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RECURSOS PARA PREDICAR

Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

 

 

PASAJE BÍBLICO:    Mateo 13:31-33, 44-52

 

 

EXÉGESIS:     

 

VERSÍCULOS 13-33, 44-52: UNA COLECCIÓN DE PARÁBOLAS

 

Ésta es una colección de cinco o seis parábolas (dependiendo como se cuentan a vv. 51-52) del reino de los cielos.  Estas parábolas no describen al reino de una manera sistemática, sino que nos demuestran una serie de imágenes desde perspectivas diferentes.  Ninguna es definitiva, pero cada imagen añade a nuestro entendimiento.

 

Éstas son las parábolas del reino – cada una incluye las palabras “el reino de los cielos es semejante.”  “Reino de los cielos” es sinónimo con “reino de Dios.”  Mateo usa estas últimas palabras por respeto a la santidad del nombre de Dios.

 

Podemos emparejar estas parábolas:

 

• Las Parábolas del grano de mostaza y levadura contrastan principios pequeños con los grandes efectos que llegan a tener, y enfatizan el poder de la acción de Dios.  Se dirigen a las muchedumbres.

 

• Las Parábolas del tesoro escondido y la perla tienen que ver con objetos de gran valor que sirven de principio para un  gran compromiso.  Se dirigen a los discípulos.

 

• La Parábola de la red y la Parábola de la cizaña (vv. 24-30 – la lectura del Evangelio de la semana pasada) enfatizan lo abierto que está el reino a todos los que deseen entrar y el gran juicio que se acerca cuando lo malo será separado de lo bueno.

 

 

VERSÍCULOS 31-33: PARÁBOLAS DE CRECIMIENTO

 

31Otra parábola les propuso, diciendo: El reino de los cielos es semejante al grano de mostaza, que tomándolo alguno lo sembró en su campo: 32El cual á la verdad es la más pequeña de todas las simientes; mas cuando ha crecido, es la mayor de las hortalizas, y se hace árbol, que vienen las aves del cielo y hacen nidos en sus ramas.  33Otra parábola les dijo: El reino de los cielos es semejante á la levadura que tomó una mujer, y escondió en tres medidas de harina, hasta que todo quedó leudo.

 

 

Ambas la Parábola del grano de mostaza y la Parábola de la levadura contrastan lo pequeño del reino con la grandeza de sus efectos.

 

¿Qué puede ser menos significante que un bebé en un pesebre – o la pequeña Israel, un vasallo del poder de Roma – o un judío de Nazarea y un manojo de discípulos que no parecen muy prometedores – o una cruz?  ¿Qué puede ser menos significante que una pequeña iglesia de aldea, a pesar de su alto campanario – o un despertamiento religioso llevado a cabo en una tienda de lona con un suelo de serrín sobre lodo?  ¿Qué puede ser menos significante que media docena de niños apenas bajo control en una clase de catecismo – o un niño flaco, ineducado, caminando por el pasillo para entregarse a Jesús? ¿Qué puede ser menos significante que una pareja de misionarios viviendo entre nativos a medio mundo de su hogar? ¿Qué puede ser menos significante que un predicador corriente predicando un sermón corriente a una congregación corriente – o una barra de pan y una copa de vino (o pedacitos de algo parecido a pan y tazas de plástico que contienen zumo de uva)? ¿Qué puede ser menos significante que un himno cantado por una docena de voces sin entrenar acompañadas por un piano sin afinar? Pero, todos estos ejemplos forman parte del reino, y uno nunca puede saber el poder que se esconde a su alrededor.

 

Esperamos encontrar el reino en catedrales y en iglesias enormes – en grandes coros y órganos – pero, estas parábolas sugieren que el verdadero poder del reino se encuentra en los lugares más humildes, entre la gente que menos parece conocerlo – un vaso de agua fría para un mendigo – una cocina en el sótano de una iglesia que reparte sopa a los pobres – gente de la iglesia que visita a alguien incapaz de salir – una monja caminando por las calles de Calcuta – dos mujeres jóvenes enseñando la película de Jesús en Afganistán.  Estos ejemplos no parecen mucho, pero Jesús promete que en todos ellos existe un poder escondido.

 

Y, a lo largo de los últimos dos milenios, hemos visto las pruebas.  Hoy, el Imperio Romano solo aparece en ruinas y libros de historia, pero gente canta en alabanza a Jesús por todo el mundo.  El Reich de los mil años solo duró una década, pero la iglesia sigue su marcha.  El comunismo se pasó la mayor parte de un siglo tratando de matar a la iglesia pero, después, colapsó – y cristianos construyen iglesias sobre sus ruinas.

 

No es decir que la iglesia y el reino son sinónimos – pero la iglesia es una manifestación del reino.  No es decir que debemos esperar que el reino conquiste todo – “la forma del reino es perpetuamente pequeña, siempre del tamaño de una semilla, diseñado divinamente para ser un tesoro en recipientes terrenales, no dorados, para que la creciente grandeza del poder del Evangelio siempre pueda ser de Dios, no de seres humanos” (2 Cor 4:7) (Bruner, 504).

 

 

VERSÍCULOS 31-32: LA PARÁBOLA DEL GRANO DE MOSTAZA

 

El grano de mostaza es pequeñísimo pero no es, de hecho, el grano más pequeño – su tamaño pequeño es proverbial.  Librerías bíblicas a veces ofrecen collares con un grano de mostaza dentro de una medalla transparente como recuerdo de la promesa de Jesús del grano de mostaza, así, es fácil ver exactamente lo pequeña que es.

Esta parábola ofrece esperanza, y promete grandes resultados de pequeños comienzos.

 

Jesús intentaba alentar a los primeros discípulos, que se confrontaban con desventajas espantosas, y esta parábola continúa alentando a discípulos hoy.  La mayoría de la obra de la iglesia ocurre en circunstancias poco auspiciosas.  Nuestra misión parece demasiado grande, y nuestros recursos son pocos.  Pero, Jesús promete que el poder de Dios hace todo posible.

 

Es cierto, los comienzos fueron pequeños.  Ya para los tiempos de Mateo, los discípulos habían encontrado seria oposición.  No parecía que el pequeño movimiento de los seguidores de Cristo tendría una oportunidad contra las fuerzas preparadas contra él – pero ¡cuidado! Dios utiliza lo que parece necio para avergonzar a lo que parece sabio.  Dios utiliza lo que parece débil para avergonzar a lo que parece fuerte (1 Cor. 1:27).

 

El arbusto que crece de la pequeña semilla es grande en comparación con su comienzo, pero Jesús, ciertamente, tiene la lengua firmemente plantada en su mejilla para llamarla árbol.  El arbusto de mostaza típicamente crece a unos 8 a 10 o hasta 12 pies – esto apenas se puede comparar con los grandes robles del Líbano, con los que Israel prefiere identificarse.  ¿Por qué no ha de comparar Jesús el reino de los cielos a un gran árbol en vez de un arbusto? Si está comparando un pequeño grano, ¿por qué no escoger un árbol verdaderamente magnífico?

 

Quizá la mejor respuesta se encuentra en la iglesia que se ha desarrollado a través de los siglos.  La iglesia es, verdaderamente, muy diferente a la de sus comienzos, extendiéndose hasta cada nación en la superficie del planeta.  Tiene grandes catedrales y a veces ejerce gran poder pero, por la mayor parte, la iglesia se manifiesta en maneras más modestas – más como un arbusto de mostaza que un cedro encumbrado.  Quizá la lección del arbusto de mostaza es que cristianos deben vivir esperando, sabiendo que Dios crea grandezas de pequeños comienzos – que no debemos esperar que el reino sea grande como el mundo piensa de grandeza.  “Un rey que opera con docilidad (11:25-30) y monta un burro en vez de un caballo de guerra (21:1-9) puede ser representado por un reino simbolizado por un jardín de especies en vez de un árbol gigante” (Boring, 309).  Esta parábola “discute nuestro culto a la grandeza” (Buttrick, 416).

 

“Las imágenes de los pájaros haciendo sus nidos en las ramas de esta planta parecida a un árbol es simbolismo escatológico del Antiguo Testamento, en el que todas las naciones descansan en las ramas de un árbol, el reino de Dios (Dan. 4:12; Ezek. 17:23)” (Hultgren, 80).

 

 

VERSÍCULO 33: LA PARÁBOLA DE LA LEVADURA

 

Como la semilla de mostaza, la levadura es pequeña en relación a la harina que leuda.  Como la semilla de mostaza, la levadura contiene gran potencial en sus pequeñas proporciones.  La NRSV usa la palabra “levadura,” pero gente de esa época y lugar raras veces tenían el privilegio de tener levadura pura.  En vez, guardaban una bola de masa leudada de la última tanda para leudar la próxima tanda.

 

Tres medidas de harina son suficientes para hornear pan para 100 a 150 personas.  Hasta una cantidad pequeñísima de levadura tiene el poder de afectar una gran cantidad de harina.  Así es también con el reino de los cielos.  Nosotros que vivimos bajo el mandato de Dios parecemos poco importantes – pero ¡cuidado!  ¡Con el poder de Cristo hacemos una gran diferencia!  “Una palabra aquí, un vaso de agua fría allí, una posición firme en un asunto de conciencia – dejad que hagan su propio trabajo sin forzar, sin empujar.  Dejad caer la piedra en el agua; las olas seguirán hasta perderse de vista” (Craddock, 382).

 

Esta parábola nos alienta, no a recluirnos, sino a participar en el mundo.  Levadura solo funciona cuando se mezcla con grandes cantidades de masa cruda.  De otra manera, no sirve para nada.  Así es con aquéllos que servían a Jesús.  Jesús nos pide ir por todo el mundo, haciendo discípulos, bautizando, y enseñando (28:19-20).

 

En esta parábola, Jesús se refiere a levadura de manera positiva.  Gente judía a menudo usaba levadura como metáfora para el mal o la impureza (Mateo 16:6; 1 Cor. 5:6-8), y se requería eliminar toda levadura de los hogares en preparación de la Pascua.  Quizá, Jesús propone usar esta referencia positiva de la levadura para sorprender a la gente con la intención de que escuchen.

 

 

VERSÍCULOS 44-46: PARÁBOLAS DE ALEGRÍA

 

44Además, el reino de los cielos es semejante al tesoro escondido en el campo; el cual hallado, el hombre lo encubre, y de gozo de ello va, y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo.  45También el reino de los cielos es semejante al hombre tratante, que busca buenas perlas; 46Que hallando una preciosa perla, fue y vendió todo lo que tenía, y la compró.

 

 

La Parábola del tesoro escondido y la Parábola de la perla son parábolas de descubrimiento, alegría, y acción.  El mercader está activamente buscando perlas, mientras que el otro hombre simplemente se encuentra un tesoro en un campo.  Ambos, sin embargo, reconocen el valor asombroso de su descubrimiento, y venden todo lo que tienen para poder comprarlo.  Ninguno de estos casos menciona un sacrificio – tener que dejar algo precioso – tener que tomar una decisión difícil.  Ninguno está triste al tener que vender todo, porque rebosa de alegría por su descubrimiento y la posibilidad de poseer tal tesoro.  Son como los discípulos, que dejaron todo para seguir a Jesús (4:18-22; 19:27-30) – y Pablo, que pensaba de todo lo demás como una pérdida “por el eminente conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor” (Phil. 3:8).  No son como el joven regidor rico que “se fué triste,” porque no soportaba dejar muchas de sus posesiones (19:16-26).

 

Hay dos lecciones que aprender aquí:

 

• Una es lo que nos exige el Evangelio.  Gracia no es gratis, sino que requiere acción.  No podemos vacilar – tratar de servir a dos amos (6:24).  Ningún hombre hubiera obtenido el tesoro si no hubiese estado dispuesto a pagar su precio.  Además, esta parábola empieza con la Parábola del segador (13:1-9), en la que la semilla no encuentra lugar para tomar raíz en tres de los cuatro tipos de tierra.  Jesús dice, “No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompe, y donde ladronas minan y hurtan; Mas haceos tesoros en el cielo, donde ni polilla ni orín corrompe, y donde ladrones no minan ni hurtan: Porque donde estuviere vuestro tesoro, allí estará vuestro corazón” (6:19-21).

 

• La segunda es que la alegría, no el deber, es lo que lleva a estos hombres a actuar.  No venden todo para comprar el tesoro porque han de hacerlo, sino porque sus corazones lo exigen.  Al presentar el Evangelio, haríamos bien en enfatizar alegría – proclamar Buenas Noticias en lugar de malas.  Condenación convence a pocas personas.  Llamadas de cumplimiento a menudo no entran por oídos tapados.  Llamadas de alegría, en vez, hacen que queramos responder.

 

 

VERSÍCULO 44: LA PARÁBOLA DEL TESORO ESCONDIDO

 

No era raro que en esa época y lugar gente enterrara sus posesiones más valiosas, dado que no existían bancos seguros para cuidarlos.  Pequeñas aldeas no podían prevenir el saqueo de bandoleros, y soldados tenían la libertad de tomar lo que necesitaran.  El entierro proveía la mayor seguridad, pero no ofrecía garantías.  Una persona podía morir, llevándose a su tumba el secreto de su tesoro.  Gente podía dejar su hogar y más adelante encontrar que no podía volver.  Ley rabínica judía proveía que “Estos tesoros pertenecen al que los encuentre – si un hombre encuentra fruta esparcida, dinero esparcido... éstos pertenecen al que los encuentre” (Barclay, 94).

 

Hasta hoy, gente descubre tesoros escondidos y compra propiedades antes que otros puedan descubrirlo y subir el precio.  Inmediatamente se nos ocurren el oro y el petróleo, pero algunos tesoros están escondidos a plena vista.  Personas astutas compran una granja al darse cuenta que el precio pedido no toma en cuenta un huerto de nogales – árboles que pueden valer más que el terreno.  Otros compran el control de una compañía después de determinar que el valor de romperla excede el de sus acciones.

 

No debemos distraernos preguntando si este hombre debía haber revelado el tesoro al dueño del campo.  Éste es un cuento sencillo con un punto sencillo – el poder del reino aumenta más y más – y no le hacemos ningún favor a nadie al complicarlo.

 

La NRSV dice, “que alguien encontró.”  El griego dice “que un hombre (anthropos) encontró.”  Dada la referencia a una mujer en la parábola que precede (v. 33), quizá haríamos bien en dejar la referencia masculina aquí.

 

 

VERSÍCULOS 45-46: LA PARÁBOLA DE LA GRAN PERLA

 

“En el mundo antiguo las perlas ocupaban un lugar muy especial en el corazón de los hombres.  Gente deseaba poseer una bella perla, no solo por su valor monetario, pero por su belleza también” (Barclay, 96).  “Relatos antiguos cuentan de perlas que valen millones de dólares en moneda actual” (Keener, 246).

 

Mercaderes compran para vender, pero como podemos comprender por esta corta parábola, este mercader quiere la perla por el placer que le da poseerla.  Quizá algún día circunstancias pueden causar que la venda, pero sabemos que hasta que lo que pueda ser una venta provechosa, él la venderá con gran aversión.

 

 

VERSÍCULOS 47-50: LA PARÁBOLA DE LA RED

 

47Asimismo el reino de los cielos es semejante á la red, que echada en la mar, coge de todas suertes de peces: 48La cual estando llena, la sacaron á la orilla; y sentados, cogieron lo bueno en vasos, y lo malo echaron fuera.  49Así será al fin del siglo: saldrán los ángeles, y apartarán á los malos de entre los justos, 50Y los echarán en el horno del fuego: allí será el lloro y el crujir de dientes.

 

 

Esta parábola tiene esencialmente los mismos puntos que la Parábola de la cizaña (vv. 24-30).  Las lecciones son que:

  • El juicio pertenece, no a los discípulos, sino que a Dios.

  • El juicio vendrá.

 

En esta parábola, una red recoge todo tipo de peces, buenos y malos.  Lev. 11:9-12 prohíbe el uso de criaturas sin escamas o aletas, por eso, los pescadores echaban fuera los peces inútiles.  En las aldeas cerca del Mar Galileo era algo común ver a pescadores separando su pesca.

 

“La cual estando llena” (v. 48) “corresponde con... ‘al fin del siglo’ (v. 49), y así insinúa un cumplimiento escatológico... El demonio, falsos discípulos, experimentarán el juicio escatológico... Mateo nunca se cansa de avisar a sus lectores de la realidad del juicio y, por lo tanto, la importancia de ser un discípulo genuino.  Es un aviso que ambos el mundo y la Iglesia necesitan” (Hagner).

 

“Anote las palabras se sentó: la división es callada, deliberada, y sin ninguna oportunidad para errar” (Buttrick, 422).  “La mención del juicio final recuerda a los oyentes y a los lectores de las parábolas que ser discípulo no es un juego de ‘vamos a hacer como si...’; sino que es un asunto de vida o muerte” (Brueggemann, 424).

 

“Esta parábola alienta a la iglesia a adoptar un método abierto y libre al evangelismo” (Long, 158) – un método muy diferente del de los fariseos, que actuaban como porteros y jueces.  Un método abierto reúne en la red a los indeseados tanto como a los deseados, pero esta parábola nos dice que ésta es la manera de Dios.  Algunos indeseados llegarán a ser verdadera gente del reino, y otros que parecían prometedores en un comienzo traicionarán a Dios al final.  Dios no nos hace responsables de mantener a los indeseados fuera, sino que delega la separación entre lo malo y lo justo a los ángeles al final del siglo.

 

Esta parábola no nos dice que ignoremos pecados graves.  Unos capítulos más adelante, Jesús establecerá procedimientos para castigar a los pecadores y para ex-comunicarles si no arreglan su comportamiento (18:15-20).

 

 

VERSÍCULOS 51-52: TESORO NUEVO Y VIEJO

 

51Díceles Jesús: ¿Habéis entendido todas estas cosas? Ellos responden: Sí, Señor.  52Y él les dijo: Por eso todo escriba docto en el reino de los cielos, es semejante á un padre de familia, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas.

 

 

Es importante comprender este Evangelio, y fue mencionado antes en este capítulo (13:10-17). “‘Comprender’... es una calidad esencial para ser un discípulo autentico” (Senior, 158).  La respuesta valiente de los discípulos “Sí,” sin embargo, nos deja pensando.  El tipo de pregunta que Jesús normalmente preguntaba, generalmente, recibía una respuesta afirmativa.  Los discípulos, sin embargo, comprenden solo en parte.  Solo después de la resurrección quedarán sus ojos verdaderamente abiertos.

 

“Todo escriba docto en el reino de los cielos” (v. 52).  Jesús compara a sus discípulos con los escribas – aquéllos calificados para enseñar el significado de la escritura.  “Mateo puede estar pensando de los discípulos de Jesús, como piensa de otros escribas, llenos de sabiduría, autoridad, el correcto entendimiento de la ley, y quizá poseedores de alguna inspiración profética” (Blomberg).  Estos discípulos “se basan en la gran herencia bíblica de la antigua Israel (que es vieja).  Pero, interpretan la palabra antigua según la revelación final de Dios a través del mensaje de Jesús y su ministerio (que es nuevo)” (Gardner).

 

Escribas se preparan para el reino de los cielos por medio del estudio de la escritura.  La imagen es la de una persona reverente y disciplinada, dispuesta a cumplir la Palabra de Dios.  Esto es lo que Mateo espera de los discípulos.  Jesús dice que tal persona “es semejante á un padre de familia, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas.”  “Tesoro puede referirse al recipiente en el que se guardan las cosas de valor o al tesoro mismo (como en v. 44); aquí claramente se refiere al recipiente” (Morris, 363).  El padre de familia tiene una caja o un cuarto del que saca lo nuevo y lo viejo – en reversa del orden esperado – así, se enfatiza la importancia de lo nuevo.

 

Mientras que lo viejo y lo nuevo no están claramente definidos, parece que lo viejo se refiere a las Escrituras Hebreas y que lo nuevo se refiere a las enseñanzas de Cristo.  “En efecto, lo que Jesús está diciendo es esto: ‘Podéis comprender, porque vinisteis a mi con unos antecedentes... Pero después de haber sido instruidos por mi, tenéis la sabiduría, no solo de lo que ya sabíais, sino también de cosas que no sabíais antes’” (Barclay, 100).  “El escriba cristiano... debe poder usar lo viejo y lo nuevo juntos para traer claridad y entendimiento al mensaje del reino y su aplicación al presente.  Lo viejo y lo nuevo del escriba cristiano son los dos indispensables para el evangelio” (Hagner).

 

 

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada en http://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html.  Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).  

 

 

BIBLIOGRAFÍA:

 

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