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RECURSOS PARA PREDICAR

Por Richard Niell Donovan
Traducción por Emmanuel Vargas Alavez

 

 

 

 

PASAJE BÍBLICO:     Lucas 5:1-11

 

 

EXÉGESIS:     

 

VERSÍCULOS 5:1-11: JESUS LLAMA A SUS PRIMEROS DISCÍPULOS

 

Los cuatro evangelios narran la historia del llamado de los primeros discípulos:

 

• En Marcos 1:16-20, Jesús llama a Pedro y Andrés. Y después, en un momento diferente, llama a Jacobo y Juan. Los cuatro “inmediatamente” dejan las redes de pesca y su familia par seguir a Jesús. Este fue el principio del ministerio de Jesús.

 

• Mateo 4:18-21 sigue muy de cerca el modelo de Marcos.

 

• El cuarto evangelio, como podríamos esperarlo, es bastante diferente. En su relato, Jesús no llama a los discípulos, que lo siguen por el testimonio de Juan el Bautista. Juan dice, en la presencia de dos de sus discípulos, “he aquí el Cordero de Dios”, y los dos discípulos comienzan a seguir a Jesús. Uno de esos discípulos, Andrés, después va a buscar a su hermano, Simón, y le dice “hemos hallado al Mesías”, y los dos van al encuentro de Jesús. Jesús le da a Simón un nuevo nombre, Pedro. No hay plática sobre las redes, la pesca, o los discípulos dejando todo atrás para seguir a Jesús. Aunque el cuarto evangelista no es uno de los sinópticos, sin embargo, una vez más este es el principio del ministerio de Jesús.

 

• El relato de Lucas es algo bastante distintivo. Es el más largo de los relatos. En este evangelio, Jesús comienza su ministerio, no con el llamado de los discípulos, sino con su sermón en la sinagoga de Nazarea. Después saca a un espíritu inmundo (4:31-37), sana a la suegra de Pedro (4:38-41), y predica en las sinagogas de Judea (4:42-44). Estas acciones resultan en multitudes que “se agolpaban sobre él para oír la palabra de Dios” (5:1). También establecen la credibilidad para el momento en que Jesús llamará a sus discípulos para seguirlo. Este es el único relato de los relatos del “llamado” que menciona la gran pesca, aunque el cuarto evangelio incluye una historia similar (pero solamente hasta después de la resurrección, Juan 21:1-23). El relato de Lucas no es una historia típica, en particular porque Jesús no hace una invitación formal a sus discípulos, sino que simplemente les dice “No temas; desde ahora pescarás hombres” (5:10). Este relato también se distingue porque se concentra en Simón Pedro, mencionando a Jacobo y Juan brevemente en el versículo 10 y para nada a Andrés.

 

La respuesta de Pedro a la pesca milagrosa cuadra perfectamente con la lectura del Antiguo Testamento y de la epístola:

 

• Isaías 6:1-8 nos cuenta la historia del llamado de Isaías, que expresó “¡Ay de mí! que soy muerto; que siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos!”. Podríamos considerar esta historia como un modelo para la lectura del evangelio. Tanto Isaías como Pedro sienten la magnitud de su indignidad en la presencia de lo santo. Ambos reconocen su indignidad. Un serafín purifica los labios de Isaías con un carbón encendido, y Jesús expresa una palabra purificadora para Pedro. Tanto Isaías como Pedro dan prueba de ser fieles al llamado.

 

• En 1 Corintios 15:1-11, Pablo dice sobre sí mismo “y el postrero de todos [los apóstoles]... me apareció á mí... que no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguí la iglesia de Dios”.

 

La obra de Jesús ha crecido de tal manera que requiere reclutar discípulos. Lucas amplía este tema con el llamado de Leví (5:27-32), el llamado de los doce (6:12-16), la misión de los doce (9:1-6), la misión de los setenta (10:1-20), los siete escogidos para servir (Hechos 6:1-7), la conversión de Saulo (Hechos 9:1-22), los varones de Chipre y Cirene que proclamaron a Cristo en Antioquia (Hechos 11:20-24), y el envío de Bernabé y Saulo para la obra (Hechos 13:1-3). Dios ha escogido obrar a través de los seres humanos, vasos de barro pero llenos del tesoro de Dios que es el evangelio (2 Co. 4:7). Y porque Dios ha elegido obrar de esta manera, nuestra respuesta es crucial.

 

 

VERSÍCULOS 1-3: LAS GENTES SE AGOLPABAN SOBRE ÉL

 

1Y aconteció, que estando él junto al lago de Genesaret, las gentes se agolpaban sobre él para oír la palabra de Dios.  2Y vio dos barcos que estaban cerca de la orilla del lago: y los pescadores, habiendo descendido de ellos, lavaban sus redes.  3Y entrado en uno de estos barcos, el cual era de Simón, le rogó que lo desviase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde el barco á las gentes.

 

 

Genesaret es el nombre que le da Lucas al Mar de Galilea. Estos pescadores estaban limpiando sus redes después de una larga noche. Tal vez estaban cansados y desanimados después de una larga e infructuosa noche. Estaban listos para retirarse a descansar. Era tiempo de irse a casa, a comer, y a dormir por un rato. Su estado de ánimo está en contraste con la del gentío, que se agolpaban sobre Jesús, emocionados por ver al joven profeta, esperando por una palabra o toque significativo.

 

“Y entrado en uno de estos barcos, el cual era de Simón, le rogó que lo desviase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde el barco á las gentes” (v. 3). Esta es la primera vez que aparece Simón en este evangelio, y fue su primer acto de obediencia. Dada su fatiga y frustración, no podemos esperar que Simón estuviera en el mejor estado de ánimo en este momento. Estaba listo para irse a casa, y no de regreso a su bote. Lo sorprendente no es que Simón respondiera favorablemente después de ver el milagro de la pesca milagrosa, sino que respondió favorablemente a su petición de llevar a Jesús en su bote un poco lejos de la playa.

 

Una vez en el bote, Jesús se sentó. Este bote probablemente era lo suficientemente grande para que Jesús se parara, pero los maestros se sentaban antes de comenzar a enseñar. En este evangelio, Jesús comienza su ministerio en las sinagogas (4:16-30; 42-44), pero ahora Jesús lleva su ministerio a la gente, a los lugares donde viven y trabajan.

   

 

VERSÍCULOS 4-7: MAS EN TU PALABRA ECHARÉ LA RED

 

4Y como cesó de hablar, dijo á Simón: Tira á alta mar, y echad vuestras redes para pescar5Y respondiendo Simón, le dijo: Maestro, habiendo trabajado toda la noche, nada hemos tomado; mas en tu palabra echaré la red.   6Y habiéndolo hecho, encerraron gran multitud de pescado, que su red se rompía.  7E hicieron señas á los compañeros que estaban en el otro barco, que viniesen á ayudarles; y vinieron, y llenaron ambos barcos, de tal manera que se anegaban.

 

 

Este fue el segundo acto de obediencia de Pedro. Una vez más, fue un acto de obediencia para un cansado y frustrado pescador. Las instrucciones de Jesús para Pedro fueron un poco extrañas. Pedro era el pescador. Él sabía mejor que Jesús dónde encontrar peces. Los pescadores habían estado tratando toda la noche sin lograr resultados. Los peces no aparecían por ningún lado, un hecho del que tenían buenas pruebas. Los pescadores estaban lavando las redes, guardando sus cosas para que ya se pudieran ir a descansar (v. 2). Ya estaban listos para irse a casa.

 

El sentido común de Pedro le decía que no había razón para tratar otra vez. Debe haber odiado pedirles a los otros pescadores que “aguantaran” y que ensuciaran una vez más las ya limpias redes. Le expresó sus dudas a Jesús, aunque se dirigió a Jesús como Maestro, un título usado por Jesús solamente por sus discípulos (8:24, 45; 9:33, 49; 17:13). Después dijo “mas en tu palabra echaré la red” (v. 5). Fue este acto de obediencia de frente a la duda que abrió la puerta a un milagro de abundancia. “No se espera que los seguidores de Jesús necesariamente entiendan, pero sí se espera que obedezcan” (Cousar, 139). Así es con nosotros. Solamente cuando la iglesia es obediente a Cristo, incluso cuando sus mandamientos nos parezcan tontos o exagerados, podemos recibir su poder y experimentar sus milagros.

 

Este es un milagro de abundancia como el maná en el desierto (Ex. 16), la medida de harina de la viuda (1 R. 17:8-16), el aceite interminable (2 R. 4:1-7), y la alimentación de cien hombres con veinte panes (2 R. 4:42-44). El evangelio de Juan reporta otro milagro de abundancia, el vino de las bodas de Caná (Jn. 2:1-11). Todos estos milagros de abundancia tienen dos características en común: (1) satisfacen necesidades humanas, y (2) demuestran el poder de Dios. El resultado de este particular milagro fue que los discípulos “dejaron todo y le siguieron” (v. 11).

 

 

VERSÍCULOS 8-11: DEJÁNDOLO TODO, LE SIGUIERON

 

8Lo cual viendo Simón Pedro, se derribó de rodillas á Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador.  9Porque temor le había rodeado, y á todos los que estaban con él, de la presa de los peces que habían tomado; 10Y asimismo á Jacobo y á Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Y Jesús dijo á Simón: No temas: desde ahora pescarás hombres.  11Y como llegaron á tierra los barcos, dejándolo todo, le siguieron.

 

 

Esta es la primera vez que Simón es llamado Pedro en este evangelio. En este milagro de la gran pesca, se encuentra frente a frente con el Santo. Sin embargo, no le es posible disfrutar la experiencia porque repentinamente se da cuenta de su pecado. Es la respuesta de una persona que llega a una fiesta solamente para darse cuenta de lo pobre que está vestido. No quiere unirse a la fiesta porque solamente se sentirá avergonzado ante tan elegante compañía. Solamente desea huir a un lugar donde se pueda sentir cómodo otra vez con su modesta vestimenta. “Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador” (v. 8). Fue la misma reacción de Moisés frente a la zarza ardiente: “Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar á Dios” (Ex. 3:6).

 

En gran manera hemos perdido este sentido de asombro y temor ante la presencia de Dios.  En su lugar, adoramos ante el altar de la ciencia y tecnología, que todos los días nos presenta una nueva maravilla. Adoramos ante el altar de la auto-estima, e incluso resistimos cualquier sugerencia de inclinarnos ante Dios. Hasta nos sentimos con el derecho de imponer las condiciones bajo las que aceptaremos a Dios (“Si ese el tipo de Dios que es, entonces no quiero nada con Dios”). Pero, en nuestros mejores momentos, nos arrodillamos en adoración en la presencia de Dios, reconociendo nuestra gratitud a Dios cada vez que respiramos.

 

“Y Jesús dijo á Simón: No temas” (v. 10b). Estas son las mismas palabras del ángel, que dice “María, no temas, porque has hallado gracia cerca de Dios” (1:30), y “No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo” (2:10). Jesús usa estas mismas palabras dos veces más en este evangelio. “No temáis pues: de más estima sois que muchos pajarillos” (12:7), y “No temáis, manada pequeña; porque al Padre ha placido daros el reino” (12:32). Admitámoslo, tenemos miedo de muchas cosas. Pero Jesús nos da la certeza de que no necesitamos temer.

 

“...desde ahora pescarás hombres” (v. 10c). El énfasis es en el papel que los discípulos tendrán en la evangelización. El cumplimiento de la promesa de Jesús comenzará totalmente en Pentecostés.  Pedro predicará un sermón, y en un día tres mil personas se bautizarán. Ese es solamente el principio. Nosotros somos los herederos de Pedro, responsables de la propagación del Evangelio. Es un papel con el que no siempre nos sentimos cómodos en un mundo que enfatiza la tolerancia de todo credo.

 

“Y como llegaron á tierra los barcos, dejándolo todo, le siguieron” (v. 11). Jesús parece dirigirse a Pedro, pero los otros discípulos también escucharon que esas palabras les incluían a ellos. Ellos también abandonan todo para seguir a Jesús.

 

Este tipo de entrega es característico del discipulado. Leví deja su banco de los impuestos para seguir a Jesús (Lc. 5:27-28). Jesús llama a tres hombres a romper drásticamente con su pasado (Lc. 9:57-62). Jesús desafía al joven rico a vender todo y darlo a los pobres como un requisito para el discipulado (18:18-22). “... ser discípulo significa dejar de encontrar la base para la vida en cosas terrenales y encontrar la base para la vida solamente en Dios” (Borg, 75). En el libro de los Hechos, Lucas continúa este énfasis con la historia de la iglesia primitiva que tiene todas las cosas en común (Hechos 2:44-47).

 

 

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada en http://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html.  Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

 

 

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Copyright 2004, 2010, Richard Niell Donovan