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RECURSOS PARA PREDICAR

Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

 

 

 

PASAJE BÍBLICO:   Mateo 28:16-20

 

 

EXÉGESIS:     

 

VERSÍCULOS 16-20: LA GRAN COMISIÓN

 

Los varios Evangelios enfatizan aspectos diferentes de esta comisión:

 

• Lucas limita a Jerusalén las apariciones de resurrección y enfatiza el arrepentimiento y el perdón de los pecados (Lucas 24:46-48).  En Hechos 1:8, Lucas describe la promesa del poder de Jesús y su mandamiento de ir “hasta los fines de la tierra.

 

• En el Evangelio de Juan, Jesús les da a los discípulos el poder de perdonar o retener pecados (Juan 20:23).

 

• Desde el principio, Mateo ha enfatizado la enseñanza de Jesús.  El Sermón en el Monte, pronto en el ministerio de Jesús (capítulos 5-7) constituye la colección más grande de enseñanzas de Jesús en el Nuevo Testamento.  Ahora, Mateo relata el último acto de ministerio de Jesús “en términos rabínicos: los discípulos han de bautizar, hacer discípulos, y enseñar” (Johnson, 621).

 

Veremos en el libro de Hechos que la iglesia toma un papel evangélico, más orientado hacia el ministerio.  Este papel es muy diferente al que hemos visto de los discípulos hasta ahora.  “¿Por qué este cambio tan dramático y repentino?  Pues, seguramente por la resurrección de Jesús, sumado al encargo que les dio a sus seguidores de hacer discípulos de todas las naciones” (Morris, 744).

 

Este texto ha tenido una influencia significante en la iglesia.  Marca la aprobación de Jesús del bautizo como elemento clave de ser discípulo.  De esta manera, el bautizo se convierte en la norma para cristianos.  El bautizo nos da la fórmula trinitaria (“en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”) que la iglesia ha seguido a través de los siglos.  “Y al ligar el bautizo con la obra de ser discípulo, esto proporcionó el apoyo necesario para anabaptistas y grupos más tardíos que defendían el bautizo de los creyentes” (Gardner).

 

 

VERSÍCULO 16: MAS LOS ONCE DISCÍPULOS SE FUERON A GALILEA

 

16Mas los once discípulos se fueron á Galilea, al monte donde Jesús les había ordenado.

 

 

“Once” nos recuerda de la traición de Judas.  El número original de discípulos se relaciona con los doce hijos de Judá y las doce tribus de Israel.  Donde antes había doce apóstoles, ahora hay once.  Lucas relata la restauración del número original con la elevación de Matías al apostolado (Hechos 1:12-26), pero Mateo habla de la Gran Comisión cayendo sobre los once.  “El número ‘once’ flaquea... La iglesia que Jesús manda al mundo es falible, ‘once-algo,’ imperfecta.  Aún, Jesús usa exactamente tal iglesia para hacer su obra perfecta... Jesús toma este número imperfecto y le da la vocación perfecta” (Bruner, 1090).

 

Los discípulos fueron a Galilea.  Jesús había nacido a la sombra de Jerusalén, pero José y María se lo llevaron a Galilea después de su regreso de Egipto por miedo a Arquelao, el hijo de Herodes que regía en Judea tras la muerte de su padre (2:22-23).  Jesús, por lo tanto, se crió en una zona remota, lejos del Templo.  Galilea era conocida como Galilea de los Gentiles (4:15) porque servía de hogar para muchos gentiles.  “Entonces Galilea, para Mateo, marca una separación de la ‘pureza’ de la ciudad sagrada y, con esta separación, representa el mundo gentil que ocupa el más allá” (Pfatteicher, 12).  La mayoría del ministerio de Jesús tomó lugar en Galilea, y regresa allí para comisionar a sus discípulos.

 

Los discípulos “van al monte donde Jesús les había ordenado.”  En este Evangelio, cosas importantes pasan en las montañas: El Sermón en el Monte – la última tentación – la Transfiguración.  No sabemos el nombre de esta montaña, pero su ubicación no es relevante.  Su significado es más teológico que geográfico, y demuestra la importancia de esta comisión.

 

Jesús le dijo a María Magdalena y a la otra María, “Id, dad las nuevas á mis hermanos, para que vayan á Galilea, y allí me verán” (28:10).  Mientras que a mujeres no se les permite hacer de testigos en la corte, Jesús les escogió a ellas para dar testimonio de su resurrección.  Mientras que la costumbre normal es que los hombres mandan y las mujeres obedecen, Jesús les dice a estas mujeres que les manden a los hombres ir a Galilea.  Los hombres podrían dudar del testimonio de las mujeres.  Primero, (solo) son mujeres.  Segundo, ¡qué difícil debe ser creer que un hombre muerto ha resucitado!  La orden es ir a Galilea, una larga caminata.  Igual que las mujeres merecen ser alabadas por cumplir con sus órdenes, también los hombres se lo merecen.  Es un hecho de fe empezar el viaje a Galilea.

 

 

VERSÍCULO 17: PERO ALGUNOS DUDABAN

 

17Y como le vieron, le adoraron: mas algunos dudaban.

 

 

Ésta es la primera vez en este Evangelio que encontramos juntos a los discípulos desde que Jesús fue arrestado y abandonado por los discípulos (26:56).  Solo María Magdalena y la otra María han visto al Cristo resucitado.  En cuanto al estado mental de los discípulos mientras caminan hacia la montaña solo podemos especular, pero sabemos lo que pasa cuando por fin ven a Jesús – “le vieron, le adoraron: mas algunos dudaban” (la palabra griega también significa “vacilaron).”

 

No nos debe sorprender ninguna de las dos reacciones – alabar o dudar (vacilar).  Es de esperar que los discípulos alaben a Jesús.  Saben que fue matado y enterrado.  Saben que el Viernes Santo fue el final.  Ahora ven a Jesús vivo de nuevo, confirmando sin lugar a duda que él es el Mesías.  Con sus propios ojos ven que su maestro es el Señor de vida, y que puede ejercer su poder hasta sobre la muerte.

 

Pero tampoco nos debe sorprender que algunos duden o vacilen.  Nada en su experiencia les ha preparado para lo que ven, excepto quizá la resurrección de Lázaro, que no se menciona en este Evangelio (véase Juan 11).  Antes, Jesús observó, “Si no oyen á Moisés y á los profetas, tampoco se persuadirán, si alguno se levantare de los muertos” (Lucas 16:31).  Ahora los propios discípulos de Jesús experimentan un rasgo de duda al ver a Jesús resucitado de la muerte.

 

Casi nos atrevemos a criticar a los discípulos por su duda, pero no debemos suponer que nosotros lo hubiéramos hecho mejor.  Jesús no les riñe.  Comprende su duda y, en vez, se dirige a su fe.  Comprende su fragilidad pero, aún así, les pide que sigan su obra.  “No es a los ángeles o a los creyentes perfectos a quienes confía la misión del mundo, sino que a la comunidad de discípulos que alaban o que dudan,” (Boring, 503).

 

Para poder cumplir el papel que Jesús les otorga, los discípulos han de crecer.  Mientras que su conducta en el libro de Hechos es menos que espectacular, seguirán confrontándose con grave oposición a lo largo de su ministerio.  Cosecharán semillas que tomarán raíces – se multiplicarán – flotando a través de océanos sobre vientos de fe.  La elección de Jesús al escoger a esta gente ordinaria para cumplir una misión extraordinaria concuerda con la obra histórica de Dios.  Dios escogió al joven David en vez de a uno de sus fuertes hermanos.  Dios mandó la mayoría del ejército de Gideón a casa antes de mandar el resto a la batalla.  Para Dios, nuestra habilidad es menos importante que nuestra disponibilidad.  Además, nuestra habilidad puede llegar a obstruir el camino si dejamos que nuestros éxitos oscurezcan el papel de Dios.

 

 

VERSÍCULO 18: TODA POTESTAD ME ES DADA EN EL CIELO Y EN LA TIERRA

 

18Y llegando Jesús, les habló, diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.

 

 

“Y llegando Jesús.”  Lo normal es que el que suplica se acerque a la autoridad en vez de al revés – el discípulo viene al maestro – el enfermo viene al curandero.  Jesús le da la vuelta a los papeles aquí, quizá para calmar la duda o vacilación – quizá para demostrar su propio acercamiento – quizá para modelar el tipo de “acercamiento” que él espera de sus discípulos para cumplir la Gran Comisión.

 

Antes, Jesús exclamó, “Todas las cosas me son entregadas de mi Padre” (11:27).  Ahora exclama, “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.”  El modelo de esta declaración está en Daniel 7:14, “Y fuéle dado señorío, y gloria, y reino; y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron; su señorío, señorío eterno, que no será transitorio, y su reino que no se corromperá.

 

A menudo Mateo habla de autoridad (7:29; 8:9; 9:6; 10:1; 21:23; 24, 27).  Dios le ha dado a Jesús la autoridad, y Jesús la ejerce ahora y en la sentencia final.  Su autoridad incluye el cielo y la tierra.  No hay tiempo ni lugar donde su autoridad no aplique.  “El Jesús que sufrió y fue humillado ahora ha sido completamente vindicado por Dios” (Senior, 346).  “Él es el director general del universo, y tiene completo control del mundo” (Bruner, 1094).

 

Claramente, esta autoridad establece el derecho de Jesús de esperar obediencia de sus discípulos y de su habilidad para darles el poder.  “Los discípulos son otorgados los credenciales para su misión pero, aún más, también son otorgados el poder que necesitan para cumplirla” (Brueggemann, 344).

 

 

VERSÍCULO 19: POR TANTO ID Y ADOCTRINAR A TODOS LOS GENTILES

 

19Por tanto, id, y adoctrinad á todos los Gentiles, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

 

 

Jesús les manda a sus discípulos que “doctrinad á todos los Gentiles.”  En griego, “adoctrinar” es el único verbo imperativo.  Yendo, bautizando, y adoctrinando son participios, subordinados al imperativo “adoctrinar.”  La misión es “adoctrinar.”  Para cumplir esta misión, los discípulos deben ir, bautizar, y enseñar.  De esta manera, cada uno de estos participios tiene un carácter imperativo – pero el único verbo imperativo en esta comisión es “hacer discípulos.”

 

Un discípulo es un estudiante o seguidor – una persona dedicada a aprender lo que el maestro tenga que enseñarle.  Típicamente, un joven que aspiraba ser un rabí le pediría a un rabí practicante que le aceptara como discípulo.  Un paralelo moderno puede ser un estudiante interno – o un estudiante de música que le pide a un maestro de música que sea su profesor o profesora.  Del discípulo se espera no solo que aprenda lo que el rabí enseña, sino que también practique lo que el rabí predica.  Es decir, la idea no es simplemente aprender del rabí, sino también vivir como él.  Por lo tanto “Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado” (v. 20) es un componente natural de la Gran Comisión de Jesús.

 

Es interesante ver lo que Jesús incluye y no incluye en esta comisión.  No les manda a los discípulos predicar – evangelizar – ganarse el mundo.  “Usa una palabra más tranquila, menos llamativa.  Es una palabra casi escolástica y algo escolar, ‘discípulo.’  ...Solo el Creador del Cosmos puede hacer grandezas como convertir, traer arrepentimiento, o impulsar a una persona que tome una decisión – toda autoridad es suya sola.  Pero los discípulos pueden, deben, y harán el pequeño acto de servir de ‘discípulos’ para los demás – es decir, pasarán mucho tiempo con gente – con la confianza que tarde o temprano el Creador del Cosmos creará en esta gente la decisión de bautizarse” (Bruner, 1097).

 

Han de “adoctrinar a todas étnicas.”  La palabra étnica es a menudo traducida como nación, pero judíos griego-hablantes usan esa palabra para referirse a los gentiles.  Antes, Jesús les instruyó a los discípulos, “Por el camino de los Gentiles no iréis, y en ciudad de Samaritanos no entréis” (10:5).  Ahora, Jesús retracta esa prohibición.  Primero, los discípulos obraron entre judíos.  Ahora ampliarán su misión entre el pueblo gentil.

 

En este Evangelio el pueblo gentil toma un papel principal.  La genealogía de Jesús incluye a mujeres gentiles – Ruth y Rahab (1:5).  Los Reyes Magos eran gentiles “del oriente” (2:1).  Dios puede levantar hijos de Abrahán hasta de las piedras (3:9).  Jesús se retira a Galilea de los gentiles (4:15).  Un centurión romano expresa fe que excede toda la que Jesús ha encontrado en Israel, inspirando su comentario “muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham, é Isaac, y Jacob, en el reino de los cielos” (8:10-11).  Jesus salva dos demoníacos en territorio gentil (8:28).  Los gentiles ninivitas condenarán esta generación (12:41).  Jesús premia una mujer cananea por su gran fe (15:28).  “Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, por testimonio á todos los Gentiles” (24:14).  El Hijo del Hombre juzgará las naciones según respondan a la necesidad humana (25:31-46).  Un centurión romano proclama, “Verdaderamente Hijo de Dios era éste” (27:54).

 

Los discípulos oyen la llamada “adoctrinar a todas étnicas,” pero no comprenden lo que implica.  Solo más adelante podrán apreciar su significado por completo.  En los capítulos anteriores de Hechos, aceptarán a los gentiles, pero solo a los judíos prosélitos.  Solo después de mucho debate dramático e intervención de Dios (Hechos 10) empezarán a permitir gentiles a la iglesia.  Pero este tema ya había sido resuelto al escribir este Evangelio.

 

En algunos lugares hoy, cristianos rehúsan la llamada de “adoctrinar a todas étnicas,” prefiriendo no intervenir en culturas y religiones indígenas.  Aunque debemos admitir que a veces nos hemos equivocado en nuestros métodos de difundir el Evangelio, eso no nos libra de la responsabilidad de encontrar la manera correcta de hacerlo.  Dios escoge o no escoge redimir al mundo por medio de Jesucristo.  Si es así, tenemos una responsabilidad urgente de proclamar el Evangelio.  Si no lo hacemos, tenemos poco que ofrecer más allá de simple instrucción moral y compañerismo social.  Si no fuera por la respuesta de la iglesia a la Gran Comisión, poca gente hubiera sentido el poder redentor de Jesucristo.  Su nombre solo sería una pequeña anotación histórica.  Ahora, es nuestra responsabilidad continuar con su obra.

 

Las iglesias que no toman la Gran Comisión en serio desvanecen y mueren.  Discípulos que tampoco la toman en serio no producen hijos espirituales.  ¿Cómo podemos convencerles a nuestros hijos que paguen el precio de ser discípulos si no le adjuntamos ninguna urgencia?  Como dice un personaje de una novela de P.D. James, “La respuesta oficial era que todas religiones tenían igual importancia.  Debo decir que el resultado de esto me dejó con la convicción de que todas eran iguales por su falta de importancia.”

 

En la muy temprana iglesia, el bautizo se hacía en nombre de Jesús (Hechos 2:38; 8:16; 10:48; 19:5; Rom. 6:3; Gal. 3:27).  La formula triádica del bautizo (“en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”) fue adoptada más tarde, y es esa tradición más tardía la que se refleja en el relato de Mateo de la Gran Comisión.  Ser bautizado en el nombre indica una nueva relación, un renacer, una adopción.  Ser bautizado en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo indica que la nueva relación incluye las tres partes de la Trinidad.

 

 

VERSÍCULO 20: YO ESTOY CON VOSOTROS HASTA EL FIN DEL MUNDO

 

20Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado: y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.

 

 

“Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado.”  En este Evangelio, Jesús tuvo un ministerio de enseñanza significante (4:23; 5:2; 7:29; 9:35; 11:1; 13:34; 21:23; 26:65).  Ahora, Jesús recluta a sus discípulos para seguir con ese ministerio.

 

Nuestra responsabilidad no termina con llevar a gente a tomar la decisión de seguir a Cristo.  Debemos continuar con el proceso del discípulo, enseñando a nuevos discípulos lo que Jesús nos enseñó – y demostrando nuestra obediencia a esas enseñanzas.  Mientras vivimos en esta tierra, ninguno de nosotros obedecerá o comprenderá perfectamente, por eso, el requisito de aprender nunca tiene fin.

 

“Enseñar es otra palabra tranquila... Discípulo – no te apresures, trabaja cuidadosamente con ellos, instrúyeles gentilmente” (Bruner, 1102).  En este Evangelio, Jesús comienza su ministerio enseñando (con el Sermón en el Monte) y concluye su ministerio comisionando sus discípulos para que enseñen a todas las naciones.  El énfasis en la enseñanza no es accidental, y marca la importancia que Mateo le da a la enseñanza dentro de la obra del discípulo.

 

No debemos olvidar la importancia de la palabra obedecer.  Nuestra enseñanza debe cumplir más que simplemente transmitir información.  También debemos persuadir a las étnicas que obedezcan a Jesús.  Aquí, la línea se borra entre la enseñanza (donde el énfasis está en la transmisión de información) y el predicar (donde el énfasis está más en persuadir).

 

Ni tampoco debemos olvidar la importancia de la frase, “todas las cosas que os he mandado.”  Jesús no nos permite el lujo de escoger que creer u obedecer.

 

“La obra es asombrosa, y esta ‘Gran Comisión’ le debería parecer ridícula a este pequeño grupo de discípulos.  Al fin y al cabo, solo había once de ellos” (Long, 327).  ¿Cómo sería posible llevar el Evangelio a todo el mundo? ¿Cómo podrían transmitir el amor de Jesús a gentes cuyas lenguas no podían comprender? ¿Cómo podrían llevar la palabra a continentes cuya existencia no podían ni imaginar?  Y aún, por la gracia de Dios, ¡todo eso pasó!

 

¡La obra continúa siendo asombrosa!  El mundo se ha hecho aún más complejo, peligroso, y hostil hacia Cristo.  Hoy, muchos cristianos son víctimas de masacres en números que hacen al Coliseo de Roma parecer pequeño en comparación.  Más cristianos han muerto por causa de persecución en el siglo 20 que en ningún otro, y el siglo 21 promete establecer un nuevo record.   Y aún, el alabar a Cristo continúa creciendo en lugares donde se ha perseguido la mayor parte de un siglo.  No debemos perder la fe, porque Dios nos da el poder necesario para cumplir nuestra obra.

 

“Y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.”  Este Evangelio empieza con las palabras del profeta, “He aquí la virgen concebirá y parirá un hijo, Y llamarás su nombre Emmanuel, que declarado, es: Con nosotros Dios” (1:23).  Termina con la promesa que Jesús estará con nosotros siempre.  “Donde Yahvé estaba anteriormente con su pueblo, Jesús ahora está con el suyo, la iglesia.  Jesús, aunque físicamente no está presente entre ellos, no les ha abandonado.  Está entre ellos, sin ser visto, y les da el poder de cumplir la misión que les ha dado” (Hagner).  “Mateo siempre mira hacia delante al gran día cuando Jesús, que nunca ha abandonado a su gente, estará presente y visible en su gloria celestial y juzgará al mundo y dirá de nuevo ‘Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo’ (25:34)” (Johnson, 625).  “Los discípulos han de obrar con Jesús, no simplemente para él” (Soards).

 

“En el Evangelio de Lucas la última palabra de Jesús habla de separación... En Mateo, al contrario, la última palabra promete la continuada presencia de Jesús” (Hare, 335).  “La iglesia no ‘lo hace sola’ ni posee su propia autoridad.  Su misión y mandamiento siguen derivándose de la presencia de su Señor, a quien toda autoridad ha sido otorgada” (Tiede y Kavanagh, 16).

 

 

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada en http://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html.  Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).  

 

 

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                                        Copyright 2005, 2010, Richard Niell Donovan