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RECURSOS PARA PREDICAR

Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

 

 

PASAJE BÍBLICO:     Lucas 6:27-38

 

 

EXÉGESIS:     

 

VERSÍCULOS 27-28: UN FINAL A LA RECIPROCIDAD

 

Es natural reciprocar – ayudar a los que te ayudan y lastimar a los que te lastiman. “Como queréis que os hagan los hombres, así hacedles también vosotros” es simple justicia, y ha sido guardado en ley por lo menos desde el Código de Hammurabi (Siglo 18 a.C.), que especificaba ojo por ojo y diente por diente.

 

La reciprocidad es algo de sentido común y una manera natural de ordenarse la vida, y es mucho más ilustrado que el método agresivo y egoísta que mucha gente prefiere hoy.  “Como queréis que os hagan los hombres, así hacedles también vosotros” se ha convertido en “Haz a los demás antes que te lo hagan a ti” y simplemente “¡Haz a los demás!”  Vivimos en un mundo donde ricos y poderosos utilizan poder y riqueza para acumular aún más poder y riqueza – con poca consideración a los efectos que tienen sobre los demás.  Como dijo un granjero rico, “Lo único que quiero es lo que es mío – y lo que lo rodea.”  En muchos círculos, tal comportamiento agresivo no solo es permitido, sino celebrado.  En algunos casos, gente que es verdaderamente mala inflige daños deliberados sobre otros sin ninguna razón aparente.  Podríamos comprender a la persona que roba algo de valor.  Cuesta más entender a la persona que pone a arder una iglesia a causa de odio racial o a alguien que dispara a un transeúnte solo para divertirse.

 

En un mundo donde perro come perro, reciprocidad parece un tema positivamente ilustrado.  No busca infligir daño excepto en casos donde el daño es merecido.  La meta es justicia.  La persona mala sufre y la persona buena prospera.  Es como debe ser.

 

Y aún así, Jesús nos dice que la reciprocidad no es comportamiento del reino.  Igual que Dios va más allá de justicia a merced, hemos de hacer lo mismo.  Es una lección difícil, una que va contra pensamiento común.  No es natural.  Podemos movernos de justicia a merced, pero solo por la gracia de Dios.  “Este mandamiento es completamente imposible de obedecer (o de entender) si no hemos sido transplantados a una nueva identidad y a un nuevo orden mundial” (Rohr, 114).

 

 

VERSÍCULOS 27-31: MÁS Á VOSOTROS LOS QUE OÍS, DIGO: AMAD Á VUESTROS ENEMIGOS

 

27Mas á vosotros los que oís, digo: Amad á vuestros enemigos, haced bien á los que os aborrecen;28Bendecid á los que os maldicen, y orad por los que os calumnian.29Y al que te hiriere en la mejilla, dale también la otra; y al que te quitare la capa, ni aun el sayo le defiendas.30Y á cualquiera que te pidiere, da; y al que tomare lo que es tuyo, no vuelvas á pedir.31Y como queréis que os hagan los hombres, así hacedles también vosotros.

 

 

“Mas á vosotros los que oís, digo: Amad á vuestros enemigos” (v. 27a).  Jesús comienza esta sección diciendo, “amad a vuestros enemigos,” y repite esta admonición en versículo 35.  Entre tanto, da ejemplos concretos para ilustrar lo que quiere decir.  Los organiza en dos grupos de tres ejemplos.  En el primer grupo, dice:

 

“haced bien á los que os aborrecen” (v. 27b).

“bendecid á los que os maldicen” (v. 28a).

“orad por los que os calumnian” (v. 28b).

 

 

En el segundo grupo, dice:

 

“Y al que te hiriere en la mejilla, dale también la otra” (v. 29a).

 

“y al que te quitare la capa, ni aun el sayo le defiendas” (v. 29b).

 

“Y á cualquiera que te pidiere, da; y al que tomare lo que es tuyo, no vuelvas á pedir” (v. 30). (Algunos cuentan esto como dos ejemplos en lugar de uno).

 

 

Estos ejemplos están organizados según su énfasis.  Al dar dos grupos de tres ejemplos, Jesús establece un ritmo que captura nuestra atención.

 

• Los comportamientos que aparecen en el primer grupo son de naturaleza general: (1) aborrecer (2) maldecir y (3) calumniar.  Estos tres comportamientos se manifiestan de muchas maneras diferentes.

 

• Los comportamientos que aparecen en el segundo grupo son bastante específicos: (1) herir la mejilla (2) quitar la capa y (3) pedir bienes.

 

 

La especificidad de versículos 29-30 se enfatiza aún más por el uso de “tú” y “vosotros”:

 

• En versículos 27-28 “vosotros” es plural (humin, humas, humon).  Cuando Jesús nos pide amar, hacer bien, y orar, se dirige a la multitud.

 

• En versículos 29-30, “tú” es singular (se, sou).  Cuando Jesús nos dice que demos la otra mejilla y que demos a todos los que piden de nosotros, se dirige a cada uno de nosotros individualmente.  Su dedo señala directamente a ti (singular) o a mí.  El mandato es específico no solo en las acciones que incluye sino también con las personas a quien se dirige.

 

• “Vosotros” en la ley dorada (v. 31) es plural de nuevo.

 

Tannehill anota que, en estos ejemplos, Jesús utiliza “lenguaje forzoso e imaginativo” en lugar de “lenguaje legal,” porque su propósito no era proporcionar reglas precisas para cada caso, sino “estimular pensamiento moral retando el estancamiento en el que gente se mueve” (Tannehill, 117).  Solo la persona de pensamiento más liberal podría leer estos seis ejemplos sin entender que podrían haber sido mil ejemplos – o diez mil.  El caso es “Amad á vuestros enemigos.” Casi por instinto comprendemos que hemos de aplicar ese principio de manera creativa y fiel a las relaciones con nuestros enemigos.

 

Los ejemplos que Jesús provee ilustran la palabra “amor” y no se dirigen a sentimientos sino a acciones.  Jesús nos pide amar (griego: ágape), pero eso no significa que debemos tener sentimientos cariñosos hacia los que nos maltratan.  En vez, hemos de actuar calculadamente para beneficiar a la otra persona – hacer que el bienestar de esa persona sea nuestra preocupación.

 

Con el principio del amor y los seis ejemplos, Jesús establece claramente que, como sus discípulos, no debemos permitir que gente de menos principios determine lo que pasa.  No debemos esperar para ver lo que la otra persona hará antes de decidir lo que nosotros debemos hacer.  Ni hemos de quedar atrapados en un círculo vicioso que otra persona empieza.  En vez, hemos de tomar la iniciativa y amar, hacer el bien, bendecir, y orar.  Estos comportamientos pueden parecer débiles frente al odio y la violencia, pero Jesús los transforma.  En la cruz demuestra lo poderosos que pueden ser.  En la cruz, no maldijo a sus enemigos, sino que oró por su perdón.  Francisco de Asís, Martín Luther King Jr., y muchos otros discípulos han demostrado la fuerza del amor a través de los siglos.  ¡El amor gana! ¡Sobrepasa el mundo!

 

Entonces, Jesús ancla esta sección con el mandato, “Y como queréis que os hagan los hombres, así hacedles también vosotros” (v. 31).  Esto lo conocemos como la Regla Dorada.  A menudo, esta regla se había mencionado de forma negativa.  Philo dijo, “Lo que odias sufrir, no se lo hagas a nadie más.”  Los estoicos dijeron, “Lo que no deseas te hagan a ti, no lo hagas a ningún otro” (Barclay, 77).  La declaración positiva de esta regla amplía su aplicación considerablemente.  No solo debemos evitar comportamiento que no querríamos experimentar nosotros, sino que también debemos practicar comportamiento que sí querríamos experimentar.  Esto es mucho más pro-activo y dinámico.

 

 

VERSÍCULOS 32-34: TAMBIÉN LOS PECADORES AMAN Á LOS QUE LOS AMAN

 

32Porque si amáis á los que os aman, ¿qué gracias tendréis? porque también los pecadores aman á los que los aman. 33Y si hiciereis bien á los que os hacen bien, ¿qué gracias tendréis? porque también los pecadores hacen lo mismo.34Y si prestareis á aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué gracias tendréis? porque también los pecadores prestan á los pecadores, para recibir otro tanto.

 

 

De nuevo, Jesús utiliza tres ejemplos: (1) “si amáis á los que…" (2) “si hiciereis bien á los…" (3) “si prestareis á aquellos…”

 

En versículos 28-36, Jesús nos ha enseñado como responder a los que nos maltratan.  Ahora, habla de gente que nos trata bien.  No nos niega el derecho de dar bien por bien, pero nos niega crédito especial por hacerlo.  Aún gente que no sigue a Cristo da bien por bien.  Como discípulos de Cristo, debemos dar bien, hayamos recibido bien o mal.  No hemos de ser motivados por deudas que debemos a otros o que nos deben a nosotros.  Jesús pide el fin de estos cálculos.  Hemos de romper el ciclo de calculaciones y dar bien – ¡punto!

 

 

VERSÍCULOS 35-36: SED MISERICORDIOSOS, COMO TAMBIÉN VUESTRO PADRE ES MISERICORDIOSO

 

35Amad, pues, á vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo: porque él es benigno para con los ingratos y malos.36Sed pues misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso.

 

 

Aquí Jesús nos da el trasfondo teológico de comportamiento no recíproco.  Hemos de amar, hacer bien, y actuar generosamente, porque “seréis hijos del Altísimo.”  Como hijos del Altísimo, nuestra recompensa es grande, porque somos herederos del reino.  Podemos vivir bajo el techo del rey y comer en su mesa.  Podemos entrar en presencia del rey y disfrutar de su protección.  Nos hacemos como el rey y desarrollamos costumbres reales.  Es una vida llena de privilegio – una vida bendecida.

 

 

VERSÍCULOS 37-38: DAD, Y SE OS DARÁ

 

37No juzguéis, y no seréis juzgados: no condenéis, y no seréis condenados: perdonad, y seréis perdonados.38Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida, y rebosando darán en vuestro seno: porque con la misma medida que midiereis, os será vuelto á medir.

 

 

“No juzguéis, y no seréis juzgados: no condenéis, y no seréis condenados” (v. 37ab).  “Literalmente, Lucas dice, ‘dejad de juzgar’ y ‘dejad de condenar’…” (Craddock, Interpretation, 91).  Juzgar (krinete) tiene que ver con evaluar y formar opiniones, sean positivas o negativas.  Condenar (katadikazete) es más negativo y tiene que ver con pronunciar culpabilidad. 

 

Hay una tensión verdadera aquí.  En el Evangelio de Mateo, Jesús avisa de falsos profetas y dice, “Por sus frutos los conoceréis” (Mateo 7:16).  Como la iglesia, debemos confrontar la realidad del mal y enseñar a los nuestros como levantarse por el bien.  Hemos de enseñarles a nuestros hijos a reconocer bien y mal.  Hemos de evitar hacernos mal a nosotros mismos.  Para hacer estas cosas, debemos identificar bien y mal.  Esto incluye juzgar.  Vivir de manera fiel incluye discernimiento.

 

Quizá el comportamiento que Jesus prescribe aquí tiene que ver con la manera de pensar que es rápida en pronunciar sentencia sobre otros – rápida en dar por hecho las prerrogativas de Dios.  Cuando era muy joven y nuevo al ministerio, una mujer me preguntó si su padre, aficionado al juego, hubiera podido ir al cielo.  Contesté que apostar no es compatible con una vida cristiana y, por eso, pensaba que no.  Me arrepentiré de esa respuesta el resto de mi vida.  No fue mi lugar poner al padre de esa mujer entre las cabras o las ovejas – es la obra de Dios.  Mi respuesta a la mujer le trajo dolor, y un dolor innecesario.  La verdad es que yo no sé lo que Dios hizo con su padre.  Ahora me doy cuenta de que soy culpable de pecados más serios que apostar, y espero que la respuesta que le di a la mujer no sea la respuesta que Dios me devuelva a mí.

 

Quizá el comportamiento que Jesús prescribe aquí tiene que ver con las sutiles maneras con que nos descontamos unos a otros.  Descartamos a esa persona porque es un fundamentalista y a esa persona porque es católica.  Blancos se apresuran al acusar a una persona de haber sido empleada por leyes de oportunidad-equitativa, y negros se apresuran al acusar a una persona de ser racista.  Un colega es un cerdo machista, y otro está durmiendo con ella para ascenderla al tope de la compañía.  Apenas existe alguien que esté a salvo de nuestro veneno si nuestros corazones están llenos de él.

 

“perdonad, y seréis perdonados” (v. 37c).  Esta promesa se puede comprender en dos niveles.  El significado más obvio es que Dios nos perdonará si nosotros perdonamos a los demás.  Sin embargo, a menudo es también verdad que gente encuentra más fácil perdonar a una persona que tiene naturaleza de perdonar.  No necesitamos escoger entre estos dos significados.  Es probable que ambos sean verdad.

 

Esta promesa es consistente con las cosas que Jesús tiene que decir acerca del perdón en otros lugares de este Evangelio (Lucas 11:4; 17:3-4; 23:34).

 

Dios nos recompensa cuando no nos involucramos en ese comportamiento.  “Medida buena, apretada, remecida, y rebosando darán en vuestro seno” (v. 38a).  La recompensa no solo es más de lo que hemos ganado sino más de lo que podemos manejar.  Apretada, es demasiado abundante para contenerla.  Rebosa del contenedor más grande, y se cae al suelo.

 

“con la misma medida que midiereis, os será vuelto á medir” (v. 38b).  Dios medirá nuestra recompensa con la misma escala que hemos usado para medir nuestra generosidad.  Dios nos medirá para el reino con la misma yarda que nosotros hemos usado para medir nuestros vecinos.

 

 

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada en http://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html.  Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

 

 

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