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RECURSOS PARA PREDICAR

Por Richard Niell Donovan
Traducción por r Emmanuel Vargas Alavez

 

 

PASAJE BÍBLICO:   Mateo 18:21-35

 

 

EXÉGESIS:     

 

CAPÍTULO 18: EL CONTEXTO

 

Este es un texto difícil porque demanda demasiado. Nos ayudará ver el texto en su contexto, que lo suaviza un poco… pero solamente un poco.

 

El capitulo comienza con los discípulos preguntando quién es el mayor en el reino de los cielos (versículos 1-6). Jesús pone a un niño en medio de ellos y les dice: “Cualquiera que se humillare como este niño, éste es el mayor en el reino de los cielos.”  Jesús continúa y les dice que sería mejor para nosotros ahogarnos en la profundidad del mar que hacer tropezar  a uno de esos pequeñitos. Jesús está realmente preocupado por las personas más vulnerables, y nos llama para que compartamos su preocupación.

 

Jesús continúa con la parábola de la oveja perdida (versículos 10-14). El Gran Pastor no está contento con tener noventa y nueve ovejas seguras, sino que arriesga todo para salvar a la oveja perdida. A los ojos del Gran Pastor cada oveja es importante, ninguna está de más. Jesús nos llama a encarnar este mismo sentido de compromiso por la oveja que está fuera del redil.

 

Después Jesús ofrece una guía detallada con respecto a cómo solucionar los conflictos en la iglesia (versículos 15-20). El objetivo es la reconciliación, y nuestra obligación es ir hacia la reconciliación incluso con el gran costo de tiempo y energía que esto requiere. La pena es severa para aquellos que rehúsan responder al proceso de reconciliación, pero el proceso no está diseñado para castigar, sino para abrir los ojos a los ofensores a la seriedad de su ofensa; y a traerlo o traerla otra vez al redil.

 

El elemento común en estas porciones del capítulo 18, es que estas nos llaman a deshacernos de la calculadora cuando se trata de relaciones interpersonales.

 

• Ningún cuidado es demasiado grande cuando se trata de los más pequeños, de los vulnerables. No solamente debemos evitar hacerlos tropezar, sino que también debemos imitar su humildad.

 

• Ningún riesgo es demasiado grande cuando buscamos a una oveja perdida. Debemos realizar cualquier esfuerzo para hallar a la oveja perdida y restaurala al redil.

 

• Ningún esfuerzo es demasiado grande al tratar de restaurar la paz en la iglesia. La víctima debe tomar la iniciativa para buscar al ofensor y resolver el conflicto. Eso no se puede hacer de uno-a-uno, la víctima debe buscar la ayuda de uno o dos más. Si eso falla, la víctima debe solicitar la ayuda de toda la iglesia. No podemos simplemente “borrar” a un hermano o hermana cristiana. Incluso el paso final de la excomunión (expulsión) se intenta como una llamada para despertar, más que como una expulsión irrevocable.

 

• Nuestro texto de este domingo, entonces, simplemente extiende la preocupación de las partes anteriores del capítulo llamándonos a tirar a la basura la calculadora cuando se trata del asunto del perdón. El asunto central no es la justicia, sino la reconciliación. “Hemos hecho, entonces, el círculo completo en Mateo 18. El capítulo comienza haciéndonos saber que nunca entraremos al reino de los cielos hasta que no nos hayamos colocado en los zapatos de un pequeño… Ahora, al final del capítulo, esta misma humildad y dependencia toman la forma de un esclavo cuya deuda es tan enorme que solamente un acto majestuoso de perdón podría borrarla” (Long, 212). 

 

 

VERSÍCULOS 21-35: EL PERDÓN

 

Nuestro texto para este domingo es sobre el perdón. Es una palabra difícil de escuchar, porque encontramos que el perdón es difícil, tanto recibirlo como darlo. Sin embargo, también es una palabra de suma importancia, porque recibir y dar perdón es central a nuestra fe.

 

Primero, nosotros recibimos el perdón de Dios; y solamente podemos pasar aquello que hemos recibido. Habiendo experimentado el perdón a manos de Dios y del pueblo de Dios, entonces somos llamados para hacer posible que otros también lo experimenten. Así el círculo del amor de Cristo se extiende cada vez más para abarcar a otra oveja perdida, y a otra, y a otra.  

 

Esta no es gracia barata. “El perdón no es, por supuesto, una descuidada falta de atención ni indiferencia al mal que se ha cometido. No es permisividad, ni ausencia de sentido de normas éticas. Por el contrario, no puede haber perdón sin que se hayan violado los valores o normas” (Craddock, 441). Los versículos 15-20 nos dicen qué tan seriamente debemos tomar estas violaciones. Los versículos 21-35 nos dicen que tan llenos de gracia debemos lidiar con ellas. 

 

 

VERSÍCULOS 21-22: ¿CUÁNTO HE DE PERDONAR?

 

21Entonces Pedro, llegándose á él, dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré á mi hermano que pecare contra mí? ¿Hasta siete? 22Jesús le dice: No te digo hasta siete, más aun hasta setenta veces siete.

 

 

La pregunta de Pedro vuelve a los versículos 15-20, donde Jesús da un detallado procedimiento para efectuar la reconciliación cuando un cristiano o cristiana peca. Pedro está enunciando un asunto práctico: ¿Qué tan lejos deben ir los discípulos con respecto al perdón?

 

“Señor, ¿cuántas veces perdonaré á mi hermano…?” (griego = ho adelphos mou, literalmente “mi hermano”). En muchos otros lados, Jesús lidia con las relaciones fuera de la iglesia (“Mas yo os digo: Amad á vuestros enemigos” 5:44), pero en este pasaje trata sobre perdonar a nuestros hermanos y hermanas cristianos.

 

En la versión de Lucas de esta historia, Jesús dice, “Si pecare contra ti tu hermano, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale.  Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día se volviere á ti, diciendo, pésame, perdónale.” (Lucas 17:3-4). En esa versión el perdón es condicional al arrepentimiento. En la versión de Mateo, Jesús no menciona el arrepentimiento. Sin embargo, los versículos 15-20 claramente requieren el arrepentimiento y un cambio en la conducta si el pecador ha de continuar en la iglesia, y la parábola que Jesús usa para ilustrar el perdón (versículos 23-35) es una historia de dos deudores cuya súplica por misericordia constituye un tipo de arrepentimiento. Es justo decir que aquí estamos lidiando con un pecador arrepentido.

 

En vez de escuchar la respuesta de Jesús, Pedro propone la suya: “¿Hasta siete?” Siete veces es algo generoso. La norma rabínica era tres, basados en Amós 1-2: “Por tres pecados de Damasco, y por el cuarto, no desviaré su castigo,” una frase repetida varias veces en esos dos capítulos. La idea es que Dios perdona tres pecados y castiga el cuarto. Pedro siente que Jesús quiere que sus discípulos vayan todavía más allá de eso, así que lo eleva al doble y una más para tener una buena medida.

 

El siete también es un numero santo para el pueblo judío que simboliza “la perfección, totalidad, abundancia, descanso, y completamiento” (Lockyer, 968). Tiene asomos de infinitud; por ejemplo, los siete días de la semana constituyen un ciclo interminable; así que la propuesta de Pedro puede ser todavía más generosa de lo que puede parecer a primera vista.

 

La respuesta de Jesús demuele la cuidadosa construcción de Pedro. “No te digo hasta siete, más aun hasta setenta veces siete.”  El griego, hebdomekontakis hepta es ambiguo, y puede significar setenta y siete o setenta veces siete. Sin hacer caso de esto, Jesús no nos está invitando a llevar cuidadosos registros de las veces que perdonamos, sino que está colocando una norma que hace que llevar esos registros sea poco práctico. Jesús no nos está dando una lección de matemáticas, sino una lección sobre la gracia. ¿Quién puede perdonar setenta veces siete –o incluso setenta y siete veces— y llevando un registro de ello? ¿Quién puede perdonar tan habitualmente sin convertirse en una persona perdonadora? ¿Quién puede olvidar el pecado de la otra persona mientras pone marcas de gis (tiza) en la pared? Llevar un registro no es perdonar, sino más bien ir marcando el camino hasta el día en que podamos tomar venganza. El motivo de llevar un registro no es la reconciliación, sino el desquite, las represalias. Ir llevando un registro del perdón otorgado es como ser un banquero tramposo cuyo motivo es ir haciendo el registro de las deudas hasta que ya no se pueda pagar la hipoteca. Jesús propone algo completamente diferente. “Setenta veces siete es cuatro cientos noventa veces: ‘podemos hacer esa multiplicación en nuestra cabeza’. Pero (lo que Jesús propone) es aritmética celestial: ‘Debemos hacerlo en nuestros corazones’” (Buttrick, 475).     

 

El numero siete y setenta y siete pueden tener sus raíces en Génesis 4.  Ahí Dios pronuncia un castigo septuplicado para cualquiera que mate a Caín (v. 15), y Lamec lo extiende hasta setenta veces siete para cualquiera que quiera matarlo a él (v. 24). Si los números siete y setenta y siete en Mateo 18 verdaderamente se derivan de Génesis 4, estos proveen un giro irónico. En Génesis, los números se refieren a la venganza. En Mateo, se refieren al perdón. 

 

Los problemas que surgen por la respuesta de Jesús son serios y numerosos. ¿Acaso Jesús requiere que nos coloquemos completamente a la merced de un pecador no amoroso y que no se arrepiente? ¿Acaso él elimina las soluciones de “amor duro” para problemas de alcoholismo, adicción y abuso? ¿Acaso requiere un tipo de pasividad que nos haga un blanco fácil para personas sin escrúpulos? Encontramos la respuesta a estas preguntas en los versículos 15-20, donde Jesús bosqueja un proceso riguroso para lidiar con un hermano o hermana que no se quiera arrepentir: un proceso que puede llegar hasta la expulsión. Jesús claramente intenta que tomemos en serio los problemas serios y que tomemos acciones correctivas fuertes donde se necesite. La meta de los versículos 15-20 es la disciplina (y con esperanza la restauración) del pecador o pecadora que no se ha arrepentido. La meta de los versículos 21-35 es el perdón del pecador arrepentido. 

 

 

VERSÍCULOS 23-27: LO SOLTÓ Y LE PERDONÓ LA DEUDA

 

23Por lo cual, el reino de los cielos es semejante á un hombre rey, que quiso hacer cuentas con sus siervos.  24Y comenzando á hacer cuentas, le fué presentado uno que le debía diez mil talentos.  25Mas á éste, no pudiendo pagar, mandó su señor venderle, y á su mujer é hijos, con todo lo que tenía, y que se le pagase.  26Entonces aquel siervo, postrado, le adoraba, diciendo: Señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo.  27El señor, movido á misericordia de aquel siervo, le soltó y le perdonó la deuda.

 

 

Jesús refuerza este pronunciamiento con esta parábola. “Es importante notar que esta no es una parábola de simplemente ‘ve y haz lo mismo’, como la del Buen Samaritano. Esta es una parábola del reino: ‘Por lo cual el reino de los cielos es semejante…’ La pregunta de Pedro aborda el problema humano desde una perspectiva humana. La parábola fundamenta el perdón en la naturaleza de Dios” (Hare, 216).

 

Debemos ser cuidadosos. Esta parábola no es una alegoría, y distorsionaríamos el significado de Jesús si presionamos demasiado los detalles. Por ejemplo, el rey representa a Dios, pero algo de su conducta –es decir, la orden de vender a la esposa y los hijos—no es para nada congruente con el carácter de Dios.

 

La deuda –diez mil talentos—es una medida más allá de cualquier medida, como nuestra palabra de “muchocientos” millones. “Un talento es la unidad monetaria más grande,… igual a 6,000 dracmas, el salario anual de un obrero durante quince años. ‘Diez mil’… es el numero más grande posible. Así que la combinación es la figura más grande que se pueda dar. El impuesto anual para todos los territorios de Herodes el Grande era de 900 talentos por año” (Boring, 382).

 

Que baste decir que la deuda es inimaginablemente grande. No importa si es un talento, o mil, o diez mil. Ningún esclavo tiene la esperanza de pagar ninguna de esas cantidades. Cuando uno está con una espada colgando del techo sobre su cabeza, no importa si la altura es cientos de metros o miles. ¡Ambas son igualmente mortales!

 

En este evangelio, Jesús también iguala el pecado con la deuda en el Padrenuestro. “Y perdónanos nuestras deudas (griego = oheilemata, algo que se adeuda, moralmente fallo), como también nosotros perdonamos á nuestros deudores” (6:12).

 

El rey ordena que el esclavo sea vendido, y lo mismo su esposa y sus hijos, una práctica bastante común en ese tiempo, pero no solamente entre los judíos. La ganancia de la venta sería aplicada a la deuda, pero solamente sería una gota en el mar. En el caso de una deuda más modesta, los parientes y amigos podrían haber recolectado dinero para redimir al deudor, pero eso no sería posible con una deuda tan grande.

 

La respuesta del esclavo es interesante. “Ten paciencia conmigo y yo te lo pagaré todo”. Es un desesperado intento de agarrarse de unos hilitos. El esclavo seguramente sabe que la deuda es impagable, pero está apostando para obtener algo de tiempo. Cada día de libertad es un día menos de miseria –y quién sabe: el rey podría cambiar de opinión, o el rey podría morir, o algún inesperado evento podría redimir la situación. La situación es desesperada, pero ¿quién puede culpar al esclavo por tener esperanza?

 

“movido á misericordia (griego = splanchnistheis, un profundo sentimiento visceral de compasión) el señor de aquel siervo le soltó y le perdonó la deuda.”  El milagro ocurre. El rey va más lejos de lo que el esclavo ha pedido. Le concede, no solamente un poco más de tiempo, sino el perdón de la gran deuda.

 

 

VERSÍCULOS 28-30: Y LE ECHÓ EN LA CÁRCEL

 

28Y saliendo aquel siervo, halló á uno de sus consiervos, que le debía cien denarios; y trabando de él, le ahogaba, diciendo: Págame lo que debes.  29Entonces su consiervo, postrándose á sus pies, le rogaba, diciendo: Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo.  30Mas él no quiso; sino fué, y le echó en la cárcel hasta que pagase la deuda.

 

 

La deuda de cien denarios es infinitesimal comparada con la deuda de diez mil talentos, pero se convierte en muy significativa cuando se requiere el pago inmediato. Cien denarios representan el salario de cien días de una persona (ver 20:2, donde un denario es el salario de un día) y qué trabajador tiene esa cantidad de dinero en efectivo disponible de inmediato.

 

No podemos imaginarnos la falta de compasión del primer esclavo, dado su reciente y casi imposible escape, pero debemos tener en cuenta que esta es una historia en la que toda la trama es exagerada para producir un efecto. El punto central es el dramático contraste entre la deuda grande y la pequeña, y entre la compasión del rey y la falta de compasión del primer esclavo. El rey, aunque es un hombre que enfrenta grandes asuntos, fue capaz de identificarse con la situación desperada del primer esclavo y estuvo dispuesto a hacer concesiones para remediarlo. Ese esclavo, irónicamente, solamente fue capaz de ver la pequeña deuda que se le debía y no estuvo dispuesto a hacer ninguna concesión. La súplica del segundo esclavo en el versículo 29 es casi una copia de la súplica del primer esclavo en el versículo 26, pero el primer esclavo se rehúsa a escucharla.

 

 

VERSÍCULOS 31-34: LE ENTREGÓ A LOS VERDUGOS 

 

31Y viendo sus consiervos lo que pasaba, se entristecieron mucho, y viniendo, declararon á su señor todo lo que había pasado.  32Entonces llamándole su señor, le dice: Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste: 33¿No te convenía también á ti tener misericordia de tu consiervo, como también yo tuve misericordia de ti?  34Entonces su señor, enojado, le entregó á los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía.

 

 

Los consiervos, “se entristecieron mucho” (griego = lupeo, llenos de tristeza), y reportan la injusticia al señor (griego = kyrios, una palabra frecuentemente usada para Jesús como Señor). Mientras que los consiervos sienten pena por el hombre que fue injustamente encarcelado, el rey está enojado y ordena que el primer esclavo sea entregado “á los verdugos, hasta que pagase todo lo que debía.”

 

Si antes nos preguntamos si la ética de Jesús del perdón dejaba espacio para el ajuste de cuentas, este versículo nos asegura que sí lo hace.

 

“¿No te convenía también á ti tener misericordia de tu consiervo, como también yo tuve misericordia de ti?”  “… la parábola da el fundamento para una teología del perdón que apoya la ética del perdón que ahora se requiere de Pedro; la parábola ilustrará por qué Jesús nos puede demandar un perdón infinito a nosotros, y esto es porque nosotros hemos sido infinitamente perdonados” (Bruner, 657). Tal como lo pone el escritor de Efesios “Antes sed los unos con los otros benignos, misericordiosos, perdonándoos los unos á los otros, como también Dios os perdonó en Cristo” (Efesios 4:32).

 

Disfrutamos de la salvación por la gracia de Dios, pero esta parábola nos advierte que Dios espera que nosotros manifestemos, al menos, una mínima porción de esto en nuestra relación con otras personas. El rey “ve como necesario que el hombre perdonado actúe como alguien perdonado, es decir perdonando a otros” (Morris, 476). Esta parábola nos habla de la gracia gratuita, no de la gracia barata.

 

 

VERSÍCULO 35: ASÍ TAMBIÉN MI PADRE CELESTIAL HARÁ CON VOSOTROS  

 

35Así también hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonareis de vuestros corazones cada uno á su hermano sus ofensas.

 

 

De pronto Jesús ya no está contando una historia sobre un rey distante, sino que le habla directamente a sus discípulos, y a nosotros. Está repitiendo su advertencia del Sermón del Monte “Mas si no perdonareis á los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas” (6:15).

 

“El requerimiento es que el perdón provenga del corazón (v. 35), y cómo las actitudes del corazón pueden ser coaccionadas por la razón… Perdonar y ser perdonado no pueden, por su propia naturaleza, estar separados” (Shuster, 111). Solamente la gratitud por ser perdonados hace posible para nosotros perdonar a otros de corazón.

 

Si perdonamos a nuestro hermano o hermana de corazón, ¿cómo podemos continuar llevando cuentas para después justificar el desquitarnos? Si perdonamos a nuestro hermano o hermana de corazón, ¿cómo podemos proclamar que perdonamos pero que no olvidamos? Si perdonamos a nuestro hermano o hermana de corazón, ¿cómo podemos demandar restitución por aquello que hemos perdonado? Si perdonamos a nuestro hermano o hermana de corazón, ¿cómo podemos hacer algo más que amarlos y encontrar complacencia en la reconciliación que nuestro perdón hace posible?

 

 

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada en http://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html.  Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).  

 

 

BIBLIOGRAFÍA:

 

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Boring, M. Eugene, The New Interpreter's Bible, Vol. VIII (Nashville:  Abingdon, 1995)

 

Brueggemann, Walter;  Cousar, Charles B.;  Gaventa, Beverly R.; and Newsome, James D., Texts for Preaching:  A Lectionary Commentary Based on the NRSV -- Year A (Louisville:  Westminster John Knox Press, 1995)

 

Bruner, Frederick Dale,  Matthew:  Volume 2, The Churchbook, Matthew 13-28 (Dallas:  Word, 1990)

 

Craddock, Fred B.;  Hayes, John H.;  Holladay, Carl R.;  Tucker, Gene M., Preaching Through the Christian Year, A (Valley Forge:  Trinity Press International, 1992)

 

Hare, Douglas R. A., Interpretation:  Matthew (Louisville:  John Knox Press, 1993)

 

Johnson, Sherman E. and Buttrick, George A., The Interpreter's Bible, Vol. 7 (Nashville:  Abingdon, 1951)

 

Long, Thomas G., Westminster Bible Companion:  Matthew (Louisville:  Westminster John Knox Press, 1997)

 

Lockyer, Herbert Sr. (Gen. Ed.), Nelson's Illustrated Bible Dictionary (Nashville:  Thomas Nelson, 1986)

 

Morris, Leon, The Gospel According to Matthew (Grand Rapids, Eerdmans, 1992)

 

Senior, Donald, Abingdon New Testament Commentaries: Matthew (Nashville: Abingdon Press, 1998)

 

Shuster, Marguerite in Van Harn, Roger (ed.), The Lectionary Commentary:  Theological Exegesis for Sunday's Text.  The Third Readings:  The Gospels  (Grand Rapids:  Eerdmans, 2001)

 

Thayer, Joseph Henry, A Greek-English Lexicon of the New Testament (NY: American Book Company, 1889)

 

Copyright 2002, 2010, Richard Niell Donovan