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RECURSOS PARA PREDICAR

Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

 

 

PASAJE BÍBLICO:   Marcos 2:1-12

 

 

EXÉGESIS:     

 

VERSÍCULOS 1:16 – 3:6: EL CONTEXTO

 

El texto de 1:16 – 2:12 se aproxima al de 2:13 – 3:6.  En ambos, una llamada al discipulado es seguida por historias de la actividad de Jesús.  Aun así, las historias en 1:16 – 2:12 son generalmente positivas y terminan con la respuesta de la multitud, “Nunca tal hemos visto” (2:12), mientras que las historias en 2:13 – 3:6 son generalmente negativas y terminan con los fariseos y herodianos conspirando para matar a Jesús (3:6) (Jensen).

 

El tema más importante de 1:16 – 3:6 es la autoridad de Jesús (griego: exousia) y el conflicto que Jesús provoca con líderes religiosos (quienes se consideran autoridades religiosas) al ejercer su autoridad:

 

• Jesús dijo, “Venid en pos de mí,” y “luego, dejadas sus redes (Simón y Andrés), le siguieron” (1:17-18).  La palabra de Jesús tiene la autoridad de alentar obediencia.

 

• Jesús, “les enseñaba como quien tiene potestad, y no como los escribas” (1:22).

 

• Estaban asombrados, y preguntaban, “¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es ésta, que con potestad aun á los espíritus inmundos manda, y le obedecen? (1:27).

 

• Jesús demuestra su potestad sobre enfermedades y demonios (1:29-34).

 

• Jesús demuestra su “potestad en la tierra de perdonar los pecados” al sanar al paralítico (2:10-12).

 

Al verse confrontados con las muchas pruebas de que Jesús tiene la autoridad de Dios, fariseos y herodianos no acogen a Jesús, sino que conspiran para destruirle (3:6).

 

2:1-12 es la primera de una serie de cinco historias de controversia que muestran, en estos primeros capítulos de Marcos, como la autoridad de Jesús supera la de las autoridades judías – y como rechazan su autoridad.  No es probable que estas cinco historias ocurrieran en el mismo orden que Marcos las relata.  Es más probable que Marcos coleccionara estas historias de varios lugares y las agrupara al principio de su relato del ministerio de Jesús.  Las cinco historias aparecen estructuradas de la siguiente manera:

 

A: El sanar del paralítico (2:1-12)

     B: La llamada del publicano y el comer con publícanos y pecadores (2:13-17)

          C: La cuestión del ayuno (2:18-22)

     B’: La defensa de los discípulos por parte de Jesús, por cosechar en el sábado (2:23-28)

A’: El sanar del hombre de la mano marchita (3:1-6)

 

En esta estructura, el sanar del paralítico (A) se paralela al sanar del hombre de la mano marchita (A’).  Las otras tres historias “tienen que ver con alimentación y ayuno” (Witherington, 110).

 

Entonces, al comienzo del ministerio de Jesús, Marcos relata cinco historias de controversia.  Hacia el final del ministerio de Jesús, Marcos relatará cinco historias más de controversia (11:27-33; 12:1-12, 13-17, 18-27, 38-44).

 

La historia del sanar del paralítico (2:1-12) – nuestra lección del Evangelio – “es una diminuta versión del Evangelio entero: la enseñanza y el sanar de Jesús, Jesús acusado de blasfemia, Jesús vindicado.  El sanar del hombre paralítico marca la nueva vida que el mismo Jesús tendrá en la resurrección, y compartirá con todos los que la quieren” (Wright, 17).

 

 

VERSÍCULOS 1-2: YA NO CABÍAN NI AUN Á LA PUERTA

 

1Y entró otra vez en Capernaum después de algunos días, y se oyó que estaba en casa. 2Y luego se juntaron á él muchos, que ya no cabían ni aun á la puerta; y les predicaba (griego: elalei – de laleo – hablar o predicar) la palabra (griego: ho logos).

                

 

“Y entró otra vez en Capernaum después de algunos días, y se oyó que estaba en casa” (v. 1).  Capernaum es el hogar de Jesús (Mateo 4:13; Marcos 2:1) y el centro de su temprano ministerio.  En el Evangelio de Marcos, Jesús comienza su ministerio cerca de Capernaum cuando llama a cuatro discípulos (1:16-20) y al obrar varios milagros de sanar en la ciudad (1:21-34).  Entonces, va predicando por Galilea (1:35ff).  Ahora regresa a Capernaum donde con esta historia le encontramos en casa.  No está claro si tiene su propia casa o si vive con Pedro y Andrés, y sus familias (1:29), esto parece probable.  Es difícil imaginar que Jesús mantuviera un hogar del cual para tanto tiempo fuera.

 

“Y luego se juntaron á él muchos, que ya no cabían ni aun á la puerta” (v. 2a).  Una multitud de gente se reúne enfrente de la casa, tapando la puerta.  En este Evangelio, a menudo aparecen multitudes alrededor de Jesús pero, mientras puede que respondan con maravilla a estos milagros, no responden convirtiéndose en discípulos.  Son pasivos y particulares.  “El único y más común atributo de las multitudes en el Evangelio de Marcos es que impiden el acceso a Jesús… Por lo tanto, Jesús disfraza sus enseñanzas hablándoles en parábolas (e.g., 4:33-34; 7:17).

 

Interesantemente, las palabras griegas para ‘multitud’ (ochlos) y ‘casa’ (oikos) producen una rima de aliteración.  Casas o lugares privados, en contraste, proporcionan un lugar de revelación especial e instrucción de los discípulos, inclusive los miembros del círculo íntimo de Marcos… El contraste entre ‘multitud’ y ‘casa’ ayuda a ilustrar un tema más grande en Marcos, que el entusiasmo por Jesús y la proximidad a él no son lo mismo que la fe – y estos dos pueden llegar a oponerse a la fe (e.g., 11:1-11)” (Edwards, 74).

 

“y les predicaba la palabra” (griego: logos) (v. 2b).  Predicar la palabra es clave para el ministerio de Jesús.  Comenzó su ministerio público enseñando la palabra con autoridad en la sinagoga de Capernaum, donde expulsó un demonio (1:21-28), y dejó Capernaum “para que predique” en otro lugar (1:38).  Predicar la palabra también será el centro del ministerio de la iglesia (Hechos 6:4; 8:4; 17:11; Galatos 6:6; Colosos 4:3).  Jesús pronuncia la palabra y, al mismo tiempo, es la Palabra (Juan 1:1).

 

 

VERSÍCULOS 3-5: HIJO, TUS PECADOS TE SON PERDONADOS

 

3Entonces vinieron á él unos trayendo un paralítico, que era traído por cuatro. 4Y como no podían llegar á él á causa del gentío, descubrieron el techo de donde estaba, y haciendo abertura, bajaron el lecho (griego: krabatton – un lecho que un pobre podría utilizar de cama y que serviría de camilla) en que yacía el paralítico. 5Y viendo Jesús la fe de ellos, dice al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados.

 

 

“Entonces vinieron á él unos trayendo un paralítico, que era traído por cuatro” (v. 3).  No sabemos lo grande que es este grupo.  Cuatro de ellos pueden llevar la camilla, pero hay otros también.

 

“Y como no podían llegar á él á causa del gentío, descubrieron el techo de donde estaba” (v. 4a).  Hacen una abertura en el tejado para bajar a su amigo a la presencia de Jesús.  En una casa típica de aquel día, el tejado sería plano y estaría sostenido por vigas atravesadas sobre las paredes y compuesto de una mezcla de barro y paja.  En las noches calurosas, gente a menudo dormía en el tejado, y el tejado les concedía un retiro privado de un hogar ocupado.  Generalmente, había una escalera afuera que permitía acceso al tejado.  Subir a un hombre paralítico por la escalera no era nada fácil, y requeriría valor por parte del paralítico.  Hacer una abertura en el tejado sería una solución valiente para la falta de acceso a Jesús.  Algunos eruditos dicen que es fácil reparar un tejado de barro y paja, pero es difícil reparar un tejado para que no gotee.  El daño no es trivial.  Incluye “una gran obra de demolición” (France, 123).

 

“y haciendo abertura, bajaron el lecho en que yacía el paralítico” (v. 4b).  Imagine cómo ha de sentirse este hombre paralítico.  No estaría atado a un lecho tieso – esta camilla sería algo floja para llevar a una persona.  Sus amigos seguramente no hicieron una abertura lo suficientemente grande para poder bajarle de manera horizontal.  Ni estarían entrenados en como transportar pacientes en camillas.  Es probable que el hombre paralizado sufriera algunos golpes mientras sus amigos le bajaban por el tejado.

 

Además, seguramente este hombre está acostumbrado al silencio y la soledad de un cuatro de enfermos.  Ser el centro de atención entre una multitud sería una situación muy incómoda para él, tal como sería este difícil trayecto.

 

Pero era un hombre sin esperanza – pero en este momento tiene esperanza que el que sana hará para él lo que ha hecho por otros.  Este sería un momento de anticipación casi inimaginable – y de bastante ansiedad.

 

“Y viendo Jesús la fe de ellos” (v. 5a).  La fe que Jesús ve no se trata simplemente de una fe intelectual o emocional, sino de una fe manifestada por medio de una obra determinada y visible.  Jesús puede leer los corazones de la gente (v. 8), pero aquí no necesita hacerlo.  La fe de estos hombres es obvia y todos la pueden ver.

 

Unos eruditos sugieren que los que llevan la litera son los que tienen fe en lugar del paralítico, pero no hay nada en el texto que lo sugiera.  Supuestamente, el paralítico es pleno partícipe en esta obra.  Nadie le tiene que llevar a la fuerza.  No obstante, es el recipiente de la fe de aquéllos que le llevan.  Es por la fe de ellos tanto como por la suya (quizá aún más que la suya) lo que posibilita su sanar.  Sin su fuerte confianza en que Jesús le ayudará, el hombre nunca habría visto a Jesús.  Sin su fuerte determinación de sobrepasar las dificultades impuestas por la multitud, el sanar nunca habría tomado lugar.

 

En este Evangelio, Jesús premia la fe que persiste frente obstáculos:

 

• Jairo no es disuadido por vecinos que le piden que no moleste más a Jesús, porque su hija ya ha muerto.  En vez, Jairo y su esposa van con Jesús al lecho de la niña, y Jesús le dice a la niña “levántate” (griego: egeire – la misma palabra que utiliza en 2:11 para mandar al paralítico que se levante y tome su lecho, y una palabra que será utilizada para la resurrección de Jesús).  La niña inmediatamente se levanta y anda – causando el espanto de todos (5:21-24, 35-43).

 

• El ciego Bartimeo no será disuadido por transeúntes que le mandan callar, en cambio, clama aún más fuerte, “Hijo de David, ten misericordia de mí.”  Jesús le sana, diciendo, “Ve, tu fe te ha salvado” (10:46-52).

 

• Cuando el padre de un niño que sufre de convulsiones dice, “si puedes algo,” Jesús responde, “Si puedes creer, al que cree todo es posible” (9:23) – y sana al niño cuando el padre responde con fe.

 

Pero en Nazarea Jesús “no pudo hacer allí alguna maravilla” por la incredulidad de ellos (6:1-6a).  En dos ocasiones, regañará a los discípulos por su falta de fe (4:40; 16:14).

 

“dice al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados” (v. 5b).  Nosotros (y sin duda el paralítico) esperamos que Jesús diga, “Levántate, y toma tu lecho y anda,” pero eso vendrá más adelante (v. 9).  En vez, Jesús dice “Hijo, tus pecados son perdonados” (v. 5).  Anote que no dice que él perdona los pecados del hombre.  La voz pasiva (“son perdonados”) sugiere dos posibilidades.  Una es que Jesús perdona los pecados del hombre.  La otra es que Dios ha perdonado los pecados del hombre, y que Jesús simplemente obra como agente de Dios al anunciar el perdón de Dios.

 

En cualquier caso (que Jesús perdone o que simplemente anuncie el perdón de Dios), sus palabras hacen surgir dos temas:

 

• Primero, ¿qué autoridad tiene Jesús para perdonar los pecados del hombre? Esta es la cuestión que precipita el desacuerdo con los escribas en vv. 6-7.

 

• Segundo, ¿cuál es la relación entre el pecado y la enfermedad? En aquel entonces, gente podría decir que la enfermedad era el juicio de Dios sobre el pecado.  “La parálisis, como muchas enfermedades, se atribuía al pecado (véase Juan 9:2)…  La cojera constituía una forma de impureza en el Antiguo Testamento (Levítico 21:18), y en Qumran ‘los cojos, ciegos, y minusválidos no podían participar plenamente en la vida de la comunidad” (Donahue & Harrington, 93).

 

Según nuestro punto de vista científico, no estamos de acuerdo.  Los virus y la bacteria causan enfermedades – el remedio son los antibióticos.  Nervios pinchados pueden causar parálisis – el remedio es la cirugía.  Aunque no sabemos la causa ni el remedio de cada enfermedad, sí sabemos mucho y aprendemos cada día más.  No debemos “culpar al enfermo,” atribuyendo la enfermedad al pecado.  Hacer esto solo empeora la vida de la persona que sufre.

 

Como siempre, la verdad se encuentra en algún lugar entre los dos extremos.  Algunas enfermedades, físicas y emocionales, son el resultado de comportamiento específico.  Si creemos en el pecado, hemos de admitir que algunos comportamientos que causan enfermedades son pecado.  En algunos casos, el comportamiento pecador era el de la persona enferma (algunos ejemplos obvios son gente que fuma, abusa drogas, o se involucra en sexo promiscuo).  En otros casos, el comportamiento pecador de una persona causa enfermedad en otros (un hijo que ve como su padre abusa de su madre puede sufrir de una enfermedad emocional como resultado).  Otras enfermedades nos surgen “de la nada.”  Gente santa muere de enfermedades igual que el peor pecador.

 

Jesús dijo, “Hijo, tus pecados son perdonados” como si conociera el corazón del paralítico.  “El orden griego de las palabras enfatiza ‘tus’ (Hare, 36), sugiriendo que Jesús se dirige a la situación particular de este hombre:

 

• Quizá el hombre ha llevado una vida descuidada que, de alguna manera, ha resultado en parálisis.

 

• Quizá su parálisis es psicosomática, resultado de su sentido de culpabilidad por el pecado real o imaginado.

 

• Quizá él es pecador solo en el sentido en que todos han pecado y están destituidos de la gloria de Dios (Romanos 3:32).

 

• Quizá simplemente se siente culpable porque interpreta su enfermedad como castigo por sus pecados.  Cualquier persona que sufre de una grave enfermedad o de una pérdida tiende a cuestionar lo que él o ella ha hecho para merecer tal cosa.  Si esto es verdad para la gente de hoy día, imagine cuanto más real sería este sentimiento para la gente de aquel entonces.

 

“Hijo, tus pecados son perdonados.”  Ésta es una palabra pastoral para alguien herido en espíritu tanto como en cuerpo.  Esta palabra le asegura que no necesita temer que Dios esté esperando a la vuelta de la esquina para hacerle caer de nuevo.  Seguramente, el hombre espera que Jesús tome el próximo paso y sane su cuerpo.  Parece posible, no obstante, que por el momento el hombre sienta el descanso que viene al ver que su alma ha sido sanada.

 

“Hijo, tus pecados son perdonados.”  Éste puede ser un “pasivo divino,” una manera de referirse a la acción de Dios sin pronunciar su nombre.  Los judíos tienen cuidado de no utilizar el nombre de Jesús a no ser que lo tomen en vano.  Quizá Jesús no esté perdonando al hombre, en vez,  simplemente reconoce el perdón de Dios.  Esto se parece al trabajo de un sacerdote, que cumple un rito de redención, solo actuando como intermediario de Dios – Dios es el que perdona (Levítico 4:26, 31).

 

“La ruptura en el orden de la historia (v. 5), reforzada por una declaración del Señor (v. 10), subraya el perdón de pecados como el punto principal de esta historia” (Williamson, 64).

 

Solo existe otra historia más en los Evangelios en que Jesús pronuncia el perdón de los pecados – la historia de la mujer que lava los pies de Jesús con sus lágrimas (Lucas 7:48).

 

Anote que el perdón de los pecados no cura la parálisis de este hombre.  Es perdonado pero, aún así, no puede andar.  Ha recibido una palabra bendita de Jesús, pero todavía necesita otra.

 

 

VERSÍCULOS 6-7: BLASFEMIAS DICE

 

6Y estaban allí sentados algunos de los escribas, los cuales pensando en sus corazones, 7Decían: ¿Por qué habla éste así? Blasfemias dice. ¿Quién puede perdonar pecados, sino solo Dios?

 

 

“Y estaban allí sentados algunos de los escribas, los cuales pensando en sus corazones” (v. 6).  Estos escribas están sentados, la postura en la que enseñan.  Más adelante, Jesús les acusará de buscar los mejores asientos en la sinagoga (12:39).  Su postura gentil parece fuera de lugar en esta entrada tan aglomerada, indicando que Marcos ha combinado dos historias aquí – una historia de sanar y una historia de controversia.  Así es el carácter de Marcos, que también inserta la historia de la mujer con una hemorragia en la historia de la curación de la hija de Jairo (5:21-43) – y la historia de la limpieza del templo dentro de la historia de la higuera (11:12:25).

 

Los escribas son intérpretes ordenados y autorizados por la ley del Tora.  Porque sabemos que se oponen a Jesús, los identificamos rápidamente como malos.  De hecho, están ansiosos de complacerle a Dios y son devotos de la ley de Dios.  Estudian la ley de Dios en detalle meticuloso para que puedan guiar a la gente por el buen camino.  Si a veces fallan al no ver el bosque por los árboles, ¿cuál de nosotros está capacitado para juzgar sus fallos?

 

“¿Por qué habla éste así? Blasfemias dice. ¿Quién puede perdonar pecados, sino solo Dios?” (v. 7).  En silencio, los escribas juzgan a Jesús por usurpar la prerrogativa de Dios al perdonar pecados.  Aunque es posible que una persona perdone un pecado cometido contra él o ella, cada pecado es, al final, un pecado contra Dios.  David capta esta idea perfectamente cuando escribe, “A ti, á ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos” (Salmo 51:4a).  Escribió este salmo después de haber cometido adulterio con Bathsheba y de haber asesinado a Uriah, el marido de Bathsheba.  De hecho, había pecado fuertemente contra Uriah y Bathsheba y como rey, había pecado contra todos sus súbditos.  Sin embargo, su pecado más grande fue en contra de Dios, y solo Dios podía perdonar ese pecado (Salmo 51:1-3; 85:2).  “No hay nada en la literatura judía que sugiera que cualquier hombre – ni siquiera un mesías – tuviera la autoridad de perdonar pecados” (Hooker, 88).

 

Aún los sacerdotes, responsables del sistema de sacrificios, declararían ser solo intermediarios de Dios, porque solo Dios puede perdonar pecados.  Los sacerdotes discutirían, no obstante, que Dios les ha mandado cumplir los ritos de redención.  Por eso, según ellos, es a través de sus varios ministerios que Dios efectúa el perdón de los pecados.  Verían a Jesús como uno que adopta, no solo las prerrogativas de Dios, sino las sacerdotales también.

 

Los escribas declaran a Jesús culpable de blasfemia por haber adoptado la prerrogativa de Dios.  Blasfemia es el más serio de los pecados, y la ley del Tora especifica que el blasfemador ha de ser apedreado hasta morir (Levítico 24:10-23).  Entonces, Marcos hace surgir el tema de blasfemia aún al comenzar el ministerio de Jesús.  Más adelante, el Sanedrín presentará cargos formales de blasfemia contra Jesús, y eso será la base de su crucifixión (14:61-64).

 

 

VERSÍCULOS 8-9: ¿QUÉ ES MÁS FÁCIL?

 

8Y conociendo luego Jesús en su espíritu que pensaban así dentro de sí mismos, les dijo: ¿Por qué pensáis estas cosas en vuestros corazones? 9¿Qué es más fácil, decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados (griego: aphientai – la voz pasiva sugiere que Dios es el que perdona, en contraste con v. 10), ó decirle: Levántate, y toma tu lecho y anda?

 

 

“Y conociendo luego Jesús en su espíritu que pensaban así dentro de sí mismos” (v. 8a).  Los escribas no han mencionado su descontento pero, como Dios, Jesús conoce sus corazones.

 

“¿Por qué pensáis estas cosas en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados, ó decirle: Levántate, y toma tu lecho y anda?” (vv. 8-10).  Jesús contesta sus preguntas, que aún no han declarado, con una pregunta suya.  No les pregunta cuál es más fácil hacer, sino cuál es más fácil decir.  Es más fácil decir, “Tus pecados te son perdonados” o decir, “Levántate, y toma tu lecho y anda.”

 

La verdad es que es más fácil decir “Tus pecados te son perdonados” que decir “Levántate, y toma tu lecho y anda.”  Los que observan no tienen manera de verificar si los pecados del hombre han sido perdonados, pero fácilmente pueden ver si el hombre se levanta y toma su lecho y anda.  Cuando Jesús dice, “Levántate, y toma tu lecho y anda,” se pone en una posición peligrosa.  Si el hombre logra levantarse y andar, quedará claro que Jesús obra con el poder de Dios y, por lo tanto, está en su derecho al decir “Tus pecados te son perdonados.”  Sin embargo, si el hombre no logra levantarse, Jesús será revelado como un fracaso y un blasfemador.  Si se le acusa de blasfemia, podría ser apedreado a muerte (Levítico 24:16).  Con esta pregunta, entonces, Jesús propone una prueba con la que se pueda verificar su potestad (el sanar) para demostrar lo que, de cualquier otra manera, no se puede verificar (el perdón).  “Jesús insiste que si sana al hombre, sus enemigos han de reconocer su autoridad de perdonar el pecado” (Perkins, 551).

 

 

VERSÍCULOS 10-12: TODOS SE ASOMBRARON Y GLORIFICARON A DIOS

 

10Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra de perdonar (griego: aphienai – la voz activa sugiere que el Hijo del Hombre es el que perdona, a diferencia de v. 9) los pecados, (dice al paralítico): 11A ti te digo: Levántate, y toma tu lecho, y vete á tu casa.12Entonces él se levantó luego, y tomando su lecho, se salió delante de todos, de manera que todos se asombraron, y glorificaron á Dios, diciendo: Nunca tal hemos visto.

 

 

“Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra de perdonar los pecados” (v. 10).  El título, Hijo del Hombre, viene de Daniel 7:13, donde Dios “delegó su potestad de absolución a un ‘Hijo del Hombre’ que lleva a cabo su bondadosa voluntad en la esfera terrenal; por lo tanto, ‘sobre la tierra’ el Hijo del Hombre tiene la autoridad de perdonar pecados” (Marcus, 223).  (NOTA: La NRSV traduce Daniel 7:13 como “ser humano” en lugar de “Hijo del Hombre).

 

Este título, Hijo del Hombre, tiene la ventaja de no llevar ninguna connotación militar asociada con el título de Mesías.  Gente espera que el Mesías levante un ejército, expulse a los romanos, y que vuelva a establecer el gran reino davídico.  No tienen ninguna esta expectativa del Hijo del Hombre.

 

Jesús se refiere a si mismo como Hijo del Hombre con frecuencia.  Solo cuatro veces en el Nuevo Testamento (Juan 12:34; Hechos 7:56; Revelación 1:13; 14:14) aparece alguien que no sea Jesús que dice la frase, y cuando se utiliza, es para referirse a Jesús.  En el Evangelio de Marcos, Jesús se refiere a si mismo como el Hijo del Hombre catorce veces.  Doce de estas toman lugar después de que Pedro declare a Jesús el Mesías (8:27-30), y nueve tienen que ver con el sufrimiento y la muerte de Jesús (8:31, 9:9, 12, 31; 10:33, 45; 14:21 dos veces, 41).  Solo dos veces (2:10, 28) utiliza Jesús la frase antes de la confesión de Pedro, ambas veces en conexión con los retos a su autoridad y ortodoxia.  Porque Jesús generalmente utiliza la frase para presentar su pasión a los discípulos, no parece probable que la usara durante la primera parte de su ministerio en presencia de sus enemigos.  En Marcos 2, es probable que Marcos ponga la frase en labios de Jesús.

 

Si Jesús utiliza este título en frente de estos escribas, es significante que no se ofendan cuando lo usa para referirse a si mismo.  Si lo entendieran como un título mesiánico, seguro que se hubieran ofendido.

 

Existen por lo menos tres posibles significados para el título, Hijo del Hombre.  Puede significar (1) la humanidad en general, (2) “Yo el que te habla,” o (3) puede ser un título mesiánico (Guelich, 89-90).  En este contexto de Marcos 2, Jesús parece utilizarlo como “Yo el que te habla,” pero su uso frecuente del título en conexión a su pasión sugiere que a menudo lo utiliza como un título mesiánico.  Está claro que el título tiene significado para Jesús, el cuan irá descubriendo a sus discípulos, pero en esta época de su ministerio, no parece tener mucho significado para nadie mas que Jesús.

 

En Marcos 2:10, Jesús parece referirse de nuevo a Daniel 7:13; clamando que Dios le ha delegado a él la autoridad de perdonar pecados en la tierra; y contrastando el papel de Dios en el cielo con el del Hijo del Hombre en la tierra.  “Este es el único lugar en el Evangelio donde el perdón de pecados se asocia con el Hijo del Hombre… Solo a través de la resurrección, la temprana iglesia pudo reconocer de manera inequívoca la plena extensión de la autoridad de Jesús… El Cristo resucitado todavía ejerce el perdón de los pecados en la tierra” (Lane, 98).

 

“A ti te digo: Levántate, y toma tu lecho, y vete á tu casa” (v. 11).  Jesús demuestra su autoridad al mandar al paralítico que tome su lecho y ande (vv. 9-10).  El hombre responde rápidamente haciendo lo que Jesús le manda.  La palabra de Jesús, como la Palabra creativa de Dios en Génesis 1, es efectiva – tiene potestad – cumple la obra que se propone cumplir.  El resultado es que todos quedan asombrados y glorifican a Dios – no a Jesús, sino a Dios.  Si Jesús fuera de verdad un blasfemador, como dicen los escribas (v. 7), el resultado final de sus esfuerzos no sería la glorificación de Dios.

 

Cuando Marcos dice que todos se asombraron y glorificaron a Dios, no incluye a los escribas.  Sin duda los escribas están asombrados, pero el éxito de Jesús viene a su coste.  Su continuada oposición (2:13-17) demuestra que no aceptan la autoridad de Jesús y no se puede esperar que glorifiquen a Dios por los milagros de Jesús.

 

“Entonces él se levantó luego, y tomando su lecho, se salió delante de todos, de manera que todos se asombraron, y glorificaron á Dios, diciendo: Nunca tal hemos visto” (v. 12).  “Ellos ya han visto cosas parecidas (1:32-34), pero esta vez la declaración del perdón de los pecados, y la valiente defensa de Jesús de su derecho a hacerlo, añade una nueva dimensión” (France, 129).

 

 

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada en http://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html.  Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

 

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