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RECURSOS PARA PREDICAR

Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

 

 

 

 

PASAJE BÍBLICO:   Marcos 5:21-43

 

 

EXEGESIS:     

 

CAPÍTULOS 4-5: EL CONTEXTO

 

Las historias de la mujer que sufría de flujo y la hija de Jairo (5:21-43) son dos de cuatro milagros en esta sección.  El primero: Jesús calma la tempestad (4:35-41) – muestra su poder sobre la naturaleza.  El segundo: Jesús sana al demoníaco gadareno (5:1-20) – muestra su poder sobre los demonios.  Ahora, el tercer y cuarto milagro (5:21-43) – muestran el poder de Jesús sobre la enfermedad y la muerte – traer salvación en situaciones sin esperanza.

 

La historia de la mujer muestra gran fe por parte de una mujer que ya había intentado todo tipo de remedios sin resultado – esperaríamos que se rindiese – que perdiese toda esperanza.  La historia de Jairo y su hija muestra gran fe por parte de un líder religioso

– parte del establecimiento.  Generalmente, líderes religiosos se oponen a Jesús, pero Jairo viene como creyente.  Estas dos historias de gente de fe inesperada nos llevan hacia la historia del rechazo de Jesús por los nazarenos, su pueblo natal, donde esperaríamos que su pueblo le diese mejor bienvenida y que le otorgara a Jesús el estatus de ciudadano local que ha tenido éxito fuera y que ahora regresa a su pueblo (6:1-6a).

 

 

VERSÍCULOS 21-43: UNA HISTORIA DENTRO DE OTRA

 

Ésta es una historia dentro de otra – la historia de la mujer que toca los vestidos de Jesús dentro de la historia de Jairo y su hija.  Las historias pertenecen juntas y Marcos crea tensión dramática al contarlas juntas.  Ambas se hacen más poderosas e interesantes al verse yuxtapuestas una con la otra.

 

• Las historias muestran como Jesús trata a gente de gran diferencia social.  Jairo es influyente y tiene dinero, mientras que la mujer es pobre y socialmente rechazada.  Jesús no favorece a uno sobre otro.  Ni rehúsa a Jairo por su dinero y nivel social, ni ignora a la mujer por su pobreza y su marginalización.

 

• La interrupción del viaje de Jesús a la casa de Jairo incrementa el drama.  Imagine la impaciencia que tendría Jairo mientras Jesús hablaba con la mujer.  ¿Qué le estaría pasando a la niña mientras tardaban?  La respuesta, como aprenderán, es que la niña se estaba muriendo.  Ahora Jesús se encuentra con una obra que cumplir, no sanarla, sino darle vida de nuevo.

 

• En las dos historias, las autoridades han demostrado que no hay remedio para estas dos mujeres.  A lo largo de los años, la mujer ha gastado todo su dinero con médicos.  Aún así, los mejores remedios que ofrecieron fallaron.  En la casa de Jairo, la multitud ya ha empezado los ritos de luto, porque la niña está muerta.  Se ríen cuando Jesús dice que la niña solo está dormida.

 

• Ambas historias tratan de impureza ritual.  La mujer no está limpia por su flujo de sangre (Lev. 15:25-30).  La niña no está limpia porque está muerta (Num. 19:11-20).  Quien sea que las toque también quedará ensuciado al hacerlo.

 

• Las historias de milagros de este Evangelio solo mencionan a Jairo y al ciego Bartimeo (10:46).  No nombran ni a la mujer ni a la niña.  Mientras que Mateo y Lucas utilizan el Evangelio de Marcos como una de sus fuentes principales, Lucas utiliza el nombre de Jairo (Lucas 8:41).  Mateo no lo hace (Mateo 9:41).

 

• La mujer ha sufrido doce años y la niña tiene doce años.

 

• A la niña y la mujer se les llama “hija” (vv. 22, 34).

 

• En ambas historias, la palabra griega sozo es importante.  Jairo ruega que Jesús vaya a tranquilizar a su hija.  Jesús le dice a la mujer: Hija, tu fe te ha sesokenSozo puede referirse a sanar o librar de peligro, pero el Antiguo Testamento muchas veces lo utiliza para referirse a la salvación de los israelitas (Salmo 44:1-8; Isaías 43:11; 45:21; 63:9; Hos. 14:3).  El Nuevo Testamento lo utiliza para referirse a salvación cristiana (1 Cor. 1:21; 9:22; Eph. 2:5).  Las historias de la hija de Jairo y la mujer no son solo historias de sanar, sino también historias de salvación.

 

• Ambos Jairo y la mujer muestran fe considerable en Jesús.  Jairo está convencido de que el tacto de Jesús curará a su hija (v. 23), y la mujer está convencida de que al tocar el vestido de Jesús ella quedará curada (v. 28).  Jesús reconoce a la mujer por su fe, diciendo, “Hija, tu fe te ha hecho salva” – o “te ha salvado” (sesoken – una forma de sozo – v. 34).  Cuando Jairo oye que su hija está muerta, Jesús dice, “No temas, cree solamente” (v. 36), y después restaura la vida de la niña.  La fe es un componente imprescindible de estas dos historias.

 

 

VERSÍCULOS 21-24a: MI HIJA ESTÁ Á LA MUERTE

 

21Y pasando otra vez Jesús en un barco á la otra parte, se juntó á él gran compañía; y estaba junto á la mar.  22Y vino uno de los príncipes de la sinagoga, llamado Jairo; y luego que le vio, se postró á sus pies, 23Y le rogaba mucho, diciendo: Mi hija está á la muerte: ven y pondrás las manos sobre ella para que sea salva (griego: sothe – curada o salvada), y vivirá.  24Y fue con él.

 

 

“Y pasando otra vez Jesús en un barco á la otra parte” (v. 21).  Al este, el Mar Galileo tiene una orilla gentil y al oeste, una orilla judía.  Jesús se mueve en barco entre las dos orillas, haciendo ministerio a las dos comunidades.  “Al organizar la materia de este modo, Marcos declara que Cristo bendice a judíos y gentiles imparcialmente, estén cerca o lejos, limpios o no” (Craddock, 328).  Ahora, se encuentra de regreso al lado judío.

 

Jairo es uno de los líderes de la sinagoga (v. 22) y, por lo tanto, un miembro importante de la comunidad.  Personas laicas rutinariamente guían la oración en la sinagoga, pero el líder es el que está a cargo de las instalaciones, la seguridad de las volutas, la selección y supervisión de los que guían la oración, y la administración general de la sinagoga.  Claramente, Jairo es uno de ellos – una persona que cuenta – una persona que pertenece.

 

Es importante recordar que la última vez que este Evangelio mencionó a Jesús visitando una sinagoga, el pueblo intentó matarle (3:6).

 

Jairo “se postró á sus pies.  Y le rogaba mucho” (vv. 22-23).  En un sentido, esto nos asombra.  “Al caer a los pies de un maestro itinerante y sin autoridad, Jairo desechó su rango y prestigio” (Luccock, 718).  Seguramente sería Jairo el que estaría acostumbrado a que otros le suplicaran a él por favores, y seguramente él no estaría acostumbrado a pedirlos.  Podríamos esperar que Jairo mandase un emisario en vez de aparecer él mismo ante Jesús.  Aunque la popularidad de Jesús le de a Jairo algo de importancia, el liderazgo judío establecido – los colegas de Jairo – le miran con desaprobación.  Marcos ya nos ha dicho que los fariseos y herodianos conspiran contra Jesús para destruirle (3:6).

 

Por otro lado, sin embargo, no hay nada sorprendente en lo que pide Jairo.  Cualquier padre cuyo hijo está moribundo haría lo que fuera para salvar a su hijo.  En desesperación, Jairo busca la ayuda de Jesús.  Ésta es la primera de tres historias en este Evangelio de padres que traen a sus hijos a Jesús para que les ayude.  Las otras dos historias son la mujer sirofenisa (7:25-30) y el padre del hijo con un espíritu mudo (9:14-29).  En los tres casos, los padres experimentan obstáculos al querer sanar a sus hijos, pero persisten – y Jesús sana a los tres niños.

 

“Ven y pondrás las manos sobre ella para que sea salva, y vivirá” (v. 23).  Jairo no le pide a Jesús que le ayude si puede, sino que expresa confianza que Jesús puede restaurar la salud de su hija solo poniéndole las manos.

 

“Y fue con él” (v. 24a).  “Con esta simple observación, ...Marcos nos da su testimonio de la disposición de Jesús para cumplir con necesidad humana y el valor innumerable que el ser humano tiene para Jesús” (Edwards, 162).

 

 

VERSÍCULOS 24b-34: HIJA, TU FE TE HA HECHO SALVA

 

24bY le seguía gran compañía, y le apretaban.  25Y una mujer que estaba con flujo de sangre doce años hacía, 26Y había sufrido mucho de muchos médicos, y había gastado todo lo que tenía, y nada había aprovechado, antes le iba peor, 27Como oyó hablar de Jesús, llegó por detrás entre la compañía, y tocó su vestido.  28Porque decía: Si tocare tan solamente su vestido, seré salva.  29Y luego la fuente de su sangre se secó; y sintió en el cuerpo que estaba sana de aquel azote.  30Y luego Jesús, conociendo en sí mismo la virtud que había salido de él, volviéndose á la compañía, dijo: ¿Quién ha tocado mis vestidos?  31Y le dijeron sus discípulos: Ves que la multitud te aprieta, y dices: ¿Quién me ha tocado? 32Y él miraba alrededor para ver á la que había hecho esto.  33Entonces la mujer, temiendo y temblando, sabiendo lo que en sí había sido hecho, vino y se postró delante de él, y le dijo toda la verdad.  34Y él le dijo: Hija, tu fe te ha hecho salva (griego: sesoken – curada o salvado): ve en paz, y queda sana (griego: hugies – curada o sana) de tu azote.

 

 

“Y una mujer que estaba con flujo de sangre doce años hacía” (v. 25).  Esta mujer ha sufrido a manos de muchos médicos, que tomaron su dinero sin curarla.  Sus circunstancias son muy diferentes a las de Jairo.  Su flujo, probablemente flujo vaginal, la ensucia ritualmente, aislándola de todo contacto humano.  No solo se le considera manchada o impura, pero también su tacto mancha a cualquiera que toque.  Ella ensucia hasta la cama en la que duerme y la silla en que se sienta, y éstas después transmiten su impureza al que las toque (Lev. 15:25-30).  Dada la facilidad con la que un hombre puede divorciarse de su mujer (véase Mateo 5:31), parece probable que ya hacía mucho tiempo que su marido se habría divorciado de ella.  Su condición haría imposible que ella encontrara un trabajo como sirvienta doméstica.  Irónicamente, su condición la rinde incapaz de poder asistir a la sinagoga de Jairo (Cousar, 410).  Su situación es parecida a la de un leproso (véase 1:40-45).  Está completamente aislada de cualquier contacto social.  Este tipo de aislamiento debe ser casi inaguantable.  Está claro que esta mujer es una “forastera” – una persona que no cuenta – que no pertenece.

 

“Como oyó hablar de Jesús, llegó por detrás entre la compañía, y tocó su vestido” (v. 27).  Jairo se acercó a Jesús directamente, cara a cara, pero esta mujer se acerca a Jesús por detrás, escondida entre la multitud.  Ella cree que con solo tocar el vestido de Jesús se curará (v. 28).  Habiendo tenido que evitar tocar a otros durante tantos años, requeriría un gran esfuerzo de su parte para estirar la mano y tocar el vestido de Jesús.  Porque está manchada y se le considera impura, “existe el peligro de que cualquier contacto físico que ella pueda tener con el que la sana anule su poder de hacer milagros y destruya todo su esfuerzo” (Marcus, 366).  Aunque ella haya oído la historia de Jesús tocando un leproso (1:41), sería difícil imaginar que Jesús invitase su contacto.

 

Sin embargo, “En vez de que la impureza pase de la mujer a Jesús, el poder de sanar fluye de Jesús a la mujer” (Davies y Allison, citado en Marcus, 367).  Inmediatamente al tocar el vestido de Jesús, “la fuente de su sangre se secó; y sintió en el cuerpo que estaba sana de aquel azote” (v. 29).  Jesús se da cuenta de que virtud ha salido de él y pregunta, “¿Quién ha tocado mi vestido?” (v. 30).  Al oír esto, los discípulos piensan que es una pregunta poco razonable, considerando la multitud que le rodea.  Sin embargo, la mujer cae ante Jesús y le dice toda la verdad (v. 33).  Jesús dice, “Hija, tu fe te ha hecho salva: ve en paz, y queda sana de tu azote” (v. 34).  Fíjese que, al tocar sus vestidos, ella quedó sana de su enfermedad.  Pero, solo después de que ella se presenta a Jesús él dice, “Hija, tu fe te ha hecho salva (sozo – te ha salvado)” (Williamson, 110).

 

Fíjese en la relación entre la fe y el salvar.  “Hija, tu fe te ha hecho salva” (v. 34).  En el próximo capítulo, Jesús visitará su pueblo natal, donde será incapaz de hacer ninguna obra de poder a causa de la incredulidad del pueblo (6:1-6).  El poder por cual Jesús sana es el poder de Dios.  La fe del individuo, sin embargo, es un componente importante para recibir la bendición de Dios.

 

La palabra “hija,” puede sonarnos algo paternal para los del siglo XXI, pero en la época de Jesús era una manera normal de dirigirse.  El uso de la palabra refleja un cariño y una aceptación que esta mujer no habrá sentido por mucho tiempo – una hija es un ser querido de una familia.  En este contexto, “hija” es una palabra que salva.

 

 

VERSÍCULOS 35-43: MUCHACHA, LEVÁNTATE

 

35Hablando aún él, vinieron de casa del príncipe de la sinagoga, diciendo: Tu hija es muerta; ¿para qué fatigas más al Maestro? 36Mas luego Jesús, oyendo esta razón que se decía, dijo al príncipe de la sinagoga: No temas, cree solamente.  37Y no permitió que alguno viniese tras él sino Pedro, y Jacobo, y Juan hermano de Jacobo.  38Y vino á casa del príncipe de la sinagoga, y vio el alboroto, los que lloraban y gemían mucho.  39Y entrando, les dice: ¿Por qué alborotáis y lloráis? La muchacha no es muerta, mas duerme.  40Y hacían burla de él: mas él, echados fuera todos, toma al padre y á la madre de la muchacha, y á los que estaban con él, y entra donde la muchacha estaba.  41Y tomando la mano de la muchacha, le dice: Talitha cumi; que es, si lo interpretares: Muchacha, á ti digo, levántate.  42Y luego la muchacha se levantó, y andaba; porque tenía doce años. Y se espantaron de grande espanto.  43Mas él les mandó mucho que nadie lo supiese, y dijo que le diesen de comer.

 

 

“Tu hija es muerta; ¿para qué fatigas más al Maestro?” (v. 35).  Esta historia nos recuerda a la resurrección de Lázaro en Juan 11.  Si Jesús hubiera llegado antes, hubiera podido prevenir la muerte de Lázaro.  Una vez que Lázaro estaba muerto, Marta y María perdieron esperanza en el poder de Jesús para ayudarle.  Marcos no describe como reacciona Jairo al ver a gente lamentando, pero nos podemos imaginar la desolación que sentiría al ver que el rito de los muertos ya había empezado.

 

“Y no permitió que alguno viniese tras él sino Pedro, y Jacobo, y Juan hermano de Jacobo” (v. 37).  Estos hombres constituyen el circulo más intimo de Jesús, y más adelante Jesús les invitará a acompañarle en la Transfiguración (9:29) y en Getsemaní (14:33).

 

Jesús “vio el alboroto, los que lloraban y gemían mucho” (v. 38).  El rito de luto incluye gente que lamenta de manera profesional, que gime y llora, se bate el pecho, se tira del pelo, y rasga sus prendas.  Flautas tocan canciones de lamentación.  Estas acciones avisan a la comunidad de la muerte.  Están “diseñadas para representar la desolación y separación final de la muerte” (Barclay, 133).  Los que lamentan de manera profesional representan a los realistas de todas las edades, que deciden cuando la realidad empírica se ha cerrado frente a posibilidades divinas” (Lane, 167).

 

Sin embargo, cuando consideramos la costumbre de lamentar profesionalmente, no debemos desechar la presencia de autentica lamentación.  La trágica muerte de un niño rompería los corazones de amigos y vecinos en cualquier momento o circunstancia.  La multitud recibe a Jairo diciéndole, “Tu hija es muerta; ¿para qué fatigas más al Maestro?” (v. 35).  Jesús le dice a Jairo, “No temas, cree solamente” (v. 36).  No permite que nadie le siga cuando va a ver a la niña (v. 37) – llantos y gemidos no son apropiados para una niña que pronto estará caminando y comiendo.

 

A la multitud, les dice, “La muchacha no es muerta, mas duerme” (v. 39).  El último comentario es difícil de comprender ya que ésta es una historia de resucitar en vez de sanar.  Quizá Jesús quiere decir que la muerte de la niña es solo temporal y que se despertará con su llamada.

 

“Y hacían burla de él” (v. 40).  Este comentario deja claro que la multitud no duda la muerte de la niña, y nos prepara para la dificultad del milagro que requiere.

 

Jesús limita sus testigos de sanar/resucitar a la niña a los padres de la niña y “á los que estaban con él” (Pedro, Jacobo, y Juan) (v. 40).  “Y tomando la mano de la muchacha, le dice: Talitha cumi; que es, si lo interpretares: Muchacha, á ti digo, levántate.” Talitha cumi es arameo, una lengua semítica relacionada al hebreo.  “Entre los judíos, el arameo era utilizado por la gente común, mientras que hebreo permanecía siendo el lenguaje de la religión y el gobierno y la clase alta” (Encyclopedia Britannica 2003, “Arameo”).  Marcos traduce Talitha cumi al griego para los cristianos gentiles de la temprana iglesia que quizá no sabían arameo. 

 

“Y tomando la mano de la muchacha” (v. 41).   El tocar a la niña va contra de la ley del Tora, que rinde impuro a quien toque un cuerpo muerto hasta la noche (Lev. 11:39), o por siete días (Num. 19:11).  Tal persona debe pertenecer fuera del campamento (Num. 5:2-3).

 

En este capítulo Jesús rompe muchos tabúes.  La historia del endemoniado (vv. 1-20) “incluía espíritus (Legión) inmundos y un lugar impuro (un cementerio, animales impuros (puercos) en una tierra impura (Decapolis).  A Jesús no le importaba nada llevar a cabo su ministerio allí” (Geddert, 122).  Afirmó la mujer impura por haber tocado su vestido llevada por su fe.  Ahora, él toca un cadáver.  “Pero el milagro termina el asunto al eliminar lo que ensucia” (Guelich, 302).  ¿Cómo pueden ahora acusarle a Jesús de poner la mano sobre una mujer inmunda si ahora ella está curada – o de tocar un cadáver si ahora la niña está andando y comiendo (vv. 42-43).

 

“Y luego la muchacha se levantó, y andaba; porque tenía doce años” (v. 42).  Marcos utiliza la palabra luego de sentido inmediato en 27 ocasiones en este Evangelio.  La niña tiene 12 años, número que corresponde a la mujer que sufrió de su enfermedad durante 12 años (v. 25).

 

“Mas él les mandó mucho que nadie lo supiese” (v. 43).  Esto parece extraño ya que sería imposible que la multitud no se diera cuenta de que la niña había sido curada/resucitada, y sería improbable que esta multitud mantuviera secreta esa información.  “Un mandato parecido fue dado al leproso y fue desobedecido inmediatamente (1:44-45)” (Perkins, 589).

 

“De nuevo encontramos el tema de discreción en cuanto a uno de los milagros de Jesús: el sanar de la niña no debe ser anunciado a los que no lo puedan comprender – esto incluye, por supuesto, a todos los contemporáneos de Jesús.  El milagro de la resurrección solo puede ser entendido por los que creen en él, el mismo que ha sido resucitado de la muerte” (Hooker, 151).

 

 

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada en http://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html.  Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

 

 

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