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RECURSOS PARA PREDICAR

Por Richard Niell Donovan
Traducción por Emmanuel Vargas Alavez

 

 

 

PASAJE BÍBLICO:     Marcos 1:40-45

 

 

EXÉGESIS:     

 

VERSÍCULOS 40-42: UN LEPROSO VINO A ÉL

 

40Y un leproso vino á él, rogándole; é hincada la rodilla, le dice: Si quieres, puedes (griego = dunasi, tienes el poder) limpiarme.  41Y Jesús, teniendo misericordia (griego = splanchnistheis, lleno de compasión, u orgistheis, lleno de cólera, aquí los manuscritos difieren, ver abajo) de él, extendió su mano, y le tocó, y le dice: Quiero, sé limpio.  42Y así que hubo él hablado, la lepra se fué luego de aquél, y fué limpio.

 

 

En tiempos de Jesús, la palabra lepra era usada para una gran gama de enfermedades de la piel, y no solamente para la aflicción que hoy día conocemos como la enfermedad de Hansen. “Los escribas contaban más o menos setenta y dos diferentes condiciones de la piel que se definían como lepra”, incluyendo enfermedades como “fuegos” (furúnculos) y tiña (Edwards, 68; ver también Lev. 13-14). Algunas de estas enfermedades no tenían cura conocida, y por eso se les temía mucho. Algunas eran altamente contagiosas, así que se requería que los leprosos vivieran en lugares aislados. La ley de la Torá dice: “Y el leproso en quien hubiere llaga, sus vestidos serán deshechos y su cabeza descubierta, y embozado pregonará: ¡Inmundo! ¡Inmundo!... será inmundo; estará impuro: habitará solo; fuera del real será su morada” (Levítico 13:45-46). El Antiguo Testamento tiene varios pasajes donde Dios aflige al pueblo castigándolos con lepra (Números 12:9-10; 2 Reyes 5:27; 15:5; 2 Crónicas 26:19-21), así que la gente frecuentemente interpretaba la lepra como un castigo por el pecado.

 

Por lo tanto, la lepra tenía múltiples dimensiones: física, religiosa, social y financiera. La persona afectada (físicamente) era considerada como ritualmente impura (espiritual). A los leprosos se les requería que vivieran solos y mantuvieran una distancia de cincuenta pasos lejos de otra persona (social). Si la persona con lepra tocaba a otra persona o era tocada por alguien, se consideraba que esa persona estaba ritual y físicamente impura hasta que se le examinara y fuera pronunciada limpia por el sacerdote. En otras palabras, tanto la impureza física (médicamente) como la ritual (espiritual) eran contagiosas. La persona afligida por la lepra no podía trabajar, y por lo tanto se le reducía a pedir limosna (financiera). Y por lo mismo, su familia también se vería reducida a la pobreza. Las consecuencias espirituales, sociales y financieras de la lepra –impureza, aislamiento, y pobreza – eran más terribles que las consecuencias físicas de esas formas más benignas de la enfermedad.

 

Los capítulos 13 y 14 de Levítico prescriben en forma muy detallada cómo se diagnosticaba la lepra, y hacía al sacerdote responsable de examinar a la gente con problemas en la piel para determinar si tenían lepra. El sacerdote también era responsable de evaluar si la persona con lepra era sanada de la enfermedad. Si era así, el Levítico especificaba un ritual para restaurar a la persona a un estado de pureza.

 

Este leproso viene a Jesús implorando sobre sus rodillas. Es claro que traspasa el límite de cincuenta pasos, que se suponía que debían mantener, porque Jesús extiende su mano y lo toca. El leproso dice, “Si quieres (dunasi, tú tienes el poder. Nosotros obtenemos nuestra palabra dinamita de la forma dunamis de esta palabra), puedes limpiarme” (v. 40). Obviamente este leproso ha escuchado noticias de que Jesús ha sanado a otras personas, pero no sabe si Jesús estaría dispuesto a sanarlo a él. Si la lepra era el juicio de Dios por el pecado, tal vez Jesús lo dejaría servir completa su sentencia.

 

Este hombre no pide ser sanado (físicamente), sino ser limpiado (espiritual y socialmente). En esta historia no hay referencia a la sanidad, pero sí hay cuatro referencias a la limpieza. Sin embargo, uno no puede estar limpio sin también estar libre de la enfermedad, así que este hombre está pidiendo ser completamente restaurado a una vida normal en todas sus dimensiones. La súplica de este hombre por limpieza, más que por sanidad, sugiere que valora la restauración de su estatus espiritual y social mucho más que su sanidad física. También reconoce su fe de que Jesús actúa por el poder de Dios. Solamente Dios puede sanar al leproso, y solamente el sacerdote (el representante designado de Dios) puede pronunciar limpio al leproso.

 

El versículo 41 presenta un difícil problema de traducción. La mayoría de los manuscritos antiguos dicen que Jesús estaba lleno de piedad o compasión (griego = splanchistheis), pero otros dicen que estaba lleno de enojo (griego = orgistheis). La compasión tiene más sentido en este contexto, y algunos buenos manuscritos usan splanchistheis. Sin embargo, también hay varias razones para leer enojo (orgistheis) en este pasaje:

 

•  Primero, un principio común de traducción dice que se debe preferir la lectura más difícil, especialmente porque los copistas son tentados a “mejorar” un manuscrito cambiando una lectura difícil por una más fácil, pero esto no ocurre al revés. En este caso, los copistas serían tentados a cambiar el enojo de Jesús por compasión, y de esta manera hacer la lectura más fácil, pero no estarían tentados a cambiar la compasión por enojo.

 

•  Segundo, Mateo (8:1-4) y Lucas (5:12-16), que usan a Marcos como su fuente, evitan hacer cualquier mención de la emoción de Jesús. Si Marcos hubiera usado la palabra compasión, se esperaría que Mateo y Lucas la incluyeran en sus propios relatos. Sin embargo, si es que Marcos usó la palabra enojo, Mateo y Lucas posiblemente la habrían quitado de sus relatos.

 

¿Por qué Jesús estaría enojado? Los estudiosos desechan la posibilidad de que estaba enojado con el leproso por haber transgredido la regla de los cincuenta pasos, porque Jesús no se detiene para tocar a ese hombre. Tampoco creen que Jesús se llene de enojo por ser interrumpido, porque frecuentemente era interrumpido y generalmente no respondía con enojo. Más bien favorecen la idea de que “Marcos no intenta que entendamos el enojo de Jesús como dirigido hacia el leproso, sino en contra de las fuerzas de maldad que han hecho a ese hombre su víctima” (Hooker, 80).

 

Sin embargo, los estudiosos también enfatizan que Jesús estaba tratando de mantener el equilibrio entre la enseñanza y la sanidad, las dos formas principales de su ministerio en la primera mitad de este evangelio. La mayor parte del tiempo, la gente se siente atraída a él por sus milagros de sanidad, y frecuentemente fallan en ver la dimensión espiritual más profunda. Otra posibilidad, entonces, es que la sanidad de un leproso sería tan dramática que atraería a la gente a Jesús por las razones equivocadas, algo que de hecho sucede en el versículo 45. En el versículo 41, entonces, Jesús siente que el leproso le está pidiendo algo que hará que su ministerio se desvíe. La súplica del leproso, entonces, lo fuerza a escoger entre la misión y la compasión, a arriesgar la una o la otra. Es fácil ver que Jesús respondería con enojo a esta situación en la que no habría ganador. Esto también explica el fuerte lenguaje del versículo 43 (ver abajo) y la estricta advertencia de Jesús al leproso de que no se lo diga a nadie sino que vaya con  el sacerdote.

 

De cualquier manera, en el versículo 41, Jesús dice, “Quiero”, extiende su mano, toca al leproso, y dice, “sé limpio”, (griego = katharistheti). Katharistheti “es probablemente un ‘pasivo divino’, un reverente rodeo judío usado para sugerir la acción de Dios sin mencionarlo directamente, y esto implica que Dios es el agente activo en la sanidad” (Marcus, 206). “Su palabra no es como las palabras y la autoridad de los escribas. Su palabra tiene poder para hacer lo que dice… Cuando Jesús habla, Dios actúa” (Jensen).

 

Si Jesús puede sanar al hombre con un toque, entonces también puede sanarlo sin tocarlo. Su toque parece imprudente, porque tocar a un leproso contaminaría a Jesús (tanto física como espiritualmente). Sin embargo, en este caso, no es el leproso el contagioso, sino Jesús. El leproso no contagia su impureza a Jesús, sino que Jesús contagia su sanidad y santidad al leproso y lo hace limpio (física, espiritual y socialmente).

 

En este evangelio, leemos sobre Jesús tocando o asociándose con la gente de maneras que potencialmente lo contaminarían: tumbas y puercos (5:1-20); una mujer con hemorragia (5:25-27); un cadáver (5:41); gentiles y espíritus inmundos (7:24-26). En cada situación, él transmite su sanidad y santidad y no del modo contrario.

 

 

VERSÍCULOS 43-44: VE, MUÉSTRATE AL SACERDOTE          

 

43Entonces le apercibió, y despidióle (griego = exebalen, lo despidió, despedir, echar) luego, 44Y le dice (griego = embrimesamenos, otra palabra de “enojo”, ver el comentario abajo): Mira, no digas á nadie nada (griego = medeni meden, a nadie, nada); sino ve, muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu limpieza lo que Moisés mandó, para testimonio (griego = eis maturion, para un testimonio o acusación) á ellos (griego = autois, a ellos o en contra de ellos).

 

 

“Entonces le apercibió” (v. 43). La palabra embrimesamenos es usada para describir el resoplido de un caballo. Cuando se usaba para la gente, llevaba el timbre de enojo, disgusto, o indignación. Marcos usará esta misma palabra para describir el enojo de los discípulos con la mujer que unge a Jesús con el caro perfume (14:4-5).

 

“Despidióle” (v. 43). La palabra exebalen es traducida en otras partes como “despedir” o “echar”; por ejemplo, el Espíritu llevando a Jesús al desierto (1:12) y echando fuera demonios (1:34, 39). Esta palabra contiene la idea de fuerza, fuerza que la traducción “lo despidió”, falla en reflejar.

 

Así que tenemos tres palabras que implican un estado de ánimo de enojo urgente por parte de Jesús: orgistheis (v. 41), embrimesamenos, y exebalen (v. 43): palabras que parecen estar fuera de lugar en una historia de sanidad. Debemos preguntar por qué aparecen aquí, parecen más apropiadas para una historia de exorcismo. Así que los estudiosos se han preguntado si de laguna manera Marcos mezcló elementos de una historia de exorcismo con esta historia de sanidad. Sin embargo, parece más probable que Jesús está enojado porque, al sanar al leproso, ha tenido que arriesgarse a atraer a la gente que solamente se interesará por él debido a sus “poderes mágicos”, y de esta manera se pondría en peligro su ministerio. Esto también explica su estricta advertencia de que no diga nada a nadie excepto al sacerdote. ¡Guarda mi secreto! ¡No descubras mi identidad!

 

Se nos deja preguntándonos cómo sería posible que ese hombre, sin dar una explicación de su recuperación, pudiera entrar otra vez a su comunidad viniendo de tal exilio público. “En el código de honor/vergüenza de las sociedades antiguas, hubiera sido insultante no expresar alabanzas al benefactor” (Perkins, 545).

 

Después de advertir al hombre que no diga nada a nadie (medeni meden, una doble negación), Jesús le ordena mostrarse al sacerdote y llevar la ofrenda que se requería por su sanidad. Levítico 13 le dice al sacerdote cómo inspeccionar a la persona con lepra: lo que tiene que buscar y, dependiendo de lo que encuentre, las acciones que debe realizar. Levítico 14 nos dice sobre las ofrendas que se daban y el ritual que se debía realizar para limpiar (espiritualmente) a una persona que se encontraba libre de la enfermedad (física). Aunque tendemos a pensar en el sacerdote como sirviendo en el templo de Jerusalén, el sacerdote típico servía solamente unos pocos días al año y vivía en otro lugar el resto del año. Así que había miles de sacerdotes desperdigados por todo Israel, y este hombre no tenía que haber viajado muy lejos para encontrar a uno.

 

El mandato de Jesús de que el leproso limpiado se mostrara al sacerdote es en interés del propio hombre, porque no podía re-ingresar a la sociedad sin la aprobación del sacerdote. También demuestra la devoción de Jesús por la ley de la Torá, un asunto que pronto estará en disputa cuando perdona al paralítico sus pecados, que era una prerrogativa de Dios (2:1-13), cuando llama a un recolector de impuestos a ser su discípulo (2:14-17), cuando defiende a sus discípulos por no ayunar (2:18-22), y cuando defiende su derecho a recoger espigas en el sábado (2:23-27), etc., etc., etc.

 

La frase “para testimonio á ellos” (v. 44) es interesante. Obviamente, ese hombre necesita mostrar al sacerdote que está libre de la enfermedad. “Pero cuando se añade el comentario de ‘para testimonio á ellos’… se sugiere que hay otras cosas que ahí están sucediendo. La sanidad de ese hombre vívidamente demostrará la diferencia entre Jesús y los custodios oficiales de la religión: ellos solamente pueden pronunciar a la gente limpia; Jesús puede limpiarlos” (Geddert, 52).

Es bastante legítimo traducir autois “contra ellos” en lugar de “a ellos”. Cuando el hombre se presente al sacerdote, éste tendrá que evaluar su condición física. Si encuentra que el hombre está libre de la enfermedad, el sacerdote tendrá que dar testimonio público de ese hecho y participar en una ceremonia de limpieza para permitir que ese hombre re-ingrese a la sociedad. “La declaración de Jesús, entonces, significa que si el sacerdote establece que la sanidad se ha realizado y acepta el sacrificio por la limpieza, pero falla en reconocer a la persona y el poder a través del cual ha venido la sanidad, entonces se habrán condenado por la misma evidencia que han proporcionado” (Lane, 88).

 

Si esta es la intención de “para testimonio á ellos” – si Jesús intenta forzar al sacerdote para que reconozca el poder divino de Jesús – la urgencia de su seria admonición para que fuera al sacerdote se hace obvia. No solamente ese hombre visitará al sacerdote para que lo restaure a la sociedad, sino que también condenará a los sacerdotes, que certificarán la sanidad y con ello el poder divino de Jesús, pero que continuarán oponiéndose a él.

 

 

VERSÍCULO 45: PERO COMENZÓ A PUBLICARLO MUCHO

 

45Mas él salido, comenzó á publicarlo (griego = kerussein, predicar) mucho, y á divulgar el hecho, de manera que ya Jesús no podía entrar manifiestamente en la ciudad, sino que estaba fuera en los lugares desiertos; y venían á él de todas partes.

 

 

Ese hombre desobedece la orden de Jesús, predicando la palabra tan efectivamente que la gente abruma a Jesús cuando empiezan a buscarlo. El problema es que “la publicidad crea una audiencia, pero no congregaciones” (Craddock, 104). Por lo menos tenemos cuatro puntos que son irónicos en este versículo:

 

•  Un hombre desobediente es el primero en predicar las buenas nuevas sobre Jesús.

 

•  La fama de Jesús estorba más que ayudar a su ministerio.

 

•  La historia comenzó con el leproso forzado a vivir “fuera del real” (Levítico 13:46), y termina con la restauración a la vida de comunidad. La historia comienza con Jesús moviéndose libremente por las villas, y termina forzándolo a vivir “fuera en los  lugares desiertos” (v. 45). De alguna manera Jesús y el leproso han cambiado lugares. Jesús ahora se encuentra sufriendo el aislamiento que  antes era del leproso.

 

•  “Una habilidad de Jesús – su poder para sanar (1:40) – ahora se ha convertido en la causa de su falta de libertad para desplazarse (1:45)” (Marcos, 210).

 

 

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada en http://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html.  Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).

 

 

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