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RECURSOS PARA PREDICAR

Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

 

 

PASAJE BÍBLICO:    Mateo 7:21-29

 

 

EXÉGESIS:     

 

VERSÍCULOS 13-27: ANCHAS PUERTAS Y FALSOS PROFETAS

 

Nuestra lección del Evangelio es parte de una unidad más grande (vv. 13-17) en la que:

 

• Jesús nos advierte de las puertas anchas y carreteras amplias que llevan a la destrucción.  Nos pide que pasemos por las puertas pequeñas y las carreteras estrechas que llevan a la vida (vv. 13-14).  No solo somos tentados por pecados obvios (el mal uso del sexo, el dinero, y el poder), pero también somos tentados a tomar atajos para crear el reino.  Recuerdo una señal delante de una iglesia que anunciaba, “Menos hablar, más ‘rock’.”  Habíamos estado buscando un lugar donde venerar pero, después de ver la señal, dimos la vuelta, nos metimos en el coche, y encontramos otra iglesia.  La iglesia que se preocupa más por llenar los bancos que por crear discípulos seguramente no cumplirá ninguna de esas dos preocupaciones.

 

• Jesús nos advierte de falsos profetas, lobos feroces disfrazados de ovejas – que quieren ser conocidos por sus frutos (vv. 15-18).  En el tiempo de Mateo, la iglesia estaba luchando contra persecución de fuera, y también contra falsos líderes en su interior.

 

• Jesús advierte que cada árbol que no dé buenos frutos será cortado y echado al fuego (v. 19).

 

• Jesús advierte que solo los que hacen la voluntad del Padre en el cielo pueden esperar entrar en el reino del cielo (vv. 21-23).

 

• Jesús advierte que los que no actúan según sus palabras son como una casa construida en la arena – dirigida hacia un gran colapso (vv. 24-27).

 

Cada una de estas advertencias describe dos tipos de gente – aquéllos que escogen el camino correcto y aquéllos que escogen el camino equivocado – aquéllos que producen buenos frutos y aquéllos que no lo hacen – aquéllos que cumplen la voluntad del Padre y aquéllos que no la cumplen – y aquéllos que construyen sobre roca o aquéllos que construyen sobre arena.  “El concepto de dos caminos se refleja en el amplio espectro de textos judíos (cf. Deuteronomio 11:26; 30:15-20; Salmo 1:6; Jeremías 21:8; ... y el libro completo de Proverbios)... El epílogo del Sermón de Jesús contiene la huella de esta tradición.  Para Mateo, hay dos caminos diferentes por los que viajar, dos maneras distintas para construir, aquí y ahora.  Al final, estos dos caminos tendrán fines diferentes (cf. las parábolas del final en capítulo 25).  Por lo tanto, escoger el camino correcto es de suma importancia” (Gardner).  A lo largo de la vida, hacemos selecciones que llevan a la vida o a la muerte – a la salvación o a la condenación.

 

 

VERSÍCULOS 21-23: NO TODO EL QUE ME DICE, “SEÑOR, SEÑOR”

 

21No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos: mas el que hiciere la voluntad de mi Padre que está en los cielos.  22Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre lanzamos demonios, y en tu nombre hicimos mucho milagros? 23Y entonces les protestaré: Nunca os conocí; apartaos de mí, obradores de maldad (Griego: anomian – sin ley).

 

 

Jesús describe gente que aparenta cumplir un gran ministerio.  Esta gente no solo le llama a Jesús ‘Señor,’ sino que también logra hacer actos espectaculares en el nombre de Jesús.  Ellos profetizan, expulsan demonios, y cumplen grandes hazañas por la causa de Cristo.  “Debemos recordar que señales y maravillas pueden venir de otros lugares que no sean de Dios, incluyendo el mundo demoníaco y el mundo de fabricación humana” (Blomberg, 131).  Pensamos, por ejemplo, de los evangelistas de la televisión – actores que les dicen a minusválidos que tiren sus muletas para el beneficio de la cámara – venden pañuelos de oración para sacar dinero – su tiempo televisivo se dedicada más a la recaudación de fondos que al ministerio – explotan a los vulnerables por motivos personales.

 

Pero no debemos suponer que Jesús dirige estas palabras solo a los demás.  ¿Quiénes somos nosotros para decir que gente con pequeños ministerios permanecerá exenta? ¿Es posible que Jesús rechace a una persona que haya dedicado su vida al ministerio? ¿Es posible que Jesús rechace un clérigo con años de experiencia, un diácono, un miembro del coro, un profesor de catecismo, o el presidente de una junta? Si es así, ¿por qué? ¿Por cuál criterio se nos juzgará? ¿Cómo decidirá Jesús si aceptarnos o rechazarnos?

 

La línea divisora es si hemos cumplido con la voluntad del Padre o no (v. 21).  “La enseñanza del Sermón en el Monte no es para ser admirada, sino para ser obedecida” (R.T. France, citado en Blomberg, 133).  Ningún título teológico ni un gran número de años de oficiar en una iglesia nos podrán salvar.  Un currículo que impresionaría un comité de búsqueda pastoral no influiría al Señor con su capacidad de ver a través de las cosas – capaz de ver hasta lo más profundo de nuestros corazones espirituales.

 

Es muy fácil ocuparnos del trabajo de la iglesia sin pararnos a pensar si de verdad estamos obedeciéndole a Jesús – ocuparnos de programas mientras que nos olvidamos de las personas – preparar sermones mientras que nos olvidamos de rezar – hacer grandes cosas en el nombre de Jesús mientras que nos olvidamos de Jesús – suponer que bancos llenos validan nuestro ministerio cuando el hecho es que hemos perdido contacto con el Señor.

 

“Entonces, no es suficiente que la comunidad cristiana se pregunte ‘¿se centran en Cristo?’ Ni es bastante... preguntar ‘¿ganan personas para Cristo?’  También deben preguntarse, ¿buscan ellos hacer y mover a gente para que cumpla la voluntad del Padre como ésta se muestra en las enseñanzas de Jesús?’” (Bruner, 286).

 

Si cumplir la voluntad del Padre es tan importante, ¿cuál es la voluntad del Padre?  Para Mateo, la voluntad del Padre es guardar el Tora según lo interpretó Jesús.  En el Sermón en el Monte, Jesús nos dice que obediencia requiere pobreza de espíritu, lamentación, timidez, hambre y sed por la verdad, piedad, pureza de corazón, y hacer la paz (5:2-11).  Requiere que:

 

  • Dejemos brillar nuestra luz (5:16);

  • Guardemos los mandamientos (5:17-20);

  • Tratemos ira y resolvamos conflictos (5:21-26);

  • Mantengamos relaciones matrimoniales apropiadas (5:27-32);

  • Hablemos honestamente sin fanfarrias ni juramentos (5:34-37);

  • Actuemos de manera cariñosa y generosa – hasta con nuestros enemigos (5:38-48);

  • Demos limosna y recemos en secreto (6:1-6);

  • Perdonemos (6:14-15);

  • Busquemos primero el reino de Dios (6:24-34);

  • Nos abstengamos de juzgar (7:1-5).

 

En la continuación de este Evangelio, Jesús ofrece más información de la voluntad de Dios.  Hemos de mostrar merced (9:13); decir la palabra que Dios nos da hasta en circunstancias adversas (10:19-20); cuidar a los pequeños y buscar y salvar a los perdidos (18:10-14); resolver conflictos (18:15-17); preservar justicia, merced, y fe (23:23); alimentar al hambriento, dar de beber al sediento, dar la bienvenida al extranjero, vestir al desnudo, visitar al prisionero (25:31-46); y hacer discípulos de todas las naciones (28:16-20).

 

Esto nos hace pensar de la salvación por medio de obras.  ¿Somos salvados por lo que Jesús ha hecho, o por lo que nosotros hacemos?  Sería fácil malinterpretar el requisito de Jesús de hacer la voluntad de Dios.  Jesús no defiende la salvación por medio de obras sino la fe autentica que rinde buenos frutos – que nos impulsa a actuar de acuerdo con la voluntad de Dios – que nos guía hacia la acción leal.

 

“En aquel día” (v. 22) se refiere al Día del Juicio.  “Profecía” no es “simple ni principalmente una predicción del futuro, aunque eso pueda estar incluido (Hechos 11:27-28; 21:10-11), también es una proclamación de la verdad en su sentido más amplio, hasta que en la posesión de poder” (Hagner).

 

En v. 23 Jesús advierte que repudiará cualquier relación con el anomia, que la NRSV traduce como “obradores de maldad.”  Anomia viene de la palabra griega para ley (nomos).  La “a” con la que empieza la palabra reversa el significado, entonces, anomia significa “sin ley” – el rechazo del Tora según fue interpretado por Jesús.

 

“Juicio y gracia no están separados en la narrativa de Mateo, como si una viniese de un Dios furioso y la otra de un Jesús cariñoso.  En vez, juicio y gracia son, ambos, dimensiones del movimiento de Dios hacia el mundo” (Brueggemann, 353).

 

 

VERSÍCULOS 24-25: UN HOMBRE PRUDENTE, QUE EDIFICÓ SOBRE LA PEÑA

 

24Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé á un hombre prudente, que edificó su casa sobre la peña; 25Y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y combatieron aquella casa; y no cayó: porque estaba fundada sobre la peña.

 

 

Jesús puede hablar con autoridad sobre la construcción de casas.  Como un carpintero (Marcos 6:3), Jesús comprende la construcción de casas.  Aquí habla como un arquitecto, aconsejándonos sobre el principio más importante de construcción – establecer los cimientos.  Ningún plan puede ser finalizado antes de tener un lugar en el que construir, y nada es más importante que tener fuertes cimientos en ese lugar.  Cimientos fuertes hacen posible que la casa sobreviva al pasar por tormentas terribles.

 

Cuando describimos una casa, podemos hablar del color de la pintura, el número de habitaciones, o el diseño de la cocina.  Jesús habla solo de los cimientos.  Lo que distingue esta casa de otras es que, siendo construida sobre fuertes cimientos, puede sobrevivir el peor clima imaginable.  Su fuerza fue establecida al principio – con los cimientos.

 

Anote que la casa no se libra de las tormentas.  Su supervivencia no depende de si está protegida o no.  Esto sugiere que Dios no protege a los cristianos de las tormentas de la vida (enfermedades, accidentes, muertes, perdidas de trabajo, etcétera).  Mientras que la fe puede reducir nuestro nivel de estrés y la oración puede, en algunas circunstancias, llevar a curas milagrosas, cristianos deben estar preparados para vivir las tormentas y las tragedias tan comunes para el ser humano.

 

La prueba final, por supuesto, es “la última prueba, el día del juicio” (Keener, 167).  Ese día, Dios eliminará todos los pretextos.  Aquéllos que solo aparentan tener fe se quedarán tan desechos como una casa floja en medio de un gran huracán.

 

¿Qué es lo que nos da cimientos fuertes?  Oír y cumplir con las palabras de Jesús (v. 24).  “El estándar de la ortodoxia, del bien, se encuentra en las palabras de Jesús, no en las palabras del Tora” (Hagner).

 

Antes de poder cumplir las palabras de Jesús, las debemos oír.  La fuente más creíble de las palabras de Jesús está en las escrituras, la predicación y enseñanza de la iglesia, y en el misterio de los sacramentos.  También podemos oír las palabras de Jesús en libros cristianos, música, y prensa, y también en el consejo de amigos cristianos.  Además, hasta que es posible que Cristo nos hable por medios menos tradicionales – libros seculares, obras, películas, música, o experiencias personales.  Sin embargo, necesitamos reconocer que lo menos tradicional que sea el medio, lo menos creíble que será el mensaje.  Debemos examinar cada posibilidad, poniéndola al lado de la escritura para verificar su validez.

 

 

VERSÍCULOS 26-27: UN HOMBRE INSENSATO QUE EDIFICÓ SOBRE LA ARENA

 

26Y cualquiera que me oye estas palabras, y no las hace, le compararé á un hombre insensato (griego: moro – de moros), que edificó su casa sobre la arena; 27Y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, é hicieron ímpetu en aquella casa; y cayó, y fué grande su ruina.

 

 

Jesús nos contó del hombre sabio.  Ahora nos cuenta del hombre tonto.  La palabra griega es moros – de la que sacamos la palabra morón.

 

El hombre sabio y el hombre tonto se encuentran en circunstancias idénticas – lluvia devastadora, diluvios, y viento.  La diferencia no se encuentra en las circunstancias de cada hombre, sino en la casa (que sirve de metáfora para el hombre mismo).  La casa del hombre sabio sobrevive porque la construyó sobre roca (las palabras de Jesús).  La casa del hombre tonto se cae porque éste la construyó sobre arena.  La diferencia está en si han hecho lo que Jesús enseñó o no.

 

Nuestra cultura secular nos dice que no es tan simple.  Insiste en que la sabiduría verdadera requiere una buena educación – un porfolio de inversiones diversificado – un seguro contra catástrofe – sexo protegido – ejercicio – una dieta nutritiva – una visita anual al médico.  Irónicamente, gente que rechaza el fervor religioso, creyéndolo fanático, a menudo es la gente más fervorosa sobre estas cosas.  En muchos casos, el dinero y la salud se han convertido en su Dios.

 

Antes en este sermón (el Sermón en el Monte), Jesús se refirió a este materialismo, diciendo: “No os congojéis pues, diciendo: ¿Qué comeremos, ó qué beberemos, ó con qué nos cubriremos? Porque los Gentiles buscan todas estas cosas: que vuestro Padre celestial sabe que de todas estas cosas habéis menester.  Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (6:31-33).

 

La gente que Jesús describe como ‘sabia’ o ‘tonta’ es gente religiosa.  Han tratado de obedecer las palabras de Jesús.  “La casa que se derrumba es la casa cristiana que encuentra las palabras de Jesús como algo bastante importante de oír, pero no lo suficientemente realista para vivir” (Bruner, 290).

 

 

VERSÍCULOS 28-29: LES ENSEÑABA COMO QUIEN TIENE AUTORIDAD

 

28Y fué que, como Jesús acabó estas palabras, las gentes se admiraban de su doctrina; 29Porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.

 

 

“Como Jesús acabó estas palabras” es la señal de Mateo que una sección importante de enseñanza ha concluido (véase 13:53; 19:1; 26:1 – también 11:1).

 

Jesús “les enseñaba como quien tiene autoridad.”  Sus palabras tienen autoridad, no solo para instruir pero también para sanar.  En este Evangelio, le dirá a un leproso, “Sé limpio,” y el leproso será inmediatamente curado (8:3-4).  Le dirá a un centurión, “Ve, y como creíste te sea hecho,” y el sirviente del centurión será curado en ese momento (8:13).  Le dirá a un paralítico, “Levántate, toma tu cama, y vete á tu casa” y el hombre hará exactamente eso (9:6-7).  Las palabras de Jesús tienen autoridad convincente.

 

La autoridad de Jesús se distingue dramáticamente de la práctica escribiente de deferir a la autoridad.  “Los escribientes citaban a las autoridades; (Jesús) hablaba con autoridad” (Buttrick, 335).  Escribientes, autoridades reconocidas por su interpretación de las escrituras, citaban a los famosos rabíes para sostener sus argumentos.  Jesús, sin embargo, “enseña sin apuntes; basa su enseñanza en su propia autoridad” (Long, 85).  En este sermón (el Sermón en el Monte), Jesús repite una y otra vez, “Oísteis que fué dicho,... mas yo os digo” (Mateo 5).  Los escribientes sacaron agua añeja de cisternas cerradas.  Pero las palabras de Jesús eran como un arroyo; limpio, fresco, con el poder de apagar la sed del alma” (Buttrick, 335).

 

 

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada en http://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html.  Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).  

 

 

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www.sermonwriter.com

 

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