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RECURSOS PARA PREDICAR

Por Richard Niell Donovan
Traducción por Emmanuel Vargas Alavez

 

 

PASAJE BÍBLICO:   Mateo 22:1-14

 

 

EXÉGESIS:     

 

VERSÍCULOS  21:23-22:14:   EL CONTEXTO

 

Esta sección de controversias comienza cuando el sumo sacerdote y los ancianos le preguntan a Jesús “¿Con qué autoridad haces esto?” y Jesús responde “El bautismo de Juan, ¿de dónde era? ¿Del cielo, ó de los hombres?” Cuando sus críticos rehúsan contestarle, Jesús también rehúsa contestarles a ellos. Entonces responde con tres (o cuatro, dependiendo de cómo lean 22:1-14) parábolas de juicio:

 

• La parábola de los dos hijos (21:28-32)

• La parábola de los labradores malvados (21:33-46)

• La parábola de la fiesta de bodas (22:1-10)

• La parábola del vestido de bodas (22:11-14).

 

 

VERSÍCULOS  1-14: LAS PARÁBOLAS DE LA BODA

 

Este pasaje incluye un par de parábolas (1-10 y 11-14). Frecuentemente se les trata como una sola parábola, porque el ambiente para ambas es el mismo banquete de bodas, pero tienen énfasis diferentes. Ambas son alegorías: es decir, historias en que varios elementos (gente, cosas, acontecimientos) tienen un significado simbólico o escondido. “Como es verdad para la mayoría de las alegorías, la historia pierde su cualidad de vida cotidiana para poder hacer evidente su énfasis; por ejemplo, las tropas ejecutan a los invitados y queman la ciudad mientras un gran banquete está aguardando” (Craddock, 474).

 

 

VERSÍCULOS  1-10:   LA PARÁBOLA DEL BANQUETE DE BODAS

 

1Y respondiendo Jesús, les volvió á hablar en parábolas, diciendo: 2El reino de los cielos es semejante á un hombre rey, que hizo bodas á su hijo; 3Y envió sus siervos para que llamasen los llamados á las bodas; mas no quisieron venir.  4Volvió á enviar otros siervos, diciendo: Decid á los llamados: He aquí, mi comida he aparejado; mis toros y animales engordados son muertos, y todo está prevenido: venid á las bodas.  5Mas ellos no se cuidaron, y se fueron, uno á su labranza, y otro á sus negocios; 6Y otros, tomando á sus siervos, los afrentaron y los mataron.  7Y el rey, oyendo esto, se enojó; y enviando sus ejércitos, destruyó á aquellos homicidas, y puso fuego á su ciudad.  8Entonces dice á sus siervos: Las bodas á la verdad están aparejadas; mas los que eran llamados no eran dignos.  9Id pues á las salidas de los caminos, y llamad á las bodas á cuantos hallareis.  10Y saliendo los siervos por los caminos, juntaron á todos los que hallaron, juntamente malos y buenos: y las bodas fueron llenas de convidados.

 

 

El código para entender esta alegoría es el siguiente:

 

• El rey es Dios.

• El hijo (v. 2) es Jesús

• Los invitados (v. 3) son el pueblo judío.

• Los primeros siervos (v. 3) son los profetas hebreos.

• El segundo y tercer grupo de siervos (vv. 4, 8) son los misioneros cristianos.

• La ciudad incendiada (v. 7) es Jerusalén.

• Los “malos y buenos” (v. 10) constituye a la congregación mixta de la iglesia.

 

Existen varios paralelismos entre esta parábola y la de los Labradores Malvados (21:33-41), que la precede. En ambas parábolas, la figura-Dios (dueño/rey) provee algo maravilloso (una gran viña/un banquete de fiesta). Entonces manda a sus siervos para que lleven un mensaje (paguen los frutos/vengan a la fiesta), y la gente (labradores/invitados) maltratan y matan a los siervos (profetas judíos/evangelistas cristianos). La figura-Dios persiste y manda a otros siervos, a quienes la gente maltrata. La figura-Dios entonces castiga a los beneficiarios originales y transfiere el beneficio (viña/banquete) a otros. El hijo de la figura-Dios está involucrado en ambas parábolas, aunque de diferente manera.

 

La versión de Lucas de esta historia (14:15-24) “es más directa, limpia, sin los violentos y complicados rasgos que caracterizan la narración alegórica de Mateo” (Brueggemann, 522).

 

Esta es obviamente más que una historia sobre un rey y un banquete. Es la historia de la historia de la salvación en que Dios manda a sus profetas y evangelistas cristianos con las Buenas Nuevas, que algunos rechazan y otros aceptan.

 

El “ellos” a quienes está dirigida esta parábola (v. 1) son los principales sacerdotes y los fariseos (21:45). El banquete de bodas (v. 2) es el banquete mesiánico.

 

En esta parábola, un rey “envió sus siervos para que llamasen los llamados á las bodas” para su hijo (v. 3). De acuerdo con las costumbres de aquel tiempo –porque los relojes no estaban disponibles y la preparación del banquete se llevaba mucho tiempo—las invitaciones para tales eventos se enviaban con mucho tiempo de anticipación. Una vez que el banquete estaba listo, el anfitrión mandaba la noticia (al igual que nuestra costumbre de hacer una cita médica con tiempo y recibir un recordatorio un día antes).

 

Los invitados “no quisieron venir” (v. 3). No ofrecieron excusas, sino que simplemente rechazaron el honor de la invitación. Una cosa era aceptar la invitación para una cena que se llevaría a cabo en una ocasión en el futuro, es decir, aceptar la invitación en principio. Tal aceptación no era un inconveniente para ellos de ninguna manera, y era un honor ser invitado. Pero era algo completamente diferente ahora que era tiempo de dejar lo que estaban haciendo, cambiarse de ropa, e ir al banquete. Ahora que la invitación llama a la acción, lo único que veían era la incomodidad de ello.

De igual manera, la llamada de Cristo, con detalles específicos, puede ser muy inconveniente. Como los invitados de la parábola, encontramos fácil aceptar a Cristo en principio, y, como ellos, encontramos menos fácil aceptar los detalles específicos: la llamada de Cristo a servir en la junta de administradores de la iglesia, o a enseñar en la Escuela Dominical, o a abstenerse sexualmente hasta el matrimonio, o a invitar a un compañero o compañera de trabajo a la iglesia, o a dar el diezmo. El lugar donde “la llanta toca el asfalto” puede ser bastante áspero. Estamos dolorosamente tentados a reservar nuestro discipulado para las partes de la vida que no requieren que cambiemos, que no nos fuerzan a salir fuera de nuestra zona de comodidad.

 

“Rehusar la invitación de un rey, especialmente en grupo y así sugiriendo una conspiración, es equivalente a rebelión” (Boring, 417).

 

El rey “volvió á enviar otros siervos,” que rogaron a los invitados con las mejores palabras que asistieran al banquete (v. 4). A estas alturas, como es típico con las alegorías, la distancia entre la historia y la vida real se hace más grande. Un rey de la vida real no trataría de persuadir a nadie para asistir a su banquete, sino que castigaría a quienes se rehusaran a ir. La razón para esta distancia entre la historia y la vida real es simple: servimos a un Dios cuya gracia va más allá de nuestra experiencia ordinaria, así que esta historia también debe ir más allá de nuestra experiencia ordinaria.

 

En esta ocasión los invitados “no se cuidaron” se fueron a sus tareas cotidianas, “uno á su labranza, y otro á sus negocios” (v. 5). Las cosas que los distrajeron eran buenas, no malas. El problema no era la borrachera, o andar con rameras, sino las vocaciones a las que Dios les había llamado. La tentación frecuentemente viene vestida muy honestamente. Tenemos que trabajar, hacer mandados, cuidar a los niños, limpiar la casa, cocinar y lavar los platos, pagar las cuentas, cortar la hierba, reparar una gotera. ¿Dónde podemos encontrar espacio para Dios en nuestra “lista de quehaceres”? Tal vez tengamos tiempo para Dios después de que hayamos reparado la gotera. Tal vez hay espacio para Dios al final de la lista, tal vez simplemente tengamos que hacer una nota mental de que Dios es importante, también, y tengamos que “anotarlo” en nuestra próxima lista de quehaceres. O, tal vez, solamente esperemos una ocasión cuando tengamos todo el tiempo necesario, un estado ideal que solamente algunas personas privilegiadas tienen: los prisioneros, los que están en casas de retiro y lugares semejantes.

 

Los invitados maltrataron y mataron a los siervos del rey. El rey manda a sus tropas a matar a los ofensores y a quemar su ciudad (v. 7), y proclama como indignos a los invitados originales (v. 8). Mateo está escribiendo esto después de la destrucción de Jerusalén en el año 70 d. C., y deja claro que esta destrucción es el juicio de Dios sobre el pueblo que ha rechazado la invitación al banquete escatológico. “La religión convencional de los fariseos y la carnalidad de los saduceos (no era) inofensiva (Buttrick, 515).

 

El rey envió a un tercer grupo de siervos para “llamad á las bodas á cuantos hallareis” (v. 9). Los siervos juntaron a todos los que hallaron “juntamente malos y buenos: y las bodas fueron llenas de convidados” (v. 10). Los “malos y buenos” reflejan a la iglesia del tiempo de Mateo, que estaba luchando con el problema de cristianos que habían fallado en su vida individual para exhibir la evidencia de su relación con Cristo. El problema de los pecadores en la iglesia también se refleja en este Evangelio en la parábola de la Cizaña (13:24-30, 36-43) y la parábola de la Red (13:47-50). La preocupación de Mateo por las vidas cristianas fieles también se refleja en las palabras que recoge cuando Jesús dice:

 

“Porque os digo, que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y de los Fariseos, no entraréis en el reino de los cielos” (5:20). 

 

“No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos: mas el que hiciere la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (7:21). 

 

“Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado á gente que haga los frutos de él” (21:43).

 

“Jesús usa la parábola para (explicar) por qué fue a los pecadores y a la gente impía” (Johnson, 515). Esto sería importante para la iglesia de Mateo, que seguía estando constituida principalmente por judíos, pero que tenía una creciente membresía gentil.

 

Los pecadores e impíos no eran bienvenidos en las sinagogas. De hecho, la gente con problemas mentales o físicos eran excluidos (Bruner, 776). La iglesia encontró una audiencia muy dispuesta entre aquellos que no eran bien recibidos en todos los otros lugares. El resultado fue que muchos miembros de las iglesias eran todos aquellos a quienes se les consideraba indeseables en los círculos sociales “bonitos”. En muchos casos, estas personas eran rudas o poco refinadas. En otros casos, su conducta estaba completamente lejos de parecerse a la de Jesús. Mateo estaba bastante preocupado por la presencia de estos “pecadores” en la iglesia, un hecho que se refleja en varios lugares en este evangelio.

 

Esta parábola resume en forma de historia la relación de Dios con el pueblo judío y la iglesia. Nos recuerda que Dios nos invita a una celebración gozosa, y que perderemos el gozo si rechazamos esa invitación. Reconoce que tanto buenos como malos llenan las listas de la iglesia. También incluye una advertencia. Dios juzgó muy duro a quienes rechazaron la invitación. Podemos asumir que Dios actuará de forma similar si nosotros rechazamos la invitación al verdadero discipulado ahora.    

 

 

VERSÍCULOS  11-14: LA PARÁBOLA DEL VESTIDO DE BODAS

 

11Y entró el rey para ver los convidados, y vio allí un hombre no vestido de boda.  12Y le dijo: Amigo, ¿cómo entraste aquí no teniendo vestido de boda? Mas él cerró la boca.  13Entonces el rey dijo á los que servían: Atado de pies y de manos tomadle, y echadle en las tinieblas de afuera: allí será el lloro y el crujir de dientes.  14Porque muchos son llamados, y pocos escogidos.

 

 

“Aquellos que tienden a bañarse en la gracia, que cortan a la santificación de la justificación, pueden sorprenderse por la pregunta del rey ‘Amigo, ¿cómo entraste aquí, sin estar vestido de boda?’ (Craddock, 475). ¡De seguro que Dios no implementará un código de vestir!

 

¿Por qué el anfitrión castiga tan severamente al invitado cuya única falla fue no estar vestido de boda? ¿Acaso este hombre tenía un traje para la boda? ¿Habrá tenido tiempo para ir y cambiarse? ¿Acaso el anfitrión proveía vestidos de boda para sus invitados? Si este hombre ha rehusado vestirse adecuadamente, ¿por qué no simplemente pedirle que se retire? ¿Por qué echarlo a las tinieblas de fuera? Una vez más, esta parábola solamente tiene sentido si entendemos que la alegoría típica exagera las cosas para lograr su objetivo.

 

En este evangelio, Jesús usa la palabra amigo tres veces (20:13; 22:12; 26:50), y en cada ocasión tiene un giro irónico. En una de las tres ocasiones Jesús la usa para dirigirse a un verdadero amigo.

 

La clave para entender esta alegoría es el símbolo del vestido de boda, que Jesús no explica. San Agustín pensó que era la caridad de 1 Corintios 13; Martín Lutero pensó que era la fe; Calvino que eran las buenas obras (Bruner, 777). Es útil ver la figura del vestido de boda en el contexto del resto del Evangelio, donde Jesús nos advierte que nuestra rectitud debe exceder a la de escribas y fariseos (5:20); que no cualquiera que dice “Señor, Señor”, entrará al reino de los cielos, sino solamente los que hacen la voluntad del Padre que está en los cielos (7:21); y que el reino de los cielos les será quitado a quienes no lleven fruto y se les dará a quienes sí lo lleven (21:43). El contexto de Mateo también incluye la parábola del trigo y la cizaña y la parábola de la red, donde cada una trata el asunto de la gente pecadora en la iglesia.

 

El asunto parece ser, entonces, la santificación: crecimiento en la santidad por el poder del Espíritu Santo, la rectitud, la vida del discipulado. “Como las otras metáforas sobre la ropa en el Nuevo Testamento, este vestido representa ponerse el vestido bautismal de Cristo (ver Gálatas 3:27), estar vestido del nuevo hombre creado según Dios (Efesios 4:24; Colosenses 3:10), vestirse con la compasión, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia de quien pertenece al reino (Colosenses 3:12)” (Long, 247). “La puerta… no está abierta como para que el pecador pueda entrar y permanecer siendo pecador, sino para que el pecador pueda y se convierta en santo” (Barclay, 298).

 

Un pequeño par de puntos, tal vez fuera de lugar, y sin embargo dignos de mencionar:

 

• El vestido de boda no tiene nada que ver con el tipo de ropa, lujosa o no, que usamos para ir a la iglesia. Tiene que ver con ser vestidos en la rectitud de Cristo. Debido a que algunas personas se sienten intimidadas por la ropa formal, debemos ser cuidadosos de no dar la impresión de que tal ropa se requiere para ir al culto.

 

• Pero puede ser que, en nuestra súper-informal cultura, hemos errado en el otro lado. Hemos perdidos nuestro sentido de asombro ante la presencia de Dios, y esta parábola nos llama a recuperarlo. Dios no es simplemente otra persona que se pone los pantalones una pierna a la vez, sino que es el rey de toda la creación. Haríamos bien en recuperar un sentido de la majestad de Dios y del gran privilegio que tenemos de estar en la presencia de Dios. Es apropiado honrar a Dios con nuestro mejor comportamiento, y nuestra mejor voz, y nuestra mejor actitud, y nuesta mejor ropa, y cualquier otra cosa que nos ayude a recobrar nuestro sentido de asombro al estar en la presencia de Dios; cualquier cosa que nos ayude a honrar a Dios.

 

“Porque muchos son llamados (griego = kletoi), y pocos escogidos” (griego = ekletoi) (v. 14). Note el ritmo en el griego que se pierde en la traducción en español. “Ekletoi…tiene exactamente el sentido opuesto en Mateo del que tiene en Pablo, donde principalmente se usa para asegurar la salvación… ‘Mientras que Pablo instruye a los cristianos a vivir de una manera que sea ‘digna’ de aquellos que son ekletoi, Mateo les manda vivir de una manera que les asegure que al final estarán entre los ekletoi’” (Bruner, citando a Mohrlang, 778-779).

 

“El dicho adjunto, ‘Porque muchos son llamados, y pocos escogidos’, no debe ser tomado como una predicción de la proporción de los salvos que serán condenados. Su función no es asustar a los cristianos con la idea de que las estadísticas están en contra de ellos, sino alentar vigorosos esfuerzos para vivir la vida cristiana” (Hare, 252). “Claramente Mateo no considera a la comunidad cristiana total como remplazando automáticamente a Israel como pueblo de Dios, porque tanto para Israel y la comunidad cristiano-judía el criterio para el auténtico discipulado permanece siendo el mismo” (Senior, 246).         

 

 

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada en http://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html.  Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).  

 

 

BIBLIOGRAFÍA:

 

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Bergant, Dianne with Fragomeni, Richard, Preaching the New Lectionary, Year A (Collegeville:  The Liturgical Press, 2001)

 

Boring, M. Eugene, The New Interpreter's Bible, Vol. VIII (Nashville:  Abingdon, 1995)

 

Brueggemann, Walter;  Cousar, Charles B.;  Gaventa, Beverly R.; and Newsome, James D., Texts for Preaching:  A Lectionary Commentary Based on the NRSV -- Year A (Louisville:  Westminster John Knox Press, 1995)

 

Bruner, Frederick Dale,  Matthew:  Volume 2, The Churchbook, Matthew 13-28 (Dallas:  Word, 1990)

 

Craddock, Fred B.;  Hayes, John H.;  Holladay, Carl R.;  Tucker, Gene M., Preaching Through the Christian Year, A (Valley Forge:  Trinity Press International, 1992)

 

Hare, Douglas R. A., Interpretation:  Matthew (Louisville:  John Knox Press, 1993)

 

Johnson, Sherman E. and Buttrick, George A., The Interpreter's Bible, Vol. 7 (Nashville:  Abingdon, 1951)

 

Klein, Leonard R. in Van Harn, Roger (ed.), The Lectionary Commentary:  Theological Exegesis for Sunday's Text.  The Third Readings:  The Gospels  (Grand Rapids:  Eerdmans, 2001)

 

Long, Thomas G., Westminster Bible Companion:  Matthew (Louisville:  Westminster John Knox Press, 1997)

Morris, Leon, The Gospel According to Matthew (Grand Rapids, Eerdmans, 1992)

 

Senior, Donald, Abingdon New Testament Commentaries: Matthew (Nashville: Abingdon Press, 1998)

Soards, Marion; Dozeman, Thomas; McCabe, Kendall, Preaching the Revised Common Lectionary, Year A (Nashville: Abingdon Press, 1993)

 

Thayer, Joseph Henry, A Greek-English Lexicon of the New Testament (NY: American Book Company, 1889)

 

Copyright, 2002, 2010, Richard Niell Donovan