).  Knox también menciona la historia de Marta y María (10:38-42), en la que Marta se quejó de su hermana y ella misma fue reprendida.  En ambos casos, Jesús le dio la vuelta a la queja en contra del que se quejaba.  “Ante Dios, somos gente que confiesa, no gente que protesta” (Knox, 225).

 

“Mirad, y guardaos de toda avaricia” (v. 15).  Jesús, quien ve el corazón, ve avaricia en el corazón del hombre (v. 15).  Se dirige a su pregunta, no solo al hombre, sino a “ellos” – a la multitud.  Utiliza la oportunidad para enseñarles del peligro de la avaricia.

 

“Porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee” (v. 15).  “Como en 10:25-37, ‘vida’ es una metáfora para la salvación” (Green, 489) – o “vida” podría significar “una vida humanamente significante y de satisfacción” (Nolland).

 

El hombre que trajo la queja ha fijado los ojos tanto sus en posesiones, que no ve nada más.  Jesús le pide que se aleje un poco para poder ver por completo el conjunto de la vida, un ejercicio que pone las posesiones en perspectiva.  Posesiones aún están en la discusión, pero parecen más pequeñas cuando se miran contra el fondo del con el resto de la vida.  Entonces, Jesús pasa la conversación de la herencia del hombre, a lo que es su verdadera necesidad – la defensa contra la avaricia y la oportunidad de hacerse “rico en Dios” (v. 21).

 

“La respuesta críptica de Jesús le advierte al lector de dos maneras.  Primero,... el deseo de poseer cosas materiales probará ser insaciable.  Segundo, sueños de una vida abundante nunca se cumplirán a través de la acumulación de tales excesos” (Bailey, Through Peasant Eyes, 63).

 

Estos son puntos que Jesús hace en varias partes de este Evangelio:

 

“Está escrito, ‘No con pan solo vivirá el hombre’” (4:4).

 

“¿Qué aprovecha al hombre, si granjeare todo el mundo, y sé pierda él á sí mismo, ó corra peligro de sí?” (9:25).

 

"Por tanto os digo: No estéis afanosos de vuestra vida, qué comeréis; ni del cuerpo, qué vestiréis” (12:22-23).

 

• Véase la parábola del hombre rico y Lázaro (16:19-31).

 

“¡Cuán dificultosamente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!” (18:24).

 

 

VERSÍCULOS 16-19: EDIFICARÉ MAYORES ALFOLÍES

 

16Y refirióles una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había llevado mucho; 17Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿qué haré, porque no tengo donde juntar mis frutos? 18Y dijo: esto haré: derribaré mis alfolíes, y los edificaré mayores, y allí juntaré todos mis frutos y mis bienes; 19Y diré á mi alma (griego: psuche): Alma, muchos bienes tienes almacenados para muchos años; repósate, come, bebe, huélgate.

 

 

“La heredad de un hombre rico había llevado mucho” (v. 16).  El hombre ya era rico antes de esta cosecha, y la cosecha simplemente aumenta su riqueza.  Jesús relata una cosecha abundante – una cosecha que sobrepasa lo que el hombre invirtió en plantar y arar – una cosecha que es verdaderamente un regalo de Dios.  Como veremos, la cosecha abundante hace surgir la pregunta de generosidad.  ¿Cuáles son las responsabilidades que adquirimos al acumular más de lo que necesitamos?

 

“Y él pensaba dentro de sí” (v. 17).  El hombre no habla con nadie más que si mismo.  “Aunque esto parezca lo más natural en esta situación, personas que se dan monólogos son proyectados por Lucas de una manera negativa una y otra vez (cf. 2:35; 5:21-22; 6:8; 9:46-47)” (Green).

 

“Este discurso no es triste, sino bastante lastimoso.  Este hombre rico y confiado ha llegado, lo ha conseguido... Necesita una audiencia para su discurso.  ¿Quién está disponible? ¿Familia? ¿Amigos? ¿Sirvientes y sus familias? ¿Ancianos de la aldea? ¿Compañeros propietarios? ...El hombre importante del Medio Oriente siempre tiene una comunidad a su alrededor.  ¿Pero este hombre?  Solo se puede dirigir a si mismo” (Bailey, Through Peasant Eyes, 66).

 

“Derribaré mis alfolíes, y los edificaré mayores” (v. 18).  La abundancia de la cosecha excede las esperanzas del hombre rico.  Esto requiere rápidas decisiones en cuanto a dónde guardar o qué hacer con la cosecha.  Jesús no pretende decir que el hombre ha llegado a donde está de manera deshonesta.  No hay pruebas de que el hombre hubiera maltratado a su mano de obra o cosechado trigo de los campos de su vecino.

 

La primera indicación del problema está en el uso de la primera persona por parte del hombre.  Pase por la parábola trazando círculos alrededor de las palabras “Yo” y “mi” para tener una idea del amor propio de este hombre.  En la breve conversación que tiene con si mismo, usa la palabra “Yo” seis veces y la palabra “mi” cinco veces.  No considera dar una paga extra a su mano de obra ni hacer un proyecto de servicio para su comunidad.  No ofrece ninguna palabra de agradecimiento a Dios por esta cosecha tan abundante.  Todo es “Yo” y “mi.”

 

“Repósate, come, bebe, huélgate” (v. 19).  Encontramos lenguaje parecido en Eclesiásticos 2:24; 3:13; 5:18; 8:15).  Jesús presenta de manera muy clara la preocupación propia de este hombre.  Tiene más de lo que necesita para cumplir con sus necesidades – aún más de lo que necesita para vivir lujosamente.  Su futuro no podría estar más asegurado.  Ahora, lo único que tiene que hacer es disfrutar de su riqueza, y ése es su plan.  Sin embargo, como veremos, su plan pronto se desvanecerá.

 

 

VERSÍCULOS 20-21: ¡NECIO!

 

20Y díjole Dios: Necio, esta noche vuelven á pedir tu alma (griego: psuche); y lo que has prevenido, ¿de quién será?  21Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico en Dios.

 

 

“Necio” (v. 20).  “Cuando Dios se dirige al hombre como necio, indica la ceguera del hombre al juzgar las prioridades de la vida.  El alma del hombre está en juicio.  En este juicio las posesiones del hombre y su resumen social no llevan peso ninguno” (Bock, 226).  Antes, Jesús advirtió, “Mas ¡ay de vosotros, ricos! porque tenéis vuestro consuelo” (6:24).  Ése es el problema de este hombre – ha recibido su recompensa, la cual no podrá llevar consigo a la eternidad.

 

“Alma” (griego: psuche) (v. 19) – “tu vida” (psuchen) (v. 20).  La NRSV disminuye el juego de palabras en estos versículos traduciendo psuchen como “vida.”  El hombre dijo, “Alma (psuche), tienes bienes suficientes para muchos años,” pero Dios dice, “Necio, esta noche vuelven á pedir tu alma (griego: psuche).”

 

Hay otro contraste interesante entre muchos años (v. 19) y “esta noche” (v. 20).  “Lo ridículo de la visión estrecha del granjero es aumentado por el contraste entre los muchos años de bienes que le quedan y las pocas horas que le quedan de vida” (Nolland).  El hombre es ridículo “porque ha olvidado el dicho, ‘Comamos y bebamos, porque mañana moriremos.’ El dicho se aplica estrictamente en este caso; morirá durante la noche que comenzará un nuevo día.  Por lo tanto, su gran plan no vale nada” (Tannehill, 206).

 

“Y lo que has prevenido, ¿de quién será?” (v. 20).  La persona que ama sus posesiones las cuida con recelo – mantiene fuertemente el control – construye barreras para prevenir a los demás de poder entrar.  El pensar que alguien pudiera estar malgastando su riqueza sería de lo más doloroso.  Sin embargo, cuando él o ella muere, sus planes empiezan a fallar.  Testamentos y fundaciones filantrópicas solo proveen una protección mínima.  A menudo, fortunas son gastadas de una manera en que su fundador nunca hubiera pensado o aprobado.  Eventualmente, polillas y orín corrompen aún las posesiones más queridas.  “¿Ha visitado alguna vez una chatarrería? Nunca olvidaré el impacto que me hizo mi primera visita a una chatarrería... Donde fuera que mirara, había ‘cosas’ por las cuales alguien había trabajado y ahorrado para comprar.  Por todas partes a mi alrededor encontraba tesoros – ‘cosas’ por las que alguien había vivido y muerto.  Ahora, solo valían para la chatarrería” (Sweet, 24).

 

“Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico en Dios” (v. 21).  No debemos pretender que este versículo se aplica solamente a los millonarios de Microsoft – no tenemos que ser ricos para estar en peligro.  El peligro existe para todo “el que hace para sí tesoro” y “no es rico en Dios.”

 

El problema no es la riqueza del hombre sino su avaricia.  Muchos son tentados a acumular dinero y acciones, y otros son tentados a malgastar su dinero.  Sin embargo, la pobreza no le hace a uno inmune de la avaricia.  Alguna gente pobre comparte generosamente con otros en necesidad, pero otros se guardan un pedazo de pan.  El problema no es la riqueza sino el egoísmo.  Es completamente posible que una persona conduzca un Porsche y que sea generosa hacia los demás, mientras que otra conduzca un Ford y avariciosamente se guarde una fuente de galletas.

 

“Rico en Dios.”  ¿Qué significa ser “rico en Dios”?  Primero, de cierto debe significar estar agradecidos a Dios por nuestras bendiciones.  Segundo, debe constar la responsabilidad hacia nuestros vecinos a quienes Dios nos ha encargado amar (10:27) – y a nuestro enemigo, a quien Dios también nos ha encargado amar (6:27).

 

 

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada en http://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html.  Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

 

 

BIBLIOGRAFÍA:

 

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