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RECURSOS PARA PREDICAR

Por Richard Niell Donovan
Traducción por Emmanuel Vargas Alavez

 

 

 

PASAJE BÍBLICO:   Mateo 23:1-12

 

 

EXÉGESIS:     

 

EL CONTEXTO: CAPÍTULOS 21-25

 

Los capítulos 21 y 22 están llenos con los conflictos entre Jesús y el liderazgo religioso judío, y donde se dirige a estos líderes directamente. El capítulo 21 comienza con la entrada triunfal a Jerusalén el Domingo de Palmas (21:1-11) y rápidamente va a la descripción de la limpieza del templo (21:12-17), un hecho altamente provocativo que enciende el conflicto con los líderes religiosos.

 

En el capítulo 23, Jesús habla a las multitudes y a sus discípulos (v. 1), abordando el fracaso espiritual de los escribas y fariseos (23:1-36). Se lamenta sobre Jerusalén, y predice su próxima destrucción (23:37 - 24:2) que ocurrió en año 70 d.C., varias décadas después del ministerio terrenal de Jesús y una década antes de que Mateo escribiera su Evangelio. La destrucción total de la Ciudad Santa y su templo estaría fresca en la memoria de Mateo al escribir su Evangelio, al igual que los edificios del World Trade Center y del Pentágono están frescos en nuestra memoria hoy día.

 

Los capítulos 24 y 25 son bastante apocalípticos (preocupados con el fin de los tiempos), e incluyen un buen numero de parábolas sobre estar preparados.

 

En este Evangelio, Jesús comienza su ministerio con el Sermón del Monte (caps. 5-7), el segmento más substancial de su enseñanza en las Escrituras. Ahora concluye su ministerio público con este extenso discurso, otro gran segmento de su enseñanza.

 

 

VERSÍCULOS 1-7: NO HAGAIS COMO LOS FARISEOS

 

1Entonces habló Jesús á las gentes y á sus discípulos, 2Diciendo: Sobre la cátedra de Moisés se sentaron los escribas y los Fariseos: 3Así que, todo lo que os dijeren que guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no hagáis conforme á sus obras: porque dicen, y no hacen.  4Porque atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres; mas ni aun con su dedo las quieren mover.  5Antes, todas sus obras hacen para ser mirados de los hombres; porque ensanchan sus filacterias, y extienden los flecos de sus mantos; 6Y aman los primeros asientos en las cenas, y las primeras sillas en las sinagogas; 7Y las salutaciones en las plazas, y ser llamados de los hombres Rabí, Rabí.

 

 

Jesús sigue en el templo al dirigirse a las multitudes y sus discípulos. Su primera declaración nos sorprende: “Sobre la cátedra de Moisés se sentaron los escribas y los Fariseos: 3Así que, todo lo que os dijeren que guardéis, guardadlo y hacedlo” (v. 2).

 

En los dos capítulos previos, Jesús entró en serio conflicto con los escribas y los fariseos cuando les dijo, “De cierto os digo, que los publícanos y las rameras os van delante (escribas y fariseos) al reino de Dios” (21:31). Los fariseos están dedicados a la rectitud personal, pero Jesús le dijo a sus discípulos, “Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos” (5:20), y “Dejadlos; son ciegos guías de ciegos” (15:14) y que “…os dije que os guardaseis de la levadura de los fariseos y saduceos…” (16:11). Ahora, en este pasaje, Jesús les dice a sus discípulos que hagan lo que los escribas y fariseos enseñan. ¿A qué debemos atribuir este comentario tan sorprendentemente positivo?

 

Jesús dice que los escribas y fariseos “Sobre la cátedra de Moisés se sentaron” (v. 2). Moisés, por supuesto, fue el gran dador de la ley, y sentarse en la cátedra de Moisés tal vez sea algo metafórico, y signifique continuar con la obra de Moisés, hablar con la autoridad de Moisés (Morris, 571; Boring 431); o, para el tiempo de Jesús, es posible que la cátedra de Moisés fuera de hecho una silla que se colocaba al frente de la sinagoga. “En cualquier caso, ‘la cátedra de Moisés’ se refería a la autoridad de los maestros cuya interpretación de la tradición proveía un puente de unión con Moisés, el dador de la ley y maestro por excelencia” (Senior, 257).

 

Jesús dice, “Así que, todo lo que os dijeren que guardéis, guardadlo y hacedlo” (v. 3a). A pesar de su fracaso personal, estos escribas y fariseos son mayordomos de un gran tesoro espiritual, y Jesús quiere que sus discípulos aprovechen ese tesoro para ellos mismos. Esto está de acuerdo con la anterior declaración de Jesús “No penséis que he venido para abrogar la ley ó los profetas: no he venido para abrogar, sino á cumplir” (5:17). También está de acuerdo con la ley deuteronómica, que requiere a los judíos consultar con autoridades religiosas por asuntos espirituales difíciles y cuidar de “hacer según todo lo que te manifestaren” (Deuteronomio 17:10).

 

Así que los discípulos de Jesús deben honrar el honorable cargo que estos hombres ocupan y hacer lo que enseñan, siempre y cuando estén de acuerdo con la Torá. Los escribas y fariseos habían extendido la ley poniéndole parches, añadiendo reglas y reglamentos, y Jesús no les dice a sus discípulos que las desechen, como a ellos les gustaría que lo hubiera hecho. La razón podría ser que Jesús está por llegar a un PERO, y que el núcleo de su mandamiento tiene que ver con lo que sigue a ese PERO.

 

“Mas no hagáis conforme á sus obras” (v. 3b). ¡Eso es todo! ¡Es lo que Jesús vino a decir! La enseñanza de los escribas y fariseos puede ser buena, es buena si enseñan sin adornos excesivos; PERO su ejemplo personal es abominable. Dios los ha llamado a una alta posición para que pudieran proveer consejo experto en asuntos espirituales a la gente que tenía que trabajar para vivir, a la gente que no tenía la oportunidad de estudiar la ley día y noche, que frecuentemente eran analfabetas y que no tenían acceso a los preciados rollos incluso si pudieran leer. Dios llamó a estos escribas y fariseos para ser siervos de estas personas, pero ellos han tratado el llamado como si fuera un privilegio más que una vocación, como un honor más que como una manera de servir.

Como resultado de este equivocado entendimiento, los escribas y fariseos cometieron los siguientes tres pecados:

 

1) “dicen, y no hacen” (v. 3c). Cuando se trata de enseñar, nada es tan efectivo como un buen ejemplo y nada tan destructivo como un mal ejemplo. Su conducta personal debe proveer una lección visible: debe mostrar a la comunidad cómo es la conducta apegada a la ley y los beneficios que esto acarrea. Pero estos hombres que enseñan la ley de la Torá fallan para practicar lo que enseñan. Su falta de integridad socava su obra.

 

2) “Atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres; mas ni aun con su dedo las quieren mover” (v. 4). Los escribas y fariseos se creen responsables ante Dios para obligar a los demás a mantener altos niveles de conducta, más que como responsables por la gente para ayudarles a obtener esos altos niveles. Es este “acercarse por el lado equivocado” lo que crea el problema. Observando al rebaño desde su posición superior, lo que sienten es desprecio más que compasión. La distancia que hay entre donde está la gente y donde Dios quiere que estén es tan grande que los escribas y fariseos ven la situación sin esperanza alguna. Sin querer ensuciarse las manos y perder su tiempo, ellos se evaden por el camino fácil. Pasan sus días debatiendo los puntos finos de la ley, y cargan al pueblo con sus hallazgos. Ellos ven esto como si fuera la responsabilidad de la gente sobrellevar la carga resultante, y rehúsan siquiera levantar un dedo para ayudarles.

 

En contraste, Jesús ofrece un yugo fácil, una carga ligera, y descanso para el alma (11:29-30). Esto no significa que Jesús deseche la ley o disculpe a otros por hacerlo, pero sí significa que Jesús, el carpintero, amorosamente talla el yugo para que sea cómodo y se ajuste bien para llevar la carga efectivamente. La diferencia entre un yugo que se hizo sin cuidado, y el que fue cuidadosamente labrado, puede no ser tan evidente para el observador casual, pero es muy evidente para el animal que lo lleva. La compasión de Jesús hace la diferencia.

 

3) “Antes, todas sus obras hacen para ser mirados de los hombres” (v. 5a). Jesús manda a sus discípulos a que “así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras obras buenas, y glorifiquen á vuestro Padre que está en los cielos” (5:16). Los escribas y fariseos son culpables de buscar la gloria para sí mismos y que en realidad le pertenece a Dios. Una vez más “llegan por el lado equivocado”, buscando la gloria personal en vez de buscar dar la gloria a Dios. Ellos aman el gran honor que está asociado con su posición.

 

Este amor al honor se manifiesta de varias maneras. “Ensanchan sus filacterias y extienden los flecos de sus mantos" (v. 5b). Filacterias (también conocidas como tephillin) son cajas de cuero que contienen uno o más rollos inscritos con pasajes de la Escritura de acuerdo con Deuteronomio 11:18, que dice “Pondréis estas mis palabras en vuestro corazón y en vuestra alma, y las ataréis por señal en vuestra mano, y serán por frontales entre vuestros ojos.” Obedeciendo a la ley de la Tora, los escribas y fariseos usaban filacterias en su frente y en su brazo. Las filacterias servían como un constante recordatorio de la ley de Dios, e incluía ciertos pasajes de la ley (Éxodo 13:1-16; Deuteronomio 6:4-9; 11:13-21). Deuteronomio también requiere que los judíos escriban las leyes “en los postes de tu casa, y en tus portadas” (Deuteronomio 11:20); una ley que los judíos practicantes fieles siguen obedeciendo al colocar una Mezuzah conteniendo estas leyes en los postes de sus casas. Tal aditamento identifica un hogar judío y a sus habitantes como fieles practicantes. También sirve como un constante recordatorio de la ley de Dios para los niños y otras personas.

 

Las franjas en los bordes de la vestidura son requeridas por Números 15:37-41 y Deuteronomio 22:12, y la intención es que estas les recuerden los mandamientos al pueblo de Dios. Jesús usó esas franjas en su vestidura (Mateo 9:20; 14:36). Las filacterias y franjas son más o menos como los vitrales o las imágenes: su intención es que la gente, particularmente las personas casi analfabetas, recuerden y entiendan los asuntos espirituales. Debemos tener en mente que no simplemente son una buena idea, sino que son la idea de Dios, puesta en la ley de la Tora.

 

El problema no es que los escribas y fariseos observen estas leyes de la Tora, sino que busquen honor personal por hacerlo. Especialmente usan grandes filacterias y largas franjas para llamar la atención a su escrupulosa práctica.

 

Jesús enseña a sus discípulos una manera completamente diferente de vivir. Les enseña a dar limosna, a orar, y ayunar en secreto (Mateo 6:1-8, 16-18) porque “tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público” (6:18). Y le dice a la gente que busca practicar la piedad para ganar honor público “de otra manera no tendréis merced de vuestro Padre que está en los cielos” (6:1).

 

Los escribas y fariseos también “aman los primeros asientos en las cenas, y las primeras sillas en las sinagogas” (Mateo 23:6). En un banquete formal, los invitados serían puestos en forma de U. “El lugar principal era el que estaba en el centro del triclinium (sillón para tres) que estaba en la cabecera de la mesa, y este sería ocupado por el anfitrión. El invitado de honor compartiría su triclinium, y los otros tomarían su lugar en orden descendente según su importancia” (Morris, 575). Recordamos que la madre de Jacobo y Juan solicitó que sus hijos se sentaran a la derecha e izquierda de Jesús (Mateo 20:21).

 

En la sinagoga, los buenos asientos eran los que estaban cerca del frente, y los mejores asientos eran los que estaban sobre la plataforma y que daban el frente a la congregación. Durante todo el servicio de la sinagoga, los miembros de la congregación veían a las personas en la plataforma, y así se les recordaba continuamente su importancia.

 

Además aman “las salutaciones en las plazas, y ser llamados de los hombres Rabí, Rabí” (Mateo 23:7). La plaza es donde la gente se reunía para encontrarse y saludarse. “La cortesía oriental requería que la extensión y el cuidado del saludo fuera igual o adecuado al honor y estatus de quien se saludaba… Ya que… los maestros de la Tora eran considerados por Israel los miembros más valiosos de la comunidad, los honores que se les debían en el saludo estaban especialmente llenos de calidez” (Bruner, 814). Nosotros pensamos en un Rabí como otra palabra para maestro, y tiene esa connotación. Sin embargo, también significa “el grande” o “amo”, y de esta manera implica superioridad: una persona con buenas conexiones, poderosa, importante.

 

        

VERSÍCULOS 8-10: QUE NO LOS LLAMEN MAESTROS

 

8Mas vosotros, no queráis ser llamados Rabí; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo; y todos vosotros sois hermanos.  9Y vuestro padre no llaméis á nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el cual está en los cielos.  10Ni seáis llamados maestros; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo.

 

 

Hasta aquí, Jesús se ha dirigido a las multitudes y sus discípulos. Ahora revela el propósito de esta extensa condenación de los escribas y fariseos. Los está usando como una lección objetiva –una ilustración de su sermón – sobre los ejemplos negativos. Los discípulos no deben ser como ellos, sino que deben evitar la preocupación por el honor personal.

 

“Mas vosotros, no queráis ser llamados Rabí; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo; y todos vosotros sois hermanos” (griego = adelphoi, hermanos, Mt. 23:8). Como ya se observó antes, la palabra Rabí sugiere una persona superior. Los discípulos de Jesús no deben buscar esa superioridad sobre sus hermanos (y hermanas), sino que deben reconocer su igualdad bajo su maestro.

 

“Y vuestro padre no llaméis á nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el cual está en los cielos” (23:9). Los judíos consideraban a Abraham como su padre (Mateo 3:9; ver también Lucas 16:24, 30 y Juan 8:35), y los cristianos consideramos a los líderes de la iglesia primitiva como padres de la iglesia. Jesús nos llama a recordar que solamente tenemos un Padre espiritual, y ese Padre está en el cielo.

 

Nosotros los protestantes algunas veces chasqueamos la lengua cuando los católicos romanos usan la palabra Padre para referirse a los sacerdotes, pero este versículo debe provocarnos a revisar nuestro propio uso de los títulos honoríficos:

 

• ¿De dónde sacamos la palabra reverendo, que el diccionario define como “digno de reverencia; merecedor de ser reverenciado”? ¿Acaso esa palabra no ofende de la misma manera que Rabí o Padre? ¿Qué hay sobre los varios niveles de Reverendo: Muy Reverendo, Reverendísimo, Reverendo Señor, el Reverendo Doctor?

 

• ¿Puede la palabra Profesor sugerir superioridad e importancia?

 

• ¿Qué hay sobre los capellanes militares, que supuestamente deben ser llamados Capellán, pero que algunas veces disfrutan ser llamados Capitán, o Mayor, o Coronel?

 

• Incluso he escuchado usar la palabra Pastor en un contexto donde implicaba poder y prestigio, más que una función pastoral.

 

• Sucede que una iglesia que conozco y que tipifica mucho más los excesos de que Jesús habla en este pasaje llama a su pastor Hermano. Sin embargo, un hermano de la congregación llevó al pastor y su esposa a la iglesia en un auto Mercedes Benz blanco, y su arribo a la iglesia se veía al revés de una pareja de novios dejando la iglesia. Durante el servicio, seis o siete hombres se sentaron sobre la plataforma viendo a la congregación. Uno o dos participaron en el servicio, pero el resto estaba ahí nada más para que los vieran.

 

• Pocos de nosotros conservamos el corazón puro cuando se trata de recibir honores. Todos nosotros – protestantes, católico romanos, ortodoxos, judíos – tenemos de qué arrepentirnos aquí. Al menos en esto podemos decirle a Dios: “Bueno, ¡todos lo estaban haciendo!”.

 

El movimiento en este relato va de los escribas y fariseos a los primeros discípulos de Jesús, y de ahí a los cristianos del tiempo de Mateo, y hasta llegar a nosotros hoy día. Mientras Jesús esté hablando de los escribas y fariseos, nosotros nos podemos sentar en la orilla y echar porras, sin sentirnos amenazados. Cuando Jesús cambia la conversación a sus discípulos, sin embargo, sentimos que tarde o temprano llegará hasta nosotros. Muy pronto el discurso que empezó como un ejercicio académico se volverá personal, y ya no nos sentimos tan cómodos. En cierto punto, por supuesto, nos damos cuenta de que Jesús está, de hecho, llamándonos a dejar esa vida preocupada con uno mismo y nos jala como un gran imán hacia un discipulado altamente disciplinado que requiere más de lo que queremos dar. Este texto, que empezó en un lugar muy seguro, ahora se da la vuelta para demandar mucho de nosotros. No solamente hemos de evitar buscar títulos honoríficos, sino que hemos prevenir que la gente los use para nosotros (v. 8, 10).

 

Debemos notar que el Nuevo Testamento incluye ciertos títulos eclesiásticos que han continuado siendo válidos. “Palabra fiel: Si alguno apetece obispado, buena obra desea” (1 Tim. 3:1). “Pero en las Epístolas Pastorales un ‘obispo’ simplemente era el término que hoy usamos para pastor; no era para designar a un Ejecutivo eclesiástico” (Bruner, 816). 

 

 

VERSÍCULOS 11-12: EL MAYOR DE VOSOTROS SEA VUESTRO SIERVO

 

11El que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo.  12Porque el que se ensalzare, será humillado; y el que se humillare, será ensalzado.

 

 

Recordamos las palabras de Jesús, “Mas muchos primeros serán postreros, y postreros primeros” (19:30, ver también 20:16). El reino de Dios es un mundo de cabeza – como un espejo donde todo se ve al revés – un reino en que las reglas son lo opuesto de aquellas con las que vivimos día con día. Alguna vez se han imaginado como sería ir al trabajo y encontrarse con que ¡todas las reglas cambiaron! ¡Sería bastante confuso! ¿¡No querrían que alguien les explicara las nuevas reglas para que ustedes pudieran pararse sobre tierra firme una vez más!? Aquí (y en todo este Evangelio) Jesús nos dice las nuevas reglas del reino. Un ejemplo es “El que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo.”  ¡Realmente eso es bastante diferente! Si quieren ser grandes, comiencen por limpiar los zapatos del otro, y hagan las camas de otras personas y alimenten a los hambrientos niños de otros padres. Otro ejemplo es “Porque el que se ensalzare, será humillado; y el que se humillare, será ensalzado.”  Eso, también, es bastante diferente de un mundo que nos dice que, si no hacemos sonar nuestro propio cuerno, nadie lo hará por nosotros.

 

El énfasis de estos versículos es escatológico. En otras palabras, Dios hará realidad este Gran Revés de la historia al final de los tiempos. Sin embargo, es bueno saber que también estas palabras algunas veces son realidad en nuestra experiencia cotidiana. Los supervisores aprecian la competencia quieta, y algunas veces promueven al trabajador callado pero bueno y no a la persona más ostentosa. Algunas veces las personas con una santidad verdadera son reconocidas e incluso canonizadas. ¡Pero solamente algunas veces! La realización completa de esta verdad se llevará a cabo en el reino de Dios y en el tiempo de Dios.  

 

 

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada en http://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html.  Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).  

 

 

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Copyright, 2002, 2010, Richard Niell Donovan