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RECURSOS PARA PREDICAR

Por Richard Niell Donovan
Traducción por Ángeles Aller

 

 

PASAJE BÍBLICO:     Mateo 3:13-17

 

 

EXÉGESIS:     

 

CAPÍTULOS 3-7, 28: EL CONTEXTO

 

Capítulo 3 abre con Juan Bautista predicando arrepentimiento y bautizando en el desierto de Judea (3:1-12).  Rechaza a los Fariseos y Saduceos que vienen para bautizarse por no merecerlo (3:7-10), e intenta rechazar a Jesús por merecerlo demasiado (v. 14).

 

Un profeta altísimo en vv. 1-12, Juan el Bautista es reducido a una figura subordinada en la presencia de Jesús.

 

Este relato del bautizo de Jesús es seguido por su tentación en el desierto (4:1-11), el comienzo de su ministerio, y la llamada de sus primeros discípulos (4:12-25).  Su bautizo, entonces, es la preparación para lo que viene – “no un seguro contra conflicto, sino que un arma para enfrentarlo y amaestrarlo” (Lueking, 19).

 

En este Evangelio, el ministerio de Jesús empieza con su bautizo y termina con la comisión de sus discípulos para bautizar todas las naciones (28:19).  Al moldear su Evangelio de esta manera, Mateo revela la importancia del bautizo para él mismo y para la temprana iglesia.

 

 

VERSÍCULOS  13-17: EL BAUTIZO DE JESÚS

 

Mateo usa el Evangelio de Marcos como una de sus fuentes, añadiendo materia de otras fuentes también.  Mateo añade dos puntos importantes al breve relato de Marcos del bautizo de Jesús:

 

- Primero, anota, “Entonces Jesús vino de Galilea á Juan al Jordán, para ser bautizado de él (vs. 13), haciendo claro que Jesús tiene la iniciativa.

 

- Segundo, “Mas Juan lo resistía mucho,” pero Jesús insiste en ser bautizado “así nos conviene cumplir toda justicia” (vv. 14-15).

 

Juan no fue el primero en bautizar gente.  Judíos bautizaban prosélitos a su fe, pero no bautizaban otros judíos.  “Ningún judío hubiera concebido que él, miembro de la gente elegida,  hijo de Abraham, asegurado de la salvación de Dios, necesitara del bautizo” (Barclay, 52-53).

 

 

VERSÍCULOS 13-15: CUMPLIR TODA JUSTICIA

 

13Entonces Jesús vino de Galilea á Juan al Jordán, para ser bautizado de él.  14Mas Juan lo resistía mucho, diciendo: Yo he menester ser bautizado de ti, ¿y tú vienes á mí? 15Empero respondiendo Jesús le dijo: Deja ahora; porque así nos conviene cumplir toda justicia. Entonces le dejó.

 

 

“Entonces Jesús vino de Galilea á Juan al Jordán, para ser bautizado de él” (v. 13).  Mateo no nos dice nada de Juan antes de su bautizo (por arrepentimiento) en este capítulo, pero Lucas nos cuenta de la anunciación de Zacarías, el padre de Juan (Lucas 1:5-24) que se paralela a la anunciación de María (Lucas 1:26-38).  Nos cuenta de la visita de María, ya embarazada, a Isabel, también embarazada (Lucas 1:39-45), que es su pariente (Lucas 1:36).  También nos cuenta de Isabel, llena del Espíritu, hablando de María, más joven que ella y de más bajo nivel, como “la madre de mi Señor,” y reconociendo que “como llegó la voz de tu salutación á mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre” (Lucas 1:43-44).  Sabemos, por lo tanto, que Isabel y Juan sabían desde el principio que Jesús disfrutaba de un estatus especial ante Dios.  Mientras que las escrituras no nos dicen nada de la relación entre Jesús y Juan de niños, podemos suponer que se conocían bien antes de que Jesús apareciera ante Juan para bautizarse.

 

Al escribir Mateo, los discípulos de Juan todavía están presentes y a veces en conflicto con los discípulos de Jesús.  Mateo pronto establece que Jesús es mayor y que Juan es menor.  Encontramos el mismo énfasis en los cuatro Evangelios (Marcos 1:7; Lucas 3:16; Juan 1:6-9; 15, 19ff.)

 

“Mas Juan lo resistía mucho” (v. 14).  “¿Por qué uno que bautiza con el Espíritu Santo y fuego ha de someterse a otro que solamente bautiza con agua? ¿No debería ser de la otra manera?” (Gardner).

 

Nos sorprende tanto como a Juan que Jesús se presente para ser bautizado.  Juan proclamaba un bautizo de arrepentimiento (3:2), y ellos que se bautizaban confesaban sus pecados (3:6).  Jesús no tiene nada de que arrepentirse ni nada que confesar.

 

“Deja ahora; porque así nos conviene cumplir toda justicia” (v. 15).  Éstas son las primeras palabras de Jesús en este Evangelio, que elevan su importancia.

 

El bien y lo justo son temas principales en este Evangelio:

 

- “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia” (5:6).

 

- “Porque os digo, que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y de los Fariseos, no entraréis en el reino de los cielos” (5:20).

 

- “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia” (6:33).

 

- “Vino á vosotros Juan en camino de justicia, y no le creísteis” (21:32).

 

“Así nos conviene” (v. 15).  Anota la palabra “nosotros”.  Es correcto, no solo que Jesús cumpla con el bien, sino que Juan también lo haga.  En el bautizo de Jesús, ambos prestan honor a la voluntad de Dios.

 

¿Qué quiere decir Jesús con “cumplir todo el bien y lo justo”? En este Evangelio, lo justo es cumplir la voluntad de Dios.  Aunque eso significa observar la ley del Tora, Jesús deja claro con el Sermón del Monte que justicia verdadera incluye más que su simple observación.  Requiere ir más allá de la letra de la ley para honrar al espíritu que se encuentra detrás de ella (5:21-48).

 

En este Evangelio, Jesús habla a menudo de “la ley y los profetas” (5:17; 7:12; 11:13; 22:40) y de profetas en general (5:12; 13:17, 57; 23:29-37; 26:56).  El trabajo de los profetas era ayudar a la gente a ir más allá de la letra de la ley hasta descubrir el espíritu detrás de ella – y, por lo tanto, llegar al bien verdadero.

 

Jesús cumple lealmente todo bien a través de la obediencia que demuestra al papel que Dios le ha dado en el plan de salvación:

 

- La fase inicial de ese plan requería que Jesús se vaciara de toda su majestad real para nacer de apariencia humana (Phil. 2:7).

 

- Esta fase requiere que Jesús se someta a un bautizo de pecadores arrepentidos.  Tal bautizo no sería apropiado para Jesús, pero con este bautizo Jesús establece su identidad con los pecadores que ha venido a salvar.

 

- La parte final del plan de Dios incluirá a Jesús “obedeciendo hasta su muerte – hasta una muerte en la cruz” (Phil. 2:8).

 

- Pero en este momento – el momento en que Jesús empieza su ministerio publico – el plan requiere que Jesús se someta a Juan para ser bautizado y para ser untado con el Espíritu Santo y las palabras de Dios desde lo alto, que anuncian a Jesús como su hijo especial.  Dado que Jesús es el superior de Juan, esto requiere que Jesús adquiera una posición de humildad – igual que hizo en la Encarnación e igual que hará en la cruz.

 

"Entonces (Juan) le dejó” (v. 15).  Como se anota en v. 14, Juan está incómodo con este cambio de posiciones, pero su parte en “cumplir con lo justo” es hacer lo que le pida Jesús – y lo  hace.  En este Evangelio, las palabras de Jesús tienen poder.  Llama a Juan para que le bautice, y Juan lo hace.  Manda a Satanás que se vaya, y Satanás se va (4:10-11).  Llama a los pescadores que le sigan, y lo hacen (4:19-22) (Bruner, 86).

 

“El bautizo de Jesús fue el primer acto de su ministerio, el primer paso en el plan de redención que vino a cumplir.  Él, que no tenía pecado, tomó su lugar entre aquéllos que no tenían justicia.  Él, que estaba sin pecado, se sometió a un bautizo para pecadores.  Con este acto el Salvador del mundo tomó su lugar entre los pecadores del mundo” (MacArthur).

 

 

VERSÍCULOS 16-17: ÉSTE ES MI HIJO AMADO

 

16Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él.  17Y he aquí una voz de los cielos que decía: Éste es mi Hijo amado, en el cual tengo contentamiento.

 

 

“Y Jesús, después que fue bautizado” (v. 16).  Mateo no describe tanto el bautizo como las señales escatológicas que lo siguieron (los cielos se abrieron y el Espíritu descendió).

 

“Vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él” (v. 16).  En uno de los varios cambios de dirección en los Evangelios, Jesús se mete en el agua (implicado en v. 16 en el que sale del agua), y el Espíritu Santo desciende sobre él.  Jesús empezó su vida vaciándose de su gloria celestial para nacer de forma humana (Phil. 2:7).  Ahora, el Espíritu Santo desciende para encontrarse con Jesús en su hogar terrenal.

 

En la tentación que inmediatamente sigue el bautizo de Jesús (3:13-17), Satanás le llevará a Jesús hasta el pináculo del templo y a una alta montaña, allí tentará a Jesús con promesas de grandeza.  Sin embargo, mientras que Satanás valora el servicio propio y el orgullo, Dios valora la humildad y el servir a los demás.  La manera de Dios no es fácil.  En este Evangelio, Jesús nos llamará hacia la puerta estrecha y el camino difícil que lleva a la vida, y nos avisa que la puerta ancha y el camino fácil llevan a la destrucción (7:13-14).  Él nos dirá que el primero será el último y el último será el primero (19:30).

 

“Varios textos hablan del Espíritu que desciende sobre el sirviente elegido de Dios para untarle y equiparle para lo que ha sido llamado (cf. Isaías 11:2; 42:1; 61:1…).  Cuando el Espíritu desciende sobre Jesús, por lo tanto, sabemos que está listo para su ministerio mesiánico” (Gardner).

 

Los cuatro Evangelios relatan el descenso del Espíritu que autorizará a Jesús a lo largo de su ministerio.  La historia de Noé (Gen. 8:8-12) estableció la paloma como símbolo de paz – de shalom – no de poder.  Sin embargo, será con el poder de este gentil Espíritu que Jesús atacará las fuerzas de Satanás (Hare, 22).

 

“En una cultura mediterránea tradicional donde la sociedad valora el honor y la vergüenza,… Jesús renuncia su merecido honor para abrazar la vergüenza de los demás” (Keener, 84).  La humildad del bautizo de Jesús es “un anuncio de la gran absurdidad que viene – mayormente, que el Hijo de Dios sufrirá y morirá una muerte innoble en una cruz para cumplir con la salvación de la humanidad” (Soards).

 

“Este es mi Hijo amado, en el cual tengo contentamiento” (v. 17).  Estas palabras vienen del Salmo 2:7 (“Tú eres mi hijo; hoy te he engendrado”) e Isaías 42:1 (“He aquí mi siervo.....en quien mi alma toma contentamiento”).  Valoran la persona de Jesús y el ministerio que comienza con su bautizo.  Cualquier padre o madre cuyo hijo o hija le haya hecho sentir orgulloso se puede identificar con el orgullo del Padre por su Hijo.  Cualquier hijo o hija que haya recibido alabanzas de sus padres sabe el poder de tales elogios.

 

Marcos describe la voz hablándole a Jesús, diciéndole, “Tú eres mi Hijo.”  Las palabras de Mateo, “Éste es mi Hijo,” sugieren una proclamación pública, oída por Juan y, se supone, que por otros también.  La voz deja claro que Jesús es el que fue prometido.  Este Hijo de David (1:23; 2:15) también es el Hijo de Dios.

 

En la transfiguración, la única otra ocasión de los Evangelios sinópicos donde Dios le habla directamente a la gente, Dios dice palabras similares, “Éste es mi Hijo amado, en el cual tomo contentamiento: á él oíd” (17:5).  Una valoración similar tomó lugar al nacer Jesús, cuando el ángel les dijo a los pastores, “Que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor” (Lucas 2:11).

 

“Al igual que los discípulos han de ser bautizados en el nombre de la Trinidad (28:19), también el Padre, Hijo y Espíritu Santo están presentes en el bautizo de Jesús… Igual que los Cristianos se declaran ser hijos de Dios a través del bautizo, Jesús fue declarado Hijo de Dios al ser bautizado” (Boring, 161).

 

 

TEXTO CITADO DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS procede de Spanish Reina Valera, situada en http://www.ccel.org/ccel/bible/esrv.html.  Utilizamos esta versión de la Biblia porque consta de dominio público (no bajo protección de derechos de propiedad).  

 

 

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