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RECURSOS PARA PREDICAR

Por Richard Niell Donovan
Traducción por Emmanuel Vargas Alavez

 

 

PASAJE BÍBLICO:    Mateo 16:13-20

 

 

EXÉGESIS:     

 

VERSÍCULOS 13-20:

 

Este texto tiene dos núcleos. El primero es el atrevido anuncio de Pedro de que Jesús es “el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (v. 16). El segundo es la bendición y habilitación de Pedro. No solamente es una hermosa historia sino que representa un punto crucial en este evangelio. No solamente deja en claro que Jesús es el Mesías, sino que el contenido de los versículos 21-28 también fuerza a los discípulos a entender el mesianismo de Jesús de una manera distinta. 

 

Desafortunadamente, la iglesia está perversamente dividida sobre la interpretación de este hermoso texto, particularmente con respecto a los versículos 17-19. Los protestantes y los católicos los interpretan de forma bastante diferente. Haremos lo posible para respetar las diferentes tradiciones al mismo tiempo que arrojaremos luz sobre el texto. Podemos pensar que  nosotros pudiéramos resolver una controversia que ha durado siglos, pero no. En lugar de esperar que apoyemos su tradición, use sus recursos denominacionales para que le ayuden a articular esa tradición.

 

 

VERSÍCULOS 13-14: ¿QUIÉN DICEN LOS HOMBRES QUE ES EL HIJO DEL HOMBRE?

 

13Y viniendo Jesús á las partes de Cesarea de Filipo, preguntó á sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?  14Y ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; y otros, Elías; y otros; Jeremías, ó alguno de los profetas.

 

 

Cesara de Filipo, cerca del monte Hermón a unos treinta kilómetros del Mar de Galilea, está en la frontera con el mundo gentil, y es la principal ciudad gentil. En tiempos pasados, la ciudad fue conocida por el culto a Baal y Pan que allí se efectuaba. En el tiempo de Jesús, había un templo dedicado al César. Parece ser que Jesús va ahí para escapar de las multitudes de Galilea y poder preparar a sus discípulos para la jornada hacia Jerusalén, que comienza en Mateo 19:1; una jornada que terminará con su muerte y resurrección.

 

Jesús escoge este lugar gentil para revelarse más completamente a sus discípulos, tal vez dándonos una pista de su preocupación por todo el mundo que después hará explícito en la Gran Comisión (28:19-20). Más que decirles a los discípulos su identidad, les pide que le digan quién cree la gente que sea el Hijo del Hombre. Hijo del Hombre es el título que Jesús usa más frecuentemente para identificarse a sí mismo (8:20; 9:6; 10:23; 11:19; 12:8, 32; 13:37,41; 16:13, 27; 17:9, 12, 22; 19:28; 20:18, 28; 24:27, 30, 37, 39; 25:31; 26:2, 24, 45, 64). Su significado no es claro. Puede ser que Jesús lo prefiere porque no lleva algo del “bagaje” asociado con el título de Mesías. 

 

Los discípulos (no solamente Pedro) le dicen a Jesús que la gente piensa que él es:

 

• Juan el Bautista, que fue asesinado por Herodes. Juan tenía una presencia tan poderosa que la gente no se sorprendería de verlo otra vez. De hecho, Herodes cree que Jesús puede ser Juan resucitado (14:2).

 

• El profeta Elías, que se esperaba que reaparecería “antes que venga el día de Jehová, grande y terrible” (Malaquías 4:5).

 

• El profeta Jeremías, que experimentó un gran rechazo y que lloró sobre la ciudad de Jerusalén.

 

• Alguno de los profetas.

 

Es claro que la gente pensaba bien sobre Jesús y lo había considerado como profeta. Sin embargo, cuando ellos lo trataron de identificar, lo que hicieron fue ver hacia su pasado y no hacia su futuro. Sí, Jesús es un profeta, pero es más que un profeta. Él los desafiaría como lo haría un profeta, pero también los llevaría en direcciones que ellos nunca podrían anticipar.

 

Es interesante conocer las opiniones de la gente sobre Jesús, pero la primer pregunta de Jesús simplemente prepara el terreno para que haga la segunda, la pregunta más importante (v. 15).

 

 

VERSÍCULOS 15-16: Y VOSOTROS, ¿QUIÉN DECÍS QUE SOY?

 

15El les dice: Y vosotros, ¿quién decís que soy?  16Y respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.

 

 

La pregunta real es lo que los discípulos piensan sobre Jesús. Cuando les dice “Y vosotros, ¿quién decís que soy?”, el vosotros es tanto enfático como plural: se dirige a todos los discípulos más que solamente a Pedro (Boring, 344). El pueblo es libre de creer cualquier cosa que quieran respecto a Jesús, pero Jesús ha estado preparando cuidadosamente a estos discípulos para continuar con su obra. Han escuchado sus enseñanzas y han sido testigos de sus milagros. Lo que piensan sobre él es crítico. Lo que nosotros contestamos también es crucial. A estas alturas la incertidumbre es igual a la falta de fe. Ser cristiano significa creer que Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Creer algo más –o algo menos— es ser religioso, pero no es algo cristiano.   

 

Pedro sirve como el vocero del grupo.  “Tú eres el Cristo” (griego = Christos). “La palabra Mesías y la palabra Cristo son la misma; una es hebreo y la otra griego para designar al Ungido. Los reyes fueron separados para este cargo al ungirlos, tal y como hasta ahora. El Mesías, el Cristo, el Ungido es el Rey Divino de Dios” (Barclay, 151).

 

No nos sorprende escuchar que Jesús es el Mesías. Este evangelio comienza con las palabras, “Libro de la generación de Jesucristo” (1:1), y a estas alturas del evangelio Mateo ya ha usado la palabra Mesías varias veces. No podemos saber exactamente lo que pensaron los discípulos cuando al principio dejaron todo para seguir a Jesús. Posiblemente habían crecido en su entendimiento al seguirlo día con día. Esta, sin embargo, es la primera vez que un discípulo reconoce que Jesús es el Mesías.  

 

Pedro también dice que Jesús es “el Hijo del Dios viviente”. “Jesús no solamente es el juez del futuro (el Hijo del Hombre), ni tampoco solamente el por tanto tiempo esperado Mesías del pasado (el Cristo); él es, como el Verdadero Hijo de Dios, la persona más importante en el presente” (Bruner, 571). Primero escuchamos que Jesús es el Hijo de Dios en su bautismo cuando Dios mismo anunció “Este es mi Hijo amado” (3:17); y Jesús se ha referido a sí mismo como el Hijo (11:27). Los discípulos llamaron a Jesús el Hijo de Dios cuando caminó sobre el mar hacia la barca y detuvo la tormenta (14:33). “…el Dios viviente” contrasta dramáticamente con los ídolos sin vida de un lugar como Cesarea de Filipo.

 

Una declaración como la de Pedro requiere compromiso. “Cuando uno ha dicho ‘Cristo’, uno está ligado a seguir al Cristo, sin importar a dónde pueda guiar ese seguimiento” (Leuking, 95).

 

 

VERSÍCULO 17: BIENAVENTURADO ERES, SIMÓN, HIJO DE JONÁS

 

17Entonces, respondiendo Jesús, le dijo: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás; porque no te lo reveló carne ni sangre, mas mi Padre que está en los cielos.

 

 

Pedro ha identificado a Jesús como el Hijo del Dios viviente. Ahora Jesús responde reconociendo a Simón como el hijo de Jonás al mismo tiempo que le da su bendición. En el evangelio de Juan, el padre de Pedro es identificado como Juan y no como Jonás (Juan 1:42; 21:15). Notemos que Jesús lo llama Simón, el nombre por el que su Padre lo reconocería, más que con el nuevo nombre que Jesús está por darle.

 

“Porque no te lo reveló carne ni sangre, mas mi Padre que está en los cielos.”  Pedro no llegó a su discernimiento por una astucia espiritual. Dios le ha dado este entendimiento sobre Jesús. Este discernimiento de Pedro llega por revelación, por deducción. Esto también es para nosotros. No tenemos ninguna razón para ser orgullosos si sucede que estamos más despiertos espiritualmente que otros. Nuestra fe, igual que la de Pedro, es un don de Dios.

 

 

VERSÍCULO 18: SOBRE ESTA PIEDRA EDIFICARÉ MI IGLESIA

 

18Mas yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia; y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella.

 

 

La gente estaba acostumbrada a pensar en Dios como una roca (Gn. 49:24; Dt. 32; 1 Sa. 2:2; 22; Salmos 18, 28, 31, 42, 62, 71, 78, 89, 92, etc., etc., etc.). Isaías también se refiere a Abraham y Sara como una roca: “Mirad á la piedra de donde fuisteis cortados, y á la caverna de la fosa de donde fuisteis arrancados.  Mirad á Abraham vuestro padre, y á Sara que os parió” (Isaías 51:1-2). Dadas estas asociaciones con la palabra, Jesús le hace un gran honor a Pedro cuando lo identifica con una Roca. Al mismo tiempo pone sobre él una gran carga de responsabilidad.

 

“…sobre esta piedra.”  ¿Qué piedra? ¿Es la de que Jesús es el Hijo de Dios? ¿O es la fe que Pedro muestra cuando hace esta confesión?  ¿O es Pedro mismo?

Los católicos y protestantes se han dividido agudamente en la interpretación de estas palabras. Los católicos las han entendido para establecer que Pedro es la roca sobre la que Jesús construiría su iglesia. Ellos creen que Pedro fue el primer obispo de Roma y el primero de una inquebrantable sucesión de Papas.

 

Los protestantes han entendido que la roca es la confesión de Pedro y la realidad que está detrás de ella: que Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Ellos señalan la distinción entre las dos rocas que Jesús menciona: “tú eres Pedro (Petros = masculino), y sobre esta piedra (petra = femenino) edificaré mi iglesia.”  Ellos han entendido que Jesús hace una distinción entre la Roca que es Pedro y la roca sobre la que se construirá su iglesia. Sin embargo, aunque el Nuevo Testamento fue escrito en griego, lo más seguro es que Jesús dijo la palabra aramea, Cephas, que se presta menos a ese tipo de distinción. 

 

Ha existido un movimiento hacia el centro en años recientes.  Los protestantes son menos rehacientes a reconocer el lugar especial de Pedro:

 

• “No habrá provecho en negar que Jesús honra realmente a Pedro aquí y lo hace el líder de la iglesia” (Bruner, 574).

 

• “el significado de Jesús es claro: Pedro es la roca, el cimiento, sobre el que va a erigir su iglesia… [Sin embargo,] esta no es una historia sobre el papado; es la historia sobre Pedro y Jesús, y la interpretación más plausible del pasaje es que Jesús es, en verdad, señalando a Pedro como la piedra angular, el líder principal, de este nuevo pueblo de Dios” (Long, 185-186)

 

 

Los protestantes señalan que Jesús ofrece su bendición a Pedro, pero sin sugerir que la bendición puede pasarse a otros; ni que se intenta una sucesión de cualquier tipo. Ellos señalan que Pedro la Roca, casi inmediatamente se convierte en Pedro la Piedra de Tropiezo (16:22-23). Ellos dicen, “Conceder autoridad a Simón Pedro es obviamente simbólica para todos los apóstoles (v. 19), porque en otras partes de Mateo (18:18) y Juan (20:23) esta concesión de poder es sobre todos ellos” (Craddock, 417).  Resaltan la prohibición de Jesús en contra de dar a la gente honores que justa y solamente pertenecen al Padre y el Hijo (23:8-12). Ellos señalan a 1 Corintios 3:11, que dice “Nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo”. Ellos hacen notar que, mientras que Efesios reconoce que la iglesia está edificada “sobre el fundamento de los apóstoles y profetas” (plural, no limitado a Pedro), Cristo Jesús es “la principal piedra del ángulo” (Efesios 2:20). Ellos dicen que Pedro es “la piedra inicial del cimiento de toda la iglesia,…el primer hombre que da un salto de fe que vio en Cristo Jesús al Hijo del Dios viviente,…el primer miembro de la iglesia, y, en ese sentido, toda la iglesia está edificada sobre él” (Barclay, 155). 

 

“…edificaré mi iglesia.” Es Jesús quien edifica la iglesia. La iglesia le pertenece a él. Los apóstoles y otros cristianos tienen funciones de apoyo, y esas funciones son importantes. Sin embargo, Jesús tiene la función principal. 

 

La palabra “iglesia” es una piedra de tropiezo para algunos estudiosos, que correctamente señalan que no hay iglesia (griego = ekklesia) en el tiempo en que Jesús dice estas palabras. Sin embargo, ekklesia es una palabra común que se puede referir a cualquier asamblea, y no hay razón para asumir que Jesús no usaría esa palabra, o de que no tendría una visión de la comunidad de creyentes que surgiría después de su ascensión.

 

“…y las puertas del infierno no prevalecerán.”  El infierno es el lugar de los muertos. Aquí tenemos “una metáfora para el poder del submundo o de lo demoníaco (ver, Isaías 38:10)” (Senior, 191). Las imágenes de Jesús funcionan desde cualquier lado de la puerta. Las puertas del Hades no dejan que los de dentro salgan y que los de fuera puedan entrar. Esas puertas encierran a los muertos, previniendo que escapen, y no dejan entrar a quienes pueden redimir a los muertos. Sin embargo, Jesús romperá el poder de la muerte con su propia resurrección, que solamente será el primero de los frutos de todos los fieles que se levantarán de la muerte (1 Corintios 15:23). Las puertas del Hades no resistirán la arremetida de Cristo sobre ellas. No solamente él, sino todos los redimidos de entre los muertos, se levantarán otra vez y confiadamente cruzarán las destruidas puertas. “La promesa no es que los cristianos no atravesarán por el infierno; la promesa es que el infierno no tiene la carta ganadora y que los poderes de la muerte no tienen la última palabra” (Long, 186).

 

 

VERSÍCULO 19: TE DARÉ LAS LLAVES DEL REINO DE LOS CIELOS

 

19Y á ti daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que ligares en la tierra será ligado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.

 

 

Estas frases tiene su raíz en Isaías 22:22, “Y pondré la llave de la casa de David sobre su

hombro (de Eliaquim); y abrirá, y nadie cerrará; cerrará, y nadie abrirá.”  Así Eliaquim se convierte en el mayordomo de la casa, responsable de abrir la casa en la mañana, cerrarla por la noche y controlar el acceso a la presencia real. En este papel, Pedro abrirá la puerta para tres mil personas el día del Pentecostés (Hechos 2). Aunque inicialmente se resistirá a abrir la puerta a los gentiles, Dios lo persuadirá de admitir al centurión gentil (Hechos 10), y Pedro se convertirá en el vocero durante el Concilio de Jerusalén para mantener las puertas abiertas a los gentiles (Hechos 15). 

 

Atar y desatar también tienen que ver con reglas respecto a la doctrina y conducta ética. “En el lenguaje rabínico ligar y desatar es declarar ciertas acciones prohibidas o permitidas…Después la tradición cristiana extenderá este principio para incluir el poder de perdonar o retener ciertos pecados (18:18); Juan 20:23), pero este no era su significado original” (Johnson, 453). “Desatar” también implica la autoridad para controlar la entrada a la iglesia: excluir o admitir basados en el cumplimiento con  reglas doctrinales y éticas. “Aquí Mateo designa a Pedro como el rabino principal del cristianismo” (Hare, 192), la persona que hará las decisiones difíciles con respecto a la doctrina y conducta. “No se le convierte en un pequeño Dios, pero su fe significa que está cargado con el poder de Dios para hacer la voluntad de Dios” (Soards). “Pedro es un paradigma para quienes enseñan e interpretan con autoridad de tal manera que abren el reino de los cielos a otros” (Martin). En Mateo 18:18, Jesús extenderá esta autoridad a todo el grupo de discípulos, diciendo “De cierto os digo que todo lo que ligareis en la tierra, será ligado en el cielo; y todo lo que desatareis en la tierra, será desatado en el cielo.”  Una vez más este es un lugar donde los católicos y protestantes van por caminos separados. Los católicos creen que la autoridad de Pedro pasó de Pedro al papado. Los protestantes enfatizan la autoridad dad a todo el grupo de discípulos, y creen que cualquier autoridad singular dada a Pedro terminó con su muerte.

 “Las ‘llaves’ se convierten en armas de guerra en la lucha contra las fuerzas de la muerte. La muerte es un poderoso enemigo,… [pero] la muerte lucha con una mano atada a su espalda. No tiene acceso al reino de Dios. Cualquier cosa que la iglesia ata, la muerte no lo puede desatar, y cualquier cosa que la iglesia desata, la muerte no lo puede atar” (Brueggemann, 460).  

 

 

VERSÍCULO 20: MANDÓ A SUS DISCÍPULOS QUE A NADIE DIJESEN

 

20Entonces mandó á sus discípulos que á nadie dijesen que él era Jesús el Cristo.

 

 

Jesús todavía no está listo para que sus discípulos le digan al mundo su secreto. El mundo no está listo todavía para escuchar el secreto, y los discípulos todavía no están listos para revelar el secreto correctamente. Entienden que Jesús es el Mesías, pero entienden al Mesías en los términos convencionales de un rey guerrero. En los versículos 21-28 (el pasaje del evangelio para la próxima semana), Jesús les dice a los discípulos lo que deben esperar de su mesianidad –su muerte y resurrección— y Pedro protesta en grande, recibiendo una fuerte reprimenda de Jesús. Jesús no permite a los discípulos que revelen su identidad como Mesías hasta que ellos entiendan lo que esto involucra. No lo entenderán realmente hasta que vean al Cristo resucitado. Eso sucederá bastante pronto. Jesús comenzará su jornada hacia Jerusalén y la cruz el 19:1.

 

 

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada en http://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html.  Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).  

 

 

BIBLIOGRAFÍA:

 

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Bergant, Dianne with Fragomeni, Richard, Preaching the New Lectionary, Year A (Collegeville:  The Liturgical Press, 2001)

 

Boring, M. Eugene, The New Interpreter's Bible, Vol. VIII (Nashville:  Abingdon, 1995)

 

Brueggemann, Walter;  Cousar, Charles B.;  Gaventa, Beverly R.; and Newsome, James D., Texts for Preaching:  A Lectionary Commentary Based on the NRSV -- Year A (Louisville:  Westminster John Knox Press, 1995)

 

Bruner, Frederick Dale,  Matthew:  Volume 2, The Churchbook, Matthew 13-28 (Dallas:  Word, 1990)

Craddock, Fred B.;  Hayes, John H.;  Holladay, Carl R.;  Tucker, Gene M., Preaching Through the Christian Year, A (Valley Forge:  Trinity Press International, 1992)

 

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Hare, Douglas R. A., Interpretation:  Matthew (Louisville:  John Knox Press, 1993)

 

Harrington, Daniel J., S.J., Sacra Pagina:  The Gospel of Matthew (Collegeville:  The Liturgical Press, 1991)

 

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Lueking, F. Dean in Van Harn, Roger (ed.), The Lectionary Commentary:  Theological Exegesis for Sunday's Text.  The Third Readings:  The Gospels  (Grand Rapids:  Eerdmans, 2001)

 

Morris, Leon, The Gospel According to Matthew (Grand Rapids, Eerdmans, 1992)

 

Pfatteicher, Philip H., Lectionary Bible Studies:  The Year of Matthew, Pentecost 1, Study Book (Minneapolis:  Augsburg Publishing House, 1978)

 

Senior, Donald, Abingdon New Testament Commentaries: Matthew (Nashville: Abingdon Press, 1998)

 

Soards, Marion; Dozeman, Thomas; McCabe, Kendall, Preaching the Revised Common Lectionary, Year A (Nashville: Abingdon Press, 1993)

 

Thayer, Joseph Henry, A Greek-English Lexicon of the New Testament (NY: American Book Company, 1889)

 

Copyright 2002, 2010, Richard Niell Donovan