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RECURSOS PARA PREDICAR

Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

 

 

 

PASAJE BÍBLICO:     Marcos 10:46-52

 

 

EXÉGESIS:     

 

CAPÍTULOS 8-11: EL CONTEXTO

 

En estos capítulos tenemos dos historias de sanar de dos hombres ciegos (8:22-26 y 10:46-52).  Entre las dos historias, Jesús viaja con los discípulos hacia Jerusalén.  En camino, les habla a los discípulos de su muerte venidera (8:31-33; 9:30-32; 10:32-34), pero a cada predicción responden de una manera inapropiada, demostrando su ceguera hacia el futuro que Jesús quiere revelarles.

 

Marcos utiliza estas dos historias de hombres ciegos para marcar una serie de historias de discípulos cegados espiritualmente.  Además, se fija en el círculo íntimo de Jesús – Pedro, Jacobo, y Juan – para prestarles atención especial.  Son privilegiados por haber estado con Jesús en la Transfiguración (9:2-8), pero parecen estar ciegos a las verdades que Jesús intenta enseñarles.

 

La historia de Bartimeo es la última historia de sanar en este Evangelio y pone fin a capítulo 10.  Capítulo 11 presenta la Entrada Triunfal a Jerusalén (11:1) que, por supuesto, es el preludio de su crucifixión.

 

 

VERSÍCULO 46: UN MENDIGO SENTADO JUNTO AL CAMINO

 

46Entonces vienen á Jericó: y saliendo él de Jericó y sus discípulos y una gran compañía, Bartimeo (arameo: bar significa hijo de) el ciego, hijo de Timeo (griego: ho huios timaiou, el hijo de Timeo), estaba sentado junto al camino (griego: ten hodon – la carretera, el camino) mendigando.

 

 

“Entonces vienen á Jericó” (v. 46).  Quince millas montañosas bajo Jerusalén, Jericó es una de las ciudades más antiguas del mundo que han estado continuamente ocupadas.

 

“y saliendo él de Jericó y sus discípulos y una gran compañía” (v. 46).  Las calles estarían llenas de peregrinos de todas partes dirigiéndose hacia la Ciudad Santa.  La fama de Jesús le precede, y gente espera vislumbrar, aunque sea solo un poquito, al hombre que algunos consideran el Mesías.  Quizá puedan presenciar un milagro – o recibir una bendición – o escuchar unas palabras de sabiduría – o hasta ver chispas volar entre Jesús y sus enemigos.  En todo caso, promete ser un gran desfile.

 

Jericó es el hogar de muchos sacerdotes y Levitas que sirven en el templo de Jerusalén.  Algunos de ellos se encontrarán en esta multitud, temerosos quizá del impacto que este joven profeta pueda tener en sus vidas – vidas profundamente enraizadas en tradición.  El aparente desdeño de Jesús hacia tradición debe incomodarles.  Seguramente algunos se mantienen a los lados, intentando reunir el valor necesario para retar a Jesús cuando pase por delante.

 

“Bartimeo el ciego, hijo de Timeo” (v. 46).  Bar significa hijo de en arameo, un idioma similar al hebreo y la lengua común de judíos palestinos de la época de Jesús.  Marcos incluye el nombre arameo y lo traduce al griego para lectores gentiles.  Timao (griego) significa honrar, entonces, Bartimeo puede significar hijo de honor.  “Marcos contrasta claramente el significado del nombre con la ocupación del hombre.  ¡Un hijo de honor está mendigando al lado de la carretera! Este hombre, que vive cada día con la vergüenza de su condición, le da a Jesús títulos de honor.  Antes de terminar la narrativa, vemos a Bartimeo, su honor ya plenamente restaurado, uniéndose a Jesús en su camino hacia la deshonra y vergüenza” (Geddert, 253).

 

Marcos no suele nombrar aquéllos que benefician de milagros – solo nombra a Jairo y Bartimeo en este Evangelio.  Puede ser que Bartimeo sea activo en la iglesia y conocido por los lectores de Marcos.

 

“el ciego…mendigando” (v. 46).  La mayoría de hombres ciegos eran mendigos, considerados de manera caritativa.  “Bartimeo es la plena imagen de alguien sin nada que ofrecer, nada que declarar” (Craddock, 452).

 

“estaba sentado junto al camino” (v. 46).  El camino es un lugar para marginados.  Normalmente un lugar tranquilo al lado de la carretera, este día sería ruidoso a causa de los peregrinos dirigiéndose a Jerusalén.  Imagínate la dificultad de Bartimeo para entender lo que está pasando con la confusión de la ruidosa multitud.  No solo es ciego, pero tampoco parece tener amigos que le ayuden.

 

 

VERSÍCULOS 47-48: “HIJO DE DAVID, TEN MISERICORDIA DE MÍ”

 

47Y oyendo que era Jesús el Nazareno (griego: ho Nazarenos – el Nazareno), comenzó á dar voces y decir: Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí.  48Y muchos le reñían, que callase: mas él daba mayores voces: Hijo de David, ten misericordia de mí.

 

 

“Jesús el Nazareno” (v. 47a) – no Iesous apo Nazaret (Jesús de Nazarea) como en 1:9.  “Una expresión similar se usa para Sansón en Jueces 16:17…, llamado naziraios theou, el poderosamente ungido de Dios.  El uso de Marcos de la palabra ‘Nazareno’ en las historias de sanar de 1:24 y 10:47 también pueden tener connotaciones del poderoso ungir de Jesús por parte de Dios” (Edwards, 329).

 

“Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí” (v. 47b).  Marcos no incluye genealogía, entonces, puede utilizar el título “Hijo de David,” para establecer la descendencia davídica de Jesús – su sangre real.  En Mateo, el ángel se le aparece a José, llamándole, “José, hijo de David” (Mateo 1:20), se supone que por esta misma razón.  Marcos también puede utilizar “Hijo de David” como un título mesiánico.  Más adelante, Jesús citará escritura para demostrar que él es, no solo hijo de David, sino también Señor de David (12:35-37).

 

Mateo, que escribió este Evangelio para lectores judíos, utiliza el título “Hijo de David” once veces.  Marcos y Lucas, quienes escribieron sus Evangelios para lectores gentiles, usan el título solo una y dos veces respectivamente.  La descendencia davídica de Jesús obviamente significa más para lectores judíos que para lectores gentiles.

 

Hasta ahora, Jesús ha intentado mantener a un mínimo lo que dice de su obra mesiánica – eruditos hablan del “secreto mesiánico.”  Pero Jesús no le reclama a Bartimeo por llamarle “Hijo de David,” un título que se puede comprender de manera mesiánica.  La razón es bastante simple.  Antes de ahora, su tiempo aún no había llegado, pero ahora sí.  Está listo para entrar en Jerusalén – listo para confrontar el establecimiento religioso – listo para morir.

 

Cabe destacar que Bartimeo se fija en Jesús en vez de en mendigar.  En esa cultura, gente creía ganar merito ayudando a mendigos, y es de esperar que peregrinos en camino a la Ciudad Santa querrían ser particularmente generosos.  Mendigos dependían de estos días especiales para gran parte de su ingreso – tal como mercaderes de hoy dependen de la Navidad.

 

No podríamos culpar a Bartimeo si él estuviera contento con sus circunstancias.  No sigue ningún horario laboral ni ha de responder a ningún hombre.  Su vida de mendigo, aunque sea menos de lo ideal, es familiar y cómoda.  Sin embargo, el grito de Bartimeo demuestra que ha oído de Jesús, que ha estado escuchando para ver si le oye, que está determinado a llamarle la atención.  Quiere la ayuda que cree que Jesús puede ofrecerle.

 

“Y muchos le reñían, que callase” (v. 48a).  La multitud quiere disfrutar la marcha.  Bartimeo disturbe su diversión, por eso le mandan callar – pero Bartimeo no será calmado.  ¡Nunca ha tenido él tal esperanza! Si Jesús desaparece por la próxima curva, nunca tendrá esta esperanza otra vez.  Para Bartimeo ésta es, literalmente, la oportunidad de la vida.  Continúa gritando – pidiendo piedad.

 

“mas él daba mayores voces: Hijo de David, ten misericordia de mí” (v. 48b).  Bartimeo no será callado solo para complacer a la multitud.  Su futuro – su vida – está en juego.

 

 

VERSÍCULOS 49-50: JESÚS MANDÓ LLAMARLE

 

49Entonces Jesús parándose, mandó llamarle: y llaman al ciego, diciéndole: Ten confianza: levántate, te llama.  50El entonces, echando (griego: apobalon – echando de lado) su capa, se levantó, y vino á Jesús.

 

 

“Entonces Jesús parándose” (v. 50a).  Entre el ruido de la multitud, Jesús oye el llanto de este mendigo, y se detiene de inmediato.  Los oídos de Jesús están predispuestos a escuchar a los marginados: La mujer con la hemorragia (5:25-34) – el endemoniado garadeno (5:1-20) – los enfermos de Genesaret (6:53-56) – la mujer siro fenicia (7:24-30) – el ciego en Betsaida (8:22-25) – el niño con un demonio (9:14-29) – niños pequeños (10:13-16) – y ahora, este hombre ciego sentado al lado de la carretera.

 

Jesús no se dirige al hombre ciego directamente, sino que “mandó llamarle” (v. 49) – le manda a la multitud que pare de obstruir y empiece a capacitar – reemplaza brazos tiesos con manos que ayudan.  Entonces, antes de sanar al ciego, Jesús le digna – le pasa del margen al centro del escenario – le pone bajo el foco – le da un papel estrella.  “El contraste está marcado: Jesús, hijo de David (y como tal, el ‘primer’ ciudadano de Israel), se detiene para ayudar a un mendigo sin importancia… (uno de los ‘últimos’ ciudadanos de Israel)” (Evans, 131).

 

Existen fuertes paralelos entre esta historia y la bendición anterior que Jesús dio a los niños pequeños (10:13-16):

 

• Los discípulos intentaron prevenir que padres trajeran sus hijos a Jesús igual que la multitud intentó silenciar a Bartimeo (vv. 13, 48).

 

• Las instrucciones de Jesús para los discípulos “Dejad los niños venir” (v. 14), se paralelan a sus instrucciones para esta multitud cuando, “mandó llamarle” (v. 49).

 

• En ambos casos, Jesús alarga la mano con autoridad para incluir a los débiles y vulnerables, sirviendo de ejemplo del autentico ministerio cristiano.

 

“El entonces, echando (apobalon – echando de lado – abandonando) su capa, (Bartimeo) se levantó, y vino á Jesús” (v. 50).  Generalmente mendigos se sientan con sus capas estrechadas en la tierra ante ellos para recoger las monedas que tiran los transeúntes.  La capa de este hombre es tan importante para su bienestar como un bote lo es para un pescador o un puesto para un recaudador.  Igual que los demás abandonaron botes y puestos para seguir a Jesús, este hombre echa de lado capa y monedas para ponerse ante el Hijo de David.  Difiere bastante del hombre rico que, anteriormente en este capítulo, no podía convencerse de vender sus riquezas (10:17-27).  Las acciones del ciego nos recuerdan a:

 

• La advertencia “teniendo en derredor nuestro una tan grande nube de testigos, dejando todo el peso del pecado que nos rodea, corramos con paciencia la carrera que nos es propuesta” (Hebreos 12:1).

 

• Las palabras de Jesús, “Ninguno puede servir á dos señores; porque ó aborrecerá al uno y amará al otro, ó se llegará al uno y menospreciará al otro: no podéis servir á Dios y á Mammón (Mateo 6:24).

 

Éste es el último milagro de sanar que se documenta en este Evangelio.

 

 

VERSÍCULO 51: ¿QUÉ QUIERES QUE TE HAGA?

 

51Y respondiendo Jesús, le dice: ¿Qué quieres que te haga? Y el ciego le dice: Maestro (griego: Rabbouni), que cobre la vista.

 

 

“¿Qué quieres que te haga?” Jesús ha traído a este hombre al centro del escenario.  Ahora le digna aún más preguntándole lo que quiere.  Hace la misma pregunta que les preguntó a Jacobo y Juan (10:36) en el incidente que precede inmediatamente esta historia.  Jacobo y Juan respondieron pidiendo puestos de honor al lado derecho e izquierdo de Jesús – puestos desde donde serían vistos y envidiados – donde gente ordinaria tuviera que mirar hacia arriba para verles.

 

“Maestro” (Rabbouni).  En el Nuevo Testamento, vemos esta palabra Rabbouni solo aquí y cuando María reconoce a Cristo resucitado frente a la tumba (Juan 20:16).  Es una forma reverente de Rabí.

 

“que cobre la vista.”  La petición del hombre ciego es muy diferente a la de Jacobo y Juan.  No pide ser visto, sino ver – no pide honor, sino su vista – no pide ser superior a gente ordinaria, sino hacerse él mimo ordinario – no pide regir sobre otros, sino unirse a ellos en la experiencia humana.

 

 

VERSÍCULO 52: Y COBRÓ LA VISTA Y SEGUÍA Á JESÚS EN EL CAMINO

 

52Y Jesús le dijo: Ve, tu fe te ha salvado (griego: sesoken se – sanado o salvado). Y luego cobró la vista, y seguía á Jesús en el camino (griego: hodo).

 

 

“Ve, tu fe te ha salvado” (sesoken).  La palabra sesoken (de la raíz sozo) tiene una alegre ambigüedad.  Puede significar sanado, hecho entero, o salvado.  En el caso de este hombre, los tres son verdad.  El hombre no solo recobra la vista y, por lo tanto, su puesto social, también se convierte en un seguidor de Jesús “en el camino.”  ¿Camino adónde? ¡A Jerusalén! ¡A la cruz! ¡A la tumba abierta!

 

“Y luego cobró la vista, y seguía á Jesús en el camino” (hodo).  Al principio de esta historia, encontramos a Bartimeo “sentado junto al camino (hodon)” (v. 46).  Ahora, al final de la historia, le encontramos siguiendo a Jesús “en el camino” (hodo).  Mientras que en versículo 46 hodon “es solo una indicación geográfica, en 10:52 la misma palabra funciona de manera teológica, referente al ‘camino’ del discipulado” (Donahue y Harrington, 317).  El sentido de esta palabra en estos dos versículos demuestra el cambio tan drástico en la vida de Bartimeo a causa de un breve encuentro con Jesús.

 

Quedan pocos días hasta el Viernes Santo.  No podemos evitar preguntarnos como Bartimeo sobrellevará los tumultuosos eventos de la próxima semana.  Por el vigor de su fe, es probable que lo haga mejor que los demás discípulos.  Al fin y al cabo, ahora Bartimeo puede ver, pero los discípulos siguen cegados.

 

“El sanar de Bartimeo es de particular significado para aquéllos que se encuentran fuera de la iglesia…  Llama la atención a personas que, perdidas en la multitud, pueden estar listas y ansiosas de tener un contacto vital con Jesucristo” (Williamson, 199-200).

 

 

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada en http://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html.  Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

 

 

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Copyright 2006, 2010, Richard Niell Donovan