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RECURSOS PARA PREDICAR

Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

 

 

 

 

PASAJE BÍBLICO:     Mateo 5:21-37

 

 

EXÉGESIS:     

 

CAPÍTULOS 5-7: EL SERMÓN EN EL MONTE

 

Mateo 5-7 es el Sermón en el Monte, la más conocida colección de enseñanzas de Jesús.  Mucha de esta materia también aparece en el Evangelio de Lucas, en el Sermón en el Llano (Lucas 6:17-49) y en otros lugares (Lucas 11:2-4, 9-13, 34-36; 12:22-34, 57-59; 13:24-27; 14:34-35; 16:18).

 

De importancia particular para esta lección son las declaraciones de Jesús que preceden.  Jesús dijo:

 

“No penséis que he venido para abrogar la ley ó los profetas:

no he venido para abrogar, sino á cumplir.

Porque de cierto os digo, que hasta que perezca el cielo y la tierra,

ni una jota ni un tilde

perecerá de la ley, hasta que todas las cosas sean hechas.

De manera que cualquiera que infringiere uno de estos mandamientos muy pequeños,

y así enseñare á los hombres,

muy pequeño será llamado en el reino de los cielos:

mas cualquiera que hiciere y enseñare,

éste será llamado grande en el reino de los cielos.

Porque os digo, que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y de los Fariseos,

no entraréis en el reino de los cielos” (vv. 17-20).

 

Al examinar nuestra lección del Evangelio, necesitamos tener en cuenta estos versículos para no sentirnos tentados a pensar que Jesús está desestimando la ley.  No ha venido a desestimarla ni abolirla, pero para cumplirla – para destacar su significado verdadero (Barclay, 126) – para acercar la ley a su propósito intencionado” (Senior, 74).

 

 

VERSÍCULOS 21-26: NO MATARÁS

 

21Oísteis que fue dicho á los antiguos: No matarás; mas cualquiera que matare, será culpado del juicio. 22Mas yo os digo, que cualquiera que se enojare (griego: orgizomenos) locamente con su hermano, será culpado del juicio; y cualquiera que dijere á su hermano, Raca, será culpado del concejo (griego: sunedrio – concejo o Sanedrín); y cualquiera que dijere, Fatuo, será culpado del infierno del fuego (griego: geennan tou puros – Gehenna de fuego). 23Por tanto, si trajeres tu presente al altar, y allí te acordares de que tu hermano tiene algo contra ti, 24Deja allí tu presente delante del altar, y vete, vuelve primero en amistad con tu hermano, y entonces ven y ofrece tu presente. 25Concíliate (griego: eunoon) con tu adversario presto, entre tanto que estás con él en el camino; porque no acontezca que el adversario te entregue al juez, y el juez te entregue al alguacil, y seas echado en prisión. 26De cierto te digo, que no saldrás de allí, hasta que pagues el último cuadrante (griego: kodranten).

 

 

“Oísteis que fue dicho á los antiguos” (v. 21a).  Jesús utiliza alguna variación de esta fórmula seis veces en este capítulo (vv. 21, 27, 31, 33, 38, 43) – las primeras cuatro aparecen en nuestra lección del Evangelio.  En cada caso, Jesús contrasta lo que han aprendido del Tora (“fue dicho”) con su propia enseñanza (“Mas yo os digo”).  Al hacerlo, “sitúa su palabra a la par de la palabra de Dios, declarando su autoridad divina para definir de nuevo las exigencias de la ley” (Gardner, 105).

 

“No matarás” (v. 21b).  Éste es el sexto mandamiento (Éxodo 20:13; Deuteronomio 5:17) – aunque existe más de un sistema de numeración para los mandamientos.

 

“mas cualquiera que matare, será culpado del juicio” (v. 21c).  El Tora distingue entre el asesinato y otros tipos derrames de sangre, y establece un procedimiento para determinar si el derrame de sangre constituye un asesinato (Deuteronomio 17:8-13).  Permite y manda la pena de muerte para numerosas ofensas.  Permite matar en defensa propia y en guerras llevadas a cabo según la voluntad de Dios.  Difiere entre una matanza accidental y un asesinato intencional, tratándolos de manera diferente.  La pena por asesinar es la muerte (Éxodo 21:12; Levítico 24:17; Números 35:16-17).  “Culpado del juicio” podría referirse a ambos ser culpado de cargos legales y del juicio eterno.

 

“Mas yo os digo, que cualquiera que se enojare (orgizomenos) locamente con su hermano, será culpado del juicio; y cualquiera que dijere á su hermano, Raca, será culpado del concejo (sunedrio); y cualquiera que dijere, Fatuo, será culpado del infierno del fuego” (v. 22).  Jesús amplía el alcance del mandamiento más allá del acto de asesinar para incluir los pensamientos, sentimientos, y acciones que llevan a la gente a asesinar.  Nos reta a confrontar el problema del mal cuando aún reside en nuestros corazones  en forma de malos pensamientos y malos sentimientos – antes de que se realice a través de las malas obras de nuestras manos o las malas palabras de nuestras bocas.  Nos pide reconciliar con nuestro hermano o hermana para que sentimientos buenos – sentimientos de Dios – sobrelleven los malos sentimientos que residen en nuestros corazones.  Una vez que nuestros corazones estén bien, ya no estaremos tentados a asesinar, en vez, seremos motivados por amor, la reacción apropiada hacia nuestro prójimo (22:39) y también hacia nuestro enemigo (5:44).

 

En otro lugar Jesús dijo, “No lo que entra en la boca contamina al hombre; mas lo que sale de la boca, esto contamina al hombre” (Mateo 15:11).  Cuando sus discípulos pidieron una explicación, Jesús dijo, “Mas lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre. Porque del corazón salen los malos pensamientos, muertes, adulterios, fornicaciones, hurtos, falsos testimonios, blasfemias” (Mateo 15:18-19).  Este énfasis en lo que hay detrás del acto – el mal que reside en el corazón y resulta en malas acciones – es la base de lo que Jesús tiene que decir a lo largo de esta sección del Sermón en el Monte.

 

Jesús cita tres sentimientos o comportamientos pecadores: Estar enojado con un hermano o hermana, insultarle y decirle, “¡Fatuo!” (v. 22).

 

“Una fuerte tradición en el manuscrito…añade la frase ‘sin causa’ a continuación de la palabra ‘hermano.’  Generalmente, esta frase se considera una adición más tardía al texto.  Sin embargo, sí nos proporciona una interpretación correcta.  Existe una indignación justificada contra el pecado (como Jesús versus los cambiadores de dinero en el templo – 21:12-17), y Dios mismo, furioso y con razón (cf. 18:34; 22:7).  Pero es inusual que ira humana no tenga motivación propia sin ser de alguna manera vengativa” (Blomberg, 105-106).

 

Barclay anota que había dos palabras griegas para ira: thumos, que se refiere a una ira fogosa que se incendia y después se apaga – y orge (una ira que arde sin llama), que una persona nutre y mantiene viva.  Aquí, lo que Jesús condena es orge – la ira que a propósito guardamos en el corazón por mucho tiempo.

 

Ninguno de estos tres comportamientos (ira, insultar, llamar fatuo a alguien) constituye un asesinato, pero son comportamientos que preceden comportamiento malhechor – las cosas que nos hacen caer fuera de control y llevar a cabo matanzas.  Colegios privados han tenido que disciplinar estudiantes que insultan a otros estudiantes, precisamente porque ese comportamiento es lo que ha inspirado matanzas – en masa – en las escuelas.

 

Esos tres comportamientos tienen una característica progresiva.  La ira es el primer paso; el insulto el segundo; y llamar a alguien fatuo es el tercer paso.  De la misma manera, las penas por estos comportamientos también tienen una cualidad progresiva.

 

• El que está enfadado “será culpado del juicio” (v. 22).  Jesús no indica si este es un juicio humano, de Dios, o los dos.  No obstante, “culpado del juicio” es la misma pena asociada con el asesinato (v. 21) que incluye ambos el juicio del hombre y el de Dios.  Así parece probable que la persona que se enoja quede sometida a ambos.  Mientras que podemos preguntarnos si personas están capacitadas para asesorar la ira que reside en el corazón de otra persona, las cortes de hoy, reconociendo la amenaza que presenta la ira para el orden cívico, requieren que personas asistan a clases que les ayuden a controlar su ira.

 

• La persona que insulta a su hermano o hermana “será culpado del concejo” (sunedrio) (v. 22).  “Hermano” significa “compañero cristiano.”  Esto indica una preocupación especial por creyentes y acciones que puedan hacer daño a la iglesia.  Sin embargo, no debemos interpretar esto como si no existieran consecuencias por estar enojado con otros que están fuera de la fe.  Después de todo, Jesús nos llama a amar aún a nuestros enemigos y rezar por los que nos persiguen “para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos” (5:44-45). 

 

Sunedrio puede referirse a cualquier concejo, pero en el Nuevo Testamento generalmente se refiere al Sanedrín, el grupo regidor más alto de Israel – dirigido por el sumo sacerdote.  Ser juzgado por el Sanedrín sería mucho más serio que ser juzgado por una corte o concejo local.

 

• La persona que dice “¡Fatuo!” (griego: more – de donde viene nuestra palabra “tonto”) “será culpado del infierno del fuego” (geennan tou puros – Gehenna de fuego).  Gehenna (que literalmente significa “valle de Hinnom”) “era famosa durante la época monárquica por el sacrificio de niños en el fuego (cf. 2 Reyes 23:10; Jeremías 7:31).  En la época helénica el nombre llegó a utilizarse de manera metafórica para indicar el juicio final por fuego, y así se convirtió en el nombre para el lugar de eterna tormenta para los no creyentes en el Nuevo Testamento” (Myers, 406).

 

En otro contexto, Jesús llama hipócritas y fatuos a los escribas y fariseos (23:15, 17), dando crédito a la idea que el uso de este lenguaje sin justificación es el problema.

 

“Por tanto, si trajeres tu presente al altar, y allí te acordares de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu presente delante del altar, y vete, vuelve primero en amistad con tu hermano, y entonces ven y ofrece tu presente” (vv. 23-24).  En versículo 22, Jesús nos pide tomar la iniciativa cuando estamos enfadados.  En versículos 23-24, nos pide tomar la iniciativa cuando nuestro hermano o hermana está ofendido (tiene algo en nuestra contra).  Entonces, sin importar si tenemos razón o no, hemos de tomar la iniciativa.  Jesús nos hace completamente responsables.  No debemos culpar a nuestro hermano o hermana.  No debemos esperar a que él o ella inicie reconciliación.  No debemos requerir que él o ella nos pida perdón.  Hemos de iniciar reconciliación aún sintiendo que nos han hecho mal – aunque tengamos otros asuntos urgentes a los que atender – aunque estemos frente al altar de Dios con una oveja en mano.

 

Dar ofrendas en el templo es un deber solemne.  La mayor parte de los sacrificios son animales vivos.  Traer un animal vivo frente al altar del templo y dejarlo ahí para atender otras cosas llamaría la atención – pero Jesús dice que es más importante cumplir el deber solemne de reconciliar con hermano o hermana (compañeros cristianos).  Esto es inusual porque la escritura exige darle a Dios la más alta prioridad en casi cada instancia.  Sin embargo, en caso de un desacuerdo, Cristo nos pide que pongamos la reconciliación como nuestra más alta prioridad.  Parece que el desacuerdo hace de barrera entre nosotros y Dios – que bloquea la reconciliación con Dios que el sistema de sacrificio pretende efectuar.  Por lo tanto, si hemos lograr armonía con Dios, primero necesitamos lograr armonía con nuestro hermano o hermana – y Jesús nos hace a nosotros responsables de tomar el primer paso para que eso ocurra.

 

“Concíliate (eunoon) con tu adversario presto, entre tanto que estás con él en el camino; porque no acontezca que el adversario te entregue al juez, y el juez te entregue al alguacil, y seas echado en prisión. De cierto te digo, que no saldrás de allí, hasta que pagues el último cuadrante” (kodranten) (vv. 25-26).  Este es otro ejemplo de lo que Jesús espera cuando otra persona nos ofende – cuando otra persona nos acusa.

 

“Concíliate” (v. 25).  Eunoon es, literalmente, “ser de buena cabeza” o “tener buena cabeza.”  “Concíliate” o “haz amigos” o “estate reconciliado” cada uno captura parte de su significado.  Como en los ejemplos anteriores, Jesús nos pide tomar la iniciativa para reconciliar con el que nos acusa – hacer lo que podamos para remediar la ausencia de armonía.

 

“en el camino” (v. 25) – aún hay tiempo – antes de echar el tinte – antes de estar ante el juez sin mas oportunidad para negociar.  Este es un buen consejo para como tratar a la gente.  Haz lo que puedas para arreglar malos entendimientos y para llegar a tratos amigables sin ir a la corte.  También, es un buen consejo para cristianos que se encuentran en conflicto uno con otro.  Haz lo que puedas para resolver vuestras diferencias antes de perder control de la situación.

 

“porque no acontezca que el adversario te entregue al juez, y el juez te entregue al alguacil, y seas echado en prisión” (v. 25).  Por un lado, un juez humano podría rendir una sentencia no favorable, y podríamos encontrarnos endeudados, en prisión, o ambos.  Por otro lado, el juez y la prisión son metáforas para Dios y el juicio eterno.

 

“De cierto te digo, que no saldrás de allí, hasta que pagues el último cuadrante” (kodranten) (v. 26) – hasta que la sentencia esté cumplida por completo, lo cual podría ser mucho, mucho tiempo.

 

Un kodranten es una pequeña moneda romana con un valor de 1/64º de un denario (Blomberg).  Un denario es la paga diaria para un obrero (20:2, 13), así, un kodranten sería la paga de 1/8º de una hora – el equivalente hoy de un dólar o más – no como un penny que hoy consideramos inútil.

 

 

VERSÍCULOS 27-30: NO ADULTERARÁS

 

27Oísteis que fue dicho: No adulterarás: 28Mas yo os digo, que cualquiera que mira á una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón. 29Por tanto, si tu ojo derecho te fuere ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti: que mejor te es que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea echado al infierno. 30Y si tu mano derecha te fuere ocasión de caer (griego: skandalizei), córtala, y échala de ti: que mejor te es que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea echado al infierno.

 

 

“Oísteis que fue dicho: No adulterarás” (v. 27).  Jesús continúa al próximo mandamiento – la prohibición del adulterio (Éxodo 20:14; Deuteronomio 5:18).  La ley prescribe la pena de muerte para aquéllos culpables de adulterio (Levítico 20:10; Deuteronomio 22:22).  No obstante, un hombre casado no se consideraba culpable de adulterio cuando se involucraba con una mujer soltera.

 

“Mas yo os digo, que cualquiera que mira á una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón” (v. 28).  De nuevo, Jesús amplía el mandamiento para prohibir la causa del comportamiento – en este caso, mirar a una mujer con codicia.  Por lo tanto, las palabras de Jesús están relacionadas al último mandamiento, “no codiciarás la mujer de tu prójimo” (Éxodo 20:17).  “Si ira hacia un prójimo te hace decir ‘ojala estuvieras muerto,’ codicia hacia la pareja de otro te hace decir ‘ojala fueras mía’” (Long, 57).

 

Jesús no sugiere que cualquiera que mire a una mujer con interés sexual sea culpable de adulterio.  Bajo este estándar, casi todos los hombres serían culpables.  En vez, Jesús pide que no nos enfoquemos en el deseo hacia la mujer del prójimo, no sea que nuestra codicia nos lleve al acto físico de adulterio.

 

Hay aquéllos que acusan a Jesús de reprimir nuestros deseos naturales – de robar a hombres y mujeres de gozos naturales.  No obstante, aunque la sexualidad tiene capacidad creativa y gozo, también tiene capacidad de hacer daño y de destruir relaciones.  El propósito de Jesús es proteger el gozo, desviando a la gente de comportamientos destructivos.

 

“Por tanto, si tu ojo derecho te fuere ocasión de caer” (skandalizei – de skandalon) (v. 29a).  La palabra skandalon a menudo se traduce como “tropiezo” (16:13; 18:6, etcétera).  Puede referirse al cebo de una trampa – o una piedra en el camino que nos hace tropezar – o un hoyo escondido en que una persona puede caer (Barclay).  La idea es que los sentidos y capacidades que Dios nos ha dado para el bien, se convierten en instrumentos del mal cuando se utilizan mal – haciéndonos tropezar y caer.  Esta declaración no necesita mucha prueba.  Lo vemos todos los días.  Las cosas que pueden hacer bien o traer placer – dinero, sexo, una copa de vino – han llegado a ser la ruina de más gente que podemos imaginar.

 

“sácalo, y échalo de ti: que mejor te es que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea echado al infierno. Y si tu mano derecha te fuere ocasión de caer, córtala, y échala de ti: que mejor te es que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea echado al infierno” (vv. 29b-30 – cf. 18:8-9; Marcos 9:43-48).  Esto es hipérbole (lenguaje exagerado) para enfatizar un punto.  El punto de Jesús no es que debemos sacarnos el ojo o cortarnos la mano.  El punto es que el pecado es tan mortal que lo hemos de tomar mortalmente en serio – erradicarlo de nuestras vidas.  No nos debemos atrever a comprometernos con el mal.

 

 

VERSÍCULOS 31-32: CUALQUIERA QUE REPUDIARE Á SU MUJER

 

31También fue dicho: Cualquiera que repudiare á su mujer, déle carta de divorcio: 32Mas yo os digo, que el que repudiare á su mujer, fuera de causa de fornicación (griego: porneias – inmoralidad sexual), hace que ella adultere; y el que se casare con la repudiada, comete adulterio.

 

 

“déle carta de divorcio” (v. 31).  Deuteronomio 24:1 permite que un hombre divorcie a su mujer si ella “no le agradare.”  El significado exacto de “no le agradare” era cuestión de debate entre los rabíes.  La escuela de Shammai interpretaba esta frase como adulterio o algún otro comportamiento igual de malo por parte de la mujer.  La escuela de Hillel amplió el significado hasta el punto que el hombre podría divorciar a su mujer si ella hiciese algo tan simple como quemarle la cena (Morris, 120).

 

Pero Deuteronomio 24:1 también requiere que el hombre le de a su mujer un certificado de divorcio para que ella pueda volver a casarse.  En un mundo patriarca donde las mujeres tenían pocos derechos legales y eran consideradas la propiedad de sus maridos, requerir un certificado de divorcio concedía a la mujer una pequeña medida de protección.

 

“Mas yo os digo” (v. 32).  De nuevo, Jesús amplía la ley, pero esta vez de manera diferente.  Su enfoque en los versículos anteriores tenía que ver con la condición del corazón que causaba mal comportamiento.  El enfoque aquí está en el comportamiento mismo – aunque podríamos pensar que Jesús ya se refirió a una de las causas más serias del divorcio en vv. 27-30.

 

Jesús no nos deja “ningún procedimiento de divorcio que un hombre pueda seguir que le deje las manos limpias.  Abandonar a su mujer, con o sin un certificado, realmente es no valorarla… y le hace culpable de su destrucción como persona” (Long, 59).

 

“fuera de causa de fornicación” (porneias) (v. 32).  Porneias, que a veces se traduce como “fornicación,” e implica el acto sexual entre personas solteras, es un término más general que puede referirse a cualquier tipo de inmoralidad sexual.  Marcos 10:11-12 y Lucas 16:18 no incluyen esta excepción para porneias.  La prohibición en sus Evangelios es absoluta.

 

“hace que ella adultere” (v. 32).  La intención de Dios para el matrimonio es que un hombre y mujer se casen y permanezcan juntos por vida.  Cuando un hombre le da a su mujer un certificado de divorcio, no le deja mucha opción sino volverse a casar, aunque solo sea por motivos de supervivencia económica.  Aquí, la idea tras las palabras de Jesús es que el hombre deja a la mujer en una posición en la que ella ha de vivir en violación del propósito original de Dios para el matrimonio.  “Aquí no indica que un segundo matrimonio…se considere un estado de adulterio permanente.  Cristianos divorciados que se han vuelto a casar no deben cometer el pecado de un segundo divorcio para reanudar su relación con la pareja anterior (véase de nuevo Deuteronomio 24:1)” (Blomberg, 110).

 

“y el que se casare con la repudiada, comete adulterio” (v. 32).  El hombre que divorcia a su mujer también ha violado el propósito original de Dios para el matrimonio.

 

Este pasaje es difícil para nosotros.  El divorcio ha llegado a ser algo tan común que se considera una opción aceptable.  Cuando nuestro hijo era joven, nos preguntó cuando su madre y yo nos íbamos a divorciar.  La pregunta no fue precipitada por ningún conflicto en nuestra casa o conversaciones de divorcio.  Simplemente se debía a que tantos de sus amigos tenían padres divorciados que él no podía evitar preguntarse cuando sería que sus padres – su hogar – su vida – sería afectada.  Quedó muy aliviado cuando le aseguramos que no teníamos ninguna intención de divorciarnos.

 

Hoy, gente que organiza su boda muchas veces firma un acuerdo prenupcial para facilitar las  negociaciones en caso que decidan divorciarse.  Parejas prometen casarse “hasta que la muerte les separe” pero, en secreto (y a veces no tan en secreto), guardan el divorcio como su puerta de salida.

 

Esto presenta un dilema complicado para cualquier pastor que quiere ser fiel a las escrituras y al mismo tiempo ser pastor de su rebaño.  ¿Qué podemos decir o hacer?

 

• Debemos enseñar que Dios manda que un hombre y una mujer se casen y permanezcan unidos hasta que la muerte les separe.  Debemos mantener esto como la meta a la que debemos llegar.  En vista de la amplitud del problema del divorcio en nuestra cultura, hemos dirigirnos a este problema, no solo en consejería prenupcial pero también en nuestros discursos y enseñanzas.  Gente debe saber que el divorcio es un pecado que ha de ser evitado lo más posible.

 

• A menudo, gente se divorcia porque el matrimonio no cumplió con sus expectativas irracionales.  Hemos de enseñar que el matrimonio no es un viaje sobre una alfombra mágica donde domina el glamour y el romance.  Hemos de avisar que es normal enamorarse y desenamorarse – y que sobrepasar momentos difíciles requiere compromiso y fuerza espiritual.  Hemos de alentar la construcción de vidas espirituales durante buenos tiempos para así estar preparados para sobrepasar momentos difíciles.

 

• Debemos ofrecer retiros de parejas, clases sobre la crianza de los hijos, consejería matrimonial, y otros programas para que parejas refuercen sus matrimonios y para dirigirnos a los problemas relacionados con el matrimonio y los hijos.  Si nosotros mismos no podemos hacerlo, debemos dirigirles al lugar en su comunidad donde pueden encontrar estos recursos.

 

• Debemos reconocer que hay circunstancias en las que un matrimonio se ha roto.  Aunque Jesús creó una excepción para porneias – inmoralidad sexual – no creó una excepción para el alcoholismo, la drogadicción, el abuso de pareja, o el abuso de menores.  Sin embargo, muchos de nosotros consideramos que estas cosas justifican el divorcio – por lo menos en algunos casos.  ¿Quién podría culpar a la mujer de Dennis Rader por pedir el divorcio después de saber que él confesó ser el asesino BTK?

 

• Cuando gente se divorcia, por buenas o malas razones, debemos reconocer la realidad del pecado y la esperanza de la gracia.  No hay razón por endemoniar el divorcio como peor que otros pecados.  Todos somos culpables de pecado – muchos pecados – y nuestra única esperanza es la gracia que Cristo pone a nuestra disposición.  Su gracia está disponible tanto para gente divorciada como para gente culpable de otros pecados.

 

 

VERSÍCULOS 33-37: NO JURÉIS EN NINGUNA MANERA

 

33Además habéis oído que fue dicho á los antiguos: No te perjurarás; mas pagarás al Señor tus juramentos. 34Mas yo os digo: No juréis en ninguna manera: ni por el cielo, porque es el trono de Dios; 35Ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey. 36Ni por tu cabeza jurarás, porque no puedes hacer un cabello blanco ó negro. 37Mas sea vuestro hablar: Sí, sí; No, no; porque lo que es más de esto, de mal procede.

 

 

Para comprender la preocupación de Jesús aquí, primero debemos comprender la ley judía en cuanto a juramentos y como evolucionó la observación de esta ley.  Existen varias escrituras del Antiguo Testamento que aplican:

 

• “No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano” (Éxodo 20:7).

 

• “Y no juraréis en mi nombre con mentira, ni profanarás el nombre de tu Dios: Yo Jehová” (Levítico 19:12).

 

• “Cuando alguno hiciere voto á Jehová, ó hiciere juramento ligando su alma con obligación, no violará su palabra: hará conforme á todo lo que salió de su boca” (Números 30:2).

 

• “A Jehová tu Dios temerás, y á él servirás, y por su nombre jurarás” (Deuteronomio 6:13).

 

• “Cuando prometieres voto á Jehová tu Dios, no tardarás en pagarlo; porque ciertamente lo demandará Jehová tu Dios de ti, y habría en ti pecado.  Mas cuando te abstuvieres de prometer, no habrá en ti pecado.  Guardarás lo que tus labios pronunciaren; y harás, como prometiste á Jehová tu Dios, lo que de tu voluntad hablaste por tu boca” (Deuteronomio 23:21-23).

 

Los estándares éticos prescritos por estas leyes están enraizados en la santidad y la majestuosidad de Yahweh.  La preocupación es honrar el nombre de Dios – no profanarlo haciendo un juramento con su nombre que después no se cumple.  En la cultura judía, el nombre de la persona es más que una etiqueta – es parte íntegra de la persona.  Eso explica por que en varias ocasiones Dios renombró a una persona, reconociendo una transición significante en la vida de esa persona (Jacobo a Isaac – Simón a Pedro, etcétera).  Aunque es importante no deshonrarse al no cumplir una promesa, es mucho más importante no deshonrar el nombre de Dios.

 

Pero anote la frase “Mas cuando te abstuvieres de prometer, no habrá en ti pecado” (Deuteronomio 23:21).  Rabíes interpretan esto de manera que cualquiera que haga un juramento queda absolutamente comprometido a cumplirlo, pero al contrario, una persona que no hace un juramento no está obligada a hacerlo.  Como resultado, una persona que jura tiene obligación de cumplir el juramento, y otros pueden confiar en promesas hechas bajo un juramento.  No obstante, la persona que promete algo sin jurar no tiene esta obligación, y otros no pueden confiar en promesas hechas sin un juramento.  La gente espera que cualquiera que haga una promesa de importancia lo haga jurando, consecuentemente convirtiendo el jurar en un asunto común y trivial.

 

“Mas sea vuestro hablar: Sí, sí; No, no; porque lo que es más de esto, de mal procede” (v. 37; cf. Santiago 5:12).  En esta prohibición contra el jurar, Jesús presenta a sus discípulos con un nuevo y más alto estándar.  Han de mantener su lenguaje simple y sus acciones honestas.  Han de vivir de manera que su estilo de vida no les requiera jurar.  Han de vivir con tal integridad que gente pueda confiar en su simple Sí o No.

 

Jesús “no prohíbe juramentos hechos en una corte de ley.  La ley dice, ‘servirás, y por su nombre jurarás’ (Deuteronomio 6:13; 10:20), y Jesús mismo respondió cuando el sumo sacerdote le hizo jurar (26:63-64).  Lo que Jesús dice rotundamente es que los que le siguen han de decir la verdad.  Nunca han de adoptar una posición que les obligue a decir la verdad solamente si están bajo un juramento” (Morris, 123-124).

 

 

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada en http://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html.  Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).  

 

 

BIBLIOGRAFÍA:

 

Barclay, William, Gospel of Matthew, Vol. 1 (Edinburgh: The Saint Andrew Press, 1956)

 

Blomberg , Craig L., New American Commentary: Matthew, Vol. 22 (Nashville: Broadman Press, 1992)

 

Gardner, Richard B., Believers Church Bible Commentary: Matthew (Scottdale, Pennsylvania: Herald Press, 1990)

 

Long, Thomas G., Westminster Bible Companion: Matthew (Louisville: Westminster John Knox Press, 1997)

 

Morris, Leon, The Gospel According to Matthew (Grand Rapids, Eerdmans, 1992)

 

Myers, Allen C., The Eerdmans Bible Dictionary (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Co., 1987)

 

Senior, Donald, Abingdon New Testament Commentaries: Matthew (Nashville: Abingdon Press, 1998)

 

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