Home  |  An Example of Our Work  |  Free Samples  |  How to Subscribe  |  Links  |  About Us




RECURSOS PARA PREDICAR

Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

 

 

 

PASAJE BÍBLICO:     Marcos 12:28-34

 

 

EXÉGESIS:     

 

CAPÍTULOS 11-16: MÁS DESPACIO Y HACIA FUERA

 

A medida que nos acercarnos al final del Evangelio de Marcos, “se hace más lento y se amplía… Un tercio de la narrativa de Marcos está dedicado a los últimos días del ministerio de Jesús; una sexta parte se dedica a sus últimas dos horas” (Jensen).

 

La entrada triunfal de Jesús a Jerusalén comienza esta sección (11:1-11).  Después, Jesús maldice una higuera infructífera (11:12-14), un leve comentario de la esterilidad religiosa del templo.  Después, limpia el templo (11:15-19), dando paso a la hostilidad de los altos sacerdotes y escribas, que se han propuesto matarle (11:18).  A continuación, Marcos relata una serie de conflictos con varios oficiales religiosos.  La historia del escriba que pregunta sobre el primer mandamiento aparece inmediatamente después de tres hostiles preguntas hechas por los oponentes de Jesús:

 

• Los altos sacerdotes, escribas, y ancianos le preguntaron a Jesús, “¿Con qué facultad haces estas cosas? ¿Y quién te ha dado esta facultad para hacer estas cosas?” (11:28).

 

• Algunos fariseos, y herodianos intentaron atrapar a Jesús con este comentario, suavizado al principio con alabanzas pero listo para picar después: “Maestro, sabemos que eres hombre de verdad, y que no te cuidas de nadie; porque no miras á la apariencia de hombres, antes con verdad enseñas el camino de Dios: ¿Es lícito dar tributo á César, ó no? ¿Daremos, ó no daremos?” (12:14-15a).

 

• Algunos saduceos, que no creían en resurrección, preguntaron, “Maestro, Moisés nos escribió, que si el hermano de alguno muriese, y dejase mujer, y no dejase hijos, que su hermano tome su mujer, y levante linaje á su hermano.  Fueron siete hermanos: y el primero tomó mujer, y muriendo, no dejó simiente; Y la tomó el segundo, y murió, y ni aquél tampoco dejó simiente; y el tercero, de la misma manera.  Y la tomaron los siete, y tampoco dejaron simiente: á la postre murió también la mujer.  En la resurrección, pues, cuando resucitaren, ¿de cuál de ellos será mujer? Porque los siete la tuvieron por mujer” (12:19-23).

 

 

VERSÍCULOS 28-34: LLEGÁNDOSE UNO DE LOS ESCRIBAS

 

La historia del escriba que pregunta sobre el primer mandamiento aparece en los tres sinópticos, pero con unas diferencias significantes.

 

•  En Mateo 22:34-40 y Lucas 10:25-38, el escriba viene como adversario para probar a Jesús. Marcos, en cambio, presenta al escriba en una luz mucho más favorable.

 

• En Lucas, Jesús no contesta la pregunta del escriba directamente, sino que pregunta, “¿Qué está escrito de la ley? ¿Cómo lees?”  El escriba contesta, esencialmente repitiendo las palabras de Jesús encontradas en Marcos 12:30-31, pero omitiendo el Shema que se encuentra en Marcos 12:29.

 

• En Lucas, la Parábola del Buen Samaritano (Lucas 10:29-37) sigue inmediatamente después del encuentro con el escriba, agrandando de manera significante el concepto del prójimo.

 

 

VERSÍCULO 28: ¿CUÁL ES EL PRIMER MANDAMIENTO?

 

28Y llegándose uno de los escribas, que los había oído disputar, y sabía que les había respondido bien, le preguntó: ¿Cuál es el primer mandamiento de todos?

 

 

Escribas aparecen a través de este Evangelio pero, excepto en el caso de esta historia, aparecen en una luz negativa.  En cambio este escriba, una excepción agradable, viene a Jesús porque le ha visto contestar bien a sus oponentes.  Los saduceos intentaron confundirle al preguntarle de la resurrección, en la cual ellos no creen (12:18-27).  Existe una gran posibilidad de que este escriba sea fariseo, los que sí creen en la resurrección.  Si el escriba es fariseo, debe alegrarse al ver que Jesús logra confundir a los saduceos con esa pregunta.

 

El escriba pregunta, “¿Cuál es el primer mandamiento de todos?” Al contrario de la mayoría de historias donde un oficial religioso le hace a Jesús una pregunta, no hay ninguna indicación de que este escriba intente atrapar a Jesús.  Parece preguntar una pregunta honesta.

 

La mayoría de escribas concuerdan en que el escriba pregunta, no cuál de los mandamientos es el primero de muchos, sino que quiere saber cuál de los mandamientos mejor define las raíces de la ley del Tora – cuál se encuentra en el centro – la resume.  ¿Hay una ley que es la clave para todas las otras leyes? ¿Existe algún principio básico del cual la ley entera se pueda derivar?” (Hooker, 287).

 

Ley judía incluye 613 mandamientos (365 prohibiciones y 248 mandamientos positivos).  Escribas los clasifican entre mandamientos “ligeros” y “pesados,” siendo los ligeros menos importantes que los pesados.  Examinan cada ley en minucioso detalle, y diseñan reglas complejas para ayudar a la gente a comprender como se debe obedecer cada ley en toda situación posible.

 

Por el otro lado, profetas y rabíes también intentan resumir la ley en pocas y cuidadosas palabras.  Por lo tanto, Mica dijo, “Oh hombre, él te ha declarado qué sea lo bueno, y qué pida de ti Jehová: solamente hacer juicio, y amar misericordia, y humillarte para andar con tu Dios” (Mica 6:8).  Hillel dijo, “Lo que odias para ti mismo, no lo hagas a tu vecino.  Ésta es toda la ley, y lo demás comentario.”  Akiba dijo, “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.”

 

 

VERSÍCULOS 29-31: AMARÁS PUES AL SEÑOR TU DIOS… Y Á TU PRÓJIMO

 

29Y Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel, el Señor nuestro Dios, el Señor uno es.  30Amarás (griego: agapeseis – amor ágape) pues al Señor tu Dios de todo (griego: ex – desde – de) tu corazón (griego: kardias), y de toda tu alma (griego: psuches), y de toda tu mente (griego: dianoias), y de todas tus fuerzas (griego: ischuos); este es el principal mandamiento.  31Y el segundo es semejante á El: Amarás á tu prójimo como á ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos.

 

 

“Oye, Israel, el Señor nuestro Dios, el Señor uno es” (v. 29).  Mateo 22:37 y Lucas 10:27 no incluyen esta parte del versículo, pero es importante.  El hecho de que el Señor es uno valida la obligación de amar al Señor.

 

Los judíos se refieren a estas palabras como “Shema,” que significa, “oír” de Deuteronomio 6:4-5.  Se recita regularmente en alabanza en la sinagoga y en oraciones diarias, y es una de las escrituras guardadas en filacterias (un pequeño contenedor llevado en la persona, conteniendo escrituras) y mezuzahs (un contenedor parecido para la puerta de la casa) que sirven de continuo recordatorio.

 

Al recitar el Shema, Jesús va al Tora – al centro de la fe y la práctica judía.  Su respuesta no es ninguna innovación.  “Como un resumen del credo (el Shema) era y continúa siendo tan importante para el judaísmo como el Padre Nuestro o el Credo de los Apóstoles lo son para la Cristiandad” (Edwards, 371).  Jesús lo utiliza para presentar el mandamiento de amar a Dios.  El Shema no es un mandamiento por si, pero establece los cimientos del mandamiento de amar a Dios.

 

“Amarás (griego: agapeseis – de agapao – teniendo que ver con amor ágape) pues al Señor tu Dios de todo tu corazón (griego: kardia), y de toda tu alma (griego: psyche), y de toda tu mente (griego: dianoias), y de todas tus fuerzas" (griego: ischuos) (v. 30).  Deuteronomio 6:5 habla de amar a Dios con corazón, alma, y fuerza.  Jesús añade amar a Dios con la mente.  Escribas y rabíes ya aman a Dios con sus mentes.  Estudian las escrituras como un cateador estudia rocas para encontrar señales de oro.  Cubren el mismo terreno una y otra vez esperando encontrar un nuevo tesoro.  El suyo es un método intelectual para acercarse a las escrituras.

 

Amar a Dios con corazón, alma, mente, y fuerza es amar a Dios con todo lo que somos.  Gente Judía piensa del corazón (kardia) como el centro del pensamiento tanto como los sentimientos.   Piensan del alma (psyche) como lo que da vida y respiración a una persona.  Es posible que Marcos añada la mente (dianoias) por el bien de sus lectores griegos, que quizá no asocien el corazón con el pensamiento.  Fuerza (ischuos) puede referirse a cualquier cosa que nos de poder – sea fuerza física, belleza, riqueza, posición, reputación, o talento.

 

Brooks añade esta corrección: “El amontonamiento de términos, ‘corazón,’ ‘alma,’ y ‘mente’ es solo una manera de decir ‘con todo tu ser’ y la intención no es designar los componentes de la naturaleza humana” (Brooks, 197).

 

Hemos de amar a Dios con amor ágapeÁgape es una palabra que trata más de ‘hacer’ que de ‘sentir,’ aunque sí incluye ambos.  Ágape requiere acción – requiere que demostremos nuestro amor de alguna manera práctica.  La persona que ama a Dios participará en alabanza – obedecerá a Dios – buscará oportunidades para servirle.  Un atleta que ama a Dios puede servir ofreciendo testimonio a la juventud.  Padres y madres que aman a Dios criarán a sus hijos en la fe.  Una persona de negocios que ama a Dios puede trabajar como tesorero de una iglesia.  Un músico que ama a Dios puede servir utilizando sus talentos musicales.  Toda la gente que ama a Dios tiene oportunidad de diezmar.  En cualquier caso, ágape requiere una expresión práctica.

 

“Y el segundo es semejante á El: Amarás á tu prójimo como á ti mismo” (v. 31a).  El escriba preguntó por un mandamiento pero Jesús le da dos – ligándolos con la declaración “No hay otro mandamiento mayor que éstos” (v. 31b).  “Si existe una novedad en la enseñanza de Jesús consiste en unir los dos mandamientos, haciéndolos uno solo” (Donahue & Harrington, 357).

 

Estos dos mandamientos (amar a Dios y amar al prójimo) resumen de una manera simple la primera y segunda tableta del Decálogo (los Diez Mandamientos).  La primera tableta enfatiza la relación de una persona con Dios a través del requisito de lealtad a Dios (Éxodo 20:3), de abstener de idolatría (Éxodo 20:4-6), de respetar el nombre de Dios (Éxodo 20:7), y de mantener sagrado el día de reposo (Éxodo 20:8-11).  La segunda tableta enfatiza la relación de la persona hacia otros, mandando honrar a padre y madre (Éxodo 20:12), y abstener de matar (Éxodo 20:13), de adulterio (Éxodo 20:14), de hurto (Éxodo 20:15), de falso testimonio (Éxodo 20:16), y de codicia (Éxodo 20:17).

 

El mandamiento de amar al prójimo es de Levítico 19:18, y no se nos ocurriría tan rápidamente como el mandamiento de amar a Dios.  Aún así, concuerda con ley y profetas, ambos de los cuales enfatizan una relación correcta con personas tanto como con Dios.  Ley judía detalla cuidadosamente nuestro comportamiento en relación a otras personas.  Los profetas lo llevan un paso más allá, clamando por compasión y justicia aún en las situaciones en que la ley no aplica.

 

Cristo nos pide equilibrar estos dos grandes mandamientos.  La persona que ama a Dios pero no ama a su prójimo está gravemente deficiente.  “Si alguno dice, Yo amo á Dios, y aborrece á su hermano, es mentiroso. Porque el que no ama á su hermano al cual ha visto, ¿cómo puede amar á Dios á quien no ha visto? Y nosotros tenemos este mandamiento de él: Que el que ama á Dios, ame también á su hermano” (1 Juan 4:20-21).  Este lenguaje es duro por la dificultad que la mayoría de nosotros experimenta en amar a ciertos colegas, vecinos, familiares, o miembros de la iglesia.

 

Como figura en Levítico, el prójimo es un compañero judío.  Sin embargo, en el Evangelio de Lucas, la parábola del Buen Samaritano (Lucas 10:29-37) sigue inmediatamente después y expande el relato de Lucas acerca del mandamiento más grande (Lucas 10:25-28).  Esa parábola aumenta nuestra comprensión del prójimo, incluyendo aquéllos que se encuentran fuera y lejos de nuestro círculo de amigos y conocidos.  En otro lugar, Jesús clama que amemos hasta nuestros enemigos y que oremos por los que nos persiguen (Mateo 5:44; Lucas 6:27-35).

 

Pero amor hacia el prójimo rápidamente se degenera hacia el humanismo o el sentimentalismo si no está fundado en el amor para Dios.  Amar a Dios es el primer mandamiento, no el segundo.  Amar a Dios es el fundamento sobre el cual dependen todos los otros mandamientos.  “Entiende bien el centro y la circunferencia vendrá también.  Amar a Dios resultará en amar al prójimo” (Luccock, 846).

 

De nuevo, “Amar… es más que un sentimiento.  Encuentra su expresión en obras concretas, y en un nivel asociado adopta un carácter de justicia” (Cousar, 575).  El que ama su prójimo buscará maneras prácticas para demostrar ese amor.

 

— En un micro-nivel puede significar mantener limpia la propiedad de uno – o cortar la hierba de un vecino enfermo – o conducir el coche de Comidas sobre Ruedas.

 

— En un nivel mediano puede significar contribuir dinero para alimentar a los pobres o trabajar con Hábitat para la Humanidad construyendo casas para los que no las tienen.

 

— En un macro-nivel puede significar influir en la realización de pólizas públicas para encaminar a los desamparados – o asegurar el tratamiento justo de los vulnerables – o asegurar la responsabilidad de los políticos, directores de corporaciones, u otros con poder.

 

— En todos los niveles, requiere que uno mire más allá de si mismo para poder ver las necesidades del prójimo y tomar acción para ayudar a los necesitados.

 

“Amarás á tu prójimo como á ti mismo” (v. 31a).  Muchos sermones han sido predicados sobre amor propio como requisito para amar al prójimo.  Sin embargo, Jesús no defiende el amor propio, sino que simplemente reconoce nuestra tendencia natural de cuidar a Número Uno, pidiéndonos extender ese mismo amor hacia otros.  Del amor propio, Barth dice, “Dios nunca pensará soplar sobre su fuego, que ya brilla lo suficiente” (de Church Dogmatics, citado en Williamson, 228).

 

Amor propio es útil pero la mejor manera de nutrirse a si mismo es ayudando a los demás.  “Alcohólicos que han vivido con desdén propio durante años se dan cuenta a través de su recuperación por el programa de Alcohólicos Anónimos que el mejor antídoto para esta actitud degenerante es ayudar a otros alcohólicos.  Amando a otros aprenden a amarse a si mismos” (Hare, 160-161).

 

 

VERSÍCULOS 32-33: MAESTRO, VERDAD HAS DICHO

 

32Entonces el escriba le dijo: Bien, Maestro, verdad has dicho, que uno es Dios, y no hay otro fuera de él; 33Y que amarle de todo corazón, y de todo entendimiento (griego: suneseos), y de toda el alma, y de todas las fuerzas, y amar al prójimo como á sí mismo, más es que todos los holocaustos y sacrificios.

 

 

“Maestro, verdad has dicho” (v. 32).  Obviamente el escriba no ha venido con malas intenciones, o no se precipitaría tanto en afirmar a Jesús.  Al volver a declarar la respuesta de Jesús, cambia “alma” y “mente” a “entendimiento” (suneseos).

 

“más es que todos los holocaustos y sacrificios” (v. 33).  Esta conversación toma lugar en el templo, y el escriba se dedica a alabar en el templo.  Puede ser que viniera al templo para hacer su sacrificio.  Esto da un valor especial a su declaración que amar a Dios y prójimo es “más que todos los holocaustos y sacrificios.”  Su declaración concuerda con tradición profética, que por mucho tiempo ha enfatizado un corazón contrito y humillado (Salmo 51:16-17), obediencia a Dios (Jeremías 7:21-23), amor constante hacia Dios (Ósea 6:6), y hacer juicio, amar misericordia, y humillarte para andar con tu Dios (Mica 6:8).  Sin embargo, es inusual que Jesús se encuentre con un oficial religioso que reconozca que cualquier cosa pueda ser más importante que sacrificios al templo.

 

Las epístolas continúan enfatizando amor y disminuyendo el énfasis en sacrificios al templo.  “Para Pablo, el que ama al prójimo cumple con la ley (Romanos 13:8).  Amor encabeza la lista de fruto espiritual (Galatos 5:22).  Amor sobrepasa en importancia todos los demás regalos espirituales (1 Corintios 12:31-13:13).  Para Santiago, la ley de amar es ‘la ley real’ (2:8).  En 1 Juan, el mandamiento de amar es ambos antiguo (‘desde el principio,’ 2:7) y nuevo (mostrado por Jesús, 2:8)… En Hebreos 10, el escritor celebra el final de ‘sacrificios y ofrendas’” (Geddert, 296-297).

 

 

VERSÍCULO 34: NO ESTÁS LEJOS DEL REINO DE DIOS

 

34Jesús entonces, viendo que había respondido sabiamente, le dice: No estás lejos del reino de Dios. Y ya ninguno osaba preguntarle.

 

 

“No estás lejos del reino de Dios” (v. 34a).  ¿Alaba Jesús al escriba por su buena respuesta o le avisa de que todavía le falta algo? ¡Quizá ambos! Sin embargo, éste es uno de los pocos encuentros positivos de Jesús con los religiosos exclusivos y una de sus más positivas declaraciones hacia un miembro de ese grupo.  Jesús tiende a reservar comentarios positivos para forasteros o para necesitados (Mateo 8:10; 15:28; Marcos 2:5; 5:34; 10:52).

 

Las palabras de Jesús, “lejos del reino de Dios,” recuerdan al éxodo y a la diáspora (Isaías 57:19; Ezequiel 11:15; Zacarías 6:15; 10:9), “que según la teología del Nuevo Testamento han sido rectificadas por la misión de Cristo (cf. Efesios 2:13: ‘Mas ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo’)” (Evans, 266).

 

¿Cómo de lejos está el escriba del reino? La historia termina sin decirnos si el escriba se convierte en discípulo de Jesús.  Solo sabemos que, al contrario del hombre rico que encontró demasiado difícil hacer lo requerido para poseer vida eterna (10:23-25), “este escriba es posiblemente un recluta prometedor” (France, 482).  Seguramente es mejor no prestar demasiada atención al escriba – y si cayó en el lado correcto o el lado incorrecto de la línea.  El corazón de esta lección del Evangelio se encuentra en las demandas que pone sobre nuestras vidas.

 

“Y ya ninguno osaba preguntarle” (v. 34b).  Jesús no ha herido al escriba con sus palabras, sino que ha contestado preguntas, generalmente de gente hostil, con un efecto explícito a lo largo de capítulos 11-12.  Su respuesta a este escriba deja claro para sus oponentes que él no es vulnerable.  Ninguno de ellos se atreve a venir adelante para pasar por otra ronda con él.

 

 

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada en http://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html.  Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

 

 

BIBLIOGRAFÍA:

 

Barclay, William, Gospel of Mark  (Edinburgh:  The Saint Andrew Press, 1954)

 

Brooks, James A, The New American Commentary:  Mark (Nashville:  Broadman Press, 1991)

 

Cousar, Charles B. in Brueggemann, Walter;  Cousar, Charles B.;  Gaventa, Beverly R.; and Newsome, James D., Texts for Preaching:  A Lectionary Commentary Based on the NRSV –– Year B (Louisville:  Westminster John Knox Press, 1993)

 

Craddock, Fred B.;  Hayes, John H.;  Holladay, Carl R.;  Tucker, Gene M., Preaching Through the Christian Year, B (Valley Forge:  Trinity Press International, 1993)

 

Donahue, John R. and Harrington, Daniel J., Sacra Pagina:  The Gospel of Mark (Collegeville:  The Liturgical Press, 2002)

 

Edwards, James R., The Gospel According to Mark (Grand Rapids:  William B. Eerdmans Publishing Co., 2002)

 

Evans, Craig A., Word Biblical Commentary:  Mark 8:27 –– 16:20 (Nashville:  Thomas Nelson Publishers, 2001)

 

France, R.T., The New International Greek Testament Commentary:  The Gospel of Mark (Grand Rapids:  William B. Eerdmans Publishing Co., 2002)

 

Geddert, Timothy J., Believers Church Bible Commentary:  Mark (Scottdale, PA:  Herald Press, 2001)

 

Grant, Frederick C. and Luccock, Halford E., The Interpreter's Bible, Vol. 7 (Nashville:  Abingdon, 1951)

 

Hare, Douglas R. A., Westminster Bible Companion:  Mark  (Louisville:  Westminster John Knox Press, 1996)

 

Hooker, Morna D., The Gospel According to Saint Mark (Hendrickson Publishers, 1991)

 

Jensen, Richard A., Preaching Mark's Gospel (Lima, OH:  C.S.S. Publishing Co., 1996)

 

Lane, William L., The New International Commentary on the New Testament:  The Gospel of Mark (Grand Rapids:  William B. Eerdmans Publishing Co., 1974)

 

Perkins, Pheme, The New Interpreter's Bible, Vol. VIII (Nashville:  Abingdon, 1995)

 

Williamson, Lamar Jr., Interpretation:  Mark (Atlanta:  John Knox Press, 1983)

 

www.sermonwriter.com

 

www.lectionary.org

 

Copyright 2006, 2010, Richard Niell Donovan