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RECURSOS PARA PREDICAR

Por Richard Niell Donovan
Traducción por Emmanuel Vargas Alavez

 

 

 

PASAJE BÍBLICO:    Mateo 22:15-22

 

 

EXÉGESIS:     

 

CAPÍTULOS 21-23:   EL CONTEXTO

 

Después de su entrada triunfal en Jerusalén (21:1-11), Jesús atacó a quienes protegían sus intereses con la religión. Purificó el templo (21:12-17) y maldijo a la higuera estéril (21: 18-22). Los principales sacerdotes y los ancianos respondieron desafiando su autoridad (21:23-27), y él a su vez les respondió con una serie de parábolas que continuaron con su ataque (21:28-32; 21:33-46; 22:1-14). Después de las dos parábolas, “entendieron que hablaba de ellos.  Y buscando cómo echarle mano, temieron al pueblo… (21:45-46).

 

Ahora vuelven a atacar, comenzando en 21:23-27. Su objetivo es destruir la influencia de Jesús, ya sea desacreditándolo ante las multitudes o tratando de que diera un paso en falso para meterlo en problemas con los romanos. Nuestro pasaje del evangelio para hoy aborda una de las cuatro preguntas con que los líderes judíos intentan desacreditar a Jesús.  

 

• 22:15-22.  ¿Está permitido dar tributo a César?

• 22:23-33.  ¿De cuál de los siete será ella mujer?

• 22:34-40.  ¿Cuál es el gran mandamiento?

• 22:41-46.  ¿De quién es hijo el Cristo?

 

Jesús continuará su ataque en el capítulo 23 con su larga denuncia sobre los escribas y fariseos (23:1-36).

 

Los cristianos frecuentemente han recurrido a 22:1-14 para intentar contestar preguntas sobre las relaciones entre la iglesia y el estado. Aunque es instructiva porque nos ayuda a sentar prioridades, su principal énfasis tiene que ver con el conflicto de Jesús con aquellos que reclaman cierta autoridad religiosa pero que no obedecen a Dios, es decir, la gente que él identifica como hipócritas (22:18).

 

 

VERSÍCULOS  15-17: ¿ES LÍCITO DAR TRIBUTO A CÉSAR?

 

15Entonces, idos los Fariseos, consultaron cómo le tomarían en alguna palabra.  16Y envían á él los discípulos de ellos, con los Herodianos, diciendo: Maestro, sabemos que eres amador de la verdad, y que enseñas con verdad el camino de Dios, y que no te curas de nadie, porque no tienes acepción de persona de hombres.  17Dinos pues, ¿qué te parece? ¿Es lícito dar tributo á César, ó no?

 

 

Los fariseos se confabulan para hacer caer a Jesús en una trampa, como lo hicieron en 12:14. Se han dado cuenta que Jesús es un formidable oponente, y quieren evitar que su confrontación falle. Podemos imaginarlos formulando, refinando y descartando diferentes preguntas hasta que encuentran una con la que se sienten muy confiados. Tal vez incluso hasta practicaron haciéndose preguntas entre ellos hasta que encontraron una para la que no tuvieron respuesta.

 

Los fariseos mandaron a sus discípulos para hacerle la pregunta a Jesús. Si estos discípulos –principiantes pudieran sacar lo mejor de Jesús, su posición de principiantes mejoraría bastante con su victoria. Si fallaran en tratar de sacar lo mejor de Jesús – que no sucedería porque tenían una excelente pregunta – los fariseos no serían avergonzados personalmente. Es un movimiento táctico por parte de los fariseos, pero un poco cobarde.

 

Sabemos poco sobre los herodianos. Solamente son mencionados aquí y en Marcos 3:6 y 12:13, y en ninguna otra parte en la literatura secular. Su nombre implica que apoyan al rey Herodes y refleja su alianza con los romanos. Eso los pone en conflicto con los fariseos, cuya relación con Herodes no es buena y con quienes comparten el resentimiento general en contra del tributo. Sin embargo, los fariseos y herodianos se unen, en ese momento, por su oposición a Jesús.

 

La pregunta sobre el tributo es sobre el principal impuesto que se le impuso a Judea cuando ésta se convirtió en una provincia romana en el año 6 a.C. Ese impuesto generaba más oposición que los impuestos de aduana, en parte porque la gente que pagaba el impuesto de aduana veía un beneficio tangible, es decir, les permitía transportar y recibir mercancías. Pero no había un beneficio visible igual que se asociara con el tributo, en particular porque este simplemente desaparecía en los cofres del emperador.

 

Pero el problema más grande era que el tributo tenía que ser pagado con monedas de un denario, que llevaban la imagen de César y una inscripción que decía “Tiberio César, Augusto hijo del divino Augusto, supremo sacerdote”. Los judíos consideraban la imagen una idolatría y la inscripción una blasfemia, así que el asunto tenía una base religiosa bastante importante. Aún así, el denario era de uso común entre los judíos, y solamente evitada por los zelotas. Jesús se refiere a éste como el salario de un día (20:2). Como veremos, cuando Jesús pide una moneda con la imagen del emperador (22:19), el denario está fácilmente disponible y es usado de manera común incluso por personas que eran religiosamente escrupulosas.

 

En la última parte del primer siglo cuando Mateo escribió este evangelio, los fariseos constituían el liderato dominante entre los judíos. “El asunto de los debates entre ellos y Jesús se pueden transferir directamente a la iglesia en su debate con la sinagoga” (Craddock, 482). También para ese tiempo, Mateo podía recordar la desastrosa rebelión del año 70 d.C. que había sido inspirada, en gran medida, por el impuesto para el César. Los romanos respondieron a esa rebelión destruyendo el templo, Jerusalén, y a la mayor parte de los habitantes de la ciudad.

 

Quienes le hacen la pregunta a Jesús comienzan halagándolo. “Maestro, sabemos que eres amador de la verdad, y que enseñas con verdad el camino de Dios, y que no te curas de nadie, porque no tienes acepción de persona de hombres.”  “Esta declaración significa que Jesús es verdadero en su ser; que se puede confiar en él para decir lo que es correcto, y que no manipulará su declaración para ajustarse a lo que a otras personas les gustaría escuchar” (Morris, 555). Su halago es irónico. “Los oponentes de Jesús dicen algo cierto sin darse cuenta. Todavía más, esas palabras sirven para distinguir a Jesús de sus adversarios, porque a diferencia de él, ellos no son sinceros, sino ‘hipócritas’ (v. 18)” (Allison, 130).

 

Los enemigos de Jesús intentan halagarlo tanto para desarmar a Jesús como a la multitud que estaba escuchando. Nadie podría acusarlos de atacar a Jesús. Son respetuosos y propios, y parecen estar buscando consejo de una autoridad competente en un asunto problemático. Su pregunta deja claro que es una cuestión religiosa. “¿Es lícito?”, en otras palabras, ¿está de acuerdo con la Torá? Después de ser presentado como un gran maestro religioso, Jesús se encuentra bajo gran presión para contestar esta simple pregunta religiosa.

 

"¿Es lícito dar (griego = doumai, dar) tributo á César, ó no?” (v. 17). Al usar doumai se le quita su fuerza a la obligación legal de pagar el tributo y hace que suene como si se les estuviera pidiendo hacer una donación cuestionable.

 

El problema para Jesús, por supuesto, es que la pregunta permite solamente una respuesta de sí o no; respuestas que no son adecuadas para ningún asunto complejo. Si Jesús responde que el tributo es legal, la gente que odia el impuesto y la moneda se alejaría de él. Si responde que los impuestos no son legales, los romanos lo arrestarían por sedición. De una u otra manera, los fariseos y los herodianos ganarían.  

 

 

VERSÍCULOS  18-22: ¿CUYA ES ESTA FIGURA?

 

18Mas Jesús, entendida la malicia de ellos, les dice: ¿Por qué me tentáis, hipócritas? 19Mostradme la moneda del tributo. Y ellos le presentaron un denario.  20Entonces les dice: ¿Cuya es esta figura, y lo que está encima escrito? 21Dícenle: De César. Y díceles: Pagad pues á César lo que es de César, y á Dios lo que es de Dios.  22Y oyendo esto, se maravillaron, y dejándole se fueron.

 

 

El versículo 18 es interesante. “Mas Jesús, entendida la malicia de ellos, les dice: '¿Por qué me tentáis, hipócritas?’” La palabra traducida como malicia (griego = ponerian), también puede traducirse maldad (ver 6:13). La palabra traducida como tentáis (griego = ponerian) también puede comprobarse viendo 4:1. Jesús re-encuadra el diálogo, que en la superficie parecer ser el común de dar-y-tomar del discurso rabínico. Lo cierto es que esto no se parece en nada a eso, sino que es otra situación de tentar/probar de los agentes de Satanás (ver 4:1-11). Su propósito no es descubrir la verdad sino destruir a Jesús.

 

“Mostradme la moneda del tributo.”  La Torá prohíbe las imágenes. Los fariseos y herodianos están cuestionando a Jesús dentro del recinto del templo – suelo sagrado – y aún así sacan la ofensiva moneda, probablemente de sus propios bolsillos. Ese hecho los expone “a ellos, no a Jesús, como un grupo de engañosos e hipócritas oportunistas. Ellos son los que andan cargando por todos lados el dinero del César, no Jesús; ellos son los que llevan la imagen del emperador en sus bolsas; ellos son los que se han entregado al sistema pagano” (Long, 251).

 

Jesús pregunta, “¿Cuya es esta figura (griego = eikon, icono, imagen) y lo que está encima escrito?” La moneda, por supuesto, lleva la eikon del César y pertenece al César. Los discípulos de los fariseos contestan “De César”, “el genitivo de posesión,… indicando que el dueño es César, algo que Jesús enfatizará. Su respuesta contesta su pregunta a medias: ellos poseen en esa moneda la posesión de otro. ¿Es malo regresar una propiedad a su dueño?” (Bruner, 783). La moneda es un instrumento del gobierno del César – bajo el control del César – su valor ha sido establecido por el César. Está disponible para su uso solamente porque el César ha ordenado su acuñación y su distribución. Es una parte integral del reino del César.

 

"Dad (griego = apodote, regresar), pues, a César lo que es de César" (v. 21).  Apodate, regresar (v. 21) está relacionado con doumai, dar (v. 17), pero “regresar” llama la atención al hecho de que la moneda viene del César. La moneda lleva la eikon del César y es parte de su reino, así que es apropiado regresar esa moneda al César. Como ciudadanos (o incluso súbditos, pues los judíos, en su mayoría, no eran ciudadanos romanos), tenemos una obligación con el estado: obedecer sus leyes y pagar los impuestos (ver Romanos 13:1-2). “Nadie debería pensar que le está dando un servicio menor a Dios cuando obedece las leyes humanas, paga sus impuestos, o inclina su cabeza para aceptar cuando cualquier otra carga” (Calvino, III, 26, citado en Morris, 557). La excepción es la situación donde las leyes humanas entran en conflicto con la ley de Dios, en cuyo caso tenemos que obedecer a Dios.

 

“y (dad) (griego = apodote, regresar) á Dios lo que es de Dios” (v. 21). Hemos sido creados en la eikon de Dios (Génesis 1:26-27) – llevamos la imagen de Dios – porque fuimos creados por la Palabra de Dios y somos una parte integral del reino de Dios.

 

Jesús no divide el mundo en dos reinos iguales, claramente definiendo nuestras obligaciones para el César y nuestras obligaciones para Dios. Más bien su respuesta reconoce nuestra obligación  como ciudadanos del estado, pero afirma que nuestra obligación mayor como seres humanos es para con Dios. Las monedas con la imagen del César pueden pertenecer al César, pero todas las cosas (monedas, César, Roma, el planeta tierra, el universo) provienen de la mente de Dios y están bajo el dominio de Dios. El reino del César no es sino una partícula dentro del reino de Dios. Los días del reino del César están contados, pero el reino de Dios es eterno.     

 

Este entendimiento del dominio total de Dios está detrás del entendimiento judío de su relación con Roma. “En el pensamiento religioso judío, los reyes extranjeros tenían poder sobre Israel con el permiso de Dios. El tributo se podía pagar al César porque era la voluntad de Dios que César gobernara. Cuando Dios decidiera liberar a su pueblo, el poder del César no le serviría para nada” (Hare, 254).

 

La respuesta de Jesús maravilla a sus interrogadores. Recordaron cuánta energía y tiempo habían dedicado a tender una trampa de la cual Jesús – según ellos – no podría escapar. Recordaron qué tan cuidadosamente construyeron la pregunta. Recordaron que incluso practicaron sobre la manera en que podían llevar a Jesús cada vez más y más a un terreno peligroso. Su pregunta representaba el mejor esfuerzo de las mejores de sus mentes. Estaba bastante bien diseñada y sin fallas. Ahora ven que Jesús, sin tiempo para prepararse previamente, se escapa sin mucho esfuerzo de la trampa. No es una sorpresa que se maravillaran. Así que se fueron, porque ya no tenían nada que hacer, excepto lamer sus heridas y prepararse para el próximo encuentro. 

 

 

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada en http://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html.  Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).  

 

 

BIBLIOGRAFÍA:

 

Allison, Dale C. in Van Harn, Roger (ed.), The Lectionary Commentary:  Theological Exegesis for Sunday's Text.  The Third Readings:  The Gospels  (Grand Rapids:  Eerdmans, 2001)

 

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Bergant, Dianne with Fragomeni, Richard, Preaching the New Lectionary, Year A (Collegeville:  The Liturgical Press, 2001)

 

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Brueggemann, Walter;  Cousar, Charles B.;  Gaventa, Beverly R.; and Newsome, James D., Texts for Preaching:  A Lectionary Commentary Based on the NRSV -- Year A (Louisville:  Westminster John Knox Press, 1995)

 

Bruner, Frederick Dale,  Matthew:  Volume 2, The Churchbook, Matthew 13-28 (Dallas:  Word, 1990)

 

Craddock, Fred B.;  Hayes, John H.;  Holladay, Carl R.;  Tucker, Gene M., Preaching Through the Christian Year, A (Valley Forge:  Trinity Press International, 1992)

 

Hare, Douglas R. A., Interpretation:  Matthew (Louisville:  John Knox Press, 1993)

 

Johnson, Sherman E. and Buttrick, George A., The Interpreter's Bible, Vol. 7 (Nashville:  Abingdon, 1951)

 

Long, Thomas G., Westminster Bible Companion:  Matthew (Louisville:  Westminster John Knox Press, 1997)

 

Morris, Leon, The Gospel According to Matthew (Grand Rapids, Eerdmans, 1992)

 

Senior, Donald, Abingdon New Testament Commentaries: Matthew (Nashville: Abingdon Press, 1998)

 

Soards, Marion; Dozeman, Thomas; McCabe, Kendall, Preaching the Revised Common Lectionary, Year A (Nashville: Abingdon Press, 1993)

 

Thayer, Joseph Henry, A Greek-English Lexicon of the New Testament (NY: American Book Company, 1889)

 

 

Copyright, 2002, 2010, Richard Niell Donovan