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RECURSOS PARA PREDICAR

Por Richard Niell Donovan
Traducción por r Emmanuel Vargas Alavez

 

 

PASAJE BÍBLICO:    Mateo 14:22-33

 

 

EXÉGESIS:     

 

EL CONTEXTO:

 

La historia de Jesús caminando sobre el mar sigue a la historia de la alimentación de los cinco mil. “Por segunda ocasión, los discípulos enfrentan una situación con la que ellos deben lidiar por sí solos inicialmente, pero Jesús una vez más ‘viene en su rescate’ y los salva a través de un acto soberano de autoridad” (Martin).  

 

Aunque Marcos 6:45-52 y Juan 6:16-21 también relatan la historia, Mateo es el único que incluye el suceso sobre Pedro intentando caminar sobre el mar para encontrarse con Jesús. A pesar de que Mateo usa a Marcos como una de sus fuentes, su final es bastante diferente. En Marcos, la historia concluye con los discípulos pasmados, sin entender, y endureciendo sus corazones. En Mateo, los discípulos alaban a Jesús y reconocen que es el Hijo de Dios.

 

Esta historia es similar a la de Mateo 8:23-27, donde una tormenta amenazaba con hundir la barca mientras Jesús dormía. En esa historia, Jesús reprende a los vientos y al mar, y estos le obedecen. En ambas historias:

 

• Los discípulos están en la barca.

 

• En un sentido Jesús está ausente de los discípulos. En Mateo 14, Jesús manda que sus discípulos se adelanten solos. En Mateo 8, Jesús estaba en la barca, pero estaba dormido. 

 

• Los discípulos son atrapados por la tormenta y tienen miedo.

 

• Jesús usa la palabra oligopistos (“de poca fe”) para reprender a sus discípulos.

 

• Los discípulos se asombran del poder de Jesús. En el relato de Mateo 8, ellos preguntan “¿Qué hombre es éste, que aun los vientos y la mar le obedecen?” En el relato de Mateo 14,  ellos dicen “Verdaderamente eres Hijo de Dios”.

 

Mateo está escribiendo su evangelio cuando los cristianos están siendo perseguidos. Para ese tiempo, lo más seguro es que Pedro ya fue crucificado. Las historias sobre la tormenta en el mar, está abordando los asuntos del peligro, el miedo y la fe. En ambas historias “la barca parece representar a la iglesia, golpeada por las tentaciones, pruebas y persecuciones. En ambas [historias], Jesús aparece como el defensor de la iglesia, que es suficientemente fuerte como para salvar a aquellos que claman a él en fe” (Hare, 169). Este pasaje dio mucho consuelo a los primeros cristianos. Mientras que no se les ahorraba el sufrimiento y la muerte, ellos estaban confiados en que Cristo los salvaría incluso si tuvieran que morir.    

 

Van Harn describe esto como “tres historias… arregladas de manera concéntrica alrededor de la persona de Jesús” –siendo la más larga la del Evangelio de Mateo, la mediana la de los discípulos enfrentando la tormenta, y la más pequeña la de Pedro y Jesús (Van Harn, 87).

 

 

VERSÍCULOS 22-23, SUBIÓ AL MONTE A ORAR APARTADO

 

22Y luego Jesús hizo á sus discípulos entrar en el barco, é ir delante de él á la otra parte del lago, entre tanto que él despedía á las gentes.  23Y despedidas las gentes, subió al monte, apartado, á orar: y como fue la tarde del día, estaba allí solo.

 

 

Jesús hace (griego = enankasen, obliga) a los discípulos entrar en la barca e ir a la otra ribera. Aquí los discípulos no estaban rebelándose o temerarios, sino obedientes. Las dificultades que experimentan en el mar no son provocadas por ellos, sino que surgen del cumplimiento del mandato de Jesús.

 

Jesús despide a la multitud y se va al monte a orar. Estar en el monte señala que este es un momento importante para Jesús. Ya antes trató de buscar un momento de soledad, pero la multitud lo interrumpió (14:13). Ahora encuentra la oportunidad para orar. Mateo nos dice que estaba “apartado” y “solo” enfatizando la naturaleza solitaria de su oración.

 

Solamente aquí y en el huerto de Getsemaní (26:36) es que Mateo nos dice que Jesús estaba en oración. Ambos eran momentos difíciles. Aquí, Herodes ha puesto su atención en Jesús de una manera no favorable (14:1-12). En Getsemaní, Jesús se preparaba para morir. 

 

Juan 6:15 nos dice que Jesús se retira porque la multitud venía “para arrebatarle, y hacerle rey.” Es posible que hace que sus discípulos se adelanten para que no caigan en el mismo asunto del esfuerzo por hacerlo rey (Morris, 380-381). 

 

 

VERSÍCULOS 24-27: ¡CONFIAD, YO SOY, NO TENGÁIS MIEDO!

 

24Y ya el barco estaba en medio del mar, atormentado de las ondas; porque el viento era contrario.  25Mas á la cuarta vela de la noche, Jesús fue á ellos andando sobre la mar.  26Y los discípulos, viéndole andar sobre la mar, se turbaron, diciendo: Fantasma es. Y dieron voces de miedo.  27Mas luego Jesús les habló, diciendo: Confiad, yo soy; no tengáis miedo.

 

 

La barca ya estaba lejos de la costa (griego = studious pollous, muchos estadios). Un estadio mide cerca de 180 metros, y Juan nos dice que los discípulos ya estaban a veinticinco o treinta estadios, cerca de seis kilómetros, de la costa (Juan 6:19). Esto los colocaba casi en medio del mar. Estar en un bote, lejos de la costa, en medio de una tormenta en una pequeña barca es algo muy atemorizante; pero ni Mateo ni Juan nos dicen que los discípulos tienen miedo por la tormenta. Tal vez estaban exhaustos, sin embargo, ya que era temprano por la mañana (griego= tetarte de phulake tes nuktos, en la cuarta vigilia de la noche). La cuarta vigilia es entre las tres y seis de la mañana, y los discípulos han ido de un gran día con la multitud (la alimentación de los cinco mil) directamente a la barca en medio de la tormenta. No solamente habían estado despiertos por muchas horas, sino que también es un trabajo desgastante mantener una pequeña barca a flote y en curso en el mar y en medio de una tormenta.  

 

“En la literatura bíblica, el mar frecuentemente es representado como el lugar donde habitan las fuerzas demoníacas y hostiles a Dios. En el Apocalipsis, el reinado final de dios significa que el mar ya no existirá (21:1)” (Craddock, 400). Tener dominio sobre el mar es la prerrogativa de Dios. Las Escrituras Hebreas (el Antiguo Testamento) nos dicen sobre Dios caminando sobre las aguas o abriendo camino a través de las aguas para los israelitas (Job 9:8; 38:16; Salmo 77:19; Isaías 43:16; 51:9-10; Habacuc 3:5), pero nunca de un hombre caminando sobre las aguas. Al caminar sobre las aguas, “Jesús hace lo que solamente Dios puede hacer, y habla con la voz de Dios, ‘Yo soy’” (Boring, 328).

 

Jesús viene caminando sobre el mar hacia donde están los discípulos. Mateo ha identificado a Jesús como Emmanuel, Dios con nosotros (1:23); y esta historia refuerza ese papel. Como ya se notó antes, en el tiempo en que se escribió este evangelio, la iglesia de Mateo está luchando con la tormenta de la persecución. Estos cristianos no se están rebelando, pero están temerosamente sirviendo a Dios. La historia de los discípulos en el mar, por lo tanto, refleja exactamente la situación de la iglesia de Mateo. Mantiene la promesa de que Jesús viene a los cristianos en medio de la tormenta, de que la tormenta no es la última palabra, que Cristo está presente con nosotros en medio de la tormenta y nos redime, nos salva de ella. 

 

Los estudiosos de la Biblia se han preguntado si esta historia es verdadera históricamente. Algunos han propuesto que Jesús estaba caminando sobre un banco de arena cerca de la costa. Sin embargo, esta historia claramente coloca a Jesús bastante alejado de la costa, y estos hombres, experimentados en el mar, no podían ser fácilmente engañados. Otros han propuesto que esta historia está mal colocada, y en realidad es una historia acontecida después de la resurrección. Estas personas se sienten más cómodas con la idea de que un Jesús resucitado podía caminar sobre el agua, más que un Jesús de antes de la resurrección. Esa distinción, sin embargo, no parece muy apelante.  

 

La verdadera pregunta es si Jesús realmente obraba milagros. Si podía sanar a los enfermos sin medicinas y alimentar a la hambrienta multitud con solamente un poco de comida, entonces no hay razón para creer que no podía caminar sobre el agua. Si los milagros no son verdaderos, entonces tenemos que cuestionar la resurrección. Si la resurrección es falsa, el centro mismo de la fe está hueco y entonces lo único que nos queda es cerrar las iglesias. Nos ponemos a nosotros mismos en un terreno resbaladizo cuando negamos la realidad de los milagros. 

 

No hay manera de probar definitivamente que Jesús realizó milagros; creer en los milagros y la resurrección es asunto de fe y no de pruebas. La mejor evidencia de los milagros es de experiencia. Es decir, el efecto que estos milagros, particularmente la resurrección, tuvo en la vida de los primeros discípulos y los cambios que vemos en nuestras vidas y las vidas de otros como resultado de su/nuestra relación con Cristo.

 

Cuando los discípulos ven a Jesús experimentan temor. La tormenta, aunque peligrosa, es algo familiar. Los discípulos saben qué esperar de una tormenta y qué hacer para mantener la barca a flote. Pero no saben nada de hombres caminando sobre el mar y lejos de la costa, y tienen miedo de que estén viendo un fantasma. La amenazante presencia de Herodes fue mencionada justo antes de la alimentación de los cinco mil (14:1-12). De hecho, se deben estar preguntando si, en las pocas horas desde que se hicieron a la mar en la barca, Herodes haya podido asesinar a Jesús. Eso concuerda bien con su comentario de que a quien ven es al fantasma de Jesús. 

 

Jesús responde con una declaración triple: “¡Confiad, yo soy, no tengáis miedo!" 

 

• Aquí Jesús utiliza la primera frase “Tened ánimo” (griego = tharseite, tener valor, tener ánimo) en otras partes de este evangelio para alentar al paralítico (9:2) y a la mujer con hemorragia (9:22). Usada aquí no es una reprimenda sino una palabra de aliento

 

• La segunda frase, “yo soy” (griego = ego eimi, literalmente “yo soy”) es el nombre de Dios (Éxodo 3:14). “Las palabras, ‘yo soy’ en la historia de Mateo están exactamente en el medio de la obra de dos actos,…con más o menos noventa palabras prediciéndolas y más o menos noventa palabras griegas siguiéndole (dependiendo de las variantes textuales)” (Bruner, 534). También parecen estar cerca del centro de este evangelio (capítulo 14 de 28), y tratan con el asunto central de este evangelio: la identidad de Jesús. Él es el Hijo de Dios (4:3, 6; 8:29; 14:33; 26:63; 27:40, 54). Él es Emmanuel, Dios con nosotros (1:23).

 

• En este Evangelio, un ángel usa la tercera frase, “no tengáis miedo” (griego = me phobeisthe) para afirmar a José (1:20) y a las mujeres en la tumba vacía (28:5, 10). Jesús las usa para afirmar a los Doce cuando los envía a su misión (10:26, 8, 31) y a los discípulos en el Monte de la Transfiguración (17:7). Una vez más, estas palabras son de aliento y no de reprensión.

 

Esta historia reafirma a la iglesia de Mateo que, incluso en medio de la persecución, no tienen por qué temer, Jesús está presente en medio de ellos. A nosotros nos ofrece la misma seguridad en tiempos de enfermedad, muerte, persecución, o cualquier otro problema. Nos prepara para los tiempos cuando las cosas están yéndose mal o no van bien. La adversidad no es una señal del disgusto de Dios ni la prosperidad lo es del favor de Dios. La riqueza no es igual al favor de Dios, ni la pobreza a su disgusto. La enfermedad no es una señal de una fe pobre o inadecuada, ni la salud de una gran fe. Jesús dice que Dios “hace que su sol salga sobre malos y buenos, y llueve sobre justos é injustos” (5:45). Paradójicamente, las tormentas de la vida pueden ser señal de bendición. Cuando las cosas van marchando mal, nuestros corazones están más receptivos a Jesús. Un corazón quebrantado frecuentemente es una puerta a través de la cual Cristo puede entrar. Él continúa viniendo a nosotros en medio de nuestros problemas diciendo, “¡Confiad, yo soy, no tengáis miedo!”

 

 

VERSÍCULOS 28-31: HOMBRE DE POCA FE, ¿POR QUÉ DUDASTE?

 

28Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si tú eres, manda que yo vaya á ti sobre las aguas.  29Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro del barco, andaba sobre las aguas para ir á Jesús.  30Mas viendo el viento fuerte, tuvo miedo; y comenzándose á hundir, dio voces, diciendo: Señor, sálvame.  31Y luego Jesús, extendiendo la mano, trabó de él, y le dice: Oh hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?

 

 

Este es el único Evangelio que cuenta la historia de Pedro y Jesús:

 

• Esta es, en parte, la historia de Pedro, un impetuoso hombre cuya espontaneidad no se iguala a su estabilidad. Como la semilla sembrada en suelo pedregoso, él brota rápidamente, pero muere igual de rápido. El salta antes de mirar, inesperadamente se da cuenta del peligro, y entonces vacila. Debemos hacer notar que ver a Jesús resucitado pronto transformará a Pedro. Después de la resurrección, Pedro dejará de ser una piedrecilla y se convertirá en una roca, como su nombre lo sugiere. 

 

• Es, en parte, la historia de un hombre probando a Dios. Pedro comienza diciendo “Señor, si tú eres,” haciendo eco a la tentación demoníaca “Si eres Hijo de Dios, manda que yo vaya a ti sobre las aguas” (4:3, 6). El discípulo le está diciendo al maestro qué hacer, si, en verdad, es el maestro y no un fantasma.  

 

• Es, en parte, la historia de un discípulo pidiendo permiso del maestro. Pedro pide un mandato, y actúa solamente una vez que el maestro le da ese mandato.

 

• Es, en parte, una historia que tiende un puente entre la desesperación de los temerosos discípulos de versículo 26, y la fe de los discípulos que adoraban de versículo 32.

 

• En su contexto más amplio es la historia de la iglesia de Mateo, temerosa y confundida, buscando algo de donde sostenerse en medio de su sufrimiento.  

 

• En su contexto más amplio es la historia de cada cristiano – la nuestra también — cuando nos balanceamos entre la duda y la fe, algunas veces viendo la tormenta, y otras viendo a Jesús.  

 

Para Pedro, este es un momento tanto de debilidad como de fortaleza. Duda, pero quiere creer. Teme, pero sale de una muy buena barca a enfrentar la tormenta. Comienza a caminar, pero se distrae por los fieros vientos. Cuando comienza a hundirse grita “¡Señor, sálvame!”, y con ello expresa su fe incluso a pesar de su miedo.  

 

Ninguno de los Evangelios nos dice qué tanto avanzó Pedro caminando sobre el agua, pero cuando flaquea, está lo suficientemente cerca de tal forma que Jesús puede estirarse y sostenerlo. Jesús le dice “¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?” Este es el único lugar en que Jesús aplica lo de “poca fe” a uno de sus discípulos más que a todo el grupo. Notemos que Jesús primero salva a Pedro, y solamente después lo reprende.   

 

 

VERSÍCULOS 32-33: LOS QUE ESTABAN EN LA BARCA LO ADORARON

 

32Y como ellos entraron en el barco, sosegóse el viento.  33Entonces los que estaban en el barco, vinieron y le adoraron, diciendo: Verdaderamente eres Hijo de Dios.

 

 

Cuando se metieron a la barca, el viento cesó. Al interpretar esto como una parábola de la iglesia perseguida de Mateo, que cesen los vientos es una promesa de que la persecución eventualmente también se detendrá. 

 

Los discípulos adoran a Jesús diciendo “Verdaderamente eres Hijo de Dios”. “El misterio de la persona de Jesús está comenzando a filtrarse” (Bruner, 535). En este evangelio escuchamos proclamar la relación filial de Jesús por una voz del cielo (3:17), en la confesión de Pedro (16:16), y por el centurión romano junto a la cruz (27:54). La identidad de Jesús es una preocupación mayo de este Evangelio.

 

Como ya se hizo notar antes, el final de esta historia es muy diferente al del Evangelio de Marcos, donde los discípulos terminan confundidos y con el corazón endurecido.

 

 

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada en http://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html.  Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).  

 

 

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Craddock, Fred B.;  Hayes, John H.;  Holladay, Carl R.;  Tucker, Gene M., Preaching Through the Christian Year, A (Valley Forge:  Trinity Press International, 1992)

 

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Copyright 2002, 2010, Richard Niell Donovan